Torremolinos 73

Pablo Berger, 2003.
Reparto: Javier Cámara, Candela Peña, Juan Diego, Malena Alterio, Fernando Tejedo.
web
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La dignidad

Lázaro de Tormes enseña que en esta vida lo importante es tener la despensa llena, aunque para conseguirlo tengas que hacer la vista gorda a algún asuntillo como que tu mujer te la pegue con tu protector. En cambio, Pedro Crespo (el alcalde de Zalamea) enseña que los españoles seremos pobres y brutos, pero tenemos una honra intocable, y que mandamos las leyes a hacer puñetas si nos la tocan.

En mi opinión, el cine casposo español empieza en la República. María de la O me parece caspa pura, y consiste en una mezcla de Lázaro y Pedro Crespo. Nuestra caspa asume plenamente que los españoles no somos capaces de hacer algo grande como los demás europeos, japoneses o americanos, y a la misma vez, afirma que no se nos puede tocar en un punto porque nuestras mujeres son honradas como la hija de Pedro Crespo.

En Torremolinos 73 ocurre lo contrario que en las mejores obras de Wilder, y lo contrario que en todo el cine casposo de los setenta. El protagonista vende su dignidad, y también vende su honra. Alfredo López lleva 12 años vendiendo enciclopedias para la editorial Montoya con lo que apenas saca para pagar el alquiler de su piso, su mujer quiere tener un hijo pero el sueldo no da para tres, y más tarde descubrirá que él es estéril. Un día el director de la editorial los invita a un congreso y les hace una proposición indecente. Tienen que rodar vídeos porno para una enciclopedia de la sexualidad o serán despedidos. Ellos aceptan, y con ese paso no acabará su degradación.

Wilder somete a sus criaturas a dilemas parecidos para demostrarnos que siempre podemos levantarnos por encima de la podredumbre. Berger nos propone el mismo dilema para enseñarnos cuan bajo se puede llegar a caer en esta vida, lo cual no tiene ninguna gracia. Ignoro que ha podido llevarle a rodar una apología de la claudicación (¿el papel de España en los acontecimientos recientes?), pero no me parece remotamente interesante. Sé perfectamente que la vida está llena de casos así y que se pueden rodar humillaciones mucho peores en nombre del realismo, pero el papel del cine no es el de santificarlas, la cámara debería protestar por todas.

La vida mancha

Enrique Urbizu, 2003
Reparto: Jose Coronado (Pedro) Zay Nuba (Juana) Juan Sanz (Fito) Sandro Polo (Jon) Yohana Cobo (Sara) Silvia Espigado (Charo) Alfonso Torregrosa (Larrea) Enrique Martínez (Visitador) Gabriel Moreno (Camarero) May Pascual (Camarera) Cesareo Estébanez (Estrada) Laura Alonso (Estrada) Laura Alonso (Sole) José Antonio Bravo (Grasa)
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Lírica

Urbizu sabe manejar un ingrediente en sus relatos que siempre resulta apasionante, sabe despistar al espectador con respecto a sus intenciones. Urbizu empieza hablando de un tema, presenta personas y conflictos sin que el espectador sepa, hasta el final a donde le lleva. La cámara empieza enfocando un camión aparcado en la calle, entra en un bar y sigue a un camarero hasta el interior. Se juega una tensa partida de cartas, es fácil ver que el más pardillo y bocazas es la víctima que están desplumando, ya ha perdido mil euros. Cuando acaba la partida la cámara lo sigue a él. El pardillo, Fito, era el protagonista.

Fito tiene un gran vicio, cuando llega a casa dice que no ha cobrado, su mujer (subyugante, Zay Nuba), no tiene para hacer frente a los gastos con su sueldo de administrativa en una oficina de empleo. Por la mañana reciben un regalo del hermano de Fito, al que él no ha visto en 14 años. Le regala un camisón para su pareja, y le dice que irá a visitarle.

El hermano, Pedro, es José Coronado. Lo rodea un halo de misterio, que hace pensar en lo peor, como en el personaje que interpretó en la anterior película de Urbizu (uno de los malos mejor creados de estos años en el cine español), la caja 507. Nadie sabe que hace Pedro para ganarse la vida, ni que hizo en Londres, ni porqué no escribió en tantos años. Pedro se queda en casa de la joven pareja unas semanas y cambia la vida de ambos. Tímido, infinitamente cortes, Pedro también es un duro, y descubre una por una las trampas de su hermano, y los problemas de la familia. La niñera, la amiga de Juana, las mujeres se quedan prendadas con él.

Él y su misterio son el hilo conductor de la historia. Por eso, cuando descubre lo que siente abre una puerta a una caja de Pandora. Urbizu sabe la intensidad lírica que tiene en sus manos. Pedro es terriblemente parecido al Marlon Brando de “El último Tango en Paris”, apasionado, oscuro, abrasador.

Urbizu lleva camino de convertirse en un buen autor. Sabe utilizar ingredientes poderosos en su cine, los vicios, la ambición de sus personajes. Sabe utilizar los nervios del espectador, y maneja la inquietud como nadie. En “La vida mancha” se siente tan dueño de todos sus elementos que se permite el más bello lirismo.
Alberto Bermejo | Metropoli (***)
La vida mancha escenifica el reencuentro de dos hermanos después de largos años sin saber uno de otro, dos extraños unidos por vagas emociones convencionales y ni siquiera eso en el caso de uno de ellos, con la carga explosiva de una mujer de por medio. Uno viene de una soledad que se adivina dura e ingrata, de la pura supervivencia, y el otro ha creado más o menos una familia, aferrado como puede a una apariencia de rutina. Sus espíritus son complementarios.
En cualquier caso, la apuesta es admirablemente arriesgada y poco frecuente por estas latitudes, pues se trata, nada menos, que de construir y mover piezas invisibles sin quedarse en uno de esos ejercicios de estilo lucidos pero autocomplacientes, de hacer crecer la tensión, el interés o la sensación de peligro en torno a mecanismos que existen realmente pero no se pueden tocar, que tan solo aparentan materializarse en la precisión de la puesta en escena, en la elegancia de cada plano, escondiéndose detrás de los movimientos, las miradas y los rostros de los personajes.

Leinad | Canal # Cine (6/10)
Ya sea por sentimientos enfrentados, por un pasado que no se quiere recordar, por ciertos misterios cotidianos, problemas económicos o lucha interna contra una adicción, todas las vidas están manchadas. Las vidas de Fito, Juana y Pedro lo están. Fito es un joven padre de familia, camionero de profesión, que aun arriesgando su estabilidad económica y familiar, es incapaz de superar su adicción al juego y a las apuestas. Pero la vida de su mujer, Juana, también está manchada por unos sentimientos encontrados entre la confianza hacia su esposo, las largas esperas y la soledad que ellas suponen.

Tonia Palleja | Canal # Cine (7.5/10)
La vida mancha es un drama sencillo, próximo, pero que, sin embargo, cuenta con algunas escenas de loable composición, en las que miradas, gestos, acciones y palabras coadyuvan a definir la psicología de sus personajes y las relaciones -evidentes o soterradas- que los unen. Podemos respirar la admiración casi ciega que siente Fito por Pedro, las emociones contenidas de este último hacia Juana, o la incomodidad o contrariedad disimuladas que embargan a la joven esposa ante determinadas situaciones. Estos momentos, en los que la dimensión dramática se hace más tangible, se alternan con afortunadas pinceladas de humor -principalmente por parte de la adolescente y coqueta canguro de Jon, de la compañera de Juana o del infeliz visitador del Círculo de Lectores-, que con pequeñas notas, aprentemente superfluas, ayudan a dibujar al resto de caracteres secundarios y a rellenar los contornos de los protagonistas.

El oro de Moscú

Jesús Bonilla, 2003
Reparto: Jesús Bonilla (Papeles), Santiago Segura (Íñigo), Alfredo Landa (Faustino), Concha Velasco (Pastora Bernal), José Luis López Vázquez (Beltrán), Antonio Resines (Jacinto), Gabino Diego (Macintosh), María Barranco (Alejandra), Juan Luis Galiardo (Alberto Tajuña), Sancho Gracia (Guardia Civil), Jorge Sanz (Guardia de seguridad), Neus Asensi (Gloria), Alexis Valdés (Vladimir), Carlos Latre (Ricky Tajuña), El Gran Wyoming (Showman), Carmen Vicente-Arche (Carmen), Florentino Fernández (Peluquero), Chiquito de la Calzada (Abuelo), Andrés Pajares (Doctor), Arévalo (Taxista), Juan Rosa (Camuñas).
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La chepa de Bonilla

El oro de Moscú no es, básicamente, un fracaso artístico de Bonilla, porque nadie esperaba ver una obra de arte con una excusa argumental como esta y con actores como Chiquito de la Calzada, Carlos Latre, Florentino Fernández o Arévalo. El oro de Moscú, es sobre todo, un fracaso en la coordinación de un grupo de actores que Bonilla parece dirigir, o someter hasta que aparece Alfredo Landa (por suerte avanzada la película) que se los desmadra completamente. A veces se habla en sentido figurado de un duelo interpretativo, pero Landa entiende la palabra duelo de un modo literal y pelea hasta la muerte en cada escena por levantar más la voz que ningún otro y se limita a callar a todo el mundo. Sin duda el espectáculo más lamentable que he visto en cine desde que me tragué el rollo de zoolander.

El principio tiene algún detalle aceptable. Igual que Santiago Segura, Bonilla es capaz de retratar el mundo casposo ibérico con una ambigüedad que hace difícil saber si hablando de todo ese machismo, racismo y fascismo retrógrado se confiesa o se ríe. Estas películas han inventado un punto de vista curioso que probablemente es capaz de divertir con un mismo chiste a un fascista rancio y a un progre.

La excusa argumental, o el Macguffin de Bonilla es una confesión de un moribundo que sabe donde está enterrado el oro de Moscú. La clave está en cuatro relojes de generales republicanos cuya unión serviría para encontrar el tesoro, y al director para construir su relato sobre un desfile de personajes famosos que van apareciendo para regocijo de un publico que sin duda conoce hasta el último. Bonilla consigue dominarlos a todos y echa una voz prepotente de duro para tener todo a raya que consigue hacer andar la acción hasta que aparece Landa, como comentaba antes. Algunos actores consiguen hacerse un hueco y se les respeta cuando hablan, como es el caso de Resines que hace de joyero redicho, o Concha Velasco que se conforma con explotar el sex-appeal que aún le queda de mujer madurita. Santiago Segura y Gabino Diego están en el reparto para llevarse los palos que los demás reparten y para que alguien aguante la prepotencia de tanto actor asertivo.

El final es horrible, y estoy casi seguro de que Bonilla lo rodó para castigar a todo el reparto por habérsele subido a la chepa como la profesora del pequeño Nicolás que siempre acaba histérica repartiendo castigos.

X-Men 2

Brian Singer, 2003
Reparto: Patrick Stewart (Profesor Charles Xavier) Hugh Jackman (Logan/Lobezno) Ian McKellen (Erik Lehnsherr/Magneto) Halle Berry (Ororo Munroe/Tormenta) Famke Janssen (Dr. Jean Grey) James Marsden (Scott Summers/Cíclope) Rebecca Romijn-Stamos (Mistica/Raven Darkholme) Brian Cox (General William Stryker) Alan Cumming (Kurt Wagner/Nightcrawler) Bruce Davison (Senador Robert Kelly) Anna Paquin (Marie D'Ancanto/Pícara) Kelly Hu (Yuriko Oyama) Aaron Stanford (John Allerdyce/Pyro)
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Como jugar al ajedrez

¿Cual es el fondo de toda esta historia de los X-men? Dicen Carlos y Jaime Cenalmor que se trata de una alegoría del racismo, también se dijo que del SIDA. Un grupo de gente es diferente ¿Cómo hay que tratarlos? En la primera parte, el senador Robert Kelly quiso hacer una lista de mutantes, pero eso es una discriminación. El fondo es, entonces, no colgar a nadie la estrella de David, ni porque sea judío, ni porque sea negro, ni porque tenga sida, ni porque sea mutante. Los mutantes buenos (Xavier) quieren convencer a todo el mundo, los malos (magneto) quieren vengarse de la segregación que sufren. Esta parte de la película me parece que no resulta. No da ninguna pena ver a los mutantes luchando y matando por ser aceptados. El fondo será la igualdad, pero el espectáculo es el de siempre, el de la fuerza y la maña.

Los x-men piden compasión, pero por otro lado son todos unos cracks en lo que se ponen, haciendo fuego, helando, creando tormentas, disfrazándose, reparando heridas... Cuando veo sus historias no sé muy bien si mirarlos como peluches inocentes, o como gremlins que por la noche me van a destrozar la casa si les doy agua. Hay muchas conversaciones tiernas y trascendentales susurradas entre los personajes para hacerme creer que ellos son lo primero, buenecitos, pero de algún modo, el productor, el equipo de efectos especiales, coreógrafos de peleas se salieron con la suya y el resultado es más guerrero que otra cosa. Si me piden mi opinión hubiera quitado la parte intimista y hubiera dejado sólo la acción. En el lugar de todos esos silencios que quieren ser profundos hubiera largado alguna broma, que con tanto freak siempre se puede sacar punta.

Personalmente creo que de los x-men no se puede sacar un mensaje. Son lo que son, un pasatiempo divertido. Cada uno de ellos tiene una habilidad y una flaqueza, como las piezas del ajedrez. Una mueve recto, otra diagonal, otra salta las piezas. La gracia está en ver como una criatura se enfrenta con otra, como usa su poder para vencer. Y tiene tanta gracia como ver a Bush (cuya mutación le permite declarar guerras sin tener que saber por qué lo hace) luchar contra Hussein, porque uno sabe de antemano lo que va a pasar antes de que empiece.
Carlos F. Cenalmor Pascual y Jaime E. Cenalmor Pascual | El pasadizo
La idea subyacente del cómic y la película, la intolerancia, se mantiene en el guión, aunque de forma diferente a la primera parte. El enfrentamiento entre las dos concepciones de la convivencia humano-mutante, pilar del anterior film (una especie de enfrentamiento Malcom X-Martin Luther King), se ve sustituido por un enfrentamiento más directo y enconado humano-mutante, desintegrador, racista y mucho más cruel.

Inspirado por la excepcional novela grafica Dios ama, el hombre mata escrita por Claremon y dibujada por Anderson, el guión toma elementos de esta y los mezcla con ideas de la primera parte y otros conceptos de la larga historia mutante, con pinceladas mucho más "cotidianas", de las que cabría destacar la revelación de Bobby Drake de su condición a sus padres, momento repleto de múltiples lecturas (¿salida mutante del armario?).

J. Hoberman | Village Voice
After a shape-shifting blue terrorist attacks the White House and very nearly impales the president, an arrogantly bigoted personification of the military-industrial complex (Brian Cox) begins agitating for a Mutant Registration Act—and worse. Sound familiar?

Mike Szymanski | Zap 2 it
The "X-Men" comic book series is a reflection of our times, even more relevant today than when it was created four decades ago during the height of race riots. Now, with SARS quarantines ordered by our government, fears of terrorist activities, debates over cloning, condemning people for thinking wrongly and other real-life world strife, "X2" is even more a part of our world psyche, but it's all interwoven in the trappings of incredible special effects and an exciting story.
How weird it was to come home from the screening to turn on CNN and see young people scurrying through secret tunnels in Iraq in much the same way the students are doing when the school for gifted children is invaded by soldiers. How unusual it is to see a device that links the minds of the world at the same time that fiber optics and satellites are bringing a war instantaneously to the masses.

Harvey S. Karten
There's the analogy. In "X2," the enhanced human beings have already been created. Ordinary human beings are threatened by these people, called mutants, who have special gifts. The ordinary fear their powers, powers which came to the mutants not by evolution but by a sudden leap not unlike the leap that current experimentation in genetic modification might in the near future afford. In "X2," the President of the United States is ready for war against the mutants and uses hi-tech systems to locate them on Earth, handing the command over to General Williams Stryker (Brian Cox), who this time around sports a pair of rectangular spectacles and goatee, taking away the actor's usual resemblance to Marlon Brando. In addition the president is pushing The Anti-Mutant Registration Act by which children can be taken from their homes, thus affording yet another connection to present-day U.S. in which Attorney-General Ashcroft proposes a cornucopia of new laws that could allow unrestricted wire taps and the holding of people deemed enemy agents without charges and without legal counsel.
More interesting than any of these principals are folks like Yuriko Oyama, known as Deathstrike (Kelly Hu) and especially Nightcrawler (Alan Cumming), who gives new meaning to dressing with tails and who, early on, attacks the President of the U.S. in a fight scene which may have been topped by more elaborate special effects later on but whose choreographed invasion of the White House bouncing off walls, disappearing, foiling a team of secret service and military personnel guarding the chief executive is the most vibrant struggle in the film.

El censo de los X-men ¿Quienes son?

Uno puede perderse con los X-men porque es difícil recordar que poderes tienen. Es como jugar al ajedrez y no saber como mueve el alfil.

Handsome Hugh tiene un listado comparativo con el comic de Marvel y la película.

Google les dedica un apartado

Muchas páginas explican su peso y medidas para jugar con ellos alguna versión de rol.

Comic 2 film tiene muchos temas.

Tomorrow people ofrece una lista más ágil.

39 Escalones

Alfred Hitchcock, 1935
Reparto: Robert Donat (Richard Hannay/Mr. Hammond/Capt. Fraser/Henry Hopkinson) Madeleine Carroll (Pamela/Mrs. Henry Hopkinson) Lucie Mannheim (Miss Nnabella Smith) Godfrey Tearle (Professor Jordan) Peggy Ashcroft (John Crofter) Helen Haye (Mrs. Louisa Jordan) Frank Cellier (Sheriff Watson) Wylie Watson (Mr. Memory)
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Macguffin significa no saber hacer cine

Esencialmente, la película es una excusa para sentir que un protagonista insignificante como podemos serlo usted, o yo, o cualquier espectador, puede ser una pieza clave para salvar la patria. Lo malo es que a Hitchcock le importa muy poco explicar por qué es importante que los espías no revelen su secreto, o por que importa que lo sepa el protagonista que no pinta nada, o por qué es tan molesto él y la chica que lo delata para una organización clandestina.

Y lo que uno siente en esta y en todas las películas de Hitchcock igual que en las de Garci, es que a Hitchcock le importa muy poco su historia. Y traducido a mi lenguaje, le importa poco el cine. Él sabe que de lo que se trata es de vender como sea una persecución, un disfraz, unas escenas de buenos que ayudan y malos que traicionan, un romance entre un hombre que tiene que escapar y una chica que tiene que ser renuente, esquiva y a ser posible malilla, para que los dos se peleen antes de darse un beso. Esencialmente, eso es Hitchcock.

Creo que el término MacGuffin es de Hitchcock. Y es un buen término. Se trata de poner un móvil de cualquier tipo, que no sirva para nada pero que mantenga al espectador pendiente de algo y de una razón para que este huya, el otro lo persiga y la chica se enrolle con el bueno. MacGuffin significa quitarle el fondo a la película y dejar una cáscara bonita.

Es como si para hablar de la guerra de Iraq un director se inventara un jueguecito de tesoros escondidos o documentos secretos, cuando el Macguffin está más claro que el agua. Cuando (subrayo) el Macguffin de ese matón de Bush es lo que realmente importa (fin del subrayado).

Hitchcock es, gracias a Truffaut uno de los grandes sobreestimados del cine. Uno de los peores vendedores de opio barato.

Suceció en Manhattan

Wayne Wang, 2003
Reparto: Jennifer Lopez (Marisa Ventura), Ralph Fiennes (Christopher Marshall), Natasha Richardson (Caroline Lane), Stanley Tucci (Jerry Siegel), Bob Hoskins (Lionel Bloch), Tyler García Posey (Ty Ventura), Marissa Matrone (Stephanie Kehoe), Chris Eigeman (John Bextrum), Frances Conroy (Paula Burns), Priscilla Lopez (Verónica Ventura).
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Cenicienta en Manhattan

Sucedió en Manhattan es una actualización bastante coherente de La Cenicienta. La protagonista también hace todas las tareas y demuestra que vale en su trabajo, es Jennifer López, y trabaja de camarera de un hotel de lujo. De príncipe hace un candidato a senador republicano. Hay una hermanastra perfecta que sería la Millonaria Caroline Lane que se aloja en la suite Park. Marisa, la camarera, se prueba uno de sus vestidos y el político rico la confunde con una dama, que es como ir al baile convertida en princesa. El político la invita a cenar, pero acude la auténtica inquilina de la suite, que es como probarse el zapatito de cristal y ver que no cabe el pie.

Al cuento de La Cenicienta, le añaden el tema de la trasgresión. Cenicienta, o Marisa, ha sido mala porque ha mentido en vez de decir desde un principio que era una camarera. Tiene que expiar su culpa por el pecadillo y la echan del trabajo. A partir de ese momento es necesaria una buena provisión de pañuelos.

Yo consigo creerme casi toda la historia salvo en un punto. Que un candidato a senador se enamore de una camarera hispana me parece razonable, pero que lo haga un republicano... ¿estamos locos o qué?

Lo que viene a plantear la película es que uno es lo que parece, y que una camarera, con un traje de tres mil dólares es una princesa. Eso da que pensar, aunque no tanto como el discurso del niño, el hijo de Jennifer Lopez, que es la historia mejor trenzada dentro del cuento. El chaval se atasca en la ceremonia del cole porque no le sale un discurso, y ese problema conecta con el del político que tiene un truco para los nervios. Y al final el muchacho se lanza y habla a favor del perdón y de los pecadillos que hay que perdonar a los políticos (no sé si aludiendo a la manchita del vestido de la Lewinski o al brutal saqueo de un país sin legitimidad y sin vergüenza), que está relacionado con el pecado de su mamá. Es la vuelta de tuerca para obligarnos a agarrar el pañuelo y está bien, porque está preparada.

Los discursos tienen mucho de cine. A Capra le salían de vicio, John Doe no sería nada sin los discursos de Gary Cooper que le redacta la Stanwick. Cuando se trenzan bien suelen agarrar al espectador. Pero por lo general no sirven para nada a la hora de entender el fondo de la historia.

El cazador de sueños

"Dreamcatcher". Jon Amiel, 2003
Reparto: Damián Lewis, Thomas Jane, Jasón Lee, Timothy Olyphant, Morgan Freeman, Tom Sizemore, Donnie Wahlberg
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Demasiados capítulos de Expediente X de una vez

De entrada tengo que decir que me horroriza pasar miedo en una película. Soy un espectador poco preparado para los sustos, doy saltos en el asiento y me agarro a lo primero que veo cerca, doy una imagen lamentable. El espectador de terror, juzgo por lo que veo en el resto de la sala, es un hombre curtido que va preparado para todo y ve como un gusano se come a su héroe con la misma entereza que si lo ve cepillándose los dientes. En una película de terror el director juega a dar sustos y el espectador, supongo porque no es mi caso, juega a estar de vuelta de aquello y a no dejarse impresionar por nada con su cara de poker. Así pues, en lo que respecta a los sustos yo tengo que decir que conmigo funcionan a la perfección. El resto de la función me parece prescindible, y como odio los sustos, puedo decir que todo me parece prescindible.

La historia no funciona porque quiere calzar en una sola película demasiados episodios de expediente X. Por un lado tenemos a un grupo de amigos que tienen poderes especiales gracias a su contacto infantil con un niño retrasado que llaman Duddits. Por otro lado tenemos una historia de bichos repulsivos que harán las delicias de los amantes de la casquería, y también hay un peligro de invasión extraterrestre, el ejército salvando el mundo, con un militar duro que quiere exterminar a la gente sin escrúpulos y otro oficial humano. No son malas historias, pero algunas no casan bien con otras. Si estos cuatro amigos previenen el porvenir la película podía haber estirado un poco más la idea, en vez de entrar en el potaje de babosas. Y si tienen un amigo subnormal que sabía todo lo que iba a pasar, podía haber predicho algo más interesante que un duelo al sol entre el marciano y el bueno.

En este mundo de invasores, virus, oficiales del ejército fascistones, poderes asombrosos, yo creo que ya está todo inventado. El mérito puede estar en mezclar bien un coctel, o en saber usar ingredientes oportunos. Y usando ese criterio tengo que decir que esta película es un fracaso.

El núcleo

Jon Amiel, 2003
Reparto: Aaron Eckhart (Doctor Josh Keyes), Hilary Swank (Mayor Rebecca 'Beck' Childs), Delroy Lindo (Doctor Edward Brazzleton), Stanley Tucci (Doctor Conrad Zimsky), D.J. Qualls (Taz 'Rat' Finch), Tchéky Karyo (Doctor Sergei Leveque), Richard Jenkins (General Thomas Purcell), Nicole Leroux (Madre), Bruce Greenwood (Robert Iverson), Alfre Woodard (Talma Stickley).
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Divertida

El núcleo es la típica película divertida que todos los críticos se sienten obligados a rechazar. Lo mismo que es fácil encontrar la típica aburrida que todos los críticos se sienten obligados a elogiar. El mundo del gusto (De esto sabe mucho René Girard) no es un mundo puro de espectadores a solas con sus corazones, tiene más que ver con el mundo de la influencia, la autoridad y toda esa jaula de grillos. A veces me entretiene más hablar de lo que dicen otros que de la película. Qué se le va a hacer, soy otro grillo. Pero insisto, el Núcleo, es una película divertida.

El mayor acierto de los creadores ha sido el de hacer una película de emociones, y no sólo de efectos especiales. La premisa era increíble, había que viajar al centro de la tierra a miles de grados en un par de días y salvar el planeta Tierra para que no pierda su magnetismo. Si el proyecto lo cogen Spielberg o Lucas hubieran echado mano al talón de cheques de la productora y me hubieran apabullado con máquinas y cgi’s. Por eso yo siempre me quejo de estos dos millonarios que creen que una película se arregla como una gran empresa petrolera.

Amiel tampoco ha hecho una película barata, pero para venderte el peligro que supone para la humanidad no se ha gastado el presupuesto en la reproducción animada de catástrofes. Bastaba con un Challenger que tiene que aterrizar en mitad de Los Ángeles. Para hacerte creer que la máquina maravillosa atraviesa la tierra como si fuera queso no hace falta tampoco, mucha imagen, al fin y al cabo uno se cree cualquier cosa para aceptar la historia. Y por último, los personajes son simpáticos unos y heroicos otros, todos superficiales con lo que no hay que darle muchas vueltas a la vida, y la diversión está servida.

Del trasfondo no me hablen. Ese no tiene disculpa. Igual que en Armagedon o en tantas otras el cine nos demuestra por enésima vez que la alta tecnología despilfarrada por nuestro ¡oh amado imperio! sirve para algo, nada menos que salvarnos el pellejo a todos. Vale, recuérdenme que algún día les quede agradecidos por gastar esa millonada en sus armas, y no en un comercio justo, o en vacunas o en escuelas. Al fin y al cabo yo no podría vivir feliz si no fuera porque América está vigilando la paz y la felicidad del planeta e invadiendo a cuantos países le viene en gana para ver si encuentra o no encuentra en ellos alguna cepa de la viruela.

Soldados de Salamina

David Trueba, 2002
Reparto: Ariadna Gil (Lola), Ramón Fontserè (Rafael Sánchez Mazas), Joan Dalmau (Miralles), María Botto (Conchi), Diego Luna (Gastón), Alberto Ferreiro (Joven miliciano), Luis Cuenca (Padre de Lola), Lluis Villanueva (Miguel Aguirre), Ana Labordeta (Empleada residencia), Julio Manrique (Pere Figueras), Eric Caravaca (Camarero).
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Dónde hay un héroe

Hace unos años, después de leer Soldados de Salamina por un comentario elogioso que escribió Vargas Llosa en El País y que yo no compartía, me sorprendió ver que una novela del montón como la que había escrito Javier Cercas se convertía semana tras semana en número uno de ventas. Ahora que he visto la película con idéntico resultado, espero que no se convierta en un gran éxito de audiencia, porque entonces tendría que declarar mi divorcio con los gustos de la mayoría del público. Y es una situación que temo porque me vería tentado a ser lo que Umbeto Eco llama un apocalíptico, o peor aún convertirme en un Carlos Boyero y empezar a creerme que soy superior a todo el mundo por la cantidad de cosas que desprecio en vez de por las que disfruto.

El problema de Cercas, tanto de Javier, como el de Lola Cercas (El director cambia al escritor protagonista su sexo en la película, no así su orientación sexual que en ambos es hetero, lo cual da lugar a una historia de amor que es imposible en la película) es que en la obra que escribe necesita un héroe. Menos claro está lo que puede de haber de heroico en perdonar la vida a uno de los fundadores de la falange española y no a cualquier otro de los desgraciados que murieron en el mismo fusilamiento colectivo. Una buena búsqueda del héroe hubiera estado en sus características no en su nombre y apellidos. Lo segundo es superficial, pero también detectivesco, y es el meollo de la obra. El fondo de elegir un fusilamiento como el de Sánchez Mazas, puede estar, ignoro si me equivoco, en un espíritu de reconciliación postfranquista que quiere poner de víctima al que sería el agresor y viceversa.

Cercas estudia el episodio del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas y decide que su novela sólo tiene sentido si encuentra al soldado que le perdonó la vida. ¿Por qué no inventas ese personaje? Le pregunta Conchi. ¿Añade algo el hecho de que Miralles sea un personaje real o sea una invención del escritor?

Son dos obras estrenadas en Madrid a la vez las que plantean el mismo problema. “Adaptation” y “Soldados de Salamina” muestran al escritor atascado porque un proyecto no funciona. En ambos casos el autor necesita que ocurra algo para salir de su atoramiento. Descubrir al soldado, descubrir un secreto íntimo de la autora en “Adaptation”.

En el caso del público, eso no es importante, yo no pienso ir a interrogar a Miralles ni tampoco a Susan Orlean para descubrir si los autores fueron verídicos. Ellos se atascaron porque necesitaban serlo. Y los dos se equivocaron porque creyeron que la salida de su atasco era un descubrimiento en el mundo real (detectivesco) cuando las grandes soluciones no vienen de fuera. Capra no necesitó (supongo) que se le apareciera un verdadero ángel para mostrarnos a ese Clarence de “Qué bello es vivir”. Y sin embargo Capra encontró en esa película lo que Cercas buscaba con tanto afán, encontró un héroe.

Michael Moore tampoco tuvo que buscar mucho.
Criticalia | Enrique Colmena ***
lo fundamental, ese fascinante momento en el que Rafael Sánchez Mazas, mediocre escritor pero importante falangista, se encuentra cara a cara con un miliciano republicano que, contra toda esperanza, le salva la vida. Toda la parte final, con el encuentro entre la escritora protagonista y el viejo que pudo haber sido aquel miliciano, es de lo mejor, puro sabor de cine bien hecho, que redime de algunas carencias anteriores. El resultado global es una interesante adaptación, sin llegar a la altura del texto original, pero razonablemente bien resuelto por un David Trueba que va depurando su estilo y confirmando que hay talento en él, aunque a veces le cueste cierto trabajo demostrarlo...
Miradas | María Villalva (2,5/5)
Pese a todo, lo que viene a traer el film es la esperanza en la pervivencia de una innata generosidad y de una inocencia que - a veces contra todo pronóstico - se resistan a la imposición ideológica.

Belinda

"Johny Belinda"
Jean Negulesco, 1948
Reparto: Jane Wyman (Belinda McDonald) Lew Ayres (Dr. Robert Richardson) Charles Bickford (Black McDonald) Agnes Moorehead (Aggie McDonald) Stephen McNally (Locky McCormick) Jan Sterling (Stella McCormick) Rosalind Ivan (Mrs Poggety) Dan Seymour (Pacquet) Mabel Paige (Mrs Lutz) Ida Moore (Mrs McKee) Alan Napier (Fiscal)Guión: Charlie Kaufman y Donald Kaufman; basado en una obra de Susan Orlean.
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El cine ha cambiado en estos años

Belinda es una campesina sorda. Un doctor nuevo llega al pueblo y se preocupa por ella. Sabe que no es subnormal y le enseña el lenguaje de señas. Su padre la quiere, pero la hace trabajar duramente porque no tienen dinero. Un muchacho del pueblo, en una fiesta la viola, las malas lenguas atribuyen la paternidad al médico.

Como tantas películas americanas, Belinda es una película de juicio. Ella mata al hombre que reclama a su hijo y el espectador y el jurado deben decidir si es inocente o culpable, aunque Jean Negulesco lo ha decidido por ambos, y toda la película (casi todas las películas de juicio) es una puesta en escena de una gran verdad. Es además una excelente película.

Jean Negulesco, se llama en “Chicago” Billy Flynn, también es el hombre que mueve los hilos de nuestros corazones y nos hace sentir como bueno y como malo lo que él quiere que creamos. ¿Qué ha cambiado en estos 55 años de cine? Ya sé que las CGIs, los efectos especiales, los maquillajes. Pero apunto en otra dirección. ¿En qué hemos cambiado nosotros los espectadores de este milenio con respecto a aquellos que se emocionaron viendo a la muchacha sorda defender a su hijo?

En primer lugar somos mucho menos simples. El espectador de Chicago no tiene estómago para las historias de culebrón prefiere reírse del público de culebrón y ser cómplice del abogado manipulador y de las asesinas mentirosas. Pero sobre todo, el espectador de nuestros días no busca seres inocentes e inmaculados con los que emocionarse. Roxie Hart (Zellweger) no es inocente, pero tiene toda nuestra simpatía, Velma ni siquiera tiene la simpatía de Roxie. Lo que ha cambiado realmente es el papel del jurado, que son otra panda de pringados que hay que usar en el camino. Y no sólo para salir de la silla eléctrica sino para conseguir la fama.

¿Qué dice, al fin, Chicago del espectador de nuestros días? Que es completamente distinto del de 1948, que no es honrado, ni ha hecho todos sus deberes, pero que sabe que tiene todos los derechos.
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