El aviador

Martin Scorsese, 2004
Interpretación: Leonardo DiCaprio (Howard Hughes), Cate Blanchett (Katharine Hepburn), Kate Beckinsale (Ava Gardner), Alec Baldwin (Juan Trippe), John C. Reilly (Noah Dietrich), Alan Alda (Senador Owen Brewster), Ian Holm (Profesor Fitz), Danny Huston (Jack Frye), Gwen Stefani (Jean Harlow), Jude Law (Errol Flyn), Adam Scott (Johnny Meyer), Willem Dafoe (Roland Sweet).
Guión: John Logan.
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Pobre hombre rico

El cine tiene de común con la música que son las únicas artes hechas de tiempo. La película “El aviador”, igual que un concierto, está construida con tres temas básicos que se interrumpen y se mezclan para explicar una vida; Hughes el magnate, Huges el mujeriego y Hughes el neurótico. Cada uno domina un tramo de la película, pero ninguno falta en ningún momento.

Hughes gastó cuatro millones de dólares en rodar “Ángeles del infierno” y hacerla sonora. En la empresa descabellada entendemos que está el perfeccionismo de un neurótico y el valor de un hombre emprendedor.

Hughes amaba a Katherine Hepburn, pero los negocios aeronáuticos los separaron. La familia de los Hepburn parece escapada de una película de Capra con su casa en Connecticut. Cada cual hace lo que le apetece, todos son cultos y de izquierdas. A nadie parece asombrarle tener un multimillonario a la mesa.

Durante la segunda guerra mundial consiguió dos contratos con el ministerio de defensa. El avión espía fue un fracaso y le costó serias heridas al propio Hughes. El otro proyecto fue el Hércules, y hasta el final de la película no sabremos si funciona o no.

Hughes compró la TWA y tuvo que luchar a muerte contra la Pan Am para evitar que monopolizara los vuelos internacionales. En esa guerra el senador Owen Brewster lo llevó a juicio. Para entonces Hughes era un neurótico que vivía desnudo en una planta de un hotel. Pero sale de allí dispuesto a librar la batalla. Él sabe que no se trata de un juicio sino de una pelea callejera, o él o la Pan Am.

Hacia el final de la película, sus fobias, sus miedo a los gérmenes su horror a las luces y los cristales rotos se han convertido en el centro de nuestra atención. Lo que Scorsese pretende (igual que en Una mente maravillosa) es que sintamos las cosas igual que las sentía el propio Hughes. Que sintamos la tremenda prueba que fue para él ir a juicio y enfrentarse a los rumores y las calumnias.

Hughes apareció en público por última vez en 1958. Después volvió a encerrarse en uno de sus hoteles en Las Bahamas. La escena que lo muestra coleccionando su propia orina en tarros de vidrio es verídica.

Sus hazañas no me producen mucha admiración, su locura no me conmueve. Estaba tan pirado como cientos otros que conozco, la única diferencia es que él podía pagarse sus locuras y tener a todo el mundo pendiente de ellas.

Spaulding: Si en la citada Toro Salvaje ambientaba su película en el turbio y oscuro mundo del boxeo, en su nuevo trabajo se sitúa en el más colorido universo del Hollywood de los años 30 y 40 (tan o más oscuro y turbio que el del pugilismo), centrándose concretamente en la figura de un personaje polivalente, excéntrico y peculiar como pocos: el productor cinematográfico Howard Hugues. Y Scorsese lo pone en la palestra desgranando sus neuras y analizando, ante todo, una de sus pasiones más exacerbadas, la de los aviones.
Enrique Colmena **: Pero del resto sólo queda el gran estilo scorsesiano, sin duda uno de los cineastas con más clase de los últimos treinta años. Poco bagaje, desde luego, para el que durante décadas ha sido un prodigioso cineasta que reinventaba el cine a cada película.
Alberto Bermejo ***: Concebida a imagen y semejanza del personaje que retrata, 'El aviador' es sin lugar a dudas una película grande, pero está lejos de ser una gran película. A estas alturas nadie puede poner en cuestión la habilidad, la tensión, la inclinación al exceso, la apabullante utilización de la cámara, el tiránico y tentador sexto sentido para sacar un plus de credibilidad a los actores y el sinfín de virtudes indiscutibles que han situado al cineasta Martin Scorsese entre los más importantes de las últimas décadas, pero las imágenes de su nueva criatura estando como están por encima de la media de una industria adocenada, repletas de plasticidad y eficacia, de brillo y oropel, incluso de espectáculo, en el sentido más convencional del término parecen surgidas de una mente ajena a la fiebre, la pulsión, la crispación, el talento incontestable o las contradicciones irresolubles pero fascinantes que hicieron verdaderamente grandes en su momento sus mejores películas.
Mirito Torreiro: En la secuencia culminante de esta larga, apasionante biografía que es El aviador, aquella en la que un ya enajenado Howard Hughes comparece ante la comisión parlamentaria que le interroga sobre las relaciones entre sus empresas de aviación y la administración, queda perfectamente en evidencia la tortuosa, y sin embargo ejemplarmente inteligente apuesta que hace Martin Scorsese en su película. Allí, ese ser humano (extraordinario Di Caprio: jamás estuvo mejor que aquí) al que acabamos de ver víctima de un devorador complejo obsesivo-compulsivo, se alza sobre sus propias carencias para brindar al espectador la única, solitaria ocasión de identificarse con él y sus circunstancias.
Mr cranky (-1): Hughes's mother is bathing him and washes his penis in a rather creepy way. It's a very short scene and apparently we're supposed to believe that it was this penis washing that prompted Hughes's bizarre behavior as an adult.
Hughes's mother's penis-playing ostensibly produced obsessive-compulsive disorder in Hughes.
Ebert ****: His aides, especially the long-suffering Dietrich, try to protect him, but eventually he disappears into seclusion. What a sad man. What brief glory. What an enthralling film, 166 minutes, and it races past. There's a match here between Scorsese and his subject, perhaps because the director's own life journey allows him to see Howard Hughes with insight, sympathy -- and, up to a point, with admiration. This is one of the year's best films.
Simond Braund ****: Yet in spite of the lush production values, absorbing narrative and outstanding performances, the question of what, exactly, made this extraordinary man tick remains unanswered. When he’s pulled from the flaming wreckage of his plane, the only words he manages to croak are, “I’m Howard Hughes, the aviator.” And we know precious little more of him than that.
Glen Kenny **1/2: While packing in a huge amount of info, both factual and frankly mythical, about its subject, rich kid/flyboy/movie mogul/womanizer/visionary/nutjob Howard Hughes, the movie keeps up an exhilaratingly brisk pace.

Rotten Tomatoes: $42m. 90%

1 comentarios:

Dulce Gomez dijo...

Yo creo que a él su locura es lo que lo hizo ser tan exitoso porque era inteligente y obsesivo, vi en hbo online la película y me gusta mucho que te pongan que su obsesión lo llevó a la cima y luego al fracaso, como un arma de doble filo.

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