El arco dramático
Dice mi admirado y siempre exagerado Boyero que el personaje de Gosling es una versión moderna de "Shane", el pistolero que pone orden en la vida de los granjeros pacíficos en la novela de Schaefer que adaptó George Stevens en 1953. A mi me recuerda al Hanks de "Camino a la perdición" de Mendes, porque respeta unas reglas del juego mafioso que conllevan la muerte y la sangre hasta que un inocente las hace saltar por los aires. Muerte sí, pero sólo entre nosotros, parecen decir los dos personajes, el de Mendes y el conductor. Menos discutible parece la deuda confesa que tiene con la película "Le Samouraï" de Jean-Pierre Melville, y con la idea de amour fou de los sesenta del cine francés.
El personaje de Gosling, que no llega a decir su nombre, es un conductor de atracos con unas reglas intocables. Ofrece cinco minutos de fidelidad absoluta, pero un minuto antes o un minuto después no responde de nada. No se la juega por nadie. Que sea concienzudo como una máquina podría ser accesorio, pero es la palanca que estira con más fuerza la emoción de la película. Una vecina inocente, la esposa de un convicto y su hijo le brindan unas semanas de compañía y de amistad desinteresada que le llegan al corazón. Una casualidad más bien creíble, hace que la vida de su vecina dependa de él y que se vea obligado a saltarse una y otra vez su seguridad y sus reglas. De haber sido un conductor menos concienzudo y perfeccionista, el sacrificio hubiera sido fácil para él. La fuerza de la película está precisamente en aquello le ocurra a él, en el viraje que tiene que dar, en las reglas propias que tiene que saltarse, en su arco dramático.
sábado 31 de diciembre de 2011
Drive
martes 6 de diciembre de 2011
Tres títulos olvidables
“Un metodo peligroso”
Dice el proverbio indio que no debemos juzgar a un hombre sin haber caminado antes una milla con sus mocasines. Cronemberg ha querido apuntarse la proeza de caminar una distancia infinitamente mayor sin identificarse ni un segundo con el dueño del calzado.
El Jung de la película no tiene nada que envidiarle a ningún malo de cine. Nos molesta con su tensión, con sus tics, y con su hipocresía burguesa. Nos molesta que viaje en primera clase a EEUU cuando el maestro, Freud, tiene que viajar en segunda. Nos saca de quicio negando la idea de parricidio de Amenofis IV en la misma reunión en la que crucifica a su padre espiritual. Y sobre todo odiamos a este malo de cine cuando acaba confesando que el amor de su vida es la misma mujer que traicionó. Ningún espectador puede perdonar a un malo que traiciona su propio amor.
La cuestión que me plantea Cronemberg es que placer estético saca de seguir durante tanto metraje a un personaje que le resulta repugnante. Que interés tiene para el cine, poner de protagonista al malo. Que sentido tiene andar tantas millas con los mocasines de un hombre al que pretendemos empalar de todos modos.
Medycine | Pericles | Cine y política
"In time"
La premisa de "In time" es tan sugerente como decepcionante todo lo demás. La idea de un futuro en el que la moneda de cambio es el tiempo sirve para la crítica social, los pobres sobreviven cada día con unas horas que pueden acabarse y dejarlos como un trozo de carne en la acera, mientras los ricos se juegan siglos en una partida de poker. Los segundos y los años aparecen en un tablero luminoso que ocupa todo el antebrazo. Los creadores tejieron la trama de los relojes con desidia. Conscientes de que el público se alarma con una cuenta atrás dejaron a los protagonistas una y otra vez con unos escasos minutos de vida para preocuparnos. Pero es difícil preocuparse por un imbécil que ha elegido libremente dejarse esas gotas de tiempo cuando podía haber elegido otra cantidad.
Casi igual de desafortunada es "Acero puro". Después de morir la madre, un padre descubre que tiene un hijo al que no quiere y que tampoco tiene interés por él. El padre se dedica al boxeo de moda en el 2020, el de robots parecidos a los humanos. La historia del robot que encuentran en el lodo y su ascenso desde el fango a la más alta competición podría unir al espectador con el afán de un padre o con el de un hijo. Pero dado que los dos compiten con quien desprecia más al otro, el robot pelea para resultar bonito.
domingo 14 de agosto de 2011
La boda de mi mejor amiga
Fallos
Hay en las comedias de Apatow un toque de ordinariez que pretende oler a fresco, y un desarrollo dramático que parece que es casi infalible. Una u otra cosa está tocando la melodía justa en los oídos de los críticos, que a este y al otro lado del Atlántico están cayendo rendidos a los pies de este vendedor de chistes manidos. No digo que no se lo merezca, ni que sí. En realidad eso ya lo he dicho en todas las otras comedias firmadas por él que he comentado. Simplemente me sorprende que ese sabor de salchicha o esa fórmula de hamburguesa se venda mejor que otra; y que se venda entre los supuestos gourmets.
El desarrollo dramático infalible del que hablaba consiste en dejar que el protagonista que cada vez nos cae mejor se hunda cada vez más en el lodo. Si al principio le va mal en un par de cosillas, a mitad de la película ya ha perdido las amistades y el coche, y al final no le queda ni la familia para sostenerse en pie. Esto es una trama típica de Apatow. No es la de esta película porque si lo fuera, esto se llamaría Spoiler y la mayoría de los lectores los odian. La mayoría de los lectores no leen críticas para contrastar opiniones al salir del cine, como a mi me gustaría, sino para saber que película elegir de la cartelera. O sea, que te utilizan de cobaya y así se ahorran los ocho euros de la entrada. De hecho, la mayoría de los lectores de críticas no pasan del primer párrafo y van derechos a contar las estrellas que concede el crítico desde su altísimo altar (De altares hablaré en otra ocasión).
Me imagino ejércitos de guionistas entrenados diseñando los giros de estas comedias, vigilando las caidas en el abismo de los protagonistas y todo eso. Sin embargo, lo que me llamó la atención de esta película fue un fallo del guionista. Y dado que voy a hablar de un detalle de la trama no me queda más remedio que lanzar un aviso para los aprovechados que me usan que cobaya y me leen con la única intención de ahorrarse los ocho euros de una entrada. Señores, ahora viene un SPOILER. El fallo consiste en que la chica, que busca una pareja estable, un buen trabajo y todo lo demás, cuando por fin consigue lo que más desea, se echa atrás y rompe. El detalle es como una astilla, como un desconchón en la pared. Es un lamparón de guión. Y por eso me gusta tanto (me gusta el desconchón y el atrevimiento de rodar una película que trata sobre la envidia de la protagonista). Si nos gusta ser felices ¿por qué nos da tanto miedo? Estoy seguro de que casi todo el mundo ha huído alguna vez de ser demasiado feliz. De hecho, es algo tan normal que probablemente por eso se le pasó por alto al ejército de guionistas de Jude Apatow. Porque ellos también estan acostumbrados a vivirlo. Y es una suerte que no la quitaran, porque si la quitan, la película entera hubiera sido una salchicha, o una hamburguesa, del gusto, ya lo sé, de nuestros, oh amados gourmets, pero una sachicha, o una hamburguesa, al fin y al cabo.
martes 6 de abril de 2010
Tres películas

"How to train your dragon"
Chris Sanders y Dean DeBlois, 2010
Doblaje original: Jay Baruchel (Hipo), Gerard Butler (Estoico), America Ferrera (Astrid), Jonah Hill (Patán Mocoso), Christopher Mintz-Plasse (Patapez), Kristen Wiig (Brusca), T.J. Miller (Chusco), Craig Ferguson (Bocapodrida). Guión: Will Davies, Dean DeBlois y Chris Sanders; basado en el libro de Cressida Cowell.
* * * *

"El Escritor"
The ghost writer
Roman Polanski, 2010
Reparto: Ewan McGregor (escritor), Pierce Brosnan (Adam Lang), Kim Cattrall (Amelia Bly), Olivia Williams (Ruth Lang), James Belushi (John Maddox), Timothy Hutton (Sidney Kroll), Eli Wallach (anciano), Tom Wilkinson (Paul Emmett), Robert Pugh (Richard Rycart). Guión: Robert Harris y Roman Polanski; basado en la novela “El poder en la sombra”, de Robert Harris.
* *

"Furia de Titanes"
Clash of the titans
Louis Leterrier, 2010
Reparto: Sam Worthington (Perseo), Liam Neeson (Zeus), Ralph Fiennes (Hades), Gemma Arterton (Io), Alexa Davalos (Andrómeda), Jason Flemyng (Calibos/Acrisio), Danny Huston (Poseidón), Mads Mikkelsen (Draco), Pete Postlethwaite (Spyros), Luke Evans (Apolo), Izabella Miko (Athena), Liam Cunningham (Solon), Hans Matheson (Ixas), Nicholas Hoult (Eusebio). Guión: Phil Hay, Travis Beacham y Matt Manfredi; basado en la película “Furia de titanes” (1981), dirigida por Desmond Davis y escrita por Beverly Cross.
* *
Las opiniones que tenemos se basan en una proporción demasiado alta en el prejuicio. A menudo la lectura y el cine me parecen puro tráfico de prejuicios. Por eso busco sin cesar autores que vuelvan a darme la sensación de lo vivido, de lo real, de lo que no ha pasado por el tamiz de la inteligencia burda.
El protagonista de "Cómo entrenar a tu dragón", Hipo, descubre que toda la aldea de vikingos tienen una idea equivocada sobre los dragones. Él conoce a uno de verdad y lo doma, o bien aprende a conocerlo.
Crecida Cowell ha buceado a fondo y a gusto en la metáfora del dragón. Hace lo mismo que spielberg con los marcianos y Shyamalan con los fantasmas, se detiene a mirarlos. Se recrea donde otros lanzaban chillidos. La metáfora de los dragones me vale para miles de cosas, política, cine de autor, cultura de masa y tantos, tantos dragones.
"El escritor", de Polanski, tiene todos los dejes del buen Polanski y del buen Hitchcock. O sea, un exceso de estilo que no me dice nada. No sé para que se esfuerzan los críticos en compararlo con el mundo en que vivimos o con figuras políticas como Tony Blair, si Polanski sólo quiere hacer estilo. Le daría igual situar su acción en una república caucásica, con tal de inquietarnos. La película no es la historia de un político que erró apoyando la guerra de Iraq, ni la de un escritor que escribe sus memorias. Es la historia de siempre, la misma. Es la historia de un hombre que no sabe si va a conquistar la gloria o si va a ser asesinado en el tercer acto, la historia de un hombre que sigue una pista y tira de un hilo, la historia de un par de esbirros que lo persiguen por carreteras solitarias y de los que no sabe como deshacerse. La historia de quien te va a proteger y quien te va a pegar un tiro: cuando escapa del ferri no sabemos si se ha zafado de los malos o si se ha metido de lleno en la boca del lobo.
A "Furia de Titanes" le falta vulgaridad. Perseo es semidios. Pero no ví la necesidad del prefijo. El muchacho es perfecto en todo, no se despeina y vence sin cesar una bestia detrás de otra. Acaso tanto heroísmo hubiera sido más digerible con una subtrama mundana. Con tanta valía podemos entender que el muchacho gane, pero es mucho más difícil que recemos por ello.
viernes 12 de marzo de 2010
Green Zone: Distrito protegido

Un poco tarde para destapar la verdad
"Green Zone"
Paul Greengrass
Reparto: Matt Damon (Roy Miller), Greg Kinnear (Clark Poundstone), Amy Ryan (Lawrie Dayne), Brendan Gleeson (Martin Brown), Jason Isaacs (teniente coronel Briggs), Khalid Abdalla (Freddy). Guión: Brian Helgeland; inspirado en el libro “Imperial life in the Emeral City: Inside Iraq’s Green Zone” de Rajiv Chandrasekaran.
* * *
Un alférez americano busca las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein en el Iraq posterior a la invasión. Todos los lugares que había revelado una fuente llamada Magallanes son falsos. El alférez, Matt Damon, tira del hilo y llega a la conclusión de que puede que no existan tales armas.
El ejército iraquí es la clave del conflicto. Si se desmantela, el país se vendrá abajo. Los antiguos oficiales quieren mantener el orden. Pero son perseguidos.
¿Conseguirá Damon restaurar a la jerarquía militar? ¿Desvelara la sórdida trama que engañó a los americanos para invadir Iraq? El fallo de esta película es creer que lo segundo importa. ¿Qué más da que lo descubra? La guerra ya ha estallado. Es como si ahora les pedimos que nos devuelvan Cuba porque lo del Maine fue un montaje.
Esta película tiene poco valor como discurso. Pero me sirve de excusa para plantear la cuestión clave de la guerra: el error de Estados Unidos no fue que el programa de armas químicas iraquí no exisitera. El error es más serio: Estados Unidos violó la presunción de inocencia de otro estado. Hizo una guerra “por si acaso”. Y según ese principio cualquier país puede declarar la guerra a otro más pequeño y quedarse con lo que tiene.
Es un buen documento. A Greengrass le gusta rodar cámara en mano, como si no hubiera planificado las escenas, como si se las encontrara de pronto y sacara su cámara de la mochila para grabar. El Iraq de este cine está vivo, nos saca de la foto gastada que aparecía de fondo en el parte oficial de los informativos. Los helicópteros con su visión nocturna distinguen a los buenos de los malos, y rastrean todo con gps. Hay un contraste entre la dureza del conflicto que viven unos y la versión descafeinada y glamourosa que viven otros. Entre esos dos polos me hubiera gustado oír el discurso de Greengrass.
viernes 29 de enero de 2010
Invictus

Como explicar las cosas
Cuando Mandela, el primer presidente negro, llega al gobierno de Sudáfrica, en 1994, se encuentra a sí mismo liderando a una mayoría negra resentida que ha sufrido el apartheid durante décadas y quiere cobrar su venganza. Él sabe que si el país malgasta su energía en saldar cuentas no saldra adelante, por eso quiere hacer borrón y cuenta nueva y quiere que todos miren al futuro. En medio de ese contexto histórico, la selección nacional de rugby se convierte en un símbolo de sus planes políticos, porque la selección nacional es un emblema del poder blanco. El nuevo ministerio de deportes quiere acabar con ella, y Mandela quiere que gane el mundial de Rugby.

Clint Eastwood, 2009
Reparto: Morgan Freeman (Nelson Mandela), Matt Damon (François Pienaar), Marguerite Wheatley (Nerine), Patrick Lyster (Sr. Pienaar), Matt Stern (Hendrick Booyens), Julian Lewis Jones (Etienne Feyder), Penny Downie (Sra. Pienaar), Tony Kgoroce (Jason Tshabalala), Patrick Mofokeng (Linga Moonsamy), Adjoa Andoh (Brenda), Leleti Khumalo (Mary).
Guión: Anthony Peckham; basado en el libro “El factor humano” de John Carlin.
* * * *
Particularmente me gusta como nos explica en que consiste el rugby, un deporte que, probablemente no entiende la mayoría de su público. Mandela tampoco es aficionado y le pide a sus asesores que le expliquen que tiene que hacer Sudáfrica para clasificarse. De paso lo explica al espectador. En otra escena, la selección viaja por el país y se acerca a unos niños y les enseña a jugar delante de las cámaras. La escena nos conmueve porque habla de negros y blancos que han estado en dos bandos y estan tirando abajo sus muros, pero es que de paso, la selección explica cuatro cosas de rugby que no sabemos y nos viene bien enterarnos.
Los asesores le explican como va el mundial (nos lo explican) y Mandela se aprende las fotos de los jugadores y la alineación. Y eso parece más importante que los asuntos de estado. “Invictus” viene a decir que si queremos llevarnos bien, no bastan las palabras, hay que compartir alguna de esas cosas irracionales como la pasión por el deporte.
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.
William Ernest Henley
domingo 17 de enero de 2010
Avatar
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De momento, la gran película del siglo xxi
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James Cameron, 2009
Reparto: Sam Worthington (Jake Sully), Zoë Saldana (Neytiri), Sigourney Weaver (Dra. Grace Augustine), Michelle Rodriguez (Trudy), Giovanni Ribisi (Selfridge), Joel David Moore (Norm), C.C.H. Pounder (Mo’at), Wes Studi (Eytukan), Laz Alonso (Tsu’Tey), Stephen Lang (coronel Quaritch), Matt Gerald (Lyle).
* * * * *
Dicen que lo de avatar no lo inventó Cameron y tienen razón. La verdad es que casi cada fenómeno cultural tiene un poco de avatar. Uno lee la Regenta y se convierte en Ana Ozores o en Don Fermín sin necesidad de encerrarse en una cámara hermética, como hace Jake Sully. En la sala de cine todos los espectadores sentimos por la piel de nuestro avatar que es el famoso de turno que sale en la pantalla. Los grandes actores no son los que se meten mejor en la piel de sus personajes, son los que invitan mejor al espectador a tripularles como avatar. Leí hace poco que lo que produce más felicidad a un hombre es ver meter gol a su equipo. Nuestra felicidad no está en nuestras manos, está en un avatar que viste pantalón corto y atina con una pelota a cuatrocientos kilómetros de nuestros hogares.
Mi charlatan favorito, Lacán, decía que la mujer no existe. Eso que parece una boutade significa que el modelo de feminidad es un avatar que tripula la mitad de la sociedad, de uno u otro sexo, para llamar la atención de la otra mitad.
Pero volviendo al fútbol, todos sabemos que tu equipo no tiene que ser necesariamente tu ciudad. Muchos madrileños son del Barça. Uno escoge su avatar, y toma partido. Uno puede identificarse con el enemigo, porque puestos a vivir un interés virtual, tanto me da luchar por estos que por esos. Jake Sully tiene que elegir entre los humanos y los na’vi, y dado que es humano debería estar claro que partido toma.
Pero los espectadores sabemos que no es tan sencillo. Porque los humanos son codiciosos, y ya han arrasado un planeta, La Tierra. La grandiosidad de la película de Cameron no está en que Jake Sully tome partido por el otro, por la otra raza, por los que son de allá, por el antagonista. Eso ya está contado, como sabemos, y como nos recuerdan, en “Pocahontas”, o en “Un hombre llamado Caballo”. Lo grandioso es que nosotros, los humanos de la sala, nos damos cuenta de que tiene razón, queremos que sea uno de ellos, y queremo, también, serlo nosotros.
El coronel Quaritch es el mayor obstáculo que encuentra Sully. Y no se trata de que sea cruel. El coronel no es un malvado, es el soldado que yo quisiera tener en mi ejército. Es un hombre leal. Pero Quaritch nunca entenderá lo que es un avatar. Quaritch tiene cicatrices y no se las borra con la tecnología del siglo XXII, porque Quaritch vive con su piel, y esas cicatrices son su piel. Quaritch es el gran enemigo porque no entiende que Sully pueda amar a una “Gatita”. Los na’vi parecen gatos, con cola y nariz de gato. Quaritch no entiende que alguien pueda identificarse con los na’vi como estamos haciendo, a gritos, todos y cada uno de los espectadores. “¿Acaso crees que eres uno de ellos?” Le pregunta a Sully y en vez de atacarle se gira y ataca al humano, no al avatar. Y le odiamos porque se salta el sueño, porque baja al barro, a la carne, a la piel. En la batalla casi lo tiene en sus manos, cogido por la coleta. Y sólo tiene que usar su "armadura", pero no la usa, porque la "armadura", ese robot enorme, es como un avatar. Quaritch toma el cuchillo, y usa sus propias manos.
sábado 16 de enero de 2010
Sherlock Holmes

Guy Ritchie, 2009.
Reparto: Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes), Jude Law (Dr. John Watson), Rachel McAdams (Irene Adler), Mark Strong (lord Blackwood), Eddie Marsan (inspector Lestrade), Kelly Reilly (Mary Morstan), Robert Maillet (Dredger), Geraldine James (Sra. Hudson), William Houston (Clark), Hans Matheson (lord Coward), James Fox (sir Thomas), Clive Russell (capitán Tanner).
Guión: Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg; basado en los personajes creados por Arthur Conan Doyle.
* * *
Al principio es refrescante escuchar a un Watson que no babosea como un tonto ante la increíble superioridad intelectual del detective. Ese Watson rebelde que protesta por los excesos de Holmes golea al de Conan Doyle.
Yo diría que este Holmes le debe algo a Chesterton, porque cada misterio apunta a una causa sobrenatural y nos hace temer una explicación tipo “El sexto sentido”. Pero al final todo será racional para nuestro consuelo. La deuda es mucho mayor con el cine de acción que tenemos, o, a veces, sufrimos. Guy Ritchie dirige cada escena con miedo a aburrirnos, de esa horrible manera que su generación se ha aburrido con las maravillosas obras que hizo la anterior, por eso opta por saturar, y por cansar.
El recuento de sus deudas también me lleva a House, pero ahí me pierdo. Es House, quien, a juicio de todos, nos vende una imitación de Holmes. De modo que Ritchie imita a una imitación para volver a servirnos el original. O algo sí. Cada vez que oía a Watson me parecía estar escuchando a Wilson, el amigo oncólogo de House. Lo cual es un punto más a favor de este Watson.
La trama es policial, se redude a desentrañar un misterio, pero se salta los cánones del buen género. El canon dicta que el espectador debe tener todas las pruebas sobre la mesa, pero espera a que el detective las una para decir: claro. Conan Doyle era tramposo y siempre se guardaba información que sólo sabía Holmes, como una marca de puros o un broche. Pero el Holmes de la película podía haber sido canónico. Dado que gana tanto con el respeto que muestra por el intelecto del nuevo Watson, podía haber hecho otro tanto con el intelecto del espectador.
Jordi Costa. El País: El crítico británico Michael Atkinson ha sugerido que el gran tema de Sherlock Holmes es el fin del orden doméstico de dos tipos que, hasta el momento de la acción, compartían piso, pero que se hallan en pleno proceso de negociación con relaciones heterosexuales que interfieren en su mutuo amor. Efectivamente, eso está en la película, pero junto a un competente recital de golpes de efecto, acción enfebrecida y saludable espíritu dionisiaco.
Antonio Trashorras. Fotogramas: esta cinta de réplicas chispeantes, camaradería calculadamente homo y gadgets victorianos al gusto nerd ha encontrado en Ritchie, sin duda, el director ideal.
John Tones. Cine 365: primero, la película va a ser juzgada no por valores propios, sino en base a una fidelidad que no está muy claro qué ley exige que sea total; segundo, más de un acusador va a dejar en evidencia que el canon que conoce no es el de Arthur Conan Doyle, sino el de... Basil Rathbone.
Roger Ebert ***: another classic hero has been fed into the f/x mill, emerging as a modern superman.
Downey's Holmes is at once more dissolute and more fit than previous incarnations. Holmes' canonical devotion to cocaine is here augmented by other drugs and a great deal of booze. Yet Holmes has the body of a lithe athlete, the skills of a gymnast and the pugilism of a world champion. He and Watson (who is, you recall, only a doctor, although one with clients who must be puzzled about his office hours) spring readily into action like Batman and Robin.
Rotten Tomatoes: 69%
sábado 9 de enero de 2010
"Donde viven los monstruos" según Nacho Vigalondo
El curioso debate que ha provocado la película Donde viven los monstruos se centra en si es una película para niños, cuando los elementos más desestabilizadores de la película afectan precisamente al público adulto, que se ha visto en esta película ante demasiadas preguntas sin respuesta clara. Me pregunto si los niños sufren este problema ¿Necesitan acaso respuestas? ¿Se plantean siquiera preguntas? ¿Alguien ha observado las caóticas dinámicas de los juegos infantiles, esa acumulación de situaciones nada hilvanadas en las que la furia se alterna con las risas, los jadeos, los vacíos, una resbalón y un llanto? ¿Acaso la película de Jonze no se parece más a esos universos desordenados que dominan las horas de recreo infantl que las películas con introducción, clímax y mensaje en negrita que tanto confortan a los padres?
El blog de Nacho Vigalondo.
martes 5 de enero de 2010
Solomon Kane

Los idiotas tienen derecho hacer cine

Michael J. Bassett, 2009
Reparto: James Purefoy (Solomon Kane), Pete Postlethwaite (William Crowthorn), Max Von Sydow (Josiah Kane), Jason Flemyng (Malachi), Rachel Hurd-Wood (Meredith Crowthorn), Mackenzie Crook (padre Michael), Patrick Hurd-Wood (Samuel), Alice Krige (Katherine), Jason Flemyng (Malachi), Philip Winchester (Telford).
Guión: Michael J. Bassett; basado en el personaje creado por Robert E. Howard.
*
En una película idiota, como “Solomon Kane”, el protagonista sabe que está condenado porque se lo dice un payaso con forma de demonio. Y sabe que puede salvarse porque se lo dice otro a punto de morirse. Para un idiota, cualquier personaje con la voz un poco grave es un oráculo.
Solomon Kane hace un pacto para salvarse de su propia maldición: no recurrir a la violencia. Pero descubre que el mundo es un lugar injusto y que hay que matar y hacer daño a los malos. Para que sepamos lo que es un malo, el mensaje nos adjunta un ejemplo: se trata de un tipo muy feo que secuestra a una niña muy inocente.
Lo malo de ser idiota es que pones una niña en la pantalla para poder salvarla y en el primer plano en el que aparece el público ya sabe que tipo de truco narrativo escondes debajo de la manga. El problema de ser idiota es que el espectador menos curtido de la sala se te adelanta. El segundo problema es que cuando las niñas inocentes se convierten en coartadas te quedas solo defendiendo la violencia como un tío rabioso. Y es que ser idiota es un derecho, pero convencer al público es una virtud.
Cine365. Jesús Palacios ***: Bassett consigue plasmar visualmente el mundo de Howard, a la vez que se deshace de cualquier pretensión absurda de seriedad o profundidad psicológica, para centrarse en la acción, los monstruos y, en definitiva, la diversión.
El País. Jordi Costa: Como escribe León Arsenal en su esclarecedor prólogo para Las extrañas aventuras de Solomon Kane -recopilación de los ocho relatos protagonizados por el personaje, recientemente editada por Valdemar-, sus historias "tienen un estilo anticuado, tétrico y con frecuencia altisonante que le dan un sabor muy particular".
Guía del Ocio. Roberto Piorno **: Bassett no anda sobrado de imaginación, y más allá del universo Howard la recreación plástica de la fantasía postmedieval sucumbe a la tentación de hacerse notar a base de muletillas visuales. "Solomon Kane" es, en casi todo, un híbrido pobre de "Van Helsing" y "El Señor de los Anillos", porque el antihéroe no es sino un pariente cercano y canalla del primero y del Aragorn de la segunda. La vuelta de tuerca es el giro hacia lo oscuro y lo siniestro; el antihéroe es un genial inadaptado hiperviolento ebrio de muerte y sombras del demonio en busca de una redención que se antoja más bien difícil.


