Zero de conduite
Jean Vigo, 1933
Reparto: Jean Dasté (Monitor Huguet), Robert Le Flon (Monitor 'Pete-Sec'), Delphin (Director) Du Verron (Supervisor general), Pierre Blanchar (supervisor) León Larive (profesor de ciencias), Raphaël Diligent (bombero), Louis Lefebvre (Caussat), Coco Golstein (Bruel), Gilbert Pruchon (Colin), Gérard de bédarieux (René Tabard)
Los niños vuelven al internado después de las vacaciones. En el dormitorio el orden es estricto. Cuando alguno se pasa se queda sin salida el fin de semana, cero en conducta. Los profesores y los guardias abusan de la medida, en cambio el nuevo guarda es comprensivo con los niños, imita a Charlot y no se enfada por nada.Los niños organizan una revolución en el dormitorio que dejan lleno de plumas, en clase, donde tiran los libros y en el comedor tirando las habichuelas, de las que están hartos, a los profesores.
El día de la ceremonia con las autoridades, los niños se suben al tejado y arman una verdadera revolución al son de la marsellesa.
Vigo hizo sólo cuatro películas y murió a los 29 años. Su padre fue a la carcel por anarquista y dejó cierta impronta en el director. Zero de conduite no es muy coherente, pero lo suple con creces con su vena poética y con su espíritu provocador.
Todo el mundo ve la influencia de la película en “Los cuatrocientos Golpes” de Truffaut y en “if...” de Lindsay Anderson. También es evidente en “Los chicos del coro”.Webster Fact: people and places in Zero for Conduct are rather ugly, glamorous places and people play no part in this movie. This partly accounts for the critics' praise of the "extreme naturalness" of some French films made in the 30ís
cinescene: Vigo's surreal comedy/drama set in a boarding school has been enormously influential, most notably on Truffaut's The 400 Blows and Lindsay Anderson's If .... The director grew up in a boarding school himself, after his father, the militant anarchist Miguel Almareyda, died in prison, and he draws on his experiences to ground the film in the often gritty reality of a boys school. He also draws on his anarchist sympathies and his attraction to surrealism to give the film a dreamlike quality and a playful, lampooning sense of humor.
Phesto: The simple plot about children revolting against their instructors at boarding school is given a dream-like mood by fluidly mixing the objective with the subjective. Narrative is secondary, and what remains with the viewer are certain shots or sequences rather than a cohesive story line.
The film evokes a magical feeling for the students’ world; one of them makes a ball disappear and reappear while another jumps from behind a wall to catch something at just the right time. One interesting sequence has the only sympathetic instructor, Huguet, standing on his head and drawing a comic-looking picture of a man.
combustible celluloid ****: I found that it doesn't make any sense. You just have to let the weirdness and anarchy wash over you, and enjoy it like a fresh dip in a lake. The key thing about the movie is that Vigo is able to let his anxieties, passions, dreams, and feelings come out lucidly on the screen. He wasn't hiding anything. He was a great poet. (He died at the age of 29 of tuberculosis, having only completed 2 short films and 2 features.)
IMDB
Hay dos géneros de cine que no deberían rodarse a palo seco, hablo de la comedia y del terror. Las comedias que buscan hacer reir por reir acaban no haciendo gracia. Una buena comedia debería tener un fondo dramático, un conflicto de personajes, o una caracterización curiosa. Con el terror ocurre lo mismo. El susto por el susto se queda en nada. Las grandes películas de terror hablan en realidad de algo más, del contagio del sida, del peligro radiactivo, de la muerte y la vida. “Creep” me parece terror por terror.
Tae-suk es un joven universitario que viaja en una moto último modelo y ocupa las casas de gente que ha salido de vacaciones. Su truco consiste en dejar publicidad de restaurantes en la cerradura, así cuando vuelve sabe que no hay nadie si no han tocado el papel. Una vez en un hogar, Tae-suk disfruta de la comida, pone la música, o la tele, y arregla los aparatos que ve averiados, una pistola de juguete, un reloj, un equipo de música, una balanza. Cada hogar tiene algo que arreglar. No rompe nada, no ensucia, no roba. El hogar donde encuentra la mayor avería es también el más pijo. Un ejecutivo vive un matrimonio desastroso con una mujer a la que maltrata.
Aunque un director macabro puede jugar con nosotros durante hora y media a lo que él quiera y someternos a las mismas torturas que a sus cobayas, el espectador siempre tiene un dequite cuando baja el telón. Uno tiene derecho a pedir explicaciones e indemnizaciones morales. Por mucho que el director se pase, sabe que cuando se encienda la luz, el que estará en la picota será él. James Wan trata de irse de rositas con un final de cajas chinas, con uno de esos artefactos llenos de sorpresas que hacen las delicias de todos los guionistas perezosos de nuestro tiempo. Pero el Señor Wan no se va a ir sin que le diga un par de cosas.





Si no tuvo usted suficiente viéndole cazar fantasmas, si no le bastó con esa fina ironía en Tokio invitando a salir a Scalett Johanson. Si a usted no se le sale el toque Murray por las orejas, entonces puede darse el gusto de seguir con el empacho. Life aquatic no tiene guión ni personajes ni sentimiento ni vida, basta Murrray, con él ya no hace falta nada más. Murray se pasa media película encajando fracasos aceptando sus defectos riéndose de si mismo. La otra media es aún peor, la dedica a demostrarnos que también tiene corazón. Le sale un hijo, o alguien que dice serlo.
A veces concluyo un trimestre poniendo a mis alumnos una película de dibujos animados en inglés después de los exámenes. Mientras pongo orden me fijo en sus reacciones y eso me sirve como un banco de pruebas sobre la película. Por ejemplo hay una escena de “Beauty and the Beast” en la que se acaban por completo los murmullos. Es la famosa escena de los lobos; Belle ha escapado del castillo y la Bestia, que la ha seguido, pelea contra las fieras hasta que cae desplomado. Belle coge las riendas del caballo para huír, pero vuelve la cabeza y cambia. Este año les he puesto el DVD de Shrek 2 y tengo que decir que no supera muy bien la prueba. Bien mirado, Shrek no es más que “La bella y la bestia” vuelta del revés, y con un aire más gamberrillo. La Bestia es un príncipe convertido en monstruo que quiere volver a ser guapo; Shrek es un monstruo convertido en príncipe que quiere volver a ser feo. Shrek no es tan cinemática, ni tan rica. Una vez le quitas las puyas contra la cursilería Disney se queda en nada. Pero es un éxito, de ventas, y de objetivos porque Dreamworks ha hundido a Disney.
















Chaplin fue uno de los firmantes del manifiesto contra el cine sonoro, y, viendo La quimera del oro, es fácil entender por qué. El cine mudo plantea una serie de retos, que en esta película llegan a la solución más creativa imaginable. El arte, la imaginación, la personalidad del artista se mide en su respuesta a unos problemas dados. Es comprensible que una vez resueltas las limitaciones de la falta de sonido con semejante maestría como la de esta película, el diálogo apareciera como un intruso.
Toda la película está salteada de escenas que muestran como Kinsey entrenaba a sus entrevistadores para que llegaran a la información secreta de los encuestados. El proceso de recogida de datos marca el ritmo, y parece decirnos: esta es la historia de un científico y de sus métodos.
Some key findings of the Kinsey Report (from interviews conducted in the forties and fifties):
Había en el barroco compositores que dejában en sus sinfonías en blanco la parte del primer violín. Lo dejaban a la improvisación y al virtuosismo del intérprete. Ellos controlaban lo demás. Hoy le ocurre lo mismo a Hollywood. Por eso me parece exagerado que se hable de estas películas como simples hamburguesas. Es cierto que los finales se escriben con estadísticas, y que uno se va a casa con una moraleja elaborada por cien expertos de marketing y envasada al vacío. Pero incluso en estos productos, hay ingredientes personales.




Hotel Rwanda es una película de valores, trata del valor que tiene la vida de unas personas para otras, y lo que representan. Es ese cine que se hace para acercarnos a un titular anónimo de un periódico poniéndole cara y expresión. 
