sábado, mayo 24, 2003

Matrix Reloaded


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Larry and Andy Wachowski, 2003
Reparto: Keanu Reeves (Neo), Laurence Fishburne (Morfeo), Hugo Weaving (Agente Smith), Carrie-Anne Moss (Trinity), Gloria Foster (Oráculo), Jada Pinkett Smith (Niobe), Nona Gaye (Zee), Harry Lennix (Lock), Harold Perrineau (Link), Monica Bellucci (Perséfone), Neil y Adrian Rayment (Gemelos)...

Prescindible

Hay un cuento de Borges soberbio, como todos los cuentos de Borges, que plantea que un francés del siglo XX se decide a escribir el Quijote (Pierre Menard, autor del Quijote). Borges nos propone un juego de desórdenes, ¿que sentiríamos al leer el Quijote si el autor fuera otro, por ejemplo un francés del siglo XX? ¿Qué pensaríamos si Cela hubiera escrito La colmena y después toda una serie de novelitas bajo el seudónimo de Corín Tellado? Pues… un asombro parecido al que me produce la segunda parte de Matrix.

Confirmando mis peores temores, a los hermanos Wachowski los sobrepasó su primera obra. Después de leer muchos críticos que hablan de Matrix y de ver lo que los dos hermanos han dilatado de Matrix tengo que formular una posición que puede sonar extrañísima: hay ocasiones, como esta, en la que el espectador supera al autor. En otras palabras, las lecturas que muchos críticos hicieron de Matrix eran más profundas y ricas que la que han hecho los propios hermanos. Por eso, a los admiradores de la primera nos queda la dura tarea de olvidar esta continuación para poder disfrutar plenamente de aquella.

Lo que hace de Matrix (la primera) una obra imprescindible de nuestro tiempo es que encontró una metáfora inagotable para expresar la sensación que produce un mundo virtual, el escepticismo de qué cosa es la realidad, la diferencia entre vivir en un mundo dado y vivir en un mundo creado por una voluntad, la elección (Cifra) entre la dura realidad y el sueño placentero. Y lo más importante, la asunción de nuestra libertad. Una vez que Neo descubre lo artificial de ese mundo en el que vivía descubre algo mucho más trascendente, su posibilidad de elegir si quiere o no quiere someterse a sus reglas.

Todas esas posibilidades serían mero discurso si no fuera porque se encuentran expuestas de un modo perfectamente cinematográfico, con cuentas atrás, con persecuciones y huidas, y a veces con oportunísimas reflexiones para explicarnos que es real y que no.

Matrix es soberbia por la fusión que hace entre profundidad y espectáculo. Es un encuentro feliz de una idea (un fondo) y un relato (una forma) Por eso me parece una de las grandes películas de la historia.

En Matrix Reloaded hay mucha reflexión, pero es puro rollo, porque no está dictada por la acción, se la traen aprendida los guionistas y la calzan donde les parece bien. En Matrix Reloaded hay mucha espectacularidad técnica, pero no es más que derroche (igual que en los dos últimos capítulos de Lucas de la Guerra de las Galaxias), porque ni los 100 agentes Smith replicados, ni la singular carrera de coches de la autopista tan cacareada cumplen una función necesaria para la acción, están, simplemente, porque los Wachowski tenían dinero para pagarlas.

De todos los sermones que nos endilga Matrix reloaded, todos innecesarios para entender la acción, todos engreídos y engolados, pondré sólo un ejemplo, la naturaleza determinista del mundo, o la posibilidad de elección. Hay una mujer llamada Oráculo que conoce el futuro y por tanto sabe lo que Neo va a decir antes de que hable ¿para qué le pregunta? Dice Neo. En la primera parte el oráculo me pareció innecesario para el planteamiento pero interesante, en esta segunda parte, ni siquiera lo segundo. Hay un tal merovingio que plantea a Neo el absurdo de la moral cuando todo ocurre según una causa y un efecto. Y por último Neo llega a encontrarse con el creador de Matrix que le plantea con un lenguaje complicadísimo que tiene que elegir entre salvar al mundo o a un ser querido. Todo esto es pura basura, mientras que los discursos de la primera eran gloriosos. ¿Por qué? ¿Acaso porque estoy intentando justificar una manía personal que yo tengo? Puede ser, pero creo que no. Todos esos discursos pomposos sobre el determinismo y la elección no hay que explicárselos a nadie. Explicarlos es de tontos, porque cualquier espectador sabe que un personaje tiene que elegir entre dos caminos. Cualquiera puede pensar, en cualquier momento sobre si una acción estaba determinada por una causa o no. El problema es que no vale cualquier momento para largar cualquier reflexión.

Si Rick se hubiera puesto a reflexionar media hora con pedantería filosófica sobre su opción de dejar escapar a Laszlo e Ilsa de los alemanes, eso no hubiera sido un merito más que añadir a Casablanca, hubiera sido un baldón para hundir la película en el sótano de los grandes petardos. Pero entonces la película ya no sería Casablanca, sería Matrix Reloaded.

miércoles, mayo 21, 2003

La última noche


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“25th hour”. Spike Lee, 2002
Edward Norton (Montgomery Brogan) Philip Seymour Hoffman (Jacob Elinsky) Barry Pepper (Francis Xavier Slaughtery) Rosario Dawson (Naturelle Riviera) Anna Paquin (Mary D'Annunzio) Brian Cox (James Brogan) Tony Siragusa (Kostya Novotny)

La versión de un camello

Monty Brogan es un buen chico, con un buen corazón, que demuestra con su perro, y una novia guapa a la que quiere. Pero tuvo que meterse en el tráfico de droga porque su padre necesitaba dinero. La policía lo descubre por un soplo y le caen siete años de carcel.

La primera tesis de la película es que el muchacho no se merece semejante castigo. Policía, amigos y enemigos son conscientes de una cosa. Monty está perdido para siempre. No saldrá bien de la carcel y esos siete años acabarán con él. Como dice su amigo el yuppie tiene tres opciones. Suicidarse, fugarse o ir a la carcel. Y si sigue la tercera lo perderá todo porque es un chico mono y lo destrozarán.

“La última noche” es el relato de una vida prometedora tirada por la borda. Es una triste reflexión de cuanto podía haber hecho este muchacho y cuanto va a perder por haber caído en manos de la policía.

Dos historias secundarias se entremezclan con un fin que se me escapa. Uno de sus amigos es un corredor de bolsa con mucho dinero. El otro es un profesor de instituto que se ha colado por una de sus alumnas. El yuppie es franco y apunta las líneas del argumento para el espectador. Juzga a su amigo, y aunque lo quiere, también es consciente de que los camellos no se merecen mucha piedad, porque no son nuestros ángeles de la guarda.

El director se toma cierta libertad con la cámara y a veces deja el relato a un lado para dar opiniones y hacer discurso. Una frase en un espejo le inspira al protagonista una expresiva retahíla de todas sus fobias y manías, su asco por todas las razas, grupos sociales, falsedades. El apartamento del yuppie está junto a la zona cero y Spike Lee hace su personal paseo por ese lugar de nuestra historia.

No encuentro gran interés en esta película porque no aborda el tema que realmente debería: si el sistema penitenciario está en Estados Unidos para corregir problemas o está para descargar las iras de la sociedad, y si un convicto no debería tener unos derechos mínimos. Me parece la versión de las cosas que podría dar cualquier delincuentedelante del juez, que en este caso es el público, Monty se presenta bien vestido y como un niño bueno. De acuerdo, lo acepto, pero lo cierto es que vendía droga.

martes, mayo 20, 2003

Un gangster para un milagro


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“A pocketful of miracles”
Frank Capra, 1961
Reparto: Glenn Ford (Dave, el Dandy, Conway) Bette Davis (Annie Manzanas) Hope Lange (Elizabeth 'Queenie' Martin) Arthur O'Connell (Conde Vitorio Romolo –Conde Alfonso Romero) Peter Falk (Alegre –Joy Boy) Thomas Mitchell (George Manville) Edward Everett Horton (Hutchins) Mickey Shaughnessy (Gobernador) Sheldon Leonard (Steve Darcey) Peter Mann (Carlos Romero –Carlos Romolo) Ann-Margret (Louise)

No apta para paranoicos

Annie es una mendiga de Nueva York, las manzanas que vende le dan suerte a un gangster. ¿Por qué le dan tanta suerte? Porque las propinas del gangster sirven para una buena acción. Annie paga con las propinas los estudios de su hija que esta interna en un convento italiano.

La realidad es completamente ajena a esta lógica. Usted ayuda a una anciana a cruzar la calle y al llegar al otro lado lo arrolla un camión, podría ocurrir perfectamente, aunque en cine sería una canallada del director. El mundo tiene una lógica y el cine tiene otra, porque el cine es una creación y tiene un autor. (Para muchos creyentes, la vida también es una creación, una película con premios y castigos).

El cine no funciona con las reglas del mundo que suele ser arbitrario, sino con las reglas de la conciencia que une las cosas y cree en consecuencias. Una película perfectamente realista es imposible a menos que estemos hablando de la grabación de una de las cámaras de seguridad de un banco. El creador es bueno cuando crea, no cuando se somete a lo que ve, sino cuando es capaz de expresar algo que él lleva dentro a través de las imágenes que recoge fuera.

En “Un gangster para un milagro,” Capra hace un pacto con el espectador. Nos pide que creamos que la suerte de David el Dandy viene de su bondad con una mendiga. David lo cree, y por eso hace todo lo que está en su mano para ayudar a la mendiga y a su hija. Pero no es la única persona que hace algo por ofrecer esa felicidad. Todos los mendigos colaboran y al final, incluso los políticos de la ciudad se prestan a hacer una representación sólo a cambio de sentirse bien con sus conciencias. Y lo que es más importante, Capra ha convencido al espectador para que también se sume a estas almas y ponga de su parte para mantener la función.

Lo que Capra ha conseguido, a lo largo de dos horas es que miles de personas sientan lo mismo, el deseo de hacer feliz a una joven que quiere casarse con un conde. Las autoridades dicen que se sienten mejor después de ayudar, el gangster se reforma, los mendigos son felices. Y yo me los creo.

Sin embargo “Un gangster para un milagro” no tuvo éxito. Capra le resulta acaramelado a mucha gente. No nos molesta que sea irreal, sino que invente un interior honrado. Por otro lado películas como “La mano que mece la cuna”, o “La comunidad” no tienen problemas con el público. Nos invitan a imaginar lo que ocurriría en una situación horrible con una niñera psicópata, o un grupo de vecinos conchabados para matarnos. Lo cual es aún más increíble.

¿Por qué esas otras irrealidades no tienen problemas con el público? Porque preferimos imaginar esas cosas. Que la policía esta vendida a un gangster y va a colaborar para que nos eliminen, que un hospital quiere vender nuestros órganos cuando aún estamos bien de salud, que un vecino quiere asesinar a nuestra familia.

Cualquier fantasía paranoica no tiene que enfrentarse con el juicio crítico del público. Si dices que el creador ha inventado un mundo exagerado con tanto malo te dicen que estas ciego. Si el creador inventa un mundo de bondad y quieres creértelo durante una hora, resultas acaramelado... No lo entiendo. (O sí. Creo que el agente Smith tenía razón en lo que le dijo confidencialmente a Morfeo).

domingo, mayo 18, 2003

Torremolinos 73


Pablo Berger, 2003.
Reparto: Javier Cámara, Candela Peña, Juan Diego, Malena Alterio, Fernando Tejedo.
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La dignidad
Lázaro de Tormes enseña que en esta vida lo importante es tener la despensa llena, aunque para conseguirlo tengas que hacer la vista gorda a algún asuntillo como que tu mujer te la pegue con tu protector. En cambio, Pedro Crespo (el alcalde de Zalamea) enseña que los españoles seremos pobres y brutos, pero tenemos una honra intocable, y que mandamos las leyes a hacer puñetas si nos la tocan.

En mi opinión, el cine casposo español empieza en la República. María de la O me parece caspa pura, y consiste en una mezcla de Lázaro y Pedro Crespo. Nuestra caspa asume plenamente que los españoles no somos capaces de hacer algo grande como los demás europeos, japoneses o americanos, y a la misma vez, afirma que no se nos puede tocar en un punto porque nuestras mujeres son honradas como la hija de Pedro Crespo.

En Torremolinos 73 ocurre lo contrario que en las mejores obras de Wilder, y lo contrario que en todo el cine casposo de los setenta. El protagonista vende su dignidad, y también vende su honra. Alfredo López lleva 12 años vendiendo enciclopedias para la editorial Montoya con lo que apenas saca para pagar el alquiler de su piso, su mujer quiere tener un hijo pero el sueldo no da para tres, y más tarde descubrirá que él es estéril. Un día el director de la editorial los invita a un congreso y les hace una proposición indecente. Tienen que rodar vídeos porno para una enciclopedia de la sexualidad o serán despedidos. Ellos aceptan, y con ese paso no acabará su degradación.

Wilder somete a sus criaturas a dilemas parecidos para demostrarnos que siempre podemos levantarnos por encima de la podredumbre. Berger nos propone el mismo dilema para enseñarnos cuan bajo se puede llegar a caer en esta vida, lo cual no tiene ninguna gracia. Ignoro que ha podido llevarle a rodar una apología de la claudicación (¿el papel de España en los acontecimientos recientes?), pero no me parece remotamente interesante. Sé perfectamente que la vida está llena de casos así y que se pueden rodar humillaciones mucho peores en nombre del realismo, pero el papel del cine no es el de santificarlas, la cámara debería protestar por todas.

web

lunes, mayo 12, 2003

La vida mancha


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Enrique Urbizu, 2003
Reparto: Jose Coronado (Pedro) Zay Nuba (Juana) Juan Sanz (Fito) Sandro Polo (Jon) Yohana Cobo (Sara) Silvia Espigado (Charo) Alfonso Torregrosa (Larrea) Enrique Martínez (Visitador) Gabriel Moreno (Camarero) May Pascual (Camarera) Cesareo Estébanez (Estrada) Laura Alonso (Estrada) Laura Alonso (Sole) José Antonio Bravo (Grasa)

Lírica

Urbizu sabe manejar un ingrediente en sus relatos que siempre resulta apasionante, sabe despistar al espectador con respecto a sus intenciones. Urbizu empieza hablando de un tema, presenta personas y conflictos sin que el espectador sepa, hasta el final a donde le lleva. La cámara empieza enfocando un camión aparcado en la calle, entra en un bar y sigue a un camarero hasta el interior. Se juega una tensa partida de cartas, es fácil ver que el más pardillo y bocazas es la víctima que están desplumando, ya ha perdido mil euros. Cuando acaba la partida la cámara lo sigue a él. El pardillo, Fito, era el protagonista.

Fito tiene un gran vicio, cuando llega a casa dice que no ha cobrado, su mujer (subyugante, Zay Nuba), no tiene para hacer frente a los gastos con su sueldo de administrativa en una oficina de empleo. Por la mañana reciben un regalo del hermano de Fito, al que él no ha visto en 14 años. Le regala un camisón para su pareja, y le dice que irá a visitarle.

El hermano, Pedro, es José Coronado. Lo rodea un halo de misterio, que hace pensar en lo peor, como en el personaje que interpretó en la anterior película de Urbizu (uno de los malos mejor creados de estos años en el cine español), la caja 507. Nadie sabe que hace Pedro para ganarse la vida, ni que hizo en Londres, ni porqué no escribió en tantos años. Pedro se queda en casa de la joven pareja unas semanas y cambia la vida de ambos. Tímido, infinitamente cortes, Pedro también es un duro, y descubre una por una las trampas de su hermano, y los problemas de la familia. La niñera, la amiga de Juana, las mujeres se quedan prendadas con él.

Él y su misterio son el hilo conductor de la historia. Por eso, cuando descubre lo que siente abre una puerta a una caja de Pandora. Urbizu sabe la intensidad lírica que tiene en sus manos. Pedro es terriblemente parecido al Marlon Brando de “El último Tango en Paris”, apasionado, oscuro, abrasador.

Urbizu lleva camino de convertirse en un buen autor. Sabe utilizar ingredientes poderosos en su cine, los vicios, la ambición de sus personajes. Sabe utilizar los nervios del espectador, y maneja la inquietud como nadie. En “La vida mancha” se siente tan dueño de todos sus elementos que se permite el más bello lirismo.
La vida mancha



Alberto Bermejo | Metropoli (***)
La vida mancha escenifica el reencuentro de dos hermanos después de largos años sin saber uno de otro, dos extraños unidos por vagas emociones convencionales y ni siquiera eso en el caso de uno de ellos, con la carga explosiva de una mujer de por medio. Uno viene de una soledad que se adivina dura e ingrata, de la pura supervivencia, y el otro ha creado más o menos una familia, aferrado como puede a una apariencia de rutina. Sus espíritus son complementarios.
En cualquier caso, la apuesta es admirablemente arriesgada y poco frecuente por estas latitudes, pues se trata, nada menos, que de construir y mover piezas invisibles sin quedarse en uno de esos ejercicios de estilo lucidos pero autocomplacientes, de hacer crecer la tensión, el interés o la sensación de peligro en torno a mecanismos que existen realmente pero no se pueden tocar, que tan solo aparentan materializarse en la precisión de la puesta en escena, en la elegancia de cada plano, escondiéndose detrás de los movimientos, las miradas y los rostros de los personajes.


Leinad | Canal # Cine (6/10)
Ya sea por sentimientos enfrentados, por un pasado que no se quiere recordar, por ciertos misterios cotidianos, problemas económicos o lucha interna contra una adicción, todas las vidas están manchadas. Las vidas de Fito, Juana y Pedro lo están. Fito es un joven padre de familia, camionero de profesión, que aun arriesgando su estabilidad económica y familiar, es incapaz de superar su adicción al juego y a las apuestas. Pero la vida de su mujer, Juana, también está manchada por unos sentimientos encontrados entre la confianza hacia su esposo, las largas esperas y la soledad que ellas suponen.

Tonia Palleja | Canal # Cine (7.5/10)
La vida mancha es un drama sencillo, próximo, pero que, sin embargo, cuenta con algunas escenas de loable composición, en las que miradas, gestos, acciones y palabras coadyuvan a definir la psicología de sus personajes y las relaciones -evidentes o soterradas- que los unen. Podemos respirar la admiración casi ciega que siente Fito por Pedro, las emociones contenidas de este último hacia Juana, o la incomodidad o contrariedad disimuladas que embargan a la joven esposa ante determinadas situaciones. Estos momentos, en los que la dimensión dramática se hace más tangible, se alternan con afortunadas pinceladas de humor -principalmente por parte de la adolescente y coqueta canguro de Jon, de la compañera de Juana o del infeliz visitador del Círculo de Lectores-, que con pequeñas notas, aprentemente superfluas, ayudan a dibujar al resto de caracteres secundarios y a rellenar los contornos de los protagonistas.

lunes, mayo 05, 2003

El oro de Moscú


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Jesús Bonilla, 2003
Reparto: Jesús Bonilla (Papeles), Santiago Segura (Íñigo), Alfredo Landa (Faustino), Concha Velasco (Pastora Bernal), José Luis López Vázquez (Beltrán), Antonio Resines (Jacinto), Gabino Diego (Macintosh), María Barranco (Alejandra), Juan Luis Galiardo (Alberto Tajuña), Sancho Gracia (Guardia Civil), Jorge Sanz (Guardia de seguridad), Neus Asensi (Gloria), Alexis Valdés (Vladimir), Carlos Latre (Ricky Tajuña), El Gran Wyoming (Showman), Carmen Vicente-Arche (Carmen), Florentino Fernández (Peluquero), Chiquito de la Calzada (Abuelo), Andrés Pajares (Doctor), Arévalo (Taxista), Juan Rosa (Camuñas).

La chepa de Bonilla

El oro de Moscú no es, básicamente, un fracaso artístico de Bonilla, porque nadie esperaba ver una obra de arte con una excusa argumental como esta y con actores como Chiquito de la Calzada, Carlos Latre, Florentino Fernández o Arévalo. El oro de Moscú, es sobre todo, un fracaso en la coordinación de un grupo de actores que Bonilla parece dirigir, o someter hasta que aparece Alfredo Landa (por suerte avanzada la película) que se los desmadra completamente. A veces se habla en sentido figurado de un duelo interpretativo, pero Landa entiende la palabra duelo de un modo literal y pelea hasta la muerte en cada escena por levantar más la voz que ningún otro y se limita a callar a todo el mundo. Sin duda el espectáculo más lamentable que he visto en cine desde que me tragué el rollo de zoolander.

El principio tiene algún detalle aceptable. Igual que Santiago Segura, Bonilla es capaz de retratar el mundo casposo ibérico con una ambigüedad que hace difícil saber si hablando de todo ese machismo, racismo y fascismo retrógrado se confiesa o se ríe. Estas películas han inventado un punto de vista curioso que probablemente es capaz de divertir con un mismo chiste a un fascista rancio y a un progre.

La excusa argumental, o el Macguffin de Bonilla es una confesión de un moribundo que sabe donde está enterrado el oro de Moscú. La clave está en cuatro relojes de generales republicanos cuya unión serviría para encontrar el tesoro, y al director para construir su relato sobre un desfile de personajes famosos que van apareciendo para regocijo de un publico que sin duda conoce hasta el último. Bonilla consigue dominarlos a todos y echa una voz prepotente de duro para tener todo a raya que consigue hacer andar la acción hasta que aparece Landa, como comentaba antes. Algunos actores consiguen hacerse un hueco y se les respeta cuando hablan, como es el caso de Resines que hace de joyero redicho, o Concha Velasco que se conforma con explotar el sex-appeal que aún le queda de mujer madurita. Santiago Segura y Gabino Diego están en el reparto para llevarse los palos que los demás reparten y para que alguien aguante la prepotencia de tanto actor asertivo.

El final es horrible, y estoy casi seguro de que Bonilla lo rodó para castigar a todo el reparto por habérsele subido a la chepa como la profesora del pequeño Nicolás que siempre acaba histérica repartiendo castigos.
Faltan sólo 18 días para el estreno.

El año que se estrenó Matrix, cuatro películas recaudaron más dinero. Pero ninguna le vence en el grado de fanatismo. La premisa es acción a lo John Woo y efectos especiales. La película tiene referencias que hacen a los que las entienden creerse parte de un club ("from Baudrillard to Christianity to Descartes to Buddhism to spaghetti westerns to Lewis Carroll to William Gibson's Neuromancer to Jackie Chan's Drunken Master")

Neo va a liberar el mundo de las máquinas, pero no a destruirlas. Se propone una coexistencia, que la gente pueda entender el juego para que así puedan disfrutar de él. Ese sería el despertar.

A Chris Suellentrop (THE SLATE) no le gusta mucho Matrix. No me extraña, si sólo es capaz de esa lectura.

jueves, mayo 01, 2003

X-men 2


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Brian Singer, 2003
Reparto: Patrick Stewart (Profesor Charles Xavier) Hugh Jackman (Logan/Lobezno) Ian McKellen (Erik Lehnsherr/Magneto) Halle Berry (Ororo Munroe/Tormenta) Famke Janssen (Dr. Jean Grey) James Marsden (Scott Summers/Cíclope) Rebecca Romijn-Stamos (Mistica/Raven Darkholme) Brian Cox (General William Stryker) Alan Cumming (Kurt Wagner/Nightcrawler) Bruce Davison (Senador Robert Kelly) Anna Paquin (Marie D'Ancanto/Pícara) Kelly Hu (Yuriko Oyama) Aaron Stanford (John Allerdyce/Pyro)

Como jugar al ajedrez

¿Cual es el fondo de toda esta historia de los X-men? Dicen Carlos y Jaime Cenalmor que se trata de una alegoría del racismo, también se dijo que del SIDA. Un grupo de gente es diferente ¿Cómo hay que tratarlos? En la primera parte, el senador Robert Kelly quiso hacer una lista de mutantes, pero eso es una discriminación. El fondo es, entonces, no colgar a nadie la estrella de David, ni porque sea judío, ni porque sea negro, ni porque tenga sida, ni porque sea mutante. Los mutantes buenos (Xavier) quieren convencer a todo el mundo, los malos (magneto) quieren vengarse de la segregación que sufren. Esta parte de la película me parece que no resulta. No da ninguna pena ver a los mutantes luchando y matando por ser aceptados. El fondo será la igualdad, pero el espectáculo es el de siempre, el de la fuerza y la maña.

Los x-men piden compasión, pero por otro lado son todos unos cracks en lo que se ponen, haciendo fuego, helando, creando tormentas, disfrazándose, reparando heridas... Cuando veo sus historias no sé muy bien si mirarlos como peluches inocentes, o como gremlins que por la noche me van a destrozar la casa si les doy agua. Hay muchas conversaciones tiernas y trascendentales susurradas entre los personajes para hacerme creer que ellos son lo primero, buenecitos, pero de algún modo, el productor, el equipo de efectos especiales, coreógrafos de peleas se salieron con la suya y el resultado es más guerrero que otra cosa. Si me piden mi opinión hubiera quitado la parte intimista y hubiera dejado sólo la acción. En el lugar de todos esos silencios que quieren ser profundos hubiera largado alguna broma, que con tanto freak siempre se puede sacar punta.

Personalmente creo que de los x-men no se puede sacar un mensaje. Son lo que son, un pasatiempo divertido. Cada uno de ellos tiene una habilidad y una flaqueza, como las piezas del ajedrez. Una mueve recto, otra diagonal, otra salta las piezas. La gracia está en ver como una criatura se enfrenta con otra, como usa su poder para vencer. Y tiene tanta gracia como ver a Bush (cuya mutación le permite declarar guerras sin tener que saber por qué lo hace) luchar contra Hussein, porque uno sabe de antemano lo que va a pasar antes de que empiece.