Life aquatic

Wes Anderson, 2005
REparto: Bill Murray (Steve Zissou), Owen Wilson (Ned Plimpton), Cate Blanchett (Jane Winslett-Richardson), Anjelica Huston (Eleanor Zissou), Jeff Goldblum (Alistair Hennessy), Willem Dafoe (Klaus Daimler), Michael Gambon (Oseary Drakoulias), Bud Cort (Bill), Seymour Cassel (Esteban), Noah Taylor (Vladimir Wolodarsky), Robyn Cohen (Anne-Marie Sakowitz).
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Recital Murray

Si no tuvo usted suficiente viéndole cazar fantasmas, si no le bastó con esa fina ironía en Tokio invitando a salir a Scalett Johanson. Si a usted no se le sale el toque Murray por las orejas, entonces puede darse el gusto de seguir con el empacho. Life aquatic no tiene guión ni personajes ni sentimiento ni vida, basta Murrray, con él ya no hace falta nada más. Murray se pasa media película encajando fracasos aceptando sus defectos riéndose de si mismo. La otra media es aún peor, la dedica a demostrarnos que también tiene corazón. Le sale un hijo, o alguien que dice serlo.

La excusa argumental para que Murray se ponga todos los trajes y poses es una especie de Cousteau que dice buscar el tiburón jaguar por el interés científico de la venganza. El proyecto naufraga constantemente, porque Murray no es un héroe victorioso, oh, que majo; le faltan fondos, los ayudantes tienen problemas. Sufren accidentes, chapuzas y un asalto pirata, que sirve para que de paso nos muestre otra faceta ¿la adivinan?

Si vuelvo a ver la palabra Murray en la ficha de una película la pongo en cuarentena aunque sea un primo suyo ingeniero de sonido.

Méndez-Leite @: Al borde de la serie Z española o italiana de los años 60, esta vida acuática propicia la triste reflexión sobre el desperdicio de talentos como Cate Blanchett, Angélica Huston, Willem Dafoe o Michael Gambon, gracias al despiste de una crítica capaz de encontrar valores artísticos en una lata de sardinas revenidas.
Alberto Bermejo ***: Lo verdaderamente complicado es situarse respecto a esta comedia que nunca acaba de desvelar si va en broma o en serio, divertidísima a ratos, incluso gamberra, melancólica y sombría en ocasiones, repleta de detalles ingeniosos, que destila ambigüedad y desconcierta por la torpeza desinhibida, se diría que voluntaria y nada casual, que se cuela por sus rendijas en los momentos en que afronta o ridiculiza los géneros de acción o de aventuras.
Jordi Costa *****: Bill Murray, que ya había revelado su control de la sutileza y el microgesto en Rushmore, no es exactamente Jacques-Yves Cousteau, pero como si lo fuera. Su personaje encarna a Cousteau como símbolo, como imagen heroica de una vida adulta deseable, que, en el fondo, no es sino una infancia postergada. Y, por tanto, disfuncional. Y, por tanto, dolorosa. Life Aquatic, película rara y fascinante como un pez abisal, propone la comprensión de un ente mitológico en tanto que ente melancólico. El tema ya estaba presente, de otra manera, en Rushmore, donde Bill Murray era la imagen futura de un Jason Schwarztman que asumía su primera experiencia de renuncia.
En Life Aquatic, Murray es y no es Cousteau, del mismo modo que es y no es un Ernest Hemingway (o un capitán Acab) dispuesto a aplazar su confrontación final con la muerte. Entre otras cosas, porque la muerte puede ser un tiburón de paralizante belleza e hipnóticos colores. Algo de lo que (también) enamorarse. Wes Anderson construye su acuario en unas aguas francas equidistantes del Méliès de 20.000 lieues sous les mers y el Jerry Lewis de El terror de las chicas, congelando el humor en el punto justo de estólida desesperación marcado por Charles M. Schulz. Poeta, mago, equilibrista, heredero de Preston Sturges y perro verde, Wes Anderson exotiza su propuesta con peces oníricos diseñados por Henry Selick y canciones del primer Bowie desgranadas en portugués, y en acústico, por el Seu Jorge de Ciudad de Dios. El resultado es la película que podría haber soñado Tintín el día en que descubrió que el capitán Haddock era un tipo tan melancólico, solitario y anacrónico como él.
Glenn Kenny ****: There are those who hold that Anderson is some kind of snooty postmodern ironist; I find his pictures full of actual emotion, albeit emotion modulated by a wry, sometimes rueful whimsy. (I can’t imagine how anyone could see Rushmore’s fadeout, to the strains of Faces’ “Ooh La La,” as anywhere near snarky.) This picture, more than anything Anderson’s done, privileges imaginative exuberance over ham-fisted emotional “impact”; I savored every frame and gorged on every sound (being a fan of ’70s Bowie helps).
Mr Cranky (-3): There may be people who enjoy existing in this world of a third-rate oceanographer in the mold of Jacques Cousteau, but I liken it more to being at a party with a bunch of people you don't know and don't really want to know. They all seem weirdly interesting, but at the end of the day, their problems and lives don't really link up to anything real.
This is a continuation of Anderson's examination of father/son relationships from "The Royal Tennebaums." I'd like to suggest another subject because this one seems painfully worn out. I already watched a father in a Wes Anderson movie who was incapable of recognizing his own failures with his family. Why do I have to watch it again? The fact that this time it takes place on a boat doesn't really make it any different or any better.
Ebert **: So you see, it's that kind of movie. The colors are like the pastels produced by colored pencils, and kind of beautiful, like the shark. The action goes through the motions of slapstick at the velocity of dirge. Steve Zissou seems melancholy, as if simultaneously depressed that life is passing him by, and that it is taking so long to do it.

Rotten Tomatoes: 49% $24m.

1 comentarios:

Jexxiland dijo...

Me gusta la ambigüedad que tienen las películas de Wes Anderson, capaz de hacerme reír y llorar a los dos minutos.

Aunque momentáneamente sólo he visto tres film suyos: éste, The Royal tenenbaums y Bottle Rocket.

El elenco me encanta. Bill Murray, Owen Wilson, Anjelica Huston, Cate Blanchett, Jeff Goldblum, Noah Tylor, Willem Dafoe...

A mí, personalmente, me ha gustado. Es algo que no se ve siempre. Común pero distinto. Eso me gusta.

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