Trinity

Viendo Matrix por enésima vez disfruto de los diálogos engolados y de la dicción del Agente Smith y de Morfeo cuando nos dan lecciones magistrales sobre qué es la realidad o el parecido de la humanidad con un virus que me encanta escuchar y que quizá no aguantaría en ninguna otra película. Hubo una época en que adoraba a Cifra por la valentía que tuvo de elegir un mundo de mentiras. Era un malo atroz y un malo sin escrúpulos pero también tenía tal consistencia filosófica elegir lo que él elige que me deslumbra. Anoche me quedé con Trinity. Trinity parece una muñeca en una clase de epistemología. Pero ayer me di cuenta de que ella también tenía un fondo filosófico terrible. Trinity entra en una discusión filosofico-punk de armarse hasta los dientes y romper cuellos con una frase de amor. Le dice a Neo que no queda más remedio que él sea el elegido, y sin más, se pone a la misma altura que los demás, es Platón, Descartes, Berkeley, y el mismísimo Santo Tomás. Porque viene a decir que en tanta batalla sobre que es verdad y que no, ella es la dueña de la única verdad que nadie puede dudar. El oráculo le ha dicho que si ama a un tipo, ese será el elegido. Ella sabe que ama. Y eso no hay manera de dudarlo. Todo lo demás sí.

Hannah Arendt

Hay algunos moldes que siempre han funcionado en el cine de venganza. El cine oriental y el spaghetti western, debido a lo previsible del final adornaban la trama con chascarrillos. El cine blando deja la venganza al guionista, o a un secundario, el malo lo paga en un accidente. En el cine del oeste maduro el discurso cambiaba la venganza por la justicia o por el duelo, por eso la infamia era matar por la espalda. Lo único inaceptable, en una película de venganza, fue dejar la falta sin castigo, fue siempre la impunidad.

La filósofa Hannah Arendt es contratada por la revista The New Yorker para cubrir el juicio que Israel hizo a uno de los carceleros nazis huidos después de la Segunda Guerra Mundial. La filólosofa, afincada en América, acepta el encargo y viaja a Israel. Por su parte, el personaje de Eichman no requiere un actor. De cada una de las alocuciones que hizo en el juicio se nos muestran trozos de documental. Se me olvidó comprobar si los títulos de crédito decían Adolf Eichman interpretado por Adolf Eichman.

Arendt vuelve a EEUU para enfrentarse a sus alumnos y a los plazos, siempre apurados, de la revista. Pero la espera vale la pena. La tesis remueve las entrañas del sionismo de la época y de las tesis oficiales sobre el holocausto. En su artículo Arendt afirma que la esencia del mal es la banalidad. Eichman no era más que un burócrata. Cumplía órdenes, estuviera bien o mal. No tenía nada contra ningún judío, era, simplemente, eficiente. Tras la publicación, Arendt libra una batalla feroz. No condenar al carcelero la coloca, parece, en las filas de los verdugos. 

La directora Margarethe von Trotta, sin embargo, traza otra línea divisoria. Hay dos bandos, sí, pero no son esos. En un bando estaban los militantes del nazismo que acataban órdenes ciegamente, sin discutir. Los vencedores bienpensantes que condenaban al nazismo ciegamente, sin discutir, estaban en el mismo bando. Sólo Ella, sólo Arendt se coloca en el otro lado del tablero, sólo ella se salta la ceremonia de la ofensa y la venganza. Porque la batalla, en realidad, es entre los que piensan y los que no. Los que militan y ejecutan órdenes eficientemente y los que tienen conciencia.

Por eso la única postura valiente era la de enfrentarse a las vícitimas airadas, a los judíos, a su gente, a su familia. Porque de esa manera Arendt nos enseña a no repetir la banalidad del verdugo.

Asalto al poder

"White House Down" Roland Emmerich, 2013

Emmerich andaba comedido desde que liberó al planeta de una invasión extraterrestre en Independence Day. Siguió poniendo el planeta patas arriba en cada una de sus películas, como Godzilla, El dia de mañana, o destruyéndolo como en 2012. Pero no se atrevía a salvarlo con una bandera americana y un himno sonando de fondo desde entonces. White House Down es el regreso de Emmerich, un autor alemán, por sus fueros más conocidos del patriotismo americano.

"Asalto al poder" es una película de heroes. Pero ¿Que es un héroe? Un héroe es un señor que en un atasco monumental toma el arcén y llega a su casa el primero mientras los demás hacen noche en la carretera. Un héroe es el tipo que con una frase se mete a todo el mundo en el bolsillo mientras tú te pasas redactando miles de informes con miedo a te echen del trabajo.

Channing Tatum aspira a ser escolta del presidente, pero sacaba notas muy bajas en el cole y no le dan el cargo. Durante un asalto a la Casa Blanca, él es la única esperanza del mundo libre frente a una banda organizada de ladrones y a una conspiración. Su hija es una niña de once años que no lo abraza porque él se perdió su actuación en el instituto, como todos los niños resentidos americanos. Sin embargo es capaz de publicar un vídeo en youtube y en un blog que ahora no mola llamar blog el atentado en tiempo real. Los conocimientos de esta niña, por muy extraordinarios que parezcan, son probablemente los mismos que tiene cualquier menor de edad de la sala. Los grandes dignatarios de la Casa Blanca, y el jefe del servicio secreto, sin embargo, necesitan un busca para comunicarse. Ella es otra heroína de la historia, ser capaz de difundir un vídeo en un minuto es como adelantar por el arcén o como conquistar con una frase cuando otros necesitan miles de informes.

La película me plantea si la protagonista es la hija o si es el padre. "Asalto al poder" es una visita a un parque temático. Empieza con cicerones que te explican detalles de la Casa Blanca, como el bunquer escondido, o algunas reliquias expuestas para los visitantes. Convertida en visita interactiva, la emoción empieza a subir cuando el presidente de los EEUU acepta hablar para el videoblog de la niña y se dispara cuando los dos visitantes que han pagado su entrada se convierten en la única esperanza de salvar el mundo de una conspiración. El edificio no tiene salvación, pero basta llamar a una cuadrilla de albañiles, una mano de pintura, y aquí no ha pasado nada.

La huésped


“The host”
Andrew Niccol, 2013
Saoirse Ronan (Melanie Stryder), Jake Abel (Ian O’Shea), Max Irons (Jared Howe), William Hurt (Jeb Stryder), Diane Kruger (la Buscadora), Frances Fisher (Maggie Stryder), Boyd Holbrook (Kyle O’Shea).
Guion: Andrew Niccol; basado en la novela homónima de Stephenie Meyer.
* * *
La invasión de los ladrones de cuerpos educados

El vivero creativo de identificarse con los malos tradicionales de la ficción parece un manantial inagotable a juzgar por los éxitos literarios y de cartelera de los últimos años. En la próxima película sobre un zombie adolescente parece que también nos invitan a ocupar ese espacio interior no hollado hasta la fecha. Si no va a haber ni coco ni monstruos a los que tener miedo, desconfío de las posibilidades creativas que provean las infancias de nuestros retoños del mañana. Claro que visto desde otro ángulo ¿quién cree que vamos a llegar a la siguiente recarga generacional con el índice de contaminación, el efecto invernadero y la crisis económica? Ya lo decía mi abuela, no hay que preocuparse tanto.

La humanidad ha sido abducida por unos extraterrestres que no tienen cuerpo, “las almas”. La extraterrestre que ocupa el cuerpo de Melanie entabla un diálogo con ella. La puesta en escena va así, el alma mueve los labios de la protagonista cuando habla; la protagonista, atrapada, habla con voz en off. En ocasiones Melanie se cree un poco graciosa, cual muñeco díscolo de un ventrílocuo, pero no lo es.

Pero no deja de tener su aquel la propuesta de un ser encerrado en otro. Por ejemplo, Mélanie se pone furiosa cuando la marciana besa a su novio. Otro ejemplo, a un chico de los rebeldes sin abducir le gusta el alma instalada en el cuerpo de Melanie. Tener un cuerpo y dos almas debe ser el sueño de un esquizofrénico. O bien el de una católica infiel. O el de un político corrupto que no sabe como justificar las contabilidad B de sus libros.

A mitad de la cinta la historia se queda sin fuelle. Entonces aparecen cosas que dejan boquiabierta a la marciana, como una plantación de trigo en el interior de una cueva. La cara de sorpresa de una damisela made in Stepheny-Meyer-un-siglo-de-feminismo-no-sirvio-para-nada entretiene poco pero está adornado con la cuestión filosófica de fondo. ¿Merece la especie humana otra oportunidad? ¿o es mejor abducir a semejante panda de descerebrados belicosos que pueblan el planeta? Meyer da una respuesta parecida a la de Derrickson, lo cual deja su nivel literario a la altura de un show de máxima audiencia de Telecinco. Si un autor quiere que sus creaciones se parezcan un programa gafapasta de la 2 debería abstenerse, sobre todo, de formular la pregunta.
Jordi Costa: el talento de Andrew Niccol —sin duda, digno de mejor causa— logra que su elegante envoltorio no parezca rutinario.
Citas | Blog de cinela butacafilmaffinity | Vanity Fair |

Drive

El arco dramático
Dice mi admirado y siempre exagerado Boyero que el personaje de Gosling es una versión moderna de "Shane", el pistolero que pone orden en la vida de los granjeros pacíficos en la novela de Schaefer que adaptó George Stevens en 1953. A mi me recuerda al Hanks de "Camino a la perdición" de Mendes, porque respeta unas reglas del juego mafioso que conllevan la muerte y la sangre hasta que un inocente las hace saltar por los aires. Muerte sí, pero sólo entre nosotros, parecen decir los dos personajes, el de Mendes y el conductor. Menos discutible parece la deuda confesa que tiene con la película "Le Samouraï" de Jean-Pierre Melville, y con la idea de amour fou de los sesenta del cine francés.

El personaje de Gosling, que no llega a decir su nombre, es un conductor de atracos con unas reglas intocables. Ofrece cinco minutos de fidelidad absoluta, pero un minuto antes o un minuto después no responde de nada. No se la juega por nadie. Que sea concienzudo como una máquina podría ser accesorio, pero es la palanca que estira con más fuerza la emoción de la película. Una vecina inocente, la esposa de un convicto y su hijo le brindan unas semanas de compañía y de amistad desinteresada que le llegan al corazón. Una casualidad más bien creíble, hace que la vida de su vecina dependa de él y que se vea obligado a saltarse una y otra vez su seguridad y sus reglas. De haber sido un conductor menos concienzudo y perfeccionista, el sacrificio hubiera sido fácil para él. La fuerza de la película está precisamente en aquello le ocurra a él, en el viraje que tiene que dar, en las reglas propias que tiene que saltarse, en su arco dramático.

Tres títulos olvidables

Un metodo peligroso
Dice el proverbio indio que no debemos juzgar a un hombre sin haber caminado antes una milla con sus mocasines. Cronemberg ha querido apuntarse la proeza de caminar una distancia infinitamente mayor sin identificarse ni un segundo con el dueño del calzado.

El Jung de la película no tiene nada que envidiarle a ningún malo de cine. Nos molesta con su tensión, con sus tics, y con su hipocresía burguesa. Nos molesta que viaje en primera clase a EEUU cuando el maestro, Freud, tiene que viajar en segunda. Nos saca de quicio negando la idea de parricidio de Amenofis IV en la misma reunión en la que crucifica a su padre espiritual. Y sobre todo odiamos a este malo de cine cuando acaba confesando que el amor de su vida es la misma mujer que traicionó. Ningún espectador puede perdonar a un malo que traiciona su propio amor.

La cuestión que me plantea Cronemberg es que placer estético saca de seguir durante tanto metraje a un personaje que le resulta repugnante. Que interés tiene para el cine, poner de protagonista al malo. Que sentido tiene andar tantas millas con los mocasines de un hombre al que pretendemos empalar de todos modos.

Medycine | Pericles | Cine y política

"In time"
La premisa de "In time" es tan sugerente como decepcionante todo lo demás. La idea de un futuro en el que la moneda de cambio es el tiempo sirve para la crítica social, los pobres sobreviven cada día con unas horas que pueden acabarse y dejarlos como un trozo de carne en la acera, mientras los ricos se juegan siglos en una partida de poker. Los segundos y los años aparecen en un tablero luminoso que ocupa todo el antebrazo. Los creadores tejieron la trama de los relojes con desidia. Conscientes de que el público se alarma con una cuenta atrás dejaron a los protagonistas una y otra vez con unos escasos minutos de vida para preocuparnos. Pero es difícil preocuparse por un imbécil que ha elegido libremente dejarse esas gotas de tiempo cuando podía haber elegido otra cantidad.

Casi igual de desafortunada es "Acero puro". Después de morir la madre, un padre descubre que tiene un hijo al que no quiere y que tampoco tiene interés por él. El padre se dedica al boxeo de moda en el 2020, el de robots parecidos a los humanos. La historia del robot que encuentran en el lodo y su ascenso desde el fango a la más alta competición podría unir al espectador con el afán de un padre o con el de un hijo. Pero dado que los dos compiten con quien desprecia más al otro, el robot pelea para resultar bonito.

Hannah Montana: La película



Un golpe de suerte

Puede que muchos espectadores adultos no se acerquen a la serie Hannah Montana por el tufo Disney o bien por el tufo a estrella adolescente narcisista. Pero yo se la recomiendo a todo el mundo. Siempre, eso sí, que esté dispuesto a verla con las voces originales; el doblaje repipi que han hecho al castellano no ayuda mucho. De alguna manera, la conjunción de unos guionistas inspirados, una pareja de padre e hija en la vida real, y unos secundarios descacharrantes, han llevado este producto a la cima de lo que se puede pedir a 30 minutos de televisión. Si Billy Wilder levantara la cabeza creo que se alegraría de ver adonde ha llegado su testamento creativo. La serie es, en muchos sentidos, honesta, habla de problemas reales que tiene una adolescente famosa, o, a veces, una simple adolescente. Pero es en los excesos, las payasadas, y los enredos, donde los guionistas se han desmelenado de una manera que se puede hacer, quizá, más loca, pero no más divertida.

"Hannah Montana: The movie"
Dirección: Peter Chelsom, 2009
Reparto: Miley Cyrus (Hannah Montana/Miley Stewart), Emily Osment (Lilly Truscott), Jason Earles (Jackson Stewart), Melora Hardin (Lorelai), Vanessa Williams (Vita), Billy Ray Cyrus (Robby Stewart), Peter Gunn (Oswald), Mitchell Musso (Oliver Oken), Lucas Till (Travis), Barry Bostwick (Sr. Bradley), Margo Martindale (Ruby).
Guión: Dan Berendsen; basado en los personajes creados por Michel Poryes, Rich Correll y Barry O'Brien.
* *

La protagonista, Miley Cyrus se ha encaramado a uno de los altares más altos de la fama de nuestro tiempo. No sabemos si es una buena actriz o una adolescente representadose a sí misma. Parte del milagro consiste en lo que hay de real, como, por ejemplo, la relación con su padre. Quizá sea cosa de los tiempos que nos toca vivir, seguimos entronizando a aquellos que entraron en la casa de Gran Hermano.

La película no esta, ni remotamente, a la altura de la serie. Añoramos los decorados de cartónpiedra y los excesos televisivos. Faltan completamente los secundarios; los actores están todos pero faltan los personajes. Un argumento de hora y media necesitaba que Miley aguantara, por lo menos un acto sin engatusarnos. Un acto siendo repelente no es tan grave. Pero se ha acostumbrado a encandilarnos con su sonrisa embriagadora cada cinco minutos y eso hace trizas un desarrollo narrativo como el que pedía la cinta: niña famosa malcriada, viaje al pueblo, reflexión, cambio, conversión en niña entrañable.

No es el peor fallo. Lo peor es que cuando han rodado más de la mitad de la película el director, los actores y el público descubrimos la verdadera historia: nos emociona ver que tanto el padre como la hija tienen que hacer duros sacrificios por culpa de la fama. Ahí estaba la película y ya no queda tiempo para rehacer el principio. Ese momento de unión padre, hija, casi salvará la película a juicio de alguno. Pero yo creo que los guionistas se lo encontraron por casualidad, como el que descubre una moneda en la ranura de una cabina de teléfono.

La boda de mi mejor amiga

Fallos
Hay en las comedias de Apatow un toque de ordinariez que pretende oler a fresco, y un desarrollo dramático que parece que es casi infalible. Una u otra cosa está tocando la melodía justa en los oídos de los críticos, que a este y al otro lado del Atlántico están cayendo rendidos a los pies de este vendedor de chistes manidos. No digo que no se lo merezca, ni que sí. En realidad eso ya lo he dicho en todas las otras comedias firmadas por él que he comentado. Simplemente me sorprende que ese sabor de salchicha o esa fórmula de hamburguesa se venda mejor que otra; y que se venda entre los supuestos gourmets.

El desarrollo dramático infalible del que hablaba consiste en dejar que el protagonista que cada vez nos cae mejor se hunda cada vez más en el lodo. Si al principio le va mal en un par de cosillas, a mitad de la película ya ha perdido las amistades y el coche, y al final no le queda ni la familia para sostenerse en pie. Esto es una trama típica de Apatow. No es la de esta película porque si lo fuera, esto se llamaría Spoiler y la mayoría de los lectores los odian. La mayoría de los lectores no leen críticas para contrastar opiniones al salir del cine, como a mi me gustaría, sino  para saber que película elegir de la cartelera. O sea, que te utilizan de cobaya y así se ahorran los ocho euros de la entrada. De hecho, la mayoría de los lectores de críticas no pasan del primer párrafo y van derechos a contar las estrellas que concede el crítico desde su altísimo altar (De altares hablaré en otra ocasión).

Me imagino ejércitos de guionistas entrenados diseñando los giros de estas comedias, vigilando las caidas en el abismo de los protagonistas y todo eso. Sin embargo, lo que me llamó la atención de esta película fue un fallo del guionista. Y dado que voy a hablar de un detalle de la trama no me queda más remedio que lanzar un aviso para los aprovechados que me usan que cobaya y me leen con la única intención de ahorrarse los ocho euros de una entrada. Señores, ahora viene un SPOILER. El fallo consiste en que la chica, que busca una pareja estable, un buen trabajo y todo lo demás, cuando por fin consigue lo que más desea, se echa atrás y rompe. El detalle es como una astilla, como un desconchón en la pared. Es un lamparón de guión. Y por eso me gusta tanto (me gusta el desconchón y el atrevimiento de rodar una película que trata sobre la envidia de la protagonista). Si nos gusta ser felices ¿por qué nos da tanto miedo? Estoy seguro de que casi todo el mundo ha huído alguna vez de ser demasiado feliz. De hecho, es algo tan normal que probablemente por eso se le pasó por alto al ejército de guionistas de Jude Apatow. Porque ellos también estan acostumbrados a vivirlo. Y es una suerte que no la quitaran, porque si la quitan, la película entera hubiera sido una salchicha, o una hamburguesa, del gusto, ya lo sé, de nuestros, oh amados gourmets, pero una sachicha, o una hamburguesa, al fin y al cabo.

Tres películas




"How to train your dragon"
Chris Sanders y Dean DeBlois, 2010
Doblaje original: Jay Baruchel (Hipo), Gerard Butler (Estoico), America Ferrera (Astrid), Jonah Hill (Patán Mocoso), Christopher Mintz-Plasse (Patapez), Kristen Wiig (Brusca), T.J. Miller (Chusco), Craig Ferguson (Bocapodrida). Guión: Will Davies, Dean DeBlois y Chris Sanders; basado en el libro de Cressida Cowell.
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"El Escritor"
The ghost writer
Roman Polanski, 2010
Reparto: Ewan McGregor (escritor), Pierce Brosnan (Adam Lang), Kim Cattrall (Amelia Bly), Olivia Williams (Ruth Lang), James Belushi (John Maddox), Timothy Hutton (Sidney Kroll), Eli Wallach (anciano), Tom Wilkinson (Paul Emmett), Robert Pugh (Richard Rycart). Guión: Robert Harris y Roman Polanski; basado en la novela “El poder en la sombra”, de Robert Harris.
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"Furia de Titanes"
Clash of the titans
Louis Leterrier, 2010
Reparto: Sam Worthington (Perseo), Liam Neeson (Zeus), Ralph Fiennes (Hades), Gemma Arterton (Io), Alexa Davalos (Andrómeda), Jason Flemyng (Calibos/Acrisio), Danny Huston (Poseidón), Mads Mikkelsen (Draco), Pete Postlethwaite (Spyros), Luke Evans (Apolo), Izabella Miko (Athena), Liam Cunningham (Solon), Hans Matheson (Ixas), Nicholas Hoult (Eusebio). Guión: Phil Hay, Travis Beacham y Matt Manfredi; basado en la película “Furia de titanes” (1981), dirigida por Desmond Davis y escrita por Beverly Cross.
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Pifias y prejuicios

Las opiniones que tenemos se basan en una proporción demasiado alta en el prejuicio. A menudo la lectura y el cine me parecen puro tráfico de prejuicios. Por eso busco sin cesar autores que vuelvan a darme la sensación de lo vivido, de lo real, de lo que no ha pasado por el tamiz de la inteligencia burda.

El protagonista de "Cómo entrenar a tu dragón", Hipo, descubre que toda la aldea de vikingos tienen una idea equivocada sobre los dragones. Él conoce a uno de verdad y lo doma, o bien aprende a conocerlo.

Crecida Cowell ha buceado a fondo y a gusto en la metáfora del dragón. Hace lo mismo que spielberg con los marcianos y Shyamalan con los fantasmas, se detiene a mirarlos. Se recrea donde otros lanzaban chillidos. La metáfora de los dragones me vale para miles de cosas, política, cine de autor, cultura de masa y tantos, tantos dragones.

"El escritor", de Polanski, tiene todos los dejes del buen Polanski y del buen Hitchcock. O sea, un exceso de estilo que no me dice nada. No sé para que se esfuerzan los críticos en compararlo con el mundo en que vivimos o con figuras políticas como Tony Blair, si Polanski sólo quiere hacer estilo. Le daría igual situar su acción en una república caucásica, con tal de inquietarnos. La película no es la historia de un político que erró apoyando la guerra de Iraq, ni la de un escritor que escribe sus memorias. Es la historia de siempre, la misma. Es la historia de un hombre que no sabe si va a conquistar la gloria o si va a ser asesinado en el tercer acto, la historia de un hombre que sigue una pista y tira de un hilo, la historia de un par de esbirros que lo persiguen por carreteras solitarias y de los que no sabe como deshacerse. La historia de quien te va a proteger y quien te va a pegar un tiro: cuando escapa del ferri no sabemos si se ha zafado de los malos o si se ha metido de lleno en la boca del lobo.

A "Furia de Titanes" le falta vulgaridad. Perseo es semidios. Pero no ví la necesidad del prefijo. El muchacho es perfecto en todo, no se despeina y vence sin cesar una bestia detrás de otra. Acaso tanto heroísmo hubiera sido más digerible con una subtrama mundana. Con tanta valía podemos entender que el muchacho gane, pero es mucho más difícil que recemos por ello.

Green Zone: Distrito protegido



Un poco tarde para destapar la verdad

"Green Zone"
Paul Greengrass
Reparto: Matt Damon (Roy Miller), Greg Kinnear (Clark Poundstone), Amy Ryan (Lawrie Dayne), Brendan Gleeson (Martin Brown), Jason Isaacs (teniente coronel Briggs), Khalid Abdalla (Freddy). Guión: Brian Helgeland; inspirado en el libro “Imperial life in the Emeral City: Inside Iraq’s Green Zone” de Rajiv Chandrasekaran.
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Un alférez americano busca las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein en el Iraq posterior a la invasión. Todos los lugares que había revelado una fuente llamada Magallanes son falsos. El alférez, Matt Damon, tira del hilo y llega a la conclusión de que puede que no existan tales armas.

El ejército iraquí es la clave del conflicto. Si se desmantela, el país se vendrá abajo. Los antiguos oficiales quieren mantener el orden. Pero son perseguidos.

¿Conseguirá Damon restaurar a la jerarquía militar? ¿Desvelara la sórdida trama que engañó a los americanos para invadir Iraq? El fallo de esta película es creer que lo segundo importa. ¿Qué más da que lo descubra? La guerra ya ha estallado. Es como si ahora les pedimos que nos devuelvan Cuba porque lo del Maine fue un montaje.

Esta película tiene poco valor como discurso. Pero me sirve de excusa para plantear la cuestión clave de la guerra: el error de Estados Unidos no fue que el programa de armas químicas iraquí no exisitera. El error es más serio: Estados Unidos violó la presunción de inocencia de otro estado. Hizo una guerra “por si acaso”. Y según ese principio cualquier país puede declarar la guerra a otro más pequeño y quedarse con lo que tiene.

Es un buen documento. A Greengrass le gusta rodar cámara en mano, como si no hubiera planificado las escenas, como si se las encontrara de pronto y sacara su cámara de la mochila para grabar. El Iraq de este cine está vivo, nos saca de la foto gastada que aparecía de fondo en el parte oficial de los informativos. Los helicópteros con su visión nocturna distinguen a los buenos de los malos, y rastrean todo con gps. Hay un contraste entre la dureza del conflicto que viven unos y la versión descafeinada y glamourosa que viven otros. Entre esos dos polos me hubiera gustado oír el discurso de Greengrass.
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