Windtalkers

John Woo, 2002.
Reparto: Nicolas Cage (Sargento Joe Enders), Adam Beach (Soldado Ben Yahzee), Peter Stormare (Sargento Eric 'Gunny' Hjelmstad), Noah Emmerich (Charles 'Chick' Rogers), Mark Ruffalo (Soldado Nicolas Pappas), Brian Van Holt (Soldado Ronald 'Harry' Harrigan), Martin Henderson (Soldado John 'Nellie' Nells), Roger Willie (Soldado Charles Whitehorse), Frances O'Connor (Enfermera Rita Swelton), Christian Slater (Sargento Ryan 'Ox' Anderson), Jason Isaacs (Mayor Mellitz).
* * *
Las supersticiones de un navajo

Alguna vez he pensado ¿qué película rodaría una hormiga si pudiera hacer cine? Una hormiga rodaría una película de guerra. Lo que importa es el hormiguero y a ella la despachurran en un pispas sin que ello sea motivo de dolor porque para eso está la hormiga, y para eso los tiene bien puestos.

Y de eso va una película de guerra, de que poco vale tu vida y de que la das por salvar a este amigo o por destrozar un nido de ametralladoras que puede matar a veinte.

A John Woo, o a sus guionistas se les ha ocurrido una decisión vital más interesante: que una vida vale menos que un código que utiliza el ejército. El ejército de los USA usó la lengua navajo para cifrar sus mensajes durante la guerra del pacífico. El protagonista es reclutado para proteger a un navajo descifrador y operador de radio, pero llegado el caso debe matarlo para que no caiga en manos del enemigo. ¿Vale la pena asesinar a un hombre para evitar que el enemigo descifre tus códigos?

La respuesta es sí, sin lugar a dudas. Por eso no me interesa mucho lo concerniente a este dilema. El director debió darse cuenta y por eso apoya el interés de la película en la evolución de los personajes, y en la tan de moda filmación minuciosa de las escenas de acción, con detalles como la amputación de una pierna por una granada de mano o el sonido de una bala cuando te atraviesta el esternón, y otras muestras de casquería no menos edificantes.

El protagonista es un Nicolas Cage encargado de proteger el código navajo (no al navajo). Desde el principio lo trata con dureza pero la guerra los obliga a ser amigos. Otro personaje interesante es el racista que odia al navajo sólo por su piel. Es un hombre equivocado de guerra que lucha aún con el general Custer, y que se da cuenta de que los aliados de hoy son los enemigos de mañana.

A mi me interesa el indio. Es un padre de familia y es un patriota americano (eso me recuerda que los mayores patriotas son siempre los inmigrantes, o sea, los navajos, los de Hong Kong como John Woo). Y me interesa porque se enfrenta al horror con sus supersticiones. Entona cantos indios y ceremonias navajo para conjurar los espíritus, y usa el humo de un cigarrillo para proteger a su amigo que duerme desolado por su conciencia. Y hace un fuego para honrar la memoria de un amigo. Y es que a mi en medio de tanta sinrazón como la de matar por un código o la de matar a tus soldados con fuego amigo por un mal cálculo o la de morir y matar sin sentido, prefiero el sentido que el navajo da a las cosas. Las supersticiones me parecen mucho más inteligentes.

El mismo amor, la misma lluvia

Juan José Campanella, 1999.
Reparto: Ricardo Darín (Jorge Pellegrini), Soledad Villamil (Laura Ramallo), Ulises Dumont (Márquez), Eduardo Blanco (Roberto), Alfonso de Grazia (Mastronardi), Alicia Zanca (Sonia), Graciela Tenenbaum (Marita), Magela Zanotta (Mauge), Mariana Richaudeau (Leticia), Rodrigo de la Serna (Micky), Melina González (Pepa).
* *
El sentido de una vida

A la vista de sus dos películas creo que ya puedo decir algo de Campanella: este autor es eficiente retratando emociones, hasta cierto punto efectivo transmitiéndolas, también es nulo razonándolas. Como todos los buenos románticos es un gran tergiversador, y hace trampas con la narración. Pero quizá esto último no sea obstáculo para otorgarle un buen lugar en el mundo del cine.

Las dos películas que he visto de Campanella (la otra es El hijo de la novia) tienen un fondo (aparte de un protagonista) común. Campanella busca con la cámara el sentido de la vida de un ser humano. Su espacio temporal suele ser amplio y también el vital. No recoge una peripecia, sino muchas. Teje sus guiones con el amor, la carrera profesional, la amistad, y siempre un telón de fondo soberbio: la historia de Argentina.

Campanella tiende al melodrama, pero por suerte sabe parar a tiempo y reirse. Quizá un argentino le hubiera perdonado incluso que llegara más lejos en sus temas románticos, pero fuera del país es el humor el que salva sus películas.

Un niño grande

Paul Weitz y Chris Weitz, 2002.
Reparto: Hugh Grant (Will), Toni Collette (Fiona), Rachel Weisz (Rachel), Sharon Small (Christine), Nicholas Hoult (Marcus), Madison Cook, Jordan Cook, Nicholas Hutchison, Ryan Speechley, Joseph Speechley, Nat Gastiain Tena, Laura Kennington.
* * *


¿Cada hombre es una isla?

Tengo que creerme que los creadores de esta película son los mismos que los de El diario de Bridget Jones, pero leyendo la ficha no veo ningun parecido. Para encontrar verdaderos parecidos hay que ver las dos. Hay en ambas un estereotipo de treintaañero moderno que puede servir a muchos para sentirse reflejado y que servirá en el futuro para entender como éramos en la primera década del milenio, o como nos veíamos.

¿Cómo son los treintaañeros solteros de nuestros días? Insolidarios. El protagonista, Will, dice, igual que John Bon Jovi, que todo hombre es una isla. Su mayor afán es disfrutar del paso de los días que divide en unidades no muy largas para no aburrirse. Cortarse el pelo son dos unidades, leer el periódico una. Otra de sus preocupaciones es ligar. Pero para conseguirlo tiene que engañar a las mujeres, hasta que descubre un filón en las mamás divorciadas. Este vacío recuerda mucho a la obsesión de Bridget por los gramos de peso, las minifaldas y el alcohol.

El verdadero problema de Bridget es que ha llegado a una edad en la que todos le dicen que tiene que casarse, y ella asume que es así. Su verdadero problema es casarse con el hombre adecuado, por eso no es de extrañar que cite a Austen, cuya preocupación era la misma, y reproduzca el esquema de Orgullo y prejuicio. El problema de Will es que no quiere vincularse con el mundo. Él no busca pareja, huye de ello.

Casualmente Will conoce a un niño al que puede ayudar. Marcus es un chico raro en el cole porque no está a la moda y vive pegado a las faldas de su mamá un poco neurótica. Marcus es importante porque es la única persona que le va a demostrar al soltero que cada individuo no es una isla.

Marcus sirve para demostrar a Will que está equivocado cuando dice al empezar la película una cosa que todos sabemos que es cierta, pero que queremos que nos demuestren que no es así: el hombre de nuestros días puede vivir completamente solo, ser feliz y llenar su vida sin hacer nada por nadie y sin pedir nada a nadie.

Los problemas se resuelven en una escena en la que todo se puede venir abajo o todo se puede resolver dependiendo de que alguien haga algo a tiempo, lo cual es un recurso muy conocido por todo el cine anglosajón y siempre da mucho ritmo. Y sin embargo, es un recurso que los demás cines no quieren probar, quizá porque lo ven manido, quizá porque les parece fácil, y claro, en España todos son autores. Nadie se molesta en hacer cosas divertidas.

Spiderman

Dirección: Sam Raimi, 2002.
Interpretación: Tobey Maguire (Spider-Man / Peter Parker), Willem Dafoe (Duende Verde / Norman Osborn), Kirsten Dunst (Mary Jane Watson), Jame Franco (Harry Osborn), J.K. Simmons (J. Jonah Jameson), Cliff Robertson (tío Ben), Rosemary Harris (tía May), Joe Manganiello (Eugene 'Flash' Thompson), Ted Raimi (Hoffman), Bill Nunn (Joe 'Robbie' Robertson).
* * *
Heroes y Superhombres

Superman, Spiderman, Batman tienen todos una doble vida. La primera es miserable y se parece a la de todo el mundo, la otra es alucinante y se parece a la que mucha gente nos gustaría tener. No hay que ser muy freudiano para pensar que la fantasía de ser un tío más fuerte y tremendo nos sirve a los don nadies que llevamos una vida de fracasos para aguantar los sinsabores imaginando una doble vida. Y casi todos estos fracasos se concentran cuando se trata de cautivar a la chica popular.

Hay un problema común a los super-hombres. A ellos les gusta la guapa, pero resulta que la chica guapa no se fija en ellos. No se fija en el fracasado que pierde el autobús con su despiste, o es blanco de las risas de los chicos populares. La chica guapa se cuela por el hombre que teje telas de araña y atrapa a los malvados, o por el que vuela con su capa. Es cierto que son la misma persona, pero no es lo mismo que Mary Jane te quiera porque tienes superpoderes y la salvas escalando paredes, que el que te quiera por ser el chico patoso y tímido de la clase.

En los superhombres siempre queda un gusto amargo. No me identifico con ellos si triunfan en el amor siendo superhombres. Pero, por otro lado, tampoco consuela que la chica se enamore del debilucho, de Peter Parker, porque si lo hace ¿para qué sirve tanto duelo con supermalvados y tanta CGI?

Creo que voy a ofender alguna intenligencia con una conclusión tan facilita. Pero es que no se me ocurre una mejor: yo creo que el modelo de super-hombre no me llena demasiado porque hace una separación innecesaria. Los verdaderos héroes son los que unen las dos facetas. Los que son capaces de algo grande y a la vez reírse de sí mismos y meter la pata. Vamos, que un verdadero héroe nunca puede ser super.
SPIDER-MAN James Ebert
Peter Parker was crucial in the evolution of Marvel comics because he was fallible and had recognizable human traits. He was a nerd, a loner, socially inept, insecure, a poor kid being raised by relatives. Maguire gets all of that just right, and I enjoyed the way Dunst is able to modulate her gradually increasing interest in this loser who begins to seem attractive to her.

The origin story is well told, and the characters will not disappoint anyone who values the original comic books. It's in the action scenes that things fall apart.

'Spider-Man's' World Wide Web (washingtonpost.com) I DON'T like to use the c-word in a family newspaper. It embarrasses me, my editors, my family and most of all, our beloved Weekend readers. But with "Spider-Man," I've got no choice.
The movie is cute.

Dafoe's Green Goblin is more amusing than threatening. Oh sure, he's got devastating power bombs that can turn people into instant skeletons. But he's almost (sorry) cute, as he flies around on his futuristic airborne surfboard. He's so laid-back that, when he captures Spider-Man on one occasion, he doesn't even lift the superhero's mask to find out who he is. With sociopaths like this, who needs easygoing people? And with disarmingly entertaining movies like this, dare I say, who needs big bad superhero movies?

Mr. Cranky Rates the Movies : Spider-Man
Finally, we understand what's been bothering Parker throughout the whole film: He's gay.

While it takes Parker a long time to admit this to himself, the clues are ever-present. First of all, what heterosexual guy pines to put on a skintight leotard and run around the city in it? You can only be gayer by dressing up as a large, pink triangle. Despite his claims about being deeply attracted to Mary Jane, the lack of a visible erection in his form-fitting suit during their encounters is testament to his gayness. And, of course, Spider-Man just loves to get other men sticky. In fact, the web that emerges from his wrist after a spider bite is simply a metaphor for the uncaring society that keeps his gayness in check.
Patricia Ferreira, 2002.
Reparto: Ingrid Rubio, Roberto Enríquez, Chete Lera, Adriana Ozores, Miguel Ángel Solá, Jordi Dauder, Mariana Santángelo.
Guión: Patricia Ferreira y Enrique Jiménez; basado en la novela de Lorenzo Silva.
* * *
Blandos

Siempre me pregunté por qué los detectives clásicos eran duros. Algunos eran débiles y otros malos, pero nunca dejan de ser duros. Basta ver "El alquimista impaciente" para entenderlo.

El genero policial no sólo genera su interés con sus intrigas. Ellas son parte del espectáculo y una parte imprescindible. El espectador exige una sorpresa. Lo que está menos claro y se hace patente en intentos fallidos como este, es que el espectador también exige pulso. La película de detective es una película de temperamento. El sabueso mide sus modales con todos los soplones y con el desfile de tipos humanos y sociales con que se enfrenta.

Tan necesario como el enigma es el temperamento del detective. Por eso, los tipos blandos estropean una trama policial. No digamos Ingrid Rubio que en ocasiones parece que se va a dormir haciendo su papel, o que está pensando la lista de la compra.

El alquimista impaciente, no se esmera en mostrar el temperamento de sus dos sabuesos, y tampoco en la química que podría surgir entre ellos siendo jóvenes. Patricia Ferreira enfatiza un aspecto que debía estar muy presente en la novela, no se salta ninguna observación inteligente, ni citas un poco intelectualillas, como la repetida de DeQuincey o la de Freud. Parte de la blandeza del resultado es también este baño de sabiduría, los duros no suelen ir de sabiondos.

La película retrata una España algo limpia que no reconozco del todo. Las casas de campo modernistas, los jardines y piscinas. Los edificios de la castellana, incluso el interior de la casa de los detectives, todo me parece demasiado glamouroso.

Y sin embargo me gusta la película. Me gusta, sobre todo, que es una obra íntimamente triste. No me reflejo en los guardiaciviles algo pasmados y poco representativos de la benemérita, ni tampoco en las fachadas de cristal. Pero hay un trasfondo de tristeza que invita a verla una segunda vez.

Cómo ver una película

Cómo ver una película por Roger Ebert

¿Qué es lo que hace grande a una película?
Se dice que el cerebro humano divide sus funciones. La parte derecha está destinada a las impresiones sensoriales, emociones, colores, música... La parte izquierda al pensamiento abstracto, lógica, filosofía, análisis.
Mi definición de una gran película es: mientras la estás mirando le gusta a tu parte derecha del cerebro; cuando se termina a tu izquierda.

El ataque de los clones

George Lucas, 2002.
Reparto: Ewan McGregor (Obi-Wan Kenobi), Natalie Portman (Senadora Padmé Amidala), Hayden Christensen (Anakin Skywalker), Ian McDiarmid (Canciller Supremo Palpatine / Darth Sidious), Samuel L. Jackson (Mace Windu), Pernilla August (Shmi Skywalker), Jack Thomson (Cliegg Lars), Christopher Lee (Conde Dooku / Darth Tyranus), Anthony Daniels (C-3PO / Teniente Dannl Faytonni), Frank Oz (Yoda; voz versión original), Andrew Secombe (Watto; voz v.o.), Oliver Ford Davies (Sio Bibble), Silas Carson (Nute Gunray / Ki-Adi-Mundi), Kenny Baker (R2-D2), Ahmed Best (Jar Jar Binks; voz v.o.), Jimmy Smits (Senador Bail Organa), Ayesha Dharker (Reina Jamillia), oel Edgerton (Owen Lars), Bonnie Piese (Beru Whitesun), Temuera Morrison (Jango Fett), Daniel Logan (Boba Fett).
*
El circo de Lucas

El Ataque de los clones no es una película particularmente mala. Es una película mala como cualquier otra película mala hecha sin imaginación. Lo que hace que algunos nos exasperemos con ella es el descalabro que monta George Lucas con androides, fx, monstruos extraños y razas alienígenas, cuando lo que él quiere es contarnos la historia de siempre y nada más.

Los geeks de la saga salen del cine transidos de emoción, hablando del portento que es la creación de la ciudad sobre el mar o las bestias salvajes del circo con expresiones que superan la realidad. Todo eso es innegable, los hallazgos técnicos son palpables, el tema es: ¿alguna de esas finuras hace que yo me emocione con la película? ¿Algo de todo esa desasosegante irrealidad contribuye a desarrollar tema? ¿Esa historia no podía ocurrir en un pais menos sofisticado concitando la misma emoción? La respuesta está clara. Lucas no hace otra cosa que tirar dinero a espuertas y despilfarrar medios técnicos sin otro criterio que el más difícil todavía. Su espectáculo no es cinematográfico, es cirquense.

Lo artificial, lo rebuscado de cada elemento visual destroza desde la primera imagen cualquier intento de conectar con este engendro. La princesa Padme y el joven Anakin se van de merendilla al campo, pero la niña lleva un atuendo tan poco natural que lo último que puedo entender es que el chaval se enamore de semejante artificio de mujer. Para colmo discuten de democracia, pero ¿quién se puede enamorar así? Obi Wan Kenobi y su pupilo Skywalker hablan sin parar de la República y de la instrucción del joven. La seriedad de esos diálogos, lo engolados, aburridos y presumidamente elevados que quieren ser me saca de quicio. ¿Pero es que Lucas se está tomando en serio toda esa morralla de su república galáctica? ¿Por qué no se ríe un poco? ¿Es que quiere que yo me entere bien? ¿Quiere que yo tome nota? ¿Y qué decir de la religión esa Jedi? Lo mismo. El mayor pecado de las Galaxias es el más imperdonable que puede haber. Lucas no tiene ni remota idea de lo que es tener gracia.
A New Hope? - Attack of the Clones is better than you've heard. By David Edelstein
Having been bored into a near-coma by The Phantom Menace (1999), I was surprised by the first wave of scornful notices for the far less narcotic Star Wars Episode II: Attack of the Clones (20th Century Fox). Cut it some slack—it's almost a real movie! It opens with a scary act of sabotage and an aerial-hot-rod chase amid futuristic skyscrapers—a happy reminder of the Saturday-matinee serials out of which this saga was born. It has three or four impressive action set-pieces; it has a more Yoda and less Jar Jar; and it features the last of the great horror idols, 79-year-old Christopher Lee, as the lordly separatist Count Dooku. It seems to me a tolerable night out once you accept that: a) the storytelling is hopeless; b) the Flash Gordon giddiness of the first Star Wars trilogy is long gone, replaced by turgid pageantry tricked to life with gargantuan amounts of computer-generated busyness; and c) George Lucas is trying to be Japanese.
Star Wars: Attack of the Clones (John Williams) Filmtracks (5/5)
More than any other series of films in the history of Hollywood, the Star Wars saga contains a complex tapestry of strong themes, motifs in orchestration, and a magnificent consistency of quality. The Star Wars scores are a case study in thematic development and use, now containing more themes and motifs than any other sequels.
Metromix | A Chicago entertainment and restaurant guide - Movie review, 'Star Wars: Episode II - Attack of the Clones' by the Mark Caro
But for those of us who respond more strongly to storytelling than computer-generated effects, the new "Star Wars" installment hasn't escaped the rut dug by the last one. If you've ever wondered about the difference between plot and story, here's Exhibit A.
"Star Wars: Episode II - Attack of the Clones" is big on plot, small on story. A whole lot is going on, yet the central narrative - what there is of it - never grabs our hearts.
[...]
For such a visually oriented filmmaker, Lucas commits an unpardonable sin: He tells instead of shows. We don't see Anakin falling for Padme; we just hear him proclaiming his love over and over. We know Padme has succumbed not because we've been seduced along with her but because she finally tells him so.
[...]
What he seems most engaged in is introducing us to a universe of crazy digital creatures and showing off an incredible array of nifty spaceships; his love of sleek vehicles hasn't abated since his breakthrough film, "American Graffiti" (1973). Much attention also is lavished on the spectacular sound design.
Matinee Magazine: Star Wars: Episode II -- Attack of the Clones Attack of the Clones is crowded and extravagant, dumb and stiff, noisy and distracting, yet disappointingly pointless and irrelevant all the same. There is that perverse attraction that pulls you to the spectacle, followed by that feeling of emptiness when you eventually grasp that it signifies nothing.
Mr. Cranky Rates the Movies : Star Wars Episode II: Attack of the Clones
Since Episode III will be the last chance to avoid classifying the entire trilogy as a colossal waste of time, it's time for somebody with more talent than Lucas to take the helm. Lucas can continue working on the special effects. Considering this, Mr. Cranky has taken it upon himself to solicit the input of today's top directors. Here's how they replied to the question of how they'd wrap up the series:
Kevin Smith: "At the beginning of the film, Obi-Wan is kidnapped by the Sith lords. Anakin, dejected because he thinks his mentor is dead, takes to hanging out in front of a local galactic Quick Stop, where he meets two other banished Jedi masters, Jay and Silent Bob. Jay convinces Anakin that he should threaten to join the dark side unless Amidala allows him to have intercourse with her in 'an uncomfortable place.' She doesn't and he becomes Darth Vader, ass pirate."
Canal # Cine - Episodio II: El Ataque de los Clones Poe
La falta de originalidad más allá de su facturación formal y la escasa emoción que consiguen transmitir sus imágenes son la tónica dominante de la última producción de George Lucas, que viene a añadirse a la saga galáctica por exceléncia de las últimas décadas. Espectacular despliegue de medios técnicos, con especial uso y abuso de los efectos digitales, en una película en la que se ha cuidado mucho más la forma que el fondo, cosa que ya viene siendo habitual en los episodios de la nueva generación de Star Wars.
[...]
Sin que sirva como justificación, sino más bien como explicación acerca de los que podamos sentirnos defraudados con esta nueva entrega, pero aún así valorarla dentro del contexto al que pertenece, cabe decir que los miembros de aquella generación que descubrimos por primera vez la magia del cine gracias al Episodio IV, solemos conformarmos con la complicidad que nos otorgan los siempre presentes reductos de aquel fascinante universo en las actuales precuelas. El sonido vibrante de las espadas láser, el susurro de las naves al cruzar el espacio aéreo, las criaturas de peculiar aspecto físico, el vocabulario jedi y toda esa particularísima iconografía, harán nuestras delicias de forma incondicional, porque Star Wars, a pesar de todo lo demás, siempre será Star Wars.
LA BUTACA - Star wars: Episodio II. El ataque de los clones (Star wars. Episode II. Attack of the clones) Por otro lado, ni siquiera en el cam-po de la acción donde hasta ahora Lucas era inefable, "El ataque de los clones" acaba de funcionar. Las secuencias pretenden tanta es-pectacularidad en el montaje que acaban por resultar un barullo de lu-ces de colores, a la vez que pierden todo su significado si sabemos que todas van a tener a los Jedis como vencedores, y se convierten en una exposición reiterativa de combates carentes de emoción.
The Case for the Empire Jonathan V. Last analiza las implicaciones políticas de la saga galáctica. Discute la idea de que el imperio signifique el mal y la república sea el bien.
"Palpatine believes that the political order must be manipulated to produce peace and stability. When he mutters, "There is no civility, there is only politics," we see that at heart, he's an esoteric Straussian.
Make no mistake, as emperor, Palpatine is a dictator--but a relatively benign one, like Pinochet. It's a dictatorship people can do business with. They collect taxes and patrol the skies. They try to stop organized crime (in the form of the smuggling rings run by the Hutts). The Empire has virtually no effect on the daily life of the average, law-abiding citizen."

Blade II

Guillermo del Toro, 2002.
Reparto: Wesley Snipes (Blade), Kris Kristofferson (Abraham Whistler), Norman Reedus (Scud), Leonor Varela (Nyssa Damaskinos), Ron Perlman (Reinhardt), Luke Goss (Jared Nomak), Santiago Segura (Rush).
*
Demasiada superioridad

Blade estaba condenada a una segunda parte porque crea un mundo extraño y cerrado con reglas propias. Los vampiros son drogodependientes que necesitan la sangre con ansia, y sólo pueden ser eliminados con balas o un sable hechos de plata y ajo, o bien expuestos a los rayos del sol. El personaje central, Blade es el único vampiro que ha visto el sol por una extraña mutación. A diferencia de los demás vampiros mantiene su adicción a raya y es el bueno.

Cuando veo una película que me aburre me limito a quejarme. Cuando esa misma película se ha hecho con abundancia de medios y tiene un público elevado tengo que formularme la pregunta ¿qué hay en esta historia que puede llenar a otra persona? Blade ofrece artes marciales y un héroe como Wesley Snipes que parece tomarse en serio las chorradas que tiene que decir. Su destreza peca de abuso. En cada lucha es tan evidente su superioridad que ningún espectador teme por la suerte del protagonista, tanta superioridad frente a sus enemigos va en detrimento de su emoción, y da alas a defectos que no soporto, Blade es, a fuerza de victorias, chulesco y amanerado.

La trama pretende ser complicada con twists & turns inesperados que no aumentan el interés y le ponen la puntilla a la historia. El cine de nuestros días parece imponer la complicación de personajes con dobles intenciones y desenlaces inesperados que algunas historias como esta deberían dejar de lado. Mejor hacer algo sencillo con dignidad que algo complicado sin talento.

¿En qué consiste una buena crítica?

No sé si voy a hablar de lo que considero una buena crítica o lo que considero muchas malas. Pero voy a pedirles un poco de atención sobre lo que pienso de las críticas que leo: en general no me interesan. No quiero decir que yo lo haga mejor, simplemente digo que no me aportan gran cosa.

Mientras escribo este texto en el notepad para luego pegarlo en el foro tengo abiertos varios comentarios en el navegador de la última peli que vi. Son opiniones de aficionados y se pueden resumir así: guión muy bueno, efectos especiales sobresaliente, el actor principal aprobadillo; la escena de acción increíble. Otro opina que la escena es creíble, y le da notable al actor.

¿Qué interés tiene semejante información para mi? sinceramente muy poco. Las críticas de los aficionados se parecen a un boletín de notas. Algunas se podrían convertir en un formulario con el listado de los actores y técnicos y cuatro casillas para evaluar desde suspenso a sobresaliente. Alguno cambia adjetivos para alegrar su nota y en vez de sobresaliente dice "maravillosa".

Yo no quiero deprimir a nadie pero tendríamos que plantearnos si eso que escribimos es lo que nos gustaría leer.

Alguien dirá "pues entonces ¿qué voy a decir sobre una película?". Y la verdad es que no tengo una respuesta. Sé, eso sí, que los críticos que leo habitualmente acuden en contadísimas ocasiones al boletín de notas cuando opinan sobre una película. Me refiero a críticos como los hermanos Marinero, Méndez-Leite, Augusto M. Torres, Roger Ebert, www.mrcranky.com

NOTA
Personalmente, muy personalmente, me gusta leer a gente que habla del cine como un lenguaje. ¿Que es lo que quiere decir / hacer sentir el director? ¿Por qué lo dijo de esa manera? ¿Quien demonios dijo eso en otra ocasión? Pero eso es ya entrar en gustos muy personales.

Casablanca

Michael Curtiz, 1942.
Reparto: Humphrey Bogart (Rick) Ingrid Bergman (Ilsa Lund Laszlo) Paul Henreid (Victor Laszlo) Claude Rains (Louis Renault) Conrad Veidt (Mayor Heinrich Strasser) Sydney Greenstreet (Ferrari) Peter Lorre (Ugarte) S.Z. Sakall (Carl, camarero) Madeleine LeBeau (Yvonne, la novia de Rick) Dooley Wilson (Sam)
* * * * *
I don't stick my neck out for nobody

Todos van al Rick's. Los alemanes han oído hablar de Rick's, los franceses son sus amigos, pero, ¿con quién está Rick?

Rick es América. América contempla a los invasores prepopentes alemanes, y coquetea con la corrupta guardia francesa, con la que tiene su simpatía. Pero no se implica con nadie. "I don't stick my neck out for nobody", dice Rick al deseperado Ugarte.

Rick es también Hollywood. Rick es la diversión para todo el mundo. América/hollywood no toma partido por los locos europeos que se pelean. No lo hacen hasta que algo les atañe directamente, ese algo es Ilsa. Rick, o sea, América, descubre que no es un mero espectador cuando una persona de la historia le importa. Pero a la misma vez, descubre que esa persona es parte de una historia mayor, de una guerra en la que él tiene algo que decir.

Casablanca enseña que los americanos se implican con la Europa democrática porque tienen algo que ver con ella y porque descubren por si mismos que hay algo importante por encima de sus cafés y su mundo de diversión. Casablanca es una lección de como y por qué tomar partido por una causa sin ser un héroe amanerado y falso.
top