La guerra de los mundos

Steven Spielberg, 2005
Reparto: Tom Cruise (Ray Ferrier), Dakota Fanning (Rachel), Miranda Otto (Mary Ann), Justin Chatwin (Robbie), Tim Robbins (Ogilvy).
Guión: Josh Friedman y David Koepp; basado en la novela de H.G. Wells.
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La guerra sin elipsis

La versión fiel de la obra de Wells no es esta de Spielberg, sino la de Shyamalan que se titulaba “Signs”. Pero es una suerte que Spielberg se aparte del original porque, al menos a mí, me pareció una novela muy floja. Wells se despachó toda la guerra contra los marcianos con la elipsis más descarada de la literatura. Encerró al narrador en su sótano y le hizo salir cuando todo había acabado de manera que se ahorró la lata de describir las armas, las escafandras y las batallas.

Las cosas no han cambiado tanto. Cuando una película de hoy quiere ahorrarse unos cuantos millones de dólares en cgi o en decorados sacan un monitor de televisión y un reportero contándonos lo que ha ocurrido. Un aparato de televisión contando cosas es igual que un narrador hablando en tercera persona en una novela, o sea, es como una voz que encarna la verdad absoluta y que nadie pone en duda. Lo que más me gusta de “La Guerra de los Mundos” de Spielberg es que no hay ni un solo aparato de radio ni de televisión. Todos están estropeados. Spielberg se puso a sí mismo la tarea de contar sólo aquello que pudieran ver nuestros ojos, los de los espectadores y los de los personajes.

Parte del sello Spielberg está en su manera de relacionar dos esferas en sus películas: la esfera personal de la vida de sus protagonistas con la dimensión mundial de un fenómeno. En ese sentido creo que nunca superó lo que consiguió en ET. De esta película se ha traido a la niña, Dakota Fanning recuerda a Drew Barrimore no porque no entienda la realidad, sino porque su padre no quiere que le afecte (De Jurassic Park se ha traido a los dinosaurios buscando por la cocina a los niños). A Spielberg le encanta juntar temas familiares, conflictos generacionales, roles de autoridad y líos de paternidad no asumida con naves espaciales y peligros que amenazan destruir la especie humana. Juntando lo individual y lo colectivo este director hace encaje de bolillos. Ray Ferrier (Cruise) no encaja bien en su papel de padre divorciado, pero una situación extrema hace que salga de él todo lo que lleva dentro y lo arriesgue todo por su hija.

Madagascar

Eric Darnell y Tom McGrath, 2005
Doblaje original/español: Ben Stiller/Paco León (Alex el león), Chris Rock/Alexis Valdés (Marty la cebra), David Schwimmer/Gonzalo de Castro (Melman la jirafa), Jada Pinkett Smith/Belén Rueda (Gloria la hipopótamo), Sacha Baron Cohen (Rey Julien el lemur), Cedric The Entertainer (Maurice el lemur), Tom McGrath/Manel Fuentes (Skipper el pingüino), Christopher Knights/Eduardo Aldán (Private el pingüino), Chris Miller/Arturo Valls (Kowalski el pingüino).
Guión: Mark Burton, Billy Frolick, Eric Darnell y Tom McGrath.
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Buen provecho

Desde el estreno de Shrek me pasé meses escuchando la misma canción: por fin habían llegado los paladines. Los tíos de Dreamworks iban a acabar con todos los cursis almibarados de Disney. Ya teníamos a los salvadores, a los que iban a mostrarnos el otro lado de la vida. Pues es cierto, ya están aquí, sólo que ahora que se han cargado la casa Disney y no tienen nadie más a quien cargarse ni parodiar tendrán que entretenernos ellos con algo ¿no? Bien, pues ya que tanto lo querían ahora cómanse ustedes el plato, disfruten del buen rollo de los animalitos: ¡Buen provecho!

Los cuatro protagonistas son animales de zoo que disfrutan de la buena vida de Nueva York. El león es una estrella, la cebra es un animal enrollado y la jirafa es una hipocondríaca que se pasa la vida haciéndose pruebas de salud. Marti sueña con la vida salvaje, con romper la monotonía de la vida urbana y arrastra a todo el mundo hasta la selva, ¿serán felices allí? ¿lo seríamos nosotros? ¿Podríamos vivir sin dvd, sin ipod, sin pastillas?
Rotten Tomatoes 53% $147m.
Fernando Fernán Gómez, 1965
Reparto: Fernando Fernán Gómez, Rosenda Monteros (Ninette), Alfredo Landa, Aurora Redondo
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Lo inalcanzable

La película recuerda horriblemente, y creo que involuntariamente, a otra de Buñuel, “El ángel exterminador.”El dueño de una librería vive encerrado en su ciudad, el trabajo y el casino, no lo dice, pero también vive encerrado en la estricta sociedad franquista. Un día muere su madre y decide darse un respiro visitando Paris. Pero cuando llega a la pensión regentada por un matrimonio español no puede salir del piso. Pasan los días y pasa un mes hasta que tiene que volverse a Murcia sin haber visto Paris. En cambio sí que conoce el amor. El primer día que llega la hija de los caseros se fija en él y lo lleva a su habitación.

Toda la película respira un sentimiento de los años sesenta. Una sensación de que la libertad está ahí al lado, tan cerca..., pero no es posible tocarla. Landa se hizo especialista en este tipo de comedias ligeras donde lo ansiado e imposible era el sexo. En las películas del landismo no era tan fácil establecer la conexión entre los anhelos truncados y la situación política como en Mihura.

A good woman

Mike Barker, 2004
Reparto: Helen Hunt (Mrs. Erlynne), Scarlett Johansson (Meg Windermere), Tom Wilkinson (Tuppy), Stephen Campbell Moore (Lord Darlington), Mark Umbers (Robert Windermere), Milena Vukotic (Condesa Lucchino), Diana Hardcastle (Lady Plymdale), Roger Hammond (Cecil), John Standing (Dumby), Jane How (Sra. Stutfield).
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La verdad es lo más fácil

Wilde era consciente de que sus argumentos no daban para más de un entremés de un cuarto de hora y que si quería una obra de teatro completa tenía que llenarla de algo. Dado el poco desarrollo que en aquel entonces tenían los efectos especiales Wilde tuvo que echar mano de su ingenio. Los personajes de Wilde se pasan la obra lanzando a diestro y siniestro paradojas y salidas de tono contra la sociedad típicas de Wilde. Lo malo de ese relleno es que, aunque gracioso, hace un flaco favor a la caracterización de cada personaje, y en el drama, el personaje es esencial. Todos los personajes de Wilde son Wilde, o sea, son “cynics” y excesivamente ocurrentes.

Oliver Parker rodó hace poco “La importancia de llamarse Ernesto” con un espíritu distinto al de Mike Barker. Inspirado en el glamour elegante de los aristócratas británicos quiso hacer una comedia irresponsable más ligera aún que la original. Barker ha intentado tomárselo en serio. Quizá porque “El abanico de Lady Windermere” lo permite, Barker ha intentado profundizar en los personajes. El resultado es poco estimulante porque, igual que a Wilde, le sobra una hora.

Una esposa teme que su marido le esté siendo infiel y llega a considerar la posibilidad de abandonarle. Alguien que la ama más que ninguna otra persona le hace ver más allá y le pide que mienta. Es en ese momento donde el director sabe que está manejando un drama palpitante. La sinceridad, esa cosa que en “Closer” parecía intocable, aparece en esta película como una vía fácil, como un consuelo para débiles. El verdadero sacrificio consiste en vivir sin contar todo, en cargar, uno solo, con el peso de la infamia.

[Extracto de la obra original]
LADY WINDERMERE.- Le debo a usted todo.
MISTRESS ERLYNNE.- Entonces pague usted su deuda con el silencio. Es el único modo de poder pagarla. No eche usted a perder la única cosa buena que he hecho en mi vida diciéndoselo a todos. Prométame que lo ocurrido anoche seguirá siendo un secreto entre nosotras. No debe usted ocasionar ninguna desgracia en la vida de su marido. ¿Por qué destruir su amor? No debe usted destruirlo. El amor se mata fácilmente. ¡Oh! ¡Qué fácilmente se mata el amor! Déme usted su palabra, lady Windermere, de que no se lo dirá nunca. Insisto en ello.

Javier Ocaña: Brillantes replicas. El guion de Howard Himelstein tiene la suficiente agilidad como para que los problemas de realizacion tiendan a desvanecerse en la memoria. Y, por supuesto, está Wilde, brillantísimo en las replicas y contrarreplicas con temas tan diversos como el matrimonio ("bigamia es estar casado con una mujer de sobra"; "entonces igual que la monogamia"); la rumorología ("mis asuntos me aburren mucho, me interesan mas los del projimo"); la personalidad ("si siempre nos guiamos por las opiniones ajenas, ¿para que tenemos las propias?"); el orgullo ("si se sale por detras no se puede volver a entrar por delante"); el caracter femenino ("las mujeres no quieren que las entiendan, quieren que las amen"); la condicion accesoria del pasado en las relaciones sentimentales ("no necesito ser el primero, solo el último"), o el remordirniento ("se requiere practica y habilidad para vivir sin arrepentirniento").

RT

Tapas

José Corbacho y Juan Cruz, 2004
Ángel de Andrés (Lolo), María Galiana (Doña Conchi), Elvira Mínguez (Raquel), Rubén Ochandiano (César), Darío Paso (Opo), Rosario Pardo (Carmela), Alberto de Mendoza (Don Mariano), Alberto Jo Lee (Mao), Amparo Moreno (Rosalía), Anna Barrachina (Águeda)
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El qué dirán

Tapas está montada a partir de tres líneas argumentales que se entrecruzan sin cesar. Dos ancianos tienen que afrontar la muerte inminente de uno de ellos. El dueño de un bar se queda solo cuando lo abandona su esposa y contrata a un cocinero chino de ayudante. Una mujer madura separada desde hace dos años intenta rehacer su vida con un amigo virtual pero conoce a un chico mucho más joven que ella.

Las dos últimas historias tienen en común un elemento muy latino que es “el qué dirán”. Lolo y Raquel tienen su mayor problema en el barrio. Lolo trata de disimular delante de los clientes que falta su mujer, Raquel es amiga de la madre del chico con el que se acaba de líar.

Algunas situaciones parecen sacadas de una teleserie de moda en su gusto por la paradoja y la modernez social. Una anciana que trafica con droga, un inmigrante chino que sabe más que el dueño que lo contrata, dos reponedores de un supermercado que conocen al dedillo el calendario y disponibilidad sexual de las extranjeras.

Pero por encima de todo, “Tapas” es una comedia de tono, de voz. Los autores abordan temas actuales o vibrantes como la eutanasia sin grandes palabras. Son conscientes que de que los espectadores queremos conocer pero no aprender y nos tratan con respeto. El valor de la película está en la cantidad de notas que son capaces de arrancar a cada uno de sus temas, en el espectro de emociones que son capaces de sacar de cada una de estas historias tan sencillas.
Enrique Colmena ***: De estas tres líneas argumentales sale un filme apreciable, ciertamente irregular, dada la inexperiencia como realizadores de Corbacho y Cruz, pero con buen pulso general e interés en lo que se cuenta. Historia a pesar de todo humanista, apuesta por unas relaciones humanas basadas en la sinceridad, en la bonhomía y en la autenticidad

Bodas y prejuicios

Gurinder Chadha, 2004
Reparto: Aishwarya Rai (Lalita Bakshi), Martin Henderson (William Darcy), Daniel Gillies (Johnny Wickham), Naveen Andrews (Balraj), Anupam Kher (Sr. Bakshi), Nadira Babbar (Sra. Bakshi), Indira Varma (Kiran), Nitin Ganatra (Sr. Kholi), Alexis Bledel (Georgie Darcy), Ashanti.
Guión: Gurinder Chadha y Paul Mayeda Berges; basado en la novela "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen.
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Amor y clase social

Cuando Jane Austen escribió Orgullo y prejuicio tenía sólo 23 años. A pesar de su juventud hizo una novela madura, un historia de amor que ha servido de modelo para otras, como “El diario de Bridget Jones” o ésta de Gurinder Chadha. La historia de Helen Fielding hablaba de las falsas apariencias, del autoengaño en el amor, Chadha habla de los choques culturales, y las dos demuestran cuanto se puede sacar de un clásico estupendo como el de Austen.

La historia trata de los obstáculos que encuentran dos jóvenes que se gustan hasta llegar al sí quiero. El orgullo es el defecto de Darcy, un millonario norteamericano que habla de la India sin respeto por su atraso económico, y que se muestra poco amable cuando visita a la familia Bakshi con su jovial amigo Balrash. El prejuicio es el defecto de Lalita, la chica. Un tercero habla mal de Darcy y ella le cree, así que rechaza a Darcy cuando le declara su amor.

La historia de Austen vale para entretener al espectador más exigente de cualquier época, su humor es agudo. Las dos versiones modernas han respetado el fondo y se han dedicado a hacerlo creíble para su público, Bridget Jones no es una virgencita como Lalita o Elizabeth Bennet, bebe y no guarda la línea. Lalita, es más próxima a Austen porque no está emancipada. En esta versión india, el matrimonio es la única vía de ascenso social, y un millonario, el sueño inconfesado. Chadha añade muchas más cosas propias, como, por ejemplo, el papel rector de los padres omnipresentes. Las canciones son puro Bolliwood, dan ganas de ponerse a dar saltos en el asiento y meterse en esas danzas absolutamente contagiosas. Estos músicales no tienen rival cuando se ponen a expresar emociones con esos estallidos de júbilo colectivo.

Roger Ebert ***: Bollywood musicals are the Swiss Army Knives of the cinema, with a tool for every job: comedy, drama, song and dance, farce, pathos, adventure, great scenery, improbably handsome heroes, teeth-gnashing villains, marriage-obsessed mothers and their tragically unmarried daughters, who are invariably ethereal beauties.
Desson Thompson: There's another crucial difference between book and movie: Austen's novelistic world carries a more repressive backdrop: the weight of being a woman in a patriarchal society. The womanly perspective is an omniscient force of good, a quiet revolution in the parlor. It's micro. But Chadha's film is clearly macro. It's about two distinct and proud worlds, the east's Capulets and the west's Montagues, if you will, each with their own flaws and sanctimoniousness. And each with something to learn from the other. Everyone's free to verbally hack at each other, openly debating their differences. You Indians arrange marriages! There's no choice! Oh, yeah? Well, how come you Americans get divorced all the time? And don't you choose people in your station anyway? And so on.
Glenn Kenny **: It’s very colorful, for sure, but the dialogue is lead-footed at best (“You sure this is safe to eat? I don’t want to be getting Delhi belly on my first day!” an American character avers early on); the lyrics to the songs are . . . well, here, try this couplet: “I just want a man who gives me some back/who talks to me and not my rack”.

Rotten Tomatoes: 65% $2m.

Bajo Ulloa

P: Frágil pasa del mito de Penélope a la historia del ‘patito feo’ para después darle la vuelta a todo... ¿Un cuento postmoderno?
R: Sólo un cuento, un cuento envenenado.
P: ¿Cree que los espectadores necesitan que les cuenten más cuentos?
R: Igual que en la televisión, los espectadores van al cine y ven lo que hay. Y cada vez hay menos donde elegir. Un cuento puede ser algo maravilloso, luminoso y fantástico, algo con lo que soñar, y también una mentira increíble. Esa ambigüedad es el alma del ser humano.
P: Por lo que cuenta en la película no parece que le guste mucho lo que rodea a su profesión...
R: Este es un momento en el que no sé muy bien si soy feliz con lo que hago. He ido intuyendo la razón intrínseca de mi necesidad de exhibir mi interior y no estoy seguro de que me guste. En el pasado sentía la obligación de usar mis historias como una terapia, igual que otros escriben, pintan o ponen bombas.
[...]
P: ¿Por qué estrena más de un año después de haber terminado la película?
R: La posproducción ha sido una pesadilla y me he encontrado más puertas cerradas que nunca, y no creo en las casualidades. Pero confiaba en poder estrenar, sobre todo cuando vi que Coto Matamoros o Bofill ya tenían distribución...
P: ¿Cómo se defiende si le dicen que su película tiene trampas (argumentales)?
R: ¿Y qué esperaban? las películas son un puñado de pequeñas mentiras para contar una gran verdad.

Algo en común

(Garden State)
Zach Braff, 2004
Interpretación: Zach Braff (Andrew Largeman), Ian Holm (Gideon Largeman), Ron Leibman (Dr. Cohen), Method Man (Diego), Natalie Portman (Sam), Peter Sarsgaard (Mark), Jean Smart (Carol), Ann Dowd (Olivia), Denis O'Hare (Albert), Geoffrey Arend (Karl Benson), Alex Burns (Dave).
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Alguien voló sobre el nido de Mrs Robinson

Andrew Largeman, interpretado por el mismo director Zach Braff, es un muchacho que vive sedado con fármacos. Mientras aparca el coche descubre que lleva colgado en el depósito la mangera de la gasolinera donde repostaba. Andrew hizo un papel en una película y ahora trabaja de camarero. Una llamada de su padre se queja de que no devuelve las llamadas, y con el mismo tono añade que su madre ha muerto. La vuelta al pueblo, después de nueve años, sirve para que Andrew recupere algunos amigos olvidados, para que conozca a una chica, pero sobre todo sirve para que cambie su vida porque ha olvidado sus fármacos y por primera vez se siente vivo.

Zach Braff ha cogido a dos personajes de Terry Zwigoff para contarnos otra vez "Love Story", o "El graduado", subiéndonos el volumen de bonitas canciones. El chico es una especie de zombi a causa de los litros de litio que le receta su padre que es psiquiatra, la chica es epiléptica. En el cine moderno es de rigor que los protagonistas tengan taras que los hagan cercanos a nosotros, como morderse las uñas, o un grano en la cara.

El padre tiene controlado a su hijo culpable (horriblemente culpable, por cierto) gracias a la medicina que le receta, igual que la enfermera Ratchet de "Alguien voló sobre el nido del cuco". De modo que Andrew tiene la oportunidad de romper sus cadenas y su yugo, tema transcendental para un veinteañero y vivir por primera vez la vida.

Natalie Portman le pide cuando están en su casa que haga algo distinto, algún gesto que no haya hecho nunca en la vida. La idea es vagamente romántica, el romántico siempre hace las cosas por primera vez en la vida. Para Andrew es una asignatura facilísima, porque desde que empezó a medicarse a los diez años no ha hecho absolutamente nada en la vida.

Roberto Piorno @@@: Zach Braff vuelve a casa a saldar cuentas con el pasado cual Timothy Hutton en "Beautiful Girls". Y curiosamente ambos dos vislumbran su norte gracias a la balsámica presencia de Natalie Portman. Braff, director, guionista y protagonista, todo en uno, maneja, como manejaba Ted Demme en aquella inolvidable terapia de grupo cómico-romántica, las mismas claves de comedia pop, idénticos estigmas generacionales y vertebra, también, su tragicomedia buceando entre crisis existenciales de adultos, fracasados provinciales, con síndrome de Peter Pan.
Francisco Marinero **: Él mismo, sus amigos de la adolescencia y la chica descubierta tienen algo en común: la frustración vital y la excentricidad de sus respectivas familias, en especial de sus madres.
Estos personajes están retratados en una comedia dramática costumbrista amable, poco profunda y poco original
Rolling Stone: With Garden State, Braff wants to show you his version of The Graduate, he wants to stuff his big feelings into one little movie, he wants to change the world.
He doesn't totally pull it off, but what strange and marvelous fun to watch him try. Braff stars as Large, a waiter and wanna-be L.A. actor who returns to his New Jersey home for his mother's funeral. The event prompts Large to drop his Zoloft habit, reconcile with his dad (Ian Holm), hook up with a school buddy (a terrific Peter Sarsgaard) and find the love of his life in a sweet-crazy-sexy, Shins-loving pathological liar named Sam, played by Natalie Portman in a funny and touching performance you shouldn't even try to resist. The same goes for Braff's movie. It's a hilarious and heartfelt ode to twentysomething angst. Braff has himself a winner.

Rotten Tomatoes: 88% $28m.

Asalto al distrito 13

Jean-François Richet, 2005
Reparto: Ethan Hawke (Jake Roenick), Laurence Fishburne (Marion Bishop), John Leguizamo (Beck), Maria Bello (Alex Sabian), Jeffrey "Ja Rule" Atkins (Smiley), Drea de Matteo (Iris Ferry), Matt Craven (Capra), Brian Dennehy (Jasper O'Shea), Gabriel Byrne (Marcus Duvall), Aisha Hinds (Anna).
Guión: James DeMonaco; basado en la película de John Carpenter "Assault on precinct 13" de 1976.
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Mejor Hawks que Hawke

Hawks rodó con Wayne "Rio Bravo" en 1959 y "El Dorado" en 1966, con el mismo argumento de un cherif que guarda en su prisión a un villano frente a todos sus secuaces y sin ningun apoyo del pueblo. Cuando le dio el guión de "Río Lobo", Wayne le dijo: “Vale, la haré, pero no pienso leer el guión, ya lo he interpretado dos veces.”

Ethan Hawke interpreta al John Wayne íntegro que está siempre del lado de la ley, y da igual si cumplir con la ley supone perder a alguno de sus hombres o a todos. El éxito consiste en no saltarse una señal de tráfico. El prólogo de la película nos explica el origen de su adicción a las pastillas. En uno de sus casos murieron dos hombres siguiendo sus instrucciones, desde entonces no acepta responsabilidades. Hasta hoy.

La comisaría del distrito 13 va a cerrarse para siempre dentro de unas horas, cuando den las 12 del 31 de diciembre. Un furgón de policía se ve obligado a dejar cuatro presos en la comisaría por culpa del temporal. Uno de los presos es Marion Bishop, o sea Morpheo/Fishburne lanzando frases para apuntar en una lista de citas célebres. Marion es peligrosísimo porque es un asesino mafioso y también porque sabe cosas de la policía.

La película hubiera salido mejor parada si se hubieran conformado con restituir al policía caído. En vez de eso, el duelo se convierte en una difícil intriga en la que los criminales pueden ser los aliados y los aliados criminales. Todo llega a dar igual salvo la hora de salida que uno clama por que llegue.
Premiere: Strikingly shot with some wicked hand-held virtuosity, Assault is rivetingly suspenseful in how it toys with the morals of good guys flip-flopping to the dark side (and vice versa); it also understands the importance of paying attention to its characters without forgetting that the hyperviolent thrill's the thing. Plot holes like blocked cell phones are quick-fixed so you can stop thinking them through long enough to cherish a faux-believability, and by the time that seven-way Mexican stand-off blasts through the screen, you'll be having too much fun to realize how faulty some of the twists are, or that this crafty little gem is a tad overlong.

Rotten Tomatoes 58% $20m.
François Truffaut, 1959
Reparto: Jean-Pierre Léaud (Antoine Doinel), Claire Maurier (Gilberte, la madre), Albert Rémy (Julien, el padre), Guy Decomble ("Petite Feuille", el profesor de francés), Georges Flamant (Mr. Bigey), Georges Flamant (Rene)
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Jóvenes airados

Antoine es castigado en la escuela por tener un poster de una modelo. No cumple el castigo y para no enfrentarse al profesor falta al día siguiente con su amigo Rene. Van al cine y al parque de atracciones. Al día siguiente intenta falsificar un justificante, pero en vez de eso decide lanzar un órdago. Le dice al profesor que su madre ha muerto. El padre se enteran de la falta y va al colegio a buscarle. La humillación es tal que Antoine se va de casa. Su amigo Rene le ofrece una imprenta para dormir. Cuando vuelve se reconcilia con su familia; su madre le promete regalarle mil francos si es uno de los mejores en redacción. Lee a Balzac para aprender a escribir pero en el colegio es víctima de una injusticia. El profesor no se cree que la redacción sea suya. De nuevo huye de casa y se refugia en la de Rene. Roba una máquina de escribir pero no puede venderla, cuando quiere devolverla es atrapado y sus padres lo internan en una institución de menores.

El episodio de la máquina de escribir es autobiográfico. Los sentimientos también, el personaje de Antoine no oculta su condición de trasunto del autor, que aprovecha para airear sus cuentas pendientes. El muchacho airado, la juventud cabreada es un tema que se adelanta a su tiempo. El Paris de las imágenes resulta inolvidable, puede que no fuera esa la intención de Truffaut, pero, ese piso frío y pequeño, las callejuelas y las gentes están retratados con tal tristeza, con tanta nostalgia que parecen contadas para los espectadores de la posteridad.

Jean-Luc Godard en Niños de Vitral, Bemanos, Melville, Cocteau, Vigo y Rossellini, Cahiers du cinema n°92, febrero de 1959.
Con Los cuatrocientos golpes, Francois Truffaut entra en el cine moderno como en el colegio de nuestras infancias. Niños humillados de Bernanos. Niños al poder de Vitrac. Niños terribles de Melville-Cocteau. Y niños de Vigo, niños de Rossellini, en breve, niños de Truffaut, expresión que una vez el film estrenado será pronto admitido en el lenguaje público. Hablaremos pronto de "los niños de Truffaut" de la misma forma que lo hacemos de "los lanceros Benagalíes", "los reyes de la mafia", "los locos del volante", y " los drogadictos del cine". En Los cuatrocientos golpes la cámara del director de Les Mistons alcanzará de nuevo la cima, no con la madurez del adulto, como ocurre en el cine de Hawks, sino con la del niño. Y si, a veces, sobrentendemos "arrogancia", cuando hablamos de plenitud a propósito de los mayores de treinta años, lo sobrentenderemos mucho más todavía cuando lo hagamos a propósito de los menores de dieciséis años: entonces será orgullo. Por ello, se puede calificar a Los cuatrocientos golpes como el film más orgulloso, más cabezota, más obstinado, en fin, como el más libre del mundo. Moralmente hablando. Y estéticamente también. [...] En resumen ¿Qué decir? Esto: Los cuatrocientos golpes es un film firmado por: Franqueza. Velocidad. Arte. Novedad. Cinematógrafo. Originalidad. Impertinencia. Seriedad. Tragedia. Refrescamiento. Ubu-Rey. Fantasía. Ferocidad. Amistad. Universalidad. Ternura.
Sylvia: Ce film nous raconte le destin d'un adolescent en période de crise. Il se trouve face à sa vie, et il se rend compte qu'il est "en trop" dans la vie de sa mère. Il n'a pas vraiment d'attache sentimentale avec elle. Elle ne l'appelle jamais par son prénom mais toujours "le gosse" ce qui le place dans une position d'infériorité et impose une distanciation.
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