"Elling revitaliza el cine noruego."
"Miramax se enfrenta a las grandes productoras."
"Fulano no se somete al cine comercial."
Si sigo oyendo generalizaciones guerras y catastrofismos creo que volveré a dejar de ir al cine. ¿Qué es esa patraña del cine noruego y el cine español? ¿Que bazofia es eso de las grandes productoras y las pequeñas? De donde salen estas batallas.
Resulta que Shrek era el cine independiente (David) y Monstruos S.A. era Disney era la industria (Goliat). Amenabar es independiente, pero ahora que trabaja para Cruise no sé que es. Ya vendrá alguien a inventarse una guerra y lo pondrá en un bando para que sepamos si es necesario entronizarlo o hundirlo con críticas.
Estas generalizaciones son ideales para no ver cine para no leer, escuchar, ver, sentir. Al espectador que le gustan las batallitas es mejor tratarlo así, ofrecerle al bueno y al malo y decirle por donde tiene que cornear. Al fin y al cabo los directores de cine hacen algo parecido con sus personajes.
Hay quien va al cine a clasificar. Quiere que le digan si el director es de derechas o independiente para saber antes de ver la película si se trata de preparar munición o laureles. A este tipo de subnormal tan corriente se lo dan todo servidito. Yo no lo hago, no tengo hamburguesas rápidas para los imbéciles, así que si algun lector pertenece a tan solemne club le pido disculpas. Yo sigo cocinando a la antigua.
¿Se imaginan un abuelito que contandote la historia de España, la coronación del rey, los pactos de la moncloa, el 23F, la matanza de Puerto Urraco, las Olipiadas de Barcelona, te contara que él estuvo en todas y en realidad fue el responsable de cada una? Sería un abuelo muy trolero, o un abuelo con demasiado afán de protagonismo. Pues ese es el abuelo que le va a tocar al nieto de Forrest Gump.
La apertura de esta película, lo que sucede antes de leer el título de entrada, es un aperitivo mejor que los de Indiana Jones. Elling siempre ha vivido con su madre, y cuando esta muere él tiene más de cuarenta años y no puede vivir solo, de modo que es internado en un psiquiatrico. Comparte habitación con Kjell Bjarne que a sus cuarenta años vive obsesionado con el sexo y no ha tenido ninguna experiencia. Elling le cuenta historias de sus viajes y sus novias en mil países. Kjell cae en la cuenta de que lo que le cuenta se contradice, y por tanto Elling miente. "No importa, le dice, quiero seguir escuchando tus historias." Y entonces aparecen los carteles del comienzo.
Los malos de Shakespeare son tan interesantes que cuesta odiarlos, porque Shakesperare llega detrás de su piel. Ocurre cuando se profundiza en los personajes que luego cuesta tratarlos como marionetas, eso es precisamente lo que hace esta película, y es lo que la hace insoportable. Si un director quiere profundizar en el dolor de una familia para que entendamos hasta donde destruye la pérdida de un hijo, no vale que luego se trate de justificar una venganza a lo Van Danme.
La gran baza de "El gigante egoísta" de Oscar Wilde es ver como un ser huraño se convierte en un hombre amable por la influencia de un niño. Es un efecto Pygmalión que habla de cómo unas personas pueden cambiar a otras. En "La Bella y la Bestia", Belle opera el mismo cambio en la bestia. Hace poco Jack Nicholson interpretó una película con el mismo fondo, él hacía de un escritor perfeccionista e insoportable y Helen Hunt se encarga de hacer de él un hombre decente. "Siete novias para siete hermanos" arranca con una historia parecida, Milly entra en una familia de hermanos campesinos asislvestrados y se toma la tarea de hacer de ellos hombres corteses. El modo que lucha con ellos y los gana es lo emocionante de esta primera mitad.
Un tren Nazi transporta hacia Alemania en sus vagones los mayores tesoros de la pintura francesa. Si fueran sus libros, o su música, estaría en juego algo reemplazable, pero son cuadros, obras que no tienen el mismo valor si no se trata de la original. El valor de esos cuadros pretende ser el tema central de la película. El oficial alemán está dispuesto a sacrificar cualquier otra razón militar, no digamos humana por conseguir el botín. Labiche, el maquinista y resistente francés no parece convencido de la misión en la que se ha metido, pero de alguna manera entra en el juego hasta arriesgar su vida y la de muchos amigos para evitar que los cuadros lleguen a su destino. El duelo está narrado con la sobriedad de un gran tema, pero no llega a alcanzar la profundidad que pretende. No deja de ser un pasatiempo bien hecho, y la estrategia de cambiar los nombres a las estaciones para timar a los nazis no deja de ser una ocurrencia inolvidable.
"Atando cabos" tiene muchos ingredientes para interesar a cualquier espectador durante su metraje. El centro de la historia es un hombre con una identidad destruida desde su infancia por un padre brutal. Su matrimonio y su vida son un fracaso porque no es capaz de afrontarlos. La muerte de su esposa y de sus padres, la aparición de su tía deparan un cambio en su vida, viaja con ella y con su hija de diez años a su pueblo natal en la exótica y helada Terranova. En su pueblo inicia un trabajo de periodista para el que no se cree preparado, su hija ve fantasmas, su tía revela un pasado inesperado, descubre unos antepasados truculentos, conoce a una mujer herida por la vida igual que él, afirma su identidad con sus artículos, vive en una casa anclada a suelo por cables...
