El hijo de la novia


Juan José Campanella, 2001.
Interpretación: Ricardo Darín (Rafael Balverde), Héctor Alterio (Nino Balverde), Norma Aleandro (Norma Balverde), Eduardo Blanco (Juan Carlos), Natalia Verbeke (Naty), Gimena Nóbile (Vicky), David Masajnik (Nacho), Claudia Fontán (Sandra), Atilio Pozzobón (Francesco), Salo Pasik (Daniel), Humberto Serrano (Padre Mario), Fabián Arenillas (Sciacalli).
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Color local

Con demasiada prisa se ha querido comparar esta película con un clásico de la gran época de la comedia americana. Yo he llegado a leer que se parece a Hawks. Pero las grandes virtudes que harán de Hawks, capra o Lubistch clásicos durante muchas más generaciones no se encuentran aquí. Las grandes comedias funcionan por si solas, se ríen de los mismos planteamientos que ellas formulan, de sus personajes, de su propio mundo, eso las hace fenómenos autónomos, que se entienden sin necesidad de conocer ningun otro hecho histórico, eso las hace inmortales. La grandes comedias retratan una peripecia redonda que involucra a todos los personajes, o a las caricaturas de los personajes. Este es ¿quien lo niega? un melodrama con hallazgos pero descuida los dos puntos de los que hablaba. Muchos de los chistes son coyunturales, las claves las conoce sólo el lector de periódicos, dentro de una década sólo interesarán al estudioso del pasado.

La anécdota es demasiado débil. Un hilo narrativo enfrenta al padre del protagonista con su hijo y luego con la iglesia porque quiere una boda religiosa con su mujer con la que tiene una unión civil. Los obstáculos que encuentra son tan artificiales que no involucrará en su empeño a más espectadores que aquellos conquistados por la simpatía del reparto de lujo. El protagonista regenta un restaurante que pasa por todas las dificultades que uno puede imaginar con proveedores y empleados. Rafael evoluciona tras un infarto para darse cuenta de que hay muchas cosas a su alrededor que no aprecia porque el estrés de su vida laboral no le deja vivir. Esta segunda subtrama nos la explica algún diálogo elocuente, pero no la acción que no deja apenas ver una diferencia entre el primer Rafael y el segundo.
Carlos Ferrera [DESCONECTA] Deudor de la filmografía de Frank Capra y Howard Hawks, el joven director afiló el lápiz junto a su colaborador habitual Fernando Castets.
Todo es verdadero en la película de Campanella, y no terminaremos llorando a moco tendido porque ahí está otra vez su ojo clínico para equilibrar cada minuto del metraje, retocando el filme escena por escena con ráfagas de humor inteligente.
Guillermo Ravaschino [PRIMER PLANO] El guión, coescrito por Campanella y Fernando Castets, es el fruto de un trabajo minucioso, encarado muy a la estadounidense: cada línea de diálogo, por pequeña que fuere, está puesta al servicio de la estructura general del relato. Pero insisto: el gran salvavidas es el humor. Y el humor, se sabe, lo relativiza todo. Esto es clave porque un argumento como el que nos ocupa no hubiera podido sostenerse si el film se tomaba a sí mismo demasiado en serio.
Pablo Silva [FOTOGRAMA] Su vida y la de sus progenitores se verá entremezclada en un reconocimiento donde cada uno crecerá delante de nuestros ojos.
Quintín [EL AMANTE] Para los defensores del cine industrial en la Argentina, El hijo de la novia es una plegaria atendida.
Se trata de una argentinidad más esencial, por así decirlo. El hijo de la novia sería un fiel espejo del alma nacional, un retrato viviente de compatriotas que nos representan mejor que los políticos o los críticos de cine, para nombrar dos especies que no miden alto en las encuestas.
La Argentina de El hijo de la novia es un país deseado. No porque sus protagonistas estén a salvo de problemas, sino porque estos tienen remedio si el corazón está bien puesto y siempre lo está. Pero también es un país deseado porque los personajes están a salvo de sí mismos. Tienen una reserva de energía inagotable y una falta de reflexión que los preserva de todo, especialmente de su propia banalidad.
Campanella aporta además un manejo del ritmo que revela una atenta visión de la comedia americana clásica, con sus escenas que no tienen prólogo ni epílogo sino puro centro, con su preparación de clímax y anticlímax, con una velocidad en los diálogos marcada por la superposición de las voces.
Cines argentinos No es el típico drama argentino, no revuelve sobre los mismos temas de siempre. Es simplemente una buena historia.

Intacto

Juan Carlos Fresnadillo, 2001.
Reparto: Leonardo Sbaraglia (Tomás), Eusebio Poncela (Federico), Mónica López (Sara), Antonio Dechent (Alejandro), Max von Sydow (Sam), Guillermo Toledo (Horacio), Paz Gómez (Ana), Luis Mesonero (Gerard).
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Una buena idea, un mal desarrollo

Para entrar en esta película hay que aceptar unas cuantas premisas. La suerte es una cualidad, como la inteligencia o el pelo rubio, que unos poseen y otros no. Un hombre con suerte roba a otros hombres la suya cuando toca su piel, o cuando les hace una foto. Esa suerte robada al prójimo es intercambiable, quien posee la foto, posee la suerte del desgraciado. El gran mérito de la película es postular estas reglas y ceñirse a ellas con rigor. Otro acierto, es la imaginación Fresnadillo ha tenido para inventar juegos y pruebas entre los personajes “con suerte”, también una persecución policial y un final emocionante. El gran fallo es que fuera de ese juego la película apenas aporta nada, los personajes, que podían estar vivos, se quedan en piezas de este astuto ajedrez. A la película no le sobran minutos, le sobra una hora, porque al fin y al cabo no habla de nadie, y la idea (la brillante idea) era comprimible en un corto de 15 minutos.

Hay dos hechos que carecen de sentido. El primero es una detective implacable que, no sabemos por qué, vive sólo para cazar al protagonista, el segundo es un duelo donde los protagonistas se juegan la vida a cambio de una razón estúpida.

El profesor chiflado

Jerry Lewis, 1953.
Interpretación: Jerry Lewis (Profesor Julius Kelp/Buddy Love) Stella Stevens (Stella Purdy) Del Moore (Dr. Hamius R. Warfield) Kathleen Freeman (Millie Lemmon) Howard Morris (Mr. Kelp) Milton Frome (Dr. Levey)
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El profesor Kelp y Mr. Hyde

Esta película de Jerry Lewis es de las más personales, también de las más psicológicas. En una escena recuerda su infancia con un padre sin personalidad, aplastado por su madre, parece un intento de comprenderse, y no es el único tufo psicoanalítico que desprende.

El profesor de universidad Julius Kelp es un auténtico desastre. Aparte de romperlo todo (como es de costumbre en Lewis) los alumnos lo tratan como a un felpudo. En su afán por resolver su problema prueba en un gimnasio y luego usa sus conocimientos de biología para crear una fórmula que lo convierte en un machote.

Sólo que el nuevo hombre en que se convierte, ese alter-ego llamado Buddy Love tiene muy poco que ver con la biología y mucho con la cultura. Lo interesante del héroe que construye (tan parecido a esos otros héroes de barro que creaba Danny Kaye) es como dibuja un ideal de hombre que tiene de todo salvo de ideal. El super-Buddy Love es un chulo arrogante, machista y matón. La reflexión de Lewis parece ser que no hay que irse ni a un extremo ni al otro. La mía, psicológica también, es que las dos caras de este Jeckil y Hyde fallan en lo mismo. Los dos son horriblemente clasistas. El debil profesor se muestra desigual, inferior, el super Buddy Love se muestra también desigual, mejor. Y además tiene unos gestos despreciables, para mostrarse superior se ensaña con los más débiles, pisotea a los camareros.

Training day


Antoine Fuqua, 2001
Interpretación: Denzel Washington (Alonzo Harris), Ethan Hawke (Jake Hoyt), Scott Glenn (Roger), Tom Berenger (Stan), Cliff Curtis (Smiley), Snoop Dogg (Sammy), Charlotte Ayanna (Lisa Hoyt), Harris Yulin (Doug Rosselli), Raymond J. Barry (Lou Jacobs).
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La fantasía perversa

En el comienzo de esta película, el protagonista, el público, conoce a un hombre que trabaja fuera de la moral. Denzel Washington interpreta a un policía que ha llegado a meterse hasta tal punto en el mundo de los camellos que se comporta como uno de ellos, habla como uno de ellos y da miedo, como uno de ellos. Hasta aquí la película es interesante. Después la narración se vuelve un cuento moral de lo que no se puede y lo que sí se puede hacer. En otras palabras, después de este brillante comienzo la película flojea en la más previsible morality play, con buenos y malos, todos reconocibles y con claves sencillitas para que nadie se olvide de lo que no debe hacer en esta vida.

La historia de Training Day ocurre en un solo día. El primer día de trabajo en la brigada antidroga, Jay Hoyt (Ethan Hawke) tiene las preocupaciones de cualquier principiante con ganas de hacer las cosas bien, pero Alonzo (Denzel Washington) su compañero es un hombre curtido que se comporta como los propios delincuentes. Los amenaza, les roba la droga, el dinero, obliga a Jay a tomar droga. Su filosofía de vida es que hay que aceptar los pecados pequeños para conseguir llegar a los grandes, a los grandes distribuidores. Alonzo tiene una novia en un barrio de Los Ángeles prohibido para los policías y los ciudadanos. Conoce su ley y es respetado. Alonzo es un hombre interesante, pero también descubriremos que guarda un secreto.

Training day pone en escena las peores pesadillas de un principiante. Si alguien ha pensado alguna vez que le podría ocurrir algo terrible en su primer día de trabajo anda muy corto al lado de lo que sufre el joven Jay Hoyt. Yo sencillamente no me lo creo, como tampoco me creo los sueños edulcorados de la factoría Disney. Lo que me pregunto es porque cuando se distorsiona la realidad hasta crear malos peores que el demonio todo el mundo se los cree y por qué cuando se crea a seres infinitamente buenos todo el mundo se rebela. Yo acepto de buena gana el realismo y del mismo modo las exageraciones de la fantasía, pero puestos a elegir fantasías prefiero las almibaradas. Y me quejo del éxito incondicional que tiene este tipo de fantasías perversas.
Mr. Cranky When I close my eyes and hear street talk, I usually mistake the person for Ethan Hawke.
I think most rational people understood that there were serious problems within the LAPD when Rodney King got the crap beat out of him and Mark Fuhrman took the stand in the O.J. case. Today, telling a story about corruption in the LAPD is like kicking a dead horse or exposing racial tensions in Cincinnati. Tell me something I don't already know.
Robert W. Butler "You gotta be a wolf to catch a wolf," Alonzo reasons.
Is Alonzo really a super cop, an essentially admirable man devoted to achieving "justice" at all costs?
Roger Ebert (3/4) [CHICAGO SUNTIMES] He plays Alonzo as the meanest, baddest narcotics cop in the city--a dude who cruises the mean streets in his confiscated customized Caddy, extracting tribute and accumulating graft like a medieval warlord shaking down his serfs. His pose is that the job must be done this way: If you don't intimidate the street, it will kill you. This is the lesson he's teaching Jake Hoyt
Dispensing street justice is what it's all about, Alonzo believes; the enemy lives outside the law, and you have to pursue him there.
Antoine in the earlier scenes seems extreme but perhaps believable; by the end, he's like a monster from a horror film, unkillable and implacable.
Of course you can't watch the movie without thinking of the Rodney King and O.J. Simpson sagas, two sides of the same coin, both suggesting the Los Angeles police are not perfect.
Footnote: Will audiences accept this movie in the current climate, when cops and firemen are hailed as heroes?

Y tu mamá también

Director y productor: Alfonso Cuarón.
Reparto: Maribel Verdú (Luisa), Gael García Bernal (Julio), Diego Luna (Tenoch)
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La amistad y el amor

Hay un cuento de Borges que narra la historia de dos hermanos que se quieren y acaban odiándose cuando una mujer aparece en la vida de ambos. Luisa (Maribel Verdú) hace el papel de la mujer cuando entra en la vida de dos amigos inseparables, pero esta historia lleva otros derroteros alejados del universo borgiano.

Julio y Tenoch son dos íntimos amigos de clase alta en Nuevo México que se quedan solos cuando sus novias viajan a Europa para pasar el verano. En sus coqueteos veraniegos proponen a Luisa (la esposa de un primo de uno de ellos) que les acompañe a la playa. Ella acepta después de comprobar que su matrimonio ha fracasado. La película narra el largo viaje por los pueblos y las carreteras mexicanas llenas de ganado, manifestantes y vendedores.

Hay un profundo color local, ausente de tópicos, que empieza por el lenguaje casi icomprensible para un español como yo que estaba esperando a oir a Maribel Verdú para enterarme de las cosas, y acaba con un retrato social poderoso que lo emparenta sin duda a aquel fenómeno que se llamaba ?Amores perros? y que habla de un cine mexicano profundamente innovador y revulsivo con miles de cosas que contarnos. Y también nos ofrece, junto a ese escenario de fondo un tema nada baladí. La película aborda la amistad de dos amigos que se resquebraja cuando toca la fidelidad y los celos, y que acabará siendo un lazo formidable cuando supere esa prueba.

La narración, como dije, casi incomprensible cuando hablan los mexicanos, se apoya en el gusto literario haciendo numerosas paradas para narrarnos con una voz en off la historia de cada elemento que surge. Así, el narrador se recrea en contarnos la historia de unos cerdos que acabarán infectando a los comensales de una fiesta cuando unos meses mas tarde sean sacrificados. Esos alardes creativos de Cuarón, que parece estar frente a la hoja en blanco más que frente al fotograma vacío, vienen como un jarro de agua fresca en el entumecido cine de hoy.

La maldición del Escorpión de Jade

Estambul y Madagascar
Woody Allen, 2001.
Reparto: Woody Allen (C.W. Briggs), Dan Aykroyd (Chris Magruder), Elizabeth Berkley (Jill), Helen Hunt (Betty Ann 'Fitz' Fitzgerald), Brian Markinson (Al), Wallace Shawn (George Bond), David Ogden Stiers (Voltan), Charlize Theron (Laura Kensington).
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En Gattaca Andrew Niccol nos propone un futuro donde los hombres son seleccionados desde su nacimiento por su perfección genética. El protagonista (Vincent Freeman) no tiene los genes ideales, pero consigue su propósito de participar en la carrera espacial porque suple con creces la falta con su voluntad férrea. Llega al extremo de sustituir por completo la identidad de otro hombre. Gattaca no es más que un perfecto manual para volverse un monstruo maniático y perfeccionista. Gattaca no enseña otra cosa que el arte de no ser uno mismo. A todos los que disfrutaron de Gattaca les propongo una cura de desintoxicación, ¡vayan ahora mismo a ver "La maldición del escorpión de jade"!
Woody Allen nos presenta a un personaje que, como siempre, es él mismo con una suerte en la lotería genética mucho peor que la de Vincent Freeman. ¿Como sobrevivir en un mundo hostil en el que tienes que ganar una partida de poker sin una miserable pareja de doses? esa es la respuesta que él se empeña en responder. La excusa de este argumento es resolver un caso, el gran reto es ser querido en un mundo donde la tecnología nos hace prescindibles.
C.W. Briggs es un detective privado de una compañía de seguros. Su gran rival, Betty Ann Fitzgerald, amenaza su sistema de trabajo y también su trabajo cuando es nombrada ejecutiva y trae nuevos métodos a la empresa. Juntos son hipnotizados en un club nocturno, y el autor consigue ponerlos bajo su influjo para que cometan robos en su nombre. Así, C.W.Briggs investiga de día los robos que él mismo ha cometido en estado de inconsciencia durante la noche. Las palabras con las que los devuelve a la hipnosis, Constantinopla para él, Madagascar para ella, les hace también creer que están enamorados el uno del otro.
Diego Calleja y María Villalva [SECCIÓN OFICIAL] La crítica hace un recorrido por toda la filmografía del director. Ha perdido su frescura inicial, debido seguramente a la tremenda huella de Bergman.
Francisco Javier Sánchez [CRÍTICAS DE CINE] Briggs, está viejo, tiene métodos de investigación anticuados, un caso en el que su enemigo es él mismo y en sus ratos de ocio se dedica a hacer solitarios con una baraja de mujeres desnudas. "Yo salí con el siete de picas"
Como siempre, Allen dibuja la parte cómica sobre una base trágica. Ahí está el éxito de sus comedias y la clave para entender por qué tanta gente le sigue, le seguimos, siendo fiel.
Se presenta en la historia con sus credenciales, dispuesto a descubrir si en ese nuevo decenio hay sitio para él.
En esta situación, a Allen sólo le queda echar mano de la palabra y demostrar que sus frases tienen la agilidad de quien todos los días se entrena con ellas. Bien en un diálogo interior, bien en su relación con los demás. Toda la fuerza de esta película está, de nuevo, en los diálogos.
No van los personajes empujados por la trama porque la trama, sencilla, puede resolverse en cualquier momento. Es una excusa simple para que puedan hablar.
Así que, si uno afina un poco la atención, descubrirá que lo que Allen hace es mostrar un manual de supervivencia para momentos en los que todo parece venirse abajo.
Voltan es capaz de conseguir que los demás hagan lo que él quiere sólo con dos palabras : Madagascar y Constantinopla . Allen tiene, para conseguir lo mismo, que exponer ingenio y trabajo. En el hipnotizador la base es la trampa, el engaño. En Allen, la seducción y el humor.
El mundo está lleno de hipnotizadores de dos palabras como Voltan a los que se les presta demasiada atención. Los hay, incluso, que sólo tienen una palabra y sobre ella no tienen reparos en crear una campaña de terror.
Jay Carr *** [Movie Showtimes] 'The Curse of the Jade Scorpion'' is lightweight fun, a spoonful of meringue from Woody Allen's dessert cart.
As the subsequent investigation of the thefts proceeds, neither has any knowledge that he or she is the one doing the stealing. Nor is either aware that each loves the other. That's Allen's little joke on himself. It's as if his crumpled and wrinkly protagonist is looking at himself as a romantic lead and saying, in effect: Only in your dreams.
Roger Ebert **,5 When "Fitz" has her wits about her, she describes CW with an impressive array of insults ("mealy-mouthed little creep," "inch-worm," "snoopy little termite," "squirming little trapped rat"). They hate each other. "I love where you live," she tells him. "A grimy little rat hole. I find it strangely exciting standing here in a grungy hovel with a myopic insurance investigator." Then the hypnotic trigger is pulled, and they think they're in love.
To this inspiration Allen adds another; they have separate cue-words, so that one can be under the hypnotic spell while the other isn't.
All of this sounds like the setup for a wicked screwball comedy, but somehow "Curse of the Jade Scorpion" never quite lifts off.
Desson Howe [WASHINGTON POST] It's clear, according to the screwball rules governing this picture, they're destined for a long war and an eventual romance.
To say there's an absence of chemistry between Allen and Hunt could be the understatement of the year.
San Francisco Chronicle So it pays to realize that this is a man who has made more good or great movies than any other writer-director ever to work in America -- including Sturges, Welles, Chaplin and Keaton. He is already an immortal, though, alas, not in a way that might allow him someday to do love scenes with women, say, 800 years his junior.
Though for most of "The Curse of the Jade Scorpion" the two are fighting, this is a pattern as old as Beatrice and Benedick in "Much Ado About Nothing." We know it's a romance.
Allen seems to grasp that he's running the risk of making an entire audience barf, so he has Hunt call him "worm" and "insect." Allen adopts the same strategy with Charlize Theron, who's about the prettiest woman in movies now. She plays a spoiled rich girl, a kind of Lauren Bacall with a Veronica Lake haircut, and -- brace yourself -- she finds CW attractive, though she goes into a litany of reasons why she shouldn't.

Los rios color púrpura

Mathiew Kassovitz, 2000.
“Les rivières pourpres”
Reparto: Jean Reno (Comisario Pierre Niémans), Vincent Cassel (Teniente Max Kerkérian), Nadia Farès (Fanny Fereira), Dominique Sanda (Hermana Andrée), Karim Belkhadra (Capitán Dahmane), Jean-Pierre Cassel (Dr. Bernard Chernezé).
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Si no se siguen las reglas no funciona

Los serial killers en el cine han creado ya un genero aparte con sus propias reglas de juego. La fascinación que produce una serie de crímenes y el propósito que los une dio lugar a películas como "Seven", y la obra maestra es sin duda "El silencio de los corderos". "El coleccionista de huesos" recoge hallazgos de obras anteriores y sin arriesgar nada en el intento. "El Coleccionista de Amantes" insiste en la comprensión del criminal para cazarle. Debo aclarar mi predilección por la obra de Demne, la gran novedad de su película consiste en que el dueño del enigma, el personaje más fascinante, el verdadero protagonista, es en realidad alguien perverso. Yo veo en esa alteración una posibilidad más: puede que el espectador que disfruta con el caso también lo sea.

En una universidad endogámica, donde los profesores se casan entre sí durante generaciones, la atmósfera es irrespirable. Un detective interpretado por Jean Reno, investiga una cadena de asesinatos unidos por un rasgo común, el asesino les quita los ojos y las manos. Otro detective galo se ve envuelto en el caso desde una comarca cercana donde investiga la profanación de una tumba por neonazis.

Señalo como único rasgo interesante de esta obra un plantemamiento inicial en el que los crímenes parecen apuntar hacia una explicación trascendental, que es progresivamente sustituida por otra humana y, para cualquiera que ojee la prensa, bastante actual.

No adelanto gran cosa del final cuando añado que el culpable no es una persona, sino una forma de pensar. Tal grado de abstracción debió resultar del gusto del autor, pero es del todo intolerable en este género, porque castigar ideologías equivale a pontificar. No es esta la mayor debilidad de una película, por lo demás, olvidable. Habría que añadir una inmovilidad absoluta que no puede esconder una pareja de detectives duros, ni las peleas que, aparte de dejar baldado al protagonista, no parecen necesarias a la trama. La solución del enigma es tan complicada que, del mismo modo podría valer cualquier otro culpable, un primo lejano del protagonista, un cuñado del guionista...

Visionarios

Manuel Gutiérrez Aragón, 2001.
Reparto: Eduardo Noriega, Ingrid Rubio, Emma Suárez, Fernando Fernán-Gómez.
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La verdad en el cine

Silencio Roto y Visionarios están localizados en una geografía próxima, tampoco distan mucho en el tiempo y tienen un fondo político, pero son dos posturas a la hora de narrar historia. En "Silencio Roto" los personajes no són más que fanchoches creados por el director para explicar, enunciar y deletrear sus moralejas, que son varias, pero que hubieran quedado mejor expresadas en un artículo añadido al suplemento dominical de "El País". En "Visionarios" cada personaje tiene su vida, y su perspectiva, y ninguno ofrece al espectador una frase solemne para apuntar al salir del cine, igual que las personas humildes no hacen frases famosas. En "Visionarios" hay, o puede haber, grandes reflexiones sobre el papel de las fuerzas vivas en la historia, en la guerra y en la república, pero cada espectador sacará sus propias consecuencias. Sencillamente, "Vivisionarios" es cine.

La narración se inicia un año después de proclamada la república en un entorno hostil al catolicismo. Las imágenes religiosas son suprimidas de las escuelas y los sitios oficiales. El maestro de un pueblecito vasco es apaleado por algunos feligreses cuando quiere hacer lo mismo en su escuela.

Los acontecimientos están vistos desde la perspectiva de uno de los protagonistas. Joshe es un camarero que va con frecuencia al pueblo a ver a su novia.

Me interesa, sobre todo, como aborda la verdad. En una película convencional, uno sabe perfectamente que la virgen existe, se aparecer y que algunos no quieren reconocerlo. En visionarios la perspectiva del narrador es sobervia, ni él ni nosotros sabemos lo que ven los visionarios, ni tampoco lo saben los médicos. Pero les creemos cuando dicen que ellos están seguros de su visión.

Moulin Rouge

Baz Luhrmann, 2001.
Interpretación: Nicole Kidman (Satine), Ewan McGregor (Christian), John Leguizamo (Toulouse Lautrec), Jim Broadbent (Harold Zidler), Richard Roxburgh (Duque de Monroth), Matthew Whittet (Satie), Kerry Walker (Marie), David Wenham (Audrey).
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Bastan las canciones

Moulin Rouge narra una trama deliveradamente débil. Se ambienta en un París deliveradamente irreal y está interpretada por unos personajes que deliveradamente sobreactuan, y que cantan canciones de nuestros días que no pegan con el 1900 de la ambientación. Entonces ¿por qué es emocionante? No sé si la película engancha tanto por la música, o el juego de irrealidad que nos propone se convierte en una buena excusa desarmarnos.

Moulin Rouge es la historia de una Vedette (Nicole Kidman) que acaba enamorándose de un escritor sin dinero. Un millonario inglés ofrece patrocinar la obra que planean, pero a cambio quiere los favores sexuales de la artista. La comedia que ensayan narra los azares de una cortesana que se enamora de un zitarista y tiene que elegir entre el artista pobre y un sultán rico. De modo que la vida de los personajes y la obra que ensayan se entremezclan. La tuberculosis de la protagonista recuerda terriblemente el mundo de "La Dama de las Camelias."

Muchas escenas son frenéticas. La cita del millonario con la corista en su camerino con forma de elefante y la confusión que esta tiene con el escritor del libreto es digna de un vaudevil, la escena es memorable. Luhrmann demuestra que una escena rodada con el suficiente frenesí puede superar la crítica de cualquier espectador frente a lo irreal de la situación.

Es más normal en los músicales ofrecer nuevas canciones para que tarareen las siguientes generaciones que acudir a las conocidas. Este musical nos devuelve a la emoción de muchas canciones de nuestra vida. Es un placer de escuchar lo conocido transformado por la mano de un creador que pega y suma estribillos. Sólo con ese juego podía haber encandilado a un público amplio. Súmese una reconstrucción virtual de Paris, un ritmo desaforado y unos temas tradicionales, como es la elección entre el amor y la seguridad del dinero y se entenderá su éxito. Lo que cuesta más explicar, a menos para mi, es el sentimiento de frialdad que deja debajo de esa fachada deslumbrante.
Mateo Sancho Cardiel [LA BUTACA] las imágenes que nos ofrece Baz Luhrmann en "Moulin Rouge" son, visualmente, absolutamente innovadoras y deslumbrantes. "Moulin Rouge" hace una soberbia y ambiciosa adaptación de numerosos éxitos de todos los tiempos que hacen las veces de diálogos, y que se intercalan, se mezclan, se cambian, para obtener un resultado brillante en las voces de Nicole Kidman y Ewan McGregror, actores de registros vocales sorprendentemente competentes. Madonna, Marilyn Monroe, Sting, The Beatles o Whitney Huston son algunos de los artistas trasladados al paraíso del Can-Can y adornados por números musicales que van desde lo manido e irregular a lo poderoso y sublime.
Pablo del Moral [LA BUTACA] Es una película exhuberante, frenética y desvergonzadamente entretenida. Para la musicalización de "Moulin Rouge", Luhrmann hace desvergonzado uso de canciones populares muy conocidas, cuyas letras se ajustan a las escenas. Aun así ésta no es una película fácil de tragar, y estoy consciente de que será vehementemente odiada por muchos. Para mí resultó una experiencia única y muy disfrutable.
Leandro Marqués [LA BUTACA] Allí, en medio de todo ese esplendoroso festival del glamour, el director se regocija introduciendo canciones pop absolutamente fuera de época, que utiliza para hilvanar algunos diálogos desopilantes. El verdadero poder del film se centra en su impactante despliegue visual. Desde su puesta en escena, sus coreografías, la ambientación y el vestuario hasta los efectos especiales,
Moviola Es un poco difícil ser objetivo y mesurado cuando una cinta está tan bien hecha, pero es que el resultado final que Luhrmann muestra en pantalla es simplemente espectacular. Pero vayamos por partes. Aquí hace exactamente lo puesto a su anterior filme, es decir, ubica la historia en un tiempo pasado con diálogos y referencias actuales, manteniendo el mismo estilo musical e, inclusive, mejorándolo.
Roger Ebert (3/4) Satine, the heroine, is seen not so much in dramatic situations as in poses--in postcards for the yearning mind. The movie is about how we imagine its world. It is perfectly appropriate that it was filmed on sound stages in Australia; Paris has always existed best in the minds of its admirers. While it might be most convenient to see it from the beginning, it hardly makes any difference; walk in at any moment and you'll quickly know who is good and bad, who is in love and why--and then all the rest is song, dance, spectacular production numbers, protestations of love, exhalations of regret, vows of revenge and grand destructive gestures. It's like being trapped on an elevator with the circus.
The Movie Mecca (10/10) Chew on this: This movie is about the story of a writer telling the story of his writing a stage play based on the story of his writing of said stage play (which, by itself, is a piece to the puzzle that can loop on and on recursively).
Fatt and Lazy (3,5/5) He found an original and highly entertaining way to breathe life into a dying genre.
Mr Cranky (-2) Remember the word "anachronism" because you're likely to hear it a lot. It appears to be the next big thing in cinematic style: Take a cool historical era or event, and then score it to some overplayed modern rock tune. It starts rattling off love-related song titles in an effort to convince her not to sleep around and to commit to a life with him instead. Standing in their way is the mean Duke (Richard Roxburgh), who doesn't know very many clever pop tunes and thus seems entirely unhip.
Desconecta (4/5) Lo peor: El riesgo de adaptar versiones de grandes temas pop de los años 80 y 90 en un musical ambientado en el siglo pasado, en el que los actores, además de los números musicales, interpretan canciones y diálogos indistintamente.

La pareja del año

Joe Roth
"American Sweethearts"
Reparto: Julia Roberts (Kiki Harrison), Billy Crystal (Lee Phillips), Catherine Zeta-Jones (Gwen Harrison), John Cusack (Eddie Thomas), Hank Azaria (Hector), Stanley Tucci (Dave Kingman), Christopher Walken (Hal Weidmann), Seth Green (Danny Wax), Scot Zeller (Davis).
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Un despilfarro de actores

Hay dos razones para abordar situaciones espinosas y temas escabrosos. La primera es que uno ya esté harto de comedias perfumadas made in Hollywood. La segunda es que quiera imitar el éxito de una comedia anterior que tuvo éxito gacias a esa receta atrevida. El primero es el caso de "American Beauty". El segundo es el caso que nos trae.

"La pareja del año" narra una historia de amor equivocado y de su corrección feliz. Se ambienta en el mundo de la promoción cinematográfica y los publicistas. Y deja su anzuelo en manos de chistes algo soeces.

Ese humor chabacano, apoyado en malentendidos sexuales, y a veces traidos por los pelos pretende a la vez desmitificar un presupuesto caro y un plantel de estrellas bastante surtido. No dejan de sorprenderme las expresiones de la industria. ¿Tiene sentido contratar a cuatro actores de renombre y pagar nóminas colosales para que hagan chistecillos verdes? Hay un cierto sentido en el despilfarro. Siempre he creído que los americanos dejan mucho más embobado al resto del planeta cuando destruyen lo que tienen como en esas persecuciones donde queman veinte coches o en sus junglas de cristal volando edificios, que cuando lo miman. Quizá la verdadera expresión del capitalismo es el despilfarro, no la posesión.
Roger Ebert (2/4) [CHICAGO SUN-TIMES] "America's Sweethearts" recycles "Singin' in the Rain" but lacks the sassy genius of that 1952 musical, which is still the best comedy ever made about Hollywood. The early scenes are promising. But then . . . well, I think the problem is that years of read-my-lips filmmaking have drained Hollywood of the quick intelligence of the screwball comedy. The movie forgets it's a comedy at times, and goes for conviction and insight when it should be running in the opposite direction.
Isolated scenes work but don't add up. Godard said the way to criticize a movie is to make another movie. Even while you're watching "America's Sweethearts," it gets shouldered aside by "Singin' in the Rain."
Joblo (3/10) It starts off slow, it's got no energy, it doesn't engage you with any of its characters (Julia barely gets somewhat interesting in the film, everyone else...lame!), it utilizes way too many flashbacks to move the story forward, it's utterly predictable, standard, routine, see-through and uninteresting as a plot and it just sits there on the screen, big and ugly, waiting...waiting for you to laugh or find something in it that is amusing.
Mr Cranky (-2) What writer Billy Crystal and director Joe Roth are trying to do here is make a commentary on certain aspects of Hollywood culture without really offending anyone. After all, the opportunity may arise to sleep with one of these bitchy, overbearing beauties, and who would want to blow that?
Enrique Colmena (2/5) [CRITICALIA] Gustan los diálogos, sobre todo los que Billy Crystal (como coguionista) pone en su propia boca como actor; es apreciable el tono cáustico sobre sí mismo que hace aquí el cine, con sus estrellitas de pitiminí que se creen dioses.
Sección Oficial Fernando Araujo (2/10) todo esta controlado para hacer más y más billetes por la gran máquina de fabricación de dólares ¿y a costa de que? A costa de un buen reparto, o mejor dicho de un reparto de actores conocidos.
Cristina Laffond (3/5) [DESCONECTA] Si en "Notting Hill" Julia Roberts es una estrella del cine, en "La pareja del año" Catherine Zeta-Jones le roba el papel convirtiéndose en una reina del celuloide enamorada de sí misma y de paso da órdenes con desdén.
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