Solomon Kane



Los idiotas tienen derecho hacer cine

Michael J. Bassett, 2009
Reparto: James Purefoy (Solomon Kane), Pete Postlethwaite (William Crowthorn), Max Von Sydow (Josiah Kane), Jason Flemyng (Malachi), Rachel Hurd-Wood (Meredith Crowthorn), Mackenzie Crook (padre Michael), Patrick Hurd-Wood (Samuel), Alice Krige (Katherine), Jason Flemyng (Malachi), Philip Winchester (Telford).
Guión: Michael J. Bassett; basado en el personaje creado por Robert E. Howard.
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Los idiotas tienen derecho a todo, como los demás; derecho a ver cine, y derecho a hacer cine. Eso nadie lo discute.

En una película idiota, como “Solomon Kane”, el protagonista sabe que está condenado porque se lo dice un payaso con forma de demonio. Y sabe que puede salvarse porque se lo dice otro a punto de morirse. Para un idiota, cualquier personaje con la voz un poco grave es un oráculo.

Solomon Kane hace un pacto para salvarse de su propia maldición: no recurrir a la violencia. Pero descubre que el mundo es un lugar injusto y que hay que matar y hacer daño a los malos. Para que sepamos lo que es un malo, el mensaje nos adjunta un ejemplo: se trata de un tipo muy feo que secuestra a una niña muy inocente.

Lo malo de ser idiota es que pones una niña en la pantalla para poder salvarla y en el primer plano en el que aparece el público ya sabe que tipo de truco narrativo escondes debajo de la manga. El problema de ser idiota es que el espectador menos curtido de la sala se te adelanta. El segundo problema es que cuando las niñas inocentes se convierten en coartadas te quedas solo defendiendo la violencia como un tío rabioso. Y es que ser idiota es un derecho, pero convencer al público es una virtud.
Cine365. Jesús Palacios ***: Bassett consigue plasmar visualmente el mundo de Howard, a la vez que se deshace de cualquier pretensión absurda de seriedad o profundidad psicológica, para centrarse en la acción, los monstruos y, en definitiva, la diversión.
El País. Jordi Costa: Como escribe León Arsenal en su esclarecedor prólogo para Las extrañas aventuras de Solomon Kane -recopilación de los ocho relatos protagonizados por el personaje, recientemente editada por Valdemar-, sus historias "tienen un estilo anticuado, tétrico y con frecuencia altisonante que le dan un sabor muy particular".
Guía del Ocio. Roberto Piorno **: Bassett no anda sobrado de imaginación, y más allá del universo Howard la recreación plástica de la fantasía postmedieval sucumbe a la tentación de hacerse notar a base de muletillas visuales. "Solomon Kane" es, en casi todo, un híbrido pobre de "Van Helsing" y "El Señor de los Anillos", porque el antihéroe no es sino un pariente cercano y canalla del primero y del Aragorn de la segunda. La vuelta de tuerca es el giro hacia lo oscuro y lo siniestro; el antihéroe es un genial inadaptado hiperviolento ebrio de muerte y sombras del demonio en busca de una redención que se antoja más bien difícil.

Que el cielo la juzgue



Empacho de razón

"Leave her to heaven"
John M. Stahl, 1945
Reparto: Gene Tierney (Ellen Berent harland), Cornel Wilde (Richard Harland), Jeanne Crain (Ruth Berent), Vincent Price (Russell Quinton, district attorney)
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Pocas películas podemos encontrar donde esté más claro quien es la mala, cuantas cosas hace mal y lo culpable que es. Gene Tierney ama tanto a su marido que mata al hermano de éste para poder vivir a solas con él, aborta tirándose por una escalera y se suicida incriminando a su propia hermana de la que teme, justificadamente, una infidelidad.

Para que no alberguemos dudas, la cámara rueda con detenimiento cada uno de sus crímenes, ella confiesa todo a su marido y el juicio prueba la verdad con un fiscal, Vincent Prize que nos explica la acción otra vez por si acaso se nos había olvidado. Stahl no es el maestro del la complicidad o el sobreentendido, es el maestro de darselo todo mascado al público a ser posible por triplicado. Nos gustaría que nos dejara dudar sobre algúna acusación, pero no lo hace, su cámara es omnisciente y machacona.

Recibió un oscar por los colores pastel de su rabioso technicolor. Lo merecía porque eligió para cada plano el paisaje más idílico que había en todo el país. Los interiores son de diseño, el maquillaje entierra cada facción en capas de esmero. Está todo tan estudiado y tan prefabricado como si supieras que la reina va a ir a tomar un té a tu casa para conocer a una familia española del montón.
Bosley Crowther, 1945. New York Times: The reason for the lady's disposition is never convincingly revealed, and the whole plot—especially a court-room climax—is arbitrary, artificial and mane.
Mark R. Hasan. Kquek: The colours of "Leave Her To Heaven" are Technicolor Extreme; much in the way producer/ego maniac David O. Selznick guided the blazing look of "Duel in the Sun" to enhance that film's pair of jealous and vindictive lovers, Stahl's approach for his less demonstrative equivalents combines perfectly arranged colours for the clothes, interior sets, and stunning desert and lake locations.

Variety | IMDB | MRQE

American Playboy



Lo hollywoodiano

(Spread)
David Mackenzie, 2009
Reparto: Ashton Kutcher (Nikki), Anne Heche (Samantha), Margarita Levieva (Heather), Rachel Blanchard (Emily), Sebastian Stan (Harry), Sonia Rockwell (Christina), Maria Conchita Alonso (Ingrid), Hart Bochner (Will).
Guión: Jason Hall; basado en un argumento de Jason Hall y Paul Kolsby.
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A menudo nos quejamos de una película por lo que hay en ella de irreal, de soñado, de facilidades para el héroe. Al fin y al cabo, lo que ocurre es por decisión de un guionista, que suele ser más amable que el que redacta nuestras tristes existencias. Todos estos finales felices los llamamos hollywoodianos y a veces cansan. Pero Hollywood tambien se recrea en el detalle, en el realismo. La primera mitad de American Play-boy es casi documental y resulta deliciosa. Un joven guapísimo que se liga a las mujeres que quiere y vive de las que tienen dinero nos explica punto por punto que pasos hay que dar para convertirte en un mantenido. El tono es tremendamente cínico, porque si tienes calculado cada movimiento, entonces conquistar el corazón de una mujer no es sentimiento, es un truco barato que se aprende con paciencia.

American Play-boy, a pesar del comienzo, no es una comedia, resulta demasiado agria. Avanza a buen ritmo porque está llena de giros. No se trata de giros rocambolescos para epatar al espectador; son giros que me gustan porque vienen de la vida misma: nos sorprendemos de cómo reacciona cada personaje porque sabemos que somos así de extraños. Cuando la mujer rica descubre su infidelidad tiene una reacción extraordinaria. Pero es probable que muchos hiciéramos lo mismo. Cuando este cínico empedernido empieza a creer en algo con todo su corazón no sabemos si tiene guardada una carta. Estamos en vilo y eso es saber contar bien una historia.

El drama de este mantenido que yo llamaría gigoló, pero no play-boy, porque creo que el play-boy sí tiene dinero, consiste en que su medio de vida son sus relaciones sentimentales, por tanto, él es un objeto. Su sustento consiste en su corazón y no puede pagarse el lujo de amar él. Cuando se enamora, o cree que se enamora, sabe que está cambiando el registro por el de una historia “hollywoodiana” de modo que se dirige al público para explicarnos que la vida no consiste en la dura realidad, la gente, en sus vidas, imita las películas. Y de nuevo es capaz de tenernos en vilo calculando si sus sueños se harán realidad, o no.

La película me interesa por las cosas que plantea y por los velos que corre. Trata de pasar de puntillas sobre un aspecto de la vida bastante discutible: que mientras algunos sueldos pueden comprar personas, otros no dan para la fianza de una habitación en la que pueda empezar su vida una pareja de enamorados.

Asalto al tren Pelham 123



Garber

“The taking of Pelham 123”
Tony Scott, 2009
Reparto: Denzel Washington (Walter Garber), John Travolta (Ryder), John Turturro (teniente Camonetti), Luis Guzmán (Ramos), Michael Rispoli (John Johnson), James Gandolfini (alcalde), Ramon Rodriguez (Delgado).
Guión: Brian Helgeland; basado en la novela de John Godey.
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"The Taking of Pelham One Two Three"
Joseph Sargent, 1974
Reparto: Walter Matthau (Comisario Zachary Garber), Robert Shaw (Blue), Martin Balsam (Green), Hector Elizondo (Grey), Earl Hindman (Brown)
Guión: Peter Stone.
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En la versión de 1974, Matthau hace de Garber, un agente de policía del metro que está enseñando la red de Nueva York a unos japoneses que quieren imitarlo en Tokio. Eso sirve para algún chiste racista, porque ellos no entienden nada. Garber es un héroe de los setenta, cansado de su rutina, cínico y más listo que los demás.

Denzel Washington es otro Garber. Se trata de un directivo del metro que ha sido degradado por aceptar un soborno. Garber negocia con Travolta la vida de los rehenes desde su microfono, y, de paso ambos buscan un más allá en lo que hacen un sentido último de la vida, la redención y el sentido de la existencia. El Garber de nuestros días es un ser a punto de entender toda la filosofía de Khalil Gibran en un segundo y salir pitando para arreglar con una barita mágica todos los problemas del tercer mundo. Por eso la película de Tony Scott suena pretenciosa mientras la del 74 cae la mar de simpática.

Los malos de la antigua son mercenarios que matan sin escrúpulos. Los de ahora son expresidiarios que sueltan palabrotas. Travolta resulta más interesante que Robert Shaw, aunque apesta un poco a psicoanálisis de pacotilla.

Por último me van a permitir que entone mi vieja queja una vez más: ¿por qué el héroe del siglo xxi tiene que enfrentarse siempre con el ladrón, encadenarlo romperle los morros y meterlo en el truyo él solito? ¿es que eso no es trabajo de la policía? Siempre lo fue. Es como si el héroe del siglo xxi tuviera que sembrar trigo, calentar el horno y echar la levadura si quiere comerse un trozo de pan. No sé. Hay panaderos, no hace falta hacerlo todo uno solo. ¿no?

Pagafantas



El toque cavernícola

Lo de pagafantas es una idea machista, un concepto sociológico que sólo resulta claro en un universo que anota las victorias sexuales como los logros del sistema productivo. Pagafantas es el que invierte tiempo y dinero sin conseguir, a cambio de la refrescante bebida, el codiciado trofeo sexual.

Borja Cobeaga, 2009
Reparto: Gorka Otxoa (Chema), Sabrina Garciarena (Claudia), Óscar Ladoire (tío Jaime), Kiti Manver (Gloria), Julián López (Rubén), María Asquerino (Sra. Begoña), Michel Brown (Sebastián), Bárbara Santa Cruz (Elisa), Ernesto Sevilla (primo), Teresa Hurtado de Ory.
Guión: Borja Cobeaga y Diego San José.

La hermosa Claudia, una argentina que reside ilegalmente en España, acoge con los brazos abiertos cada uno de los intentos de acercamiento que Chema inicia con ella. Cada vez lo quiere más como amigo. El chico cada vez la quiere más como mujer. Pero nadie plantea abiertamente el tema sexual.

Jordi Costa la ha comparado con la screwball americana, pero olvida una diferencia esencial. En aquellas comedias, la chica era siempre la que buscaba al hombre. El ignorante era él. En “La fiera de mi niña”, Cary Grant pasa por un sinfín de pruebas mucho peores que las de Chema para acabar demostrando que nunca perderá los papeles, que nunca se enfurecerá con ella, que nunca se aprovechará. Y de esa manera, el hombre ideal de los años 30 ganaba los galones para conseguir a la damisela.

Presiento que ese campo de minas femenino no es un invento de la época del New Deal. Chema, nuestro héroe deja de serlo para siempre en el momento que se enfada, pierde los papeles y reclama su factura. Chema, a diferencia de Cary Grant, Clark Gable o Gary Cooper quiere canjear las fantas por sexo y por eso no nos cae, ni nunca nos caerá, bien.

El tío Jaime, que no es su tío, es una ocasión para volver a ver a Oscar Ladoire. Igual que el fantasma de las navidades futuras, el tío Jaime es otro pagafantas casi retirado. Él y sus consejos, que no quiere dar, animan con gotas de humor la historia, y empujan al indeciso protagonista. Otro detalle que salva parte de la película de la quema son las elipsis. Cuando Chema bebe borra de su memoria cuanto le ocurre, y es desternillante comprobar donde acabará cuando despierte, en que lugar, con que pinta...
El País. Jordi Costa: El parentesco con el espíritu de la screwball comedy parece claro desde este arranque, aunque Cobeaga también tiene el buen gusto de contar a Richard Quine entre sus referentes. La mecánica narrativa -que somete al antihéroe masculino a un crescendo de humillaciones emocionales: casi unas Olimpiadas del patetismo- puede recordar al modelo Apatow

Te quiero, tío



Comedia romántico/amistosa/medio gay

Peter se va a casar y descubre que no tiene amigos para invitar a su boda. Sólo tiene amigas, así que decide echarse uno como sea. Pero no es tan fácil hacer amigos. Acude a internet, lo intenta con los amigos de las amigas de la novia y con los de sus familiares. Y un día conoce a Sydney que parece caerle bien.

"I love you, man"
John Hamburg, 2009
Reparto: Paul Rudd (Peter Klaven), Jason Segel (Sydney Fife), Rashida Jones (Zooey), Andy Samberg (Robbie), J.K. Simmons (Oz), Jane Curtin (Joyce), Jon Favreau (Barry), Jaime Pressly (Denise).
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El invento de los creadores de “Te quiero, tío”, a simple vista, parece consistir en una pirueta: han tomado el molde de una comedia romántica y le han dado la vuelta para que la tensión del espectador no esté pendiente de si funciona o no la relación de los novios, sino sino la de los amigos.

¿Se puede sostener una película a costa de relación puramente masculina? Pues hombre, todos los westerns de la historia del cine demuestran que sí, y las pelís de guerra más. Lo que no sirve de sostén es la búsqueda de un amigo, la conquista de otro hombre: eso da un asco difícil de explicar. Los tíos no vamos por la vida buscando amigos. El público ve “chico solo, chica sola” y salta de su butaca pidiendo a gritos que se junten, pero nunca pide que dos tíos se hagan amigos porque se necesitan el uno al otro, la amistad de hombres no va por esos derroteros.

En cambio hay algo que sí define bien la amistad entre hombres, o casi cualquier relación y es cuando hace el uno por el otro, como salen las cuentas. Incluso los tíos que parecen más desprendidos, en el fondo están pesando cada café al que te invitan. El amigo que se busca Peter es demasiado buen amigo. Los amigos de verdad no dan tanto, y, lo que és mas, no mola que den tanto.

Es difícil nombrar un título más innecesario que este en los últimos años de cartelera. Se han dicho tantas cosas interesantes sobre la amistad masculina que venir a decir algún chiste facilillo molesta. La película se mete en aguas pantanosas al meterse la historia de los favores. Yo, la verdad, si hubiera sido John Hamburg, no la hubiera rodado.

Los hombres que no amaban a las mujeres



Reparaciones

Tardé menos de una semana en acabarme el primer volumen y algo más de tres días en el segundo. Los dos los compré el día que aparecieron en las librerías. Y supongo que haré lo mismo con la tercera parte que aparece este mes. Uno de los misterios de la saga para mis amigos, aparte de quien comete los crímenes, es por qué me interesa a mi tanto. Todo el mundo les resta valor, pero tengo que decir que todo el mundo acaba leyéndolos.

"Män som hatar kvinnor"
Niels Arden Oplev, 2009
Reparto: Michael Nyqvist (Mikael Blomkvist), Noomi Rapace (Lisbeth Salander), Lena Endre (Erika Berger), Sven-Bertil Taube (Henrik Vanger), Peter Haber (Martin Vanger), Peter Andersson (Nils Bjurman), Marika Lagercrantz (Cecilia Vanger), Ingvar Hirdwall (Dirch Frode), Björn Granath (Gustav Morell), Ewa Fröling (Harriet Vanger).
Guión: Nicolaj Arcell y Rasmus Heisterberg; basado en la novela de Stieg Larsson.
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Siento debilidad por Lisbeth Salander porque podría ser un caso de “asperger”, igual que el Dustin Hoffman en Rainman o el protagonista de la divertida “El curioso incidente del perro a media noche”. La chica se mueve en un mundo de absolutos donde no caben las medias tintas, la contemporización con el malvado o la palabrería hueca. Lisbeth tiene algo del mundo en que a Larsson le hubiera gustado vivir. La chica aparece en segundo plano hasta que descubrimos que es la protagonista, que sus trucos de hacker y su violencia desbordada son la única esperanza de los buenos. Blonkvist (descubro que se pronuncia |Blunkfist|). Es el bueno en todos los sentidos, es el amante de casi todas las mujeres (aunque la dirección, o el metraje lo dejan reducido a una en la película), es el defensor de la verdad, el paladín del millonario indefenso.

Los dos, Blonkvist y Salander, tienen algo en común. No se merecen las barbaridades que les hacen. Cuando él pisa la cárcel y cuando ella sufre el abuso, tienen metido en un puño a toda la sala, y a los millones de lectores que han comprado la trilogía. En el fondo, Millenium, no es más que eso, una historia de reparaciones, donde las heridas son tan profundas que dirigen vehemente al lector hacia la siguiente página con la inagotable esperanza de que todo el mundo pague por lo que está haciendo.

Esa es al menos, la aproximación que puedo hacer de momento. La película cuenta la historia pero no sé si sabe contagiar la misma rabia. En el fondo, creo que no sé mucho de cine, me gustan los hilos narrativos, los imaginarios, las analogías, las segundas lecturas. Yo diría que, por lo menos, es correcta.

Los abrazos rotos



Tramas enrevesadas

Lo peor que le puede pasar a un director de cine español es que le den un oscar. Estos premios deberían otorgarse en mi país sólo a a título póstumo.

Pedro Almodóvar, 2009
Reparto: Penélope Cruz (Lena), Lluís Homar (Mateo Blanco/Harry Caine), Blanca Portillo (Judit García), José Luis Gómez (Ernesto Martel), Rubén Ochandiano (Ray X), Tamar Novas (Diego), Ángela Molina (madre de Lena), Chus Lampreave (portera), Kiti Manver (Madame Mylene), Lola Dueñas (lectora de labios), Mariola Fuentes (Edurne), Kira Miró (modelo), Rossy de Palma (Julieta), Alejo Sauras (Álex).
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Un multimillonario español se obsesiona con Penélope Cruz y no soporta la idea de que ella se vaya con otro hombre. ¿Qué puede hacer para retenerla? Carmen Maura tenía el mismo problema en “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. En aquel entonces Almodóvar se tomaba con humor el amor despechado, o quizá la diferencia estrive en que la despechada era una mujer. El millonario la tira por una escalera y luego negocia con ella. Lo cual, naturalmente, es lo que todos haríamos en su lugar.

En general, una buena película tiene personajes complicados, conflictivos. Pero no hace falta que la trama sea enrevesada. Almodóvar lo hace siempre al reves, trata de entretenernos con una trupe de seres unidimensionales a los cuales les ocurre todo lo imaginable. El millonario es tan folletinesco como el amante y el conflicto de la protagonista no existe porque debería haber hecho las maletas en el primer acto. Almodóvar es consciente de que sus historias no dan para media película y de que sus seres no tienen fuelle; por eso está aprendiendo a estirarlas con cajas chinas y subtramas, algunas de ellas divertidas. El ligue del ciego con la rubia que le ayuda a cruzar la calle, el personaje de Ángela Molina y la sanidad, la doble vida de la secretaria, el amor de culebrón del millonario, el hijo sumiso que descubre su orientación, el pinchadiscos sacado de la movida, o bien de “todo sobre mi madre”, los preparativos kitsch del rodaje, el sabotaje de la película, las confesiones intempestivas.

El protagonista es un director, o un alter-ego. Parte de la historia habla de su obsesión por hacer una gran película. El ansia de perfección dirige su vida casi tanto como el amor que siente por ella. En el caso de la actriz, llega a negociar incluso su reclusión, con tal de acabar la película. Supongo que Almodóvar quiso trasmitir algo de su obsesión por la obra acabada. Es una de las muchas emociones que se pierden en en camino, o en no sé donde.

Almodóvar ofrece, en cada una de sus películas, un catálogo de neuras y pathos bastante amplio para que el espectador pueda elegir tranquilamente cual encaja mejor con sus traumas infantiles. Lo malo es que tal variedad no ayuda excesivamente a la transferencia; más bien invita, contumazmente, a desconectar.
Carlos Marañón. Cinemanía ***: Un gazpacho cultural que podría servir tanto de Catálogo Universal de los Sentimientos, ordenado de Auster (Paul) a ZP (vía Carmen Machí o vía guiño a El País) como de elegante juego de búsqueda de referencias pictóricas (para nota ese polvo a lo Magritte), literarias y cínéfílas, y a ver quién pilla más. [...]
Otro Almodóvar es posible. Y Los abrazos rotos apunta en varías direcciones que muestran cierto agotamiento por un lado, pero dejan entrever una vía de renovación en el cineasta español más universal.
Jordi Costa. Fotogramas ****: El problema de Los abrazos rotos es que Almodóvar es ya, definitivamente, otro director que el que firmó 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', pero, en cierto sentido, se niega a asumirlo. O, dicho de otra manera, 'Los abrazos rotos' es una película tan generosa, tan empeñada en satisfacer a todos los públicos almodovarianos –los que han decidido embarcarse en el complejo viaje que propone el último tramo de su carrera y los que siguen añorando sus viejos registros- que su dolorosa historia central acaba sometida a demasiadas fuerzas centrífugas.
Carlos Boyero. El País: Y aparece la femme fatale. Se lía con un tiburón que para no perderla pretende consumar los sueños de ella, hacerla estrella de cine con un director de primera clase. Pero llega el amor en medio del arte, y los cuernos y la atroz venganza del despechado e implacable villano. Y sigo como un témpano, no dando crédito a los forzados diálogos que escucho, sin que me salpique lo más mínimo el supuesto volcán que está acorralando a los amantes, ni las doloridas y metafísicas reflexiones sobre las heridas irreparables del creador cuando manipulan y alteran el montaje de esa obra amada en la que ha volcado su alma.


En la segunda mitad del siglo XIX, los agricultores estadounidenses en el recién abierto oeste terminaron fuertemente endeudados con los banqueros del este del país como consecuencia de la revolución tecnológica motivada por la agricultura. Las cosechadoras mecánicas, las trilladoras y otros equipos agrícolas grandes y costosos aumentaron considerablemente la productividad y la producción, pero el enorme aumento de la oferta produjo la caída de los precios de los productos agrícolas.


Los agricultores estaban en apuros, porque a la vez que estaban recibiendo menos por su producto tenían que seguir haciendo pagos cuantiosos por los empréstitos que habían recibido para comprar el nuevo equipo. Como solución, la mayoría de ellos decidió apoyar a los candidatos políticos que estaban a favor de pasar a Estados Unidos del patrón oro a un estándar bimetálico de oro y plata. El más importante de estos candidatos fue el senador de Nebraska y dos veces candidato demócrata a la presidencia, William Jennings Bryant. Él defendió vigorosamente el papel moneda respaldado por oro y plata, porque así el gobierno podría imprimir más dinero que si estuviera respaldado sólo con oro. Aunque no lo dijo directamente, buscaba una inflación muy alta.

Esta pelea política enfrentó a los agricultores del oeste con los banqueros del este. Finalmente ganaron los banqueros y Estados Unidos permaneció en un patrón de sólo oro. Sin embargo, a los estadounidenses les queda aún un gran legado cultural de esa pelea política sóbre la inflación, aunque la mayoría de la gente no lo sabe.

En 1964, un profesor de nombre Henry Littlefield especuló que El maravilloso mago de Oz era un libro político que se proponía apoyar la oposición de los agricultores al patrón oro. Dorothy es una pequeña granjera de Kansas que representa a los ciudadanos rurales estadounidenses; el Hombre de Hojalata representa a los trabajadores urbanos; el León Cobarde es William Jennings Bryant, a quien el autor consideraba un líder débil; y el Espantapájaros es el agricultor estadounidense. Los cuatro viajan hacia el este por la vía de los ladrillos amarillos —una vía hecha de oro— para ver al Mago de Oz, que representa a los malvados banqueros del este que manipulan la economía moviendo hilos y palancas detrás de una cortina. Su destino, Oz, es simplemente la abreviación de onza, como en onzas de oro.


Después de que Dorothy y sus compañeros delatan al Mago y al patrón oro como fraude, todo empieza a funcionar bien. El Espantapájaros es inteligente, el León recupera su valor y el Hombre de Hojalata nunca más tiene que preocuparse del óxido (es decir, estar desempleado). En el libro, Dorothy regresa a casa gracias a sus pantuflas de plata. De acuerdo con Littlefield, la adaptación para el cine utilizó pantuflas de rubíes porque se veían mejor en la película —una decisión que puede haber llevado a muchos estadounidenses a olvidar que la historia pretendía ser mucho más que un libro infantil.

Sean Masaki Flynn: “Economía para Dummies”
Symbolism in the Wizard of Oz

Teófilo Necrófilo. Lo que yo te diga. "El mago de Oz", Abriendo el armario de los gays: Los homosexuales la entendieron como un viaje épico y mítico del mundo normativo heterosexual a otro de la comunidad gay. Por si esto fuera poco, resulta además que el hada buena, viste como un travestido.

Señales del futuro



Pistas

En 1959 un colegio decide conmemorar su aniversario enterrando una cápsula del tiempo. En la cápsula los niños guardan sus dibujos que podrán verse cincuenta años después. Una niña algo extraña que oye voces en su cabeza rellena su lienzo con números. Más tarde, en nuestros días, el colegio desentierra la cápsula y el hijo de Nicholas Cage consigue el enigmático lienzo. El padre es profesor de astrofísica y encuentra un paralelo entre los números y las catástrofes que han sucedido en los últimos cincuenta años. Faltan tres catástrofes y unos cuantos días para que se acabe la lista.

"Knowing"
Alex Proyas, 2009
Reparto: Nicolas Cage (John Koestler), Rose Byrne (Diana Wayland), Chandler Canterbury (Caleb Koestler), Lara Robinson (Lucinda Embry/Abby Wayland), Ben Mendelsohn (Phil Beckman), D.G Maloney, Nadia Townsend (Grace Koestler), Adrienne Pickering (Allison), Danielle Carter (Miss Taylor 1959).
Guión: Ryne Pearson, Richard Kelly, Juliet Snowden, Stiles White, Stuart Hazeldine y Alex Proyas.
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Antes de empezar a vacilar como hacen todos los bloggers de cine sobre si otorgo o no mi veredicto de inocente a Alex Proyas. Antes de hacerme de rogar como una católica. Antes de emitir mi juicio como si de él dependiera la taquilla de la película, quiero anotar un detalle: no hay manera de mantenerse indiferente a este planteamiento. Una lista de catástrofes y un científico que sabe el cuando y el donde sucederán va a mantener agarrado a la butaca al más curtido. La progresión del científico incrédulo hasta el hombre convencido al que nadie cree es apabullante.

El problema de la película es que va más lejos. Proyas no se conforma con darnos unos cuantos subidones de adrenalina y dejarnos irnos a casa un poquito templados. El autor de “Dark City” se mete en profundidades cuando le dejan, cosa que no ocurrió con su entretenida “Yo, Robot”, pero sí aquí. Y tengo que decir que adoro estos giros. Uno cree que está viendo un puzle y cuatro anticipaciones y al final se encuentra con un desaguisado de proporciones bíblicas. Uno cree que es una historia de números y descubre que las voces y las piedrecitas estaban preparando un caos inimaginable.

A las costuras yo les haría un par de arreglos. Los dos niños encuentran las pistas un poco al azar. Lo cual da el pego, pero yo hubiera dejado un camino de migas de pan que les condujera indefectiblemente a ese final spielbergiano, sobre todo para los que vamos a repasar unas cuantas veces la versión en DVD.
Antonio Trashorras. Fotogramas ***: Alex Proyas vive confinado en una época en la cual resulta imposible que el cine de gran presupuesto, y, por tanto, necesitado de legiones de consumidores, trascienda ni un ápice lo que la cada vez más mediocre tecnocracia fílmica juzga tolerable por el rasero mental-sentimental de la masa cuyos bolsillos se pretende saquear.
Roger Ebert **: The plot involves the most fundamental of all philosophical debates: Is the universe deterministic or random? Is everything in some way preordained or does it happen by chance?
Kevin Prin. Filmsactu: Néanmoins la foi est au centre de tout et la morale que véhicule cette fin ("Seuls ceux qui auront vu les signes peuvent être sauvés") ne trompe pas : nous nageons ici en pleine doctrine scientologique, celle-là même que L. Ron Hubbard a tristement démocratisé à travers ses écrits abracadabrants et qu'il a utilisé pour asservir ses admirateurs.
Jean-Sébastien Chauvin. Chronicart: Ce schéma classique du drame intime qui rejoint la Grande Histoire, s'il n'est pas nouveau, porte en germe, ici-même, quelque chose d'assez intriguant. C'est disons la dimension inconsciente du propos : un homme ne pouvant faire son deuil intime imagine plus grande catastrophe encore, l'apocalypse elle-même comme pour anéantir sa douleur.
CGNauta: puedo catalogarla junto a películas de la cienciología como Battlefield Earth: A Saga of the Year 3000.
Se podría decir que es un remake de Close encounter of third kind, pero igualmente tiene elementos que recuerdan a Señales de Night Shyamalan.


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