Crash



Paul Haggis, 2004
Reparto: Sandra Bullock (Jean Cabot), Don Cheadle (Detective Graham Waters), Matt Dillon (Sargento Jack Ryan), Jennifer Esposito (Ria), William Fichtner (Jake Flanagan), Brendan Fraser (Fiscal del distrito Rick Cabot), Terrence Dashon Howard (Cameron Thayer), Thandie Newton (Christine Thayer), Chris "Ludacris" Bridges (Anthony), Ryan Phillippe (Hansen), Larenz Tate (Peter).
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De que pasta está uno hecho

Cuando una encuesta quiere saber si un grupo es racista no lo pregunta directamente; hace preguntas indirectas, como por ejemplo, si al entrevistado le parecería bien que su hija se casara con un negro. Y es que una cosa es decir que uno no es racista y otra cosa es no serlo. Ocurre con todo. Siempre se dice que uno no sabe cuantos amigos tiene hasta que se ve en un apuro.

Haggis ha hecho una película sobre lo que la gente parece y lo que puede llegar a hacer. Ha reunido un montón de personajes unidos por hilos más o menos finos; los ha dejado enfrentarse con insultos racistas durante toda la película y luego ha ido probando de que pasta están hechos, y poniéndolos en situaciones comprometidas.

Algunos personajes cambian delante de nosotros, sin que lo esperemos, otros descubren una faceta de sí mismos que ni ellos conocían. En unos es noble, en otros infame.

El único error que veo en Haggis está en su forma de repartir lo que cuenta. La primera hora acumula demasiada angustia. Esperamos lo peor de cada personaje. Todos están al borde del abismo. El final destapa una tras otra las cartas y va aliviando toda la tensión. Creo que a la historia le hubiera favorecido algún respiro en el planteamiento.

El hombre del tiempo


Gore Verbinski, 2005
Reparto: Nicolas Cage (David Spritz), Michael Caine (Robert Spritz), Hope Davis (Noreen), Michael Rispoli (Russ), Gil Bellows (Don), Gemmenne de la Peña (Shelly), Nicholas Hoult (Mike), Judith McConnell (Lauren), Dina Facklis (Andrea), DeAnna N.J. Brooks (Clerk).
El realismo de Verbinski

Nicolas Cage interpreta a David Spritz, un presentador del tiempo de la televisión con sus momentos buenos y, sobre todo, sus momentos malos. La "Hello America" podría contratarlo y multiplicar su sueldo. De su trabajo odia que la gente lo aborda por la calle y a veces le tira basura.

El padre de David ganó el premio Pulizer, y es difícil estar a la altura de un padre así. Su mujer se divorció de él. La hija tiene sobrepeso, el hijo no sabe que puede ser víctima de acoso.

Después de rodar su “Piratas del Caribe”, parece que Verbinski ha decidido probar con el realismo, si bien yo no lo tengo claro. Verbinski cree que el realismo consiste en tocar temas un poco delicados, como el de la pezuña de camello, o bien en no dejar que el protagonista gane todas las batallas, dándole una de cal y otra de arena. No me quejo de ninguno de los dos procedimientos. Lo que me rebela un poco es la falta de honradez con que cuenta su historia. Lo que realmente le falta al protagonista no es un millón de dólares al año, sino rehacer su matrimonio, y la película deja el tema en un segundo plano. Peor aún, nos cuenta que fracasó por una salsa tártara. Lo cual es tan escapista como hablar de piratas.

La profesión de este personaje es una especie de símbolo de su vida emotiva. Las cosas ocurren porque hay vientos impredecibles y nadie sabe cuando va a llover.

The Jacket


John Maybury, 2005 **
Adrien Brody (Jack Starks), Keira Knightley (Jackie Price), Kris Kristofferson (Dr. Becker), Jennifer Jason Leigh (Dra. Lorenson), Daniel Craig (Mackenzie), Kelly Lynch (Jean), Brad Renfro (Desconocido), Laura Marano (Jackie [joven]).
Que difícil
Yo creo que contar una buena historia no es una cosa tan complicada como la que se plantea Maybury. No hacen falta guerras descarnadas, ni experimentos. Y sobre todo está de más levantar tanto la voz con el tema de la muerte, cuando lo que uno quiere contar es una historia sencilla, una de esas historias de toda la vida. Maybury habla de lo bien que estaría alguien si en tal momento no hubiera dado tal paso. Lo malo es que ha querido narrar igual que narran otros directores transgresores. Es mejor jugar limpio con el espectador y anunciarle lo que se le va a dar. Y dejar las trompetas y los excesos de estilo para una historia que los pida.

Doom


No vale improvisar

Andrzej Bartkowiak, 2005 ***
Karl Urban (John "Reaper" Grimm), Rosamund Pike (Samantha "Sam" Grimm), Raz Adoti (Duke), Dwayne "The Rock" Johnson (Sarge), DeObia Oparei (Destroyer), Ben Daniels (Goat), Richard Brake (Portman), Yao Chin (Mac), Al Weaver (Chico), Dexter Fletcher (Pinky).
Guión: David Callahan y Wesley Strick; basado en un argumento de David Callahan; basado en el videojuego.
El cine de tensión de hoy no se puede hacer si faltan un par de elementos. En primer lugar, hay que meter al los personajes en lugares donde ni usted ni yo entraríamos jamás. Una sombra, basta para hacernos saltar de la butaca. En sengundo lugar hacen falta giros que den la vuelta a todo lo que pensábamos en un principio. Giros de esos que demuestran que nada es lo que parece, como el médico de Alien que resulta ser un robot.

Doom se basa en un videojuego, y lo homenajea con una secuencia que parece jugada, en vez de rodada. Los humanos han descubierto, al final de este siglo una puerta para viajar a Marte que llaman El Arca. Un grupo de élite del ejército tiene que usar esa puerta para resolver una serie de crímenes que se producen en una estación de Marte.

El videojuego y la película se inspiran en “La noche de los muertos vivientes”. Los mismos salvadores pueden convertirse en monstruos. Al juego de buenos y malos y los bandos que van y vienen, el guionista le ha añadido un elemento moral. Todo el mundo no se convierte en lo mismo. La idea es interesante, merecía más tiempo para desarrollarla. Si la sacas al final parece que se te acaba de ocurrrir. Y en un argumento todo es tolerable menos lo improvisado.


La complejidad

Orson Welles, 1958
Charlton Heston, Janet Leigh, Orson Welles, Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Joanna Moore, Ray Collins, Dennis Weaver, Valentin de Vargas, Mort Mills, Victor Millan, Lalo Rios, Michael Sargent, Phil Harvey, Joi Lansing, Harry Shannon, Marlene Dietrich, Zsa Zsa Gabor
¿Qué ocurriría si un director rodara una continuación de Elm Street poniéndose en el lugar de Freddie? ¿qué ocurriría si alguien se pusiera en el lugar del ama de llaves de Rebeca, en el lugar de los alemanes de Casablanca, de los profesores de Cero en conducta, de ladoctora Ratched en “Alguien voló sobre el nido del cuco”, de Hitler en Ser o no ser, El gran dictador... ? Ocurriría que en vez de estar rodando una película convencional, estaría rodando una película compleja. Estaría rodando a la manera de Orson Welles.

Kundera es el gran amante de la obra compleja. Adora a Cervantes porque no toma partido. Kundera dice que quien lee el Quijote como un libro del idealista que lucha contra la realidad de Sancho, es porque tiene que leer el libro dos veces. Y dice lo mismo de quien lee Madame Bovary como un libro de una inocente aplastada por la sociedad. La literatura compleja empieza con Cervantes el cine complejo con Welles.

Pienso que hay autores que han sacado partido a la complejidad. “El sexto sentido” guarda su sorpresa en obligarnos a ponernos, por unos minutos, en el lugar de los fantasmas. La intranquilidad de “el silencio de los corderos” no está en el sadismo del asesino, sino en la ambiguedad moral del médico, de Lecter, que es el único que puede resolver el problema.

Welles no le sacó tanto partido a las complejidades. Se limitó a experimentar. Welles se comprometió a rodar con su productor y eligió una novelita barata (pulp) de kiosco, su aportación fue ponerse en el lugar del malvado policía y, para llegar más lejos, lo interpretó.
Tim Dirks: The greatest films.
Rotten Tomatoes
Ebert: Much of Welles' work was autobiographical, and the characters he chose to play (Kane, Macbeth, Othello) were giants destroyed by hubris. Now consider Quinlan, who nurses old hurts and tries to orchestrate this scenario like a director, assigning dialogue and roles.

Los dos lados de la cama

(Emilio Martínez Lázaro) ** [Nota, las dos estrellas las doy porque soy español, reduzcase en una estrella si no se es de este país]

El cine español vive un letargo invernal que dura ya casi una década. Y supongo que no hay ninguna razón para que despierte en otros veinte años teniendo como tiene una clientela utranacionalista dispuesta a aplaudir cualquier bodrio con la única condición de que luzca alguna expresión castiza. El espectador español es mal juez de su cine igual que una madre es una pésima jueza de sus hijos, y aun así está dándole la espalda. A mi juicio no lo suficiente. La solución, sin duda es llenar toda esa ineptitud de celuloide de generosas subvenciones para de ese modo no enterarnos de lo que le está ocurriendo, dirán algunos.

Si tuviera que concretar lo diría en una sóla frase: en el cine español no hay movimiento. Nada se mueve, nada conmueve. El maestro de la inanidad es Garci, que ha visto a dios en forma de oscar y no necesita volver a hacer cine, le basta mirarse el ombligo. Pero da igual mirar en otra dirección. Da igual fijarse en la cacareada película de Martínez Lázaro. ¿Qué es lo que ocurre en “Los dos lados de la cama”? Nada. Y si ocurre da igual que ocurra. Las chicas discuten, los chicos intiman, uno dice una cosa otro dice otra. Todos cantan. Nada. Vacío al cuadrado.

Lo único que “los dos lados de la cama” quiere vendernos igual que tantas teleseries megamodernas es que ellos no están chapados a la antigua. Las dos horas de canciones sirven para que yo me entere de que una relación homosexual es una cosa guay y tan válida como una relación hétero.

Vale, mil gracias, me doy por enterado. Pero ya que estamos hablando de amor homosexual ¿sería mucho pedir que alguien me hiciera sentir algo? Lo digo porque llevo emocionándome con cientos de películas desde que era niño y ésta me deja más frío que un discurso a la nación del presidente. ¿O es que con la recontramodernez del elemento gay ya me tengo que dar por satisfecho y me tengo que ir a casa sin pedir nada más?

Match point

(Woody Allen, 2005) ***

Cuando uno ve una película de acción se alegra de ver al héroe salirse con la suya a pesar de las dificultades. Nos gusta que lo tenga crudo y que cada vez se lo pongan más difícil porque pagamos la entrada para verle pelearse. Los autores que miman mucho sus personajes no venden entradas. El público no paga para que de repente aparezca una puerta de salida y el héroe salga corriendo. Pero acepta esa puerta si el guionista la puso ahí al principio, nos habló de ella y nosotros (ah, que tontos) no la vimos. De cosas así ya se quejaba Aristóteles en su Poética. Allen juega limpio con su Deus ex Machina. Lo rodó a cámara lenta y todo, así que no vale quejarse.

Allen es un creador nato, un peso pesado de la narración. Yo prefiero a Wilder que tenía más de arquitecto; Wilder rodaba la primera escena pensando en la última. Allen no se sentiría a gusto haciéndolo. Presiento que trabaja con la necesidad de sorprenderse a sí mismo. A cada paso de la acción Allen toma aire y necesita discutir con el espectador. Sabe cuales son las expectativas que está creando y sabe cuales son sus opciones y sus callejones sin salida. En sus películas me siento menos un espectador que un contertulio de Allen esperando a una de sus réplicas ocurrentes.

En Match Point veo dos partes demasiado diferentes. La primera, es la presentación de los personajes que nos envuelve sin que podamos pensar un segundo. En esta parte, el personaje de Scarlett Johansonn (Nola Rice) es un ser humano complejo. En la segunda parte Nola se convierte en una parodia, en un típico personaje de comedias de Woody Allen, con su desesperación y su insoportable insistencia.

Toda la historia deriva en una vulgar tesis. Resulta que estábamos viendo una comedia para aprender una conclusión del autor. ¿Allen es capaz de hacernos esto, a nosotros su público fiel? Bueno, Woody Allen podría excusarse igual que con lo del “deus ex machina”: tiene derecho a sacarlo de su chistera porque lo había presentado al principio. Su moralina ya apareció en la primera conversación que tuvieron los cuatro protagonistas.

¿Qué cual es? Vayan a verla.

King Kong

(Peter Jackson, 2005)

Dicen los psicólogos que cuando soñamos con otras personas en realidad estamos soñando con nosotros mismos. Y dicen los teóricos del guión que cuando plantamos a un personaje en una historia tenemos que ponernos en su lugar. Lo curioso de King Kong es que nos invita a ponernos en el lugar de un animal salvaje. La extraña sensación con la que uno sale del cine después de esta película (o bien cualquiera de las dos anteriores) no es el fruto de ninguna habilidad extraña de los directores; yo pienso que es la resaca que produce haberse sentido durante unas horas en la piel de una bestia.

Tres días después del estreno me intriga mucho saber si será un taquillazo. La crítica, supongo, la avalará. El nombre de Peter Jackson invitará a más de uno a entrar a verla. A mi, en cambio, me supuso un obstáculo pensar en el director de “El señor de los anillos”. Y mis temores se cumplieron. Jackson es, ahora mismo, un director malcriado que ha trabajado con presupuestos excesivos, y lo que es peor, con una paciencia inombrable de su público que no le ha pedido que recortara aquella trilogía insoportable. Todo lo contrario, aquellos santos espectadores se quejaban de que se había comido un personaje o un episodio. ¡Todavía querían más!

A King Kong no le sobran tantos metros, pero le sobran muchos. El prólogo de la actriz de vaudeville que pasa hambre en mitad de la gran depresión nos acerca a la actriz, pero nos aleja de la historia. La historia arranca cuando la actriz domestica al monstruo. El monstruo juega con ella como un objeto más hasta que ella le grita, hasta que hace valer quien es. Igual que en Beauty and the Beast. King Kong es un salvaje, pero también un niño. Y creo que en ese momento es cuando el espectador no podrá dejar de meterse en su piel.

En la versión de Cooper y Shoedsack el monstruo es domado y exhibido en Nueva York y despierta cuando huele el perfume de Fay Wray. Confieso que me gusta más la versión de Jackson. El monstruo es igualmente exhibido y parece despertarse cuando ponen una chica rubia delante de él. Pero entonces ve que es otra y pone cara de disgusto. Ese momento me resarce por todo el exceso de metraje.
¿Está el cine americano obsesionado con la idea del triunfo?

Hoy parecían decir que sí dos críticos de El País. No sé si es que pasaron la noche hablando de estoy y luego apareció en sus artículos. Quizás, simplemente, lo que ocurre es que tienen razón:

Javier Ocaña ("Chicken Little"): La enseñanza para los pequeños parece ser que todo niño torpe y segundón puede convertirse en un as del béisbol y de la vida si se esfuerza lo suficiente y si aplica la correspondiente entereza. Pero, ¿por qué un crío tiene que ser siempre un triunfador? Tras la ruptura con Pixar (Toy story, Buscando a Nemo...), Disney tendrá que afinar más con sus guiones si no quiere convertirse en uno de los fracasados que tan poco parecen gustarle.

Mirito Torreiro ("En sus zapatos"):Pero el filme resulta a la postre un tanto áspero y desabrido, en ocasiones desconcertante, además de abundar, es casi una norma no escrita en el cine americano de consumo, en el viejo tema del triunfo. Al final, hasta la analfabeta funcional podrá tener su opción de triunfar en la vida... y es que nada hay, es bien sabido, como el viejo paraíso estadounidense para que todos los sueños en él se cumplan.

La novia cadáver

Tim Burton, 2005
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Vince van Dort y Victoria Everglot están prometidos por sus padres desde antes de nacer. Los van Dort esperan conseguir con el enlace un ascenso social que no pueden comprar con el dinero que ganan con su pescadería. Los Everglot, una rancia familia aristocrática, necesitan una ayuda financiera que no les provee su título de nobleza. Los hijos son dos jóvenes apocados que no se conocen y sueñan con que el otro no sea excesivamente desagradable.

Las ilusiones de los muchachos se ven colmadas cuando se conocen, pero dos problemas se interponen a esta boda de conveniencia que resulta ser también, de amor. Un pretendiente sin escrúpulos quiere conseguir a Victoria Everglot; y Vince van Dort es tan torpe que estropea los preparativos de la boda. El muchacho, desalentado, se va al bosque y ensaya su ceremonia nupcial con una rama. Demasiado tarde descubre que esa rama es en realidad la mano descarnada de una difunta que murió abandonada por su pretendiente. Victor será arrastrado a ocupar el lugar del pretendiente por una novia que no puede aceptar el vacío.

“La novia cadáver” es una historia de muertos que quieren volver a su sueño, y de vivos que quieren empezar el suyo. Y la habilidad de Burton está en la alegría con que juega con el mundo de los vivos y los muertos.

Un piano de la película tiene escrito “Harryhausen”. es un homenaje de Tim Burton a Ray Harryhausen, el maestro de la stop-motion, la técnica de animación fotograma a fotograma con la que está rodada "La novia cadáver".
Enrique Colmena ***: aunque la nueva película (ahora sí dirigida por Burton, aunque con un adláter, Mike Johnson, que se presume fue el que se comió el marrón de las doce horas de rodaje diarias...) es ciertamente una delicia, no llega, al menos para nuestro gusto, a ese estado de gracia cuasi preternatural de "Pesadilla antes de Navidad".
Alberto Bermejo ****: Sólo desde el universo libre e irreal de estos seres de plastilina, en compañía esta vez del animador Mike Johnson, puede hacer vibrar con verosimilitud este delirante enredo sentimental entre vivos y muertos, los viajes de ida y vuelta entre este mundo y el otro, la exaltación de lo colorista y lo diferente frente a la rigidez grisácea del mundo convencional, el equilibrio necesario para balancearse con temerario aplomo entre el romanticismo gótico y el desenfado macabro
Rotten Tomatoes: 82% $52m.
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