La liga de los hombres extraordinarios

“The league of extraordinary gentlemen”
Stephen Norrington, 2003
Repato: Sean Connery (Allan Quatermain), Shane West (Tom Sawyer), Stuart Townsend (Dorian Gray), Peta Wilson (Mina Harker), Jason Flemyng (Dr. Jekyll / Mr. Hyde), Naseeruddin Shah (Capitán Nemo), Tony Curran (Rodney Skinner), Richard Roxburgh (Mycroft Holmes), Max Ryan (Dante).
Guión: James Dale Robinson; basado en los cómics de Alan Moore y Kevin O'Neill.
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Más es menos

Las bondades de “La liga de hombres extraordinarios” estában ya en el comic de Alan Moore y Kevin O’neill, los vicios son todos de Holliwood.

Moore y O’Neill no contentos con la recreación de un personaje literario apilan uno tras otro a los mitos literarios del siglo pasado. La película reune a Haggard, Twain, Wilde, Stoker, Verne, Stevenson, Connan Doyle. Allan Quatermain se los come a todos porque lo interpreta Sean Connery. Pero la simple matemática no funciona y cada personaje famoso que aparece, lejos de aumentar estropea aún más la historia. La fantasía tiene sus reglas y cada millón de dólares gastado en la recreación de un artefacto, de un duelo o de una castástrofe como la imperdonable destrucción de media Venecia no redunda en un mayor placer visual. Si acaso aumenta algo son las ganas de salir corriendo del cine.
Juan Martínez Moreno.
Interpretación: Antonio Resines (Paco), Elena Anaya (Tatiana), Rosa María Sardá (Aramís), Jordi Vilches (Álex), Joan Crosas (Víctor), Fele Martínez (Bebe), Mariola Fuentes (Reme), Manuel Alexandre (Don Rodrigo), Jaime Blanch (Don Reinaldo Peña).
Guión: Juan Martínez Moreno; basado en un argumento de Antonio Saura y Juan Martínez Moreno.
Guión: James Dale Robinson; basado en los cómics de Alan Moore y Kevin O'Neill.
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Los duros del cine español

Lo peor de “Dos tipos duros” es el modo en que pone al descubierto las carencias del cine español, le falta seriedad y le faltan personajes duros.

Los dos detectives reblandecidos de “El alquimista impaciente” estropearon por completo una trama policial más que interesante. Sea por nuestro carácter sea por nuestras escuelas de actores este es un país que no se atreve con el tipo duro. Y cuando lo hace, como “La caja 504”, el Coronado no sale duro, sino sanguinario. El cine americano, en cambio, tiene el papel de duro reservado para probar el paño de sus actores, quien no da la talla va al paredón.

Puede que el principiante Juan Martínez Moreno se planteara acabar su proyecto con un poco más de seriedad, y la propia lógica del argumento lo pedía. Pero esperar de Antonio Resines que de la nota precisa que hacía falta para un asesino a sueldo es como pedirle a José Luis Moreno que parezca sincero cuando se deshace en elogios de sus presentaciones. Antonio Resines no actúa, repite su repertorio y hace rodar al tipo duro por el camino fácil de la parodia, de modo que los secundarios no pueden hacer el papel que les tocaba, el de ablandarlo y demostrarle lo que valen.

Identidad

James Mangold, 2003
Reparto: John Cusack (Ed), Ray Liotta (Rhodes), Amanda Peet (Paris), John Hawkes (Larry), Alfred Molina (Doctor), Clea DuVall (Ginny), Rebecca DeMornay (Caroline Suzanne), John C. McGinley (George York), William Lee Scott (Lou), Jake Busey (Robert Maine), Pruitt Taylor Vince (Malcolm Rivers).
Guión: Michael Cooney.
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Fight Club, Diez negritos, Memento y agítese antes de usar

La culpa de que todo el cine que se hace a principios del tercer milenio después de Cristo sea insoportablemente vacío y artificioso es de Alfred Hitckock. El inglés dejó una herencia lamentable. La pantalla según él servía para dar sustos y sorpresas. No hace falta historia, no hace falta personaje. Lo único que necesita el espectador es que se le administre una dosis apropiada de chistes, persecuciones, intrigas y sustos. Si la dosis es correcta el espectador se va contento a casa. Mi respuesta: si la dosis no es apropiada a la historia la película es un guiñol vacío para asustar a los niños. Si todo se reduce a una dosis correcta basta un buen márqueting. ¿Qué es lo que se dejan atrás estos vendedores de aspiradoras? Se olvidan del autor.

James Mangold es un director joven que realizó Kate & Leopold, ha mezclado el lío de identidades de Fight Club con la misma seriedad descerebrada de Fincher, Diez Negritos de Ágata Christie con el mismo gusto por la geometría y las series, y le ha quedado tiempo para añadir el montaje hacia atrás de Memento, por el mero gusto de utilizar Memento. Sólo le ha faltado mostrar una bala a cámara lenta para completar el popurrí.

A la tradición cinematográfica le ocurre lo mismo que a los niños de un colegio. Que un día trae un niño un estuche de Mickey Mouse y al día siguiente aparecen todos con la colección completa de Walt Disney. Así que la película es de lo más “in” y no le falta ninguna novedad molona.

Un enfermo mental es convocado ante el jurado un día antes de ser ejecutado. El psicólogo tiene una prueba que puede absolverlo y demostrar que es un hombre con la personalidad dividida. Un chofer de una actriz egomaníaca atropella a una mujer en una carretera solitaria. La lleva a un motel donde todos los clientes quedan aislados por las inundaciones. Una cadena de crímenes empieza a cebarse las vidas de los inquilinos con impiedad matemática, las víctimas aparecen con un número de habitación que empieza por el diez y va retrocediendo. La historia del motel y la del loco paranoico tienen un punto de conexión.

La solución es idealista, mental. Las modas de hoy en las que se hunde Mangold sin aportar nada, consienten de buena gana las explicaciones anodinas y el cine se va polucionando cada vez más de irrealidad.

Abajo el amor

Peyton Reed, 2003
Reparto: Renée Zellweger (Barbara Novak), Ewan McGregor (Catcher Block), David Hyde Pierce (Peter MacMannus), Sarah Paulson (Vicki Hiller), Tony Randall (Theodore Banner), Rachel Dratch (Gladys), Jack Plotnick (Maurice), Jeri Ryan (Gwendolyn), Ivana Milicevic (Yvette), Melissa George (Elkie).
Guión: Eve Ahlert y Dennis Drake.
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Revival

“Abajo el amor” ha conseguido que adore las películas de Doris Day y Rock Hudson, aunque sólo sea por lo que ganan con la comparación.

La película responde a la moda revival que empezó con las series de Televisión como el Fugitivo o los Angeles de Charlie, luego continuó con los comics de la casa Marvell, como X-men, Hulk, Spiderman. Spielberg y Shoderberg vieron el filón en el look de los sesenta. Los dos hicieron trabajos estimables, “Oceans eleven” se recrea en el juego de los actores y “Atrápame si puedes” en la recuperación de la memoria de un ladrón histórico. “Abajo el amor” pertenece a este tercer grupo, pero no llega al mismo nivel de resultados. Peyton Reed, viene de la televisión gasta un presupuesto alto y no trae gran cosa que contarnos.

Catcher Block es un macho que seduce a cuantas mujeres quiere y destruye reputaciones desde la columna de su periódico. Barbara Novak es una muchacha de pueblo que triunfa en el mundo editorial gracias a su libro “Abajo el amor”, que enseña a las mujeres de todo el mundo a plantar cara a los hombres y no depender de ellos, sobre todo sexualmente.

El guapo periodista desplanta a la intrépida feminista, y ella se venga de él criticándolo en la televisión. El siguiente paso en la guerra de sexos será su artimaña para seducir a la mujer que no le conoce y desvestirla en su columna. ¿Lo logrará?

Hasta aquí la película resultaba pasable, porque hasta aquí calca la estructura de las películas nobles puritanas de Doris Day y Rock Hudson. Pero en este punto, los guionistas deciden que han pasado muchos años y que ahora el cine ha progresado mucho y el espectador de hoy no puede pasárselo bien si no recibe una y otra vuelta de tuerca en el guión o un empacho de efectos especiales. Ellos optan por lo primero cuando deberían, sin lugar a dudas, haberse conformado con una trama convencional.

En cualquier caso la película ya no tenía remedio cuando al poco de empezar me cansé de escuchar las notas musicales a lo Henry Mancini y las calles de Nueva York llenas de buicks y chevrolets.
Me llamo Fran y escribo desde Barcelona, y al leer vuestras críticas me permito el lujo de contestar a un par de cosas que me han inquietado.

Para empezar decir que el film es un audaz retorno del cine de aventuras de la época de Errol Flynn, y para nada la bazofia que las criticas están haciendo creer que es.

¿Comercial? Si, ¿y que? Resultará ahora que Terminator 3 es cine independiente... Esto es Hollywood, no pidais más.
¿Ambientada hacia un espiritu más infantil que adulto? Si, pero espiritu, y no publico en sí, aunque los niños pueden disfrutar de esta película también. Además, a muchos adultos les gusta sentirse aventurero ante la pantalla, porque para sufrir ya está la realidad, que no todos somos políticos adinerados...

¿Que no dan miedo los esqueletos? No es una película de terror, sino para todos los públicos. Y por cierto, algunas de las más galardonadas o bien criticadas del genero de terror, a mi tampoco me han asustado, al igual que los esqueletos de Piratas del Caribe.

Recordad que es genero de AVENTURAS, porque no es menos seria que cualquier entrega de Indiana Jones, la americanada más comercial del genero de aventuras.

¿Depp? Como siempre esplendido en su interpretación, y para nada excesivo en el papel de un loco pirata, personaje que tiene por objetivo entretener, hacer sonreir mientras uno cree que está viajando con él en el barco; y no dejar ver sus frustraciones o problemas con el alcohol, de las que probablemente nigún pirata se libra, pero para eso ya están los dramas, y un drama sobre piratas ni es lo que la gente ha ido a ver al pagar el tiket de Piratas del Caribe, ni lo que creo que le apetezca hacer a la Disney. Depp es garantía de calidad en cualquier película que haga, calidad tanto en él como en el guión que ha escogido, y seguramente también en el director.

Sobre los errores de la pelicula que comentais... Bien, todos somos humanos, y probablemente Piratas del Caribe tenga erratas como casi cualquier película, pero yo no las he visto por ningún lado, porque las dos que comentais no son tales erratas.

Primera:
Sparrow se sorprende de ver a los esqueletos a la luz de la luna porque él NO ESTÁ MALDECIDO, no en ese momento. Al parar los pies al capitán Barbossa en su intento de que no maten a Turner sobre el arca, Sparrow, asegurandose de que Turner lo ve para que este se de cuenta de su inminente plan, se apodera de una de las monedas del arca, hurto que lo hace ser maldecido al instante, (ya que la maldición se hacía efectiva si alguien ROBABA LAS MONEDAS DIRECTAMENTE DEL ARCA, hecho que aclara que tanto Turner hijo como Elizabeth no estuvieran maldecidos en ningún momento aún poseyendo una de las monedas). Sparrow decide ser también maldecido, a sabiendas de que en breve la maldición sería rota, para poder enfrentarse a Barbossa sin peligro, mientras Turner logra romper la maldición, momento que Sparrow aprovecharía para usar ese disparo que guardó durante diez años y que solo tenía un destino...

Segunda:
Por otro lado, el ejército se dispone a enfrentarse a los piratas por dos motivos:
Primero porque forma parte del plan de Sparrow para rescatar a Turner y satisfacer así sus propios intereses, aunque este plan le costara la vida a unos pocos miembros del ejército, cosa que no debe de importarle a un pirata, a Sparrow le interesaba simplemente sacar de la cueva a los piratas y quedarse con Barbossa y los menos posibles ahí adentro, pese a que esto no lo sabía el necio pretendiente de Elizabeth y hombre al mando de dicho ejército, que se dejó engañar por la "piadosa" mentira de Sparrow de que lo mejor era tenderle una emboscada a los piratas.
Y segundo porque este ejército no era consciente de la maldición ni de que los piratas eran inmortales (y aunque lo hubieran sido, con un lider tan estúpido probablemente se hubieran lanzado igualmente al ataque en un intento desesperado por lograr la victoria), ni Sparrow se molestó en advertirles de esto, para que no fastidiaran su plan.

Simplemente quería comentar esto por lo mal que me he sentido al leer unas falsas erratas y ciertos comentarios sobre tan estupendo film de aventuras que hoy volveré a ver por segunda vez y que hacía tiempo que nuestros ojos, los de los cinefilos amantes de la aventura tal y como fue concebida en su mejor época, necesitabamos ver para deleitarnos con ella.

Fran Benítez

Tomb Raider 2. La cuna de la vida

Boxoffice online | Michael Tunison **
The nice thing about video games is that no matter how horribly you fail, you just hit a button and the whole thing starts over again. Applying the same principle to filmmaking, the folks behind the dreadful 2001 game adaptation "Lara Croft: Tomb Raider" are back for another try. With veteran action director Jan De Bont ("Speed") at the controls this time around, "Lara Croft: Tomb Raider--The Cradle of Life" is at least a bit more comprehensible than its predecessor--say, a second-rate Indiana Jones rip-off instead of a third-rate Indiana Jones rip-off--though it would be overly charitable to say this series has made it to the next level.

Philadelphia Inquirer | Steven Rea (2,5/4)
A big-budget, wide-screen stuntfest (deep-sea shark boxing, high-altitude skyscraper leaping, Great Wall motocrossing), Cradle of Life nonetheless lacks a certain essential momentum. There are spectacular set pieces, and a couple of spectacular sets, too, but things screech to a virtual halt as B-grade thespians deliver stock palaver and Ciar?n Hinds, playing a Nobel Prize-winning bioterrorist (rest assured: He won the Nobel before turning evil), behaves badly and kills a lot of people.
De Bont, who directed Speed and who's been accelerating, career-wise, downhill ever since, accords his cinemagenic star the attention she certainly deserves. But, really, something should be done about these scripts: Both Tomb Raiders suffer from rampant action-adventure cliches and the sort of lumbering dialogue that harks back to the Saturday morning serials of yore. Or to a George Lucas movie, which is the same thing except it costs a lot more.
"So this is the cradle of life!" Hinds' putatively brainy bad guy exclaims, after traipsing up an African mountain and battling some Dark Continent version of Tolkien's tree creatures, the ents.
Yes, stupid, this is the cradle of life. Cut to Lara Croft rolling her eyes - and oh what eyes they are!

Arizona Republic | Bill Muller
This is another movie that Americanizes the whole world. When Lara shows up in a far-flung Asian prison to fetch hunky but untrustworthy assistant Terry Sheridan (Gerard Butler), the guard greets her with the line, "Welcome to Fantasy Island." I'm glad they get TV Land in Kazakhstan.
In any case, the Cradle ostensibly holds the mythical Pandora's Box. According to legend, when opened, the box releases all kinds of maladies into the world.
Like, for instance, really bad movie sequels.

The Mercury News | Glen Lovell
Well, the keepers of the franchise -- Paramount Pictures, plus a consortium of British, German and Japanese backers -- have heard your pain, Croft cultists. ``Cradle of Life,'' directed by ``Speed'' demon Jan De Bont, is the antithesis of the first installment. It contains lengthy blocks of dialogue, drawn-out gun battles a la John Woo, and the bare minimum of digital effects, glimpsed at the beginning and end, as Croft and company do battle with oversize trolls.
And oh yes, there's lots more Jolie for the mostly male, mostly juvenile core audience. The undeniably stunning star poses blankly for about two-thirds of this adventure, as if waiting for cues to ``action!'' that never come. We haven't seen this kind of commitment to cheeky pulchritude since Raquel Welch's heyday in ``One Million Years B.C.'' and ``Fathom,'' a sort of Mod-era precursor to Jolie's freelance Brit agent.

El abuelo

José Luis Garci, 1998
Reparto: Fernando Fernán Gómez (Don Rodrigo de Arista Potestad) Rafael Alonso (Don Pío Coronado) Cayetana Guillén Cuervo (Doña Lucrecia Richmond) Agustín González (I) (Senén Corchado) Cristina Cruz (Dolly) Alicia Rozas (Nelly) Fernando Guillén (Alcalde de Jerusa) Francisco Piquer (Prior de Zaratay) María Massip (Gregoria) José Caride (Venancio) Francisco Algora (Don Carmelo) Emma Cohen (Vicenta, la alcaldesa) Juan Calot (Don Salvador, médico) Concha Gómez Conde (Doña Consuelito) Antonio Valero (Don Jaime, ministro)
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Es la honra, no la duda

El marqués Don Rodrigo de Arista Potestad vuelve envejecido y también arruinado de hacer las américas. Antes de morir quiere saber cual de sus dos nietas es de su sangre, porque una carta de su hijo deja claro que la otra es ilegítima. La nuera se niega a decírselo. Ella tiene ahora gran poder dentro del pueblo porque posee las fincas y porque es la amante de un ministro. Toda la aristocracia del pueblo la agasaja y homenajea. Con ayuda de su poder hace que todos los pudientes del pueblo se unan para encerrar al abuelo en un monasterio, pero él escapa y redobla su cruzada con la ayuda del único amigo que hace, Don Pio Coronado, el profesor de las niñas, un hombre tan bueno que no encuentra lugar en el mundo y piensa seriamente en el suicidio porque no puede con sus hijas. Las niñas quieren a los dos ancianos y sobre todo la mayor demuestra su afecto enfrentándose con los arrendatarios de la tierra que hospedan al abuelo con avaricia.

No sé que es peor, si el Garci laudatorio que se quema las cejas buscando adjetivos y virtudes para el eximio Blas Otamendi, o si el Garci destemplado que pone de vuelta y media a los poderes fácticos de Jesusa. Garci, como muchos malos creadores, cree que es dios, y que todos sus personajes deben echarse a temblar por miedo a qué va a decir de ellos. Garci se inserta dentro de la tradición más española y menos exportable, que algunos llaman caspa, cuando reduce todos los méritos de sus héroes a lo que otros dicen de ellos. Esa obsesión por la fama es calderoniana, pero también está en el cine de pandereta. Por eso llama la atención la confrontación de los dos venerables ancianos en su discusión sobre el teatro. Don Rodrigo eleva a Shakespeare y la duda de Hamlet por encima del tema del honor de nuestro siglo de oro, pero el logrado final no basta para salvar la película de caer en lo segundo, en lo mismo que quiere evitar.

Si hubiera que buscar un tic incurable en Garci habría que nombrar su gusto por el portazo en las narices, la frase lapidaria, el insulto merecido y cortante con que despacha al malo de la película. En este caso, Don Rodrigo insulta a todos los hombres respetables por lo mucho que le deben a su familia. Consciente o no de ello, Garci hace un discurso de un conservadurismo trasnochado. El noble recuerda a cada uno que no serían nada si no fuera por sus favores que es como decir que este mundo es mucho mejor gracias a las limosnas que deja en él la aristocracia. Garci ha preparado la escena cuando el abuelo afirma que el peor pecado es el de la ingratitud que está por encima de la villanía. Garci ha hecho de su película, como a él le gusta, un púlpito desde el cual despelleja aquellos defectos que le parecen intolerables. La elección de otros defectos más palmarios hubiera mejorado ese climax.

Arthur Lacere, dice de los personajes que no hacen frases sino aforismos. Parece que los subtítulos ingleses no han descontaminado los diálogos de ese mal sabor de lo repensado, de lo estudiado, de lo que no tiene asomo de espontaneidad. Y sin embargo, después de nombrar todos los latiguillos del Garci de siempre no dejo de reconocer una película rica, por encima de la norma. Una película que no hay que perderse y que pese al ritmo cansino a base de escenas demasiado planificadas con prólogo y musiquilla final (en lugar de la agilidad que dictaba el propio curso de la historia) sigue siendo emotiva y emocionante. Lo es porque da con temas punzantes como la vejez abandonada, el dinero enfrentado a la nobleza, el amor enfrentado al honor, el hombre franco enfrentado con toda la chusma de pelotas. Una gran obra.

Bienvenido a Belleville

Les Triplettes de Belleville

Francisco Marinero | Metropoli
Hay más imaginación y más humor en cualquier secuencia de Bienvenidos a Belleville que en todos los largos de animación de Walt Disney, Don Bluth y DreamWorks de los últimos años. Hay también más riqueza de dibujo, originalidad y perfeccionismo. La película empieza con una falsa película en blanco y negro donde se homenajea a figuras como Josephine Baker y Fred Astaire y donde también actúan Las Trillizas de Belleville, cantantes con mucho swing. Esa película la están viendo en televisión, en Francia en los años 50, una abuela y su nieto: un niño gordito y tristón. La abuela le regala primero un perro y luego un triciclo que marcará su destino: de mayor, el niño rechoncho se ha convertido en un ciclista con piernas hipertrofiadas. Mientras corre el Tour es secuestrado por unos individuos que se lo llevan a América, a Belleville (el paisaje urbano es al parecer una mezcla de Montreal, Toronto y Nueva York). La abuela y el perro siguen su pista hasta allí, donde contarán con la ayuda de las ahora ancianas Trillizas de Belleville. La imaginación de Sylvain Chomet se manifiesta tanto en el dibujo (que evoca el de cómics antiguos) como en el guión (una comedia que parodia el

thriller y las carreras ciclistas), tanto en la creación de personajes (memorables la abuela, el perro y las trillizas) como en la invención de extrañas y un tanto primitivas máquinas y en la utilización de los objetos más diversos con fines distintos a los originales. El espectáculo se sigue con creciente interés no sólo por lo imprevisible de la aventura sino también e incluso más por el humor de cada gesto y de los pocos pasajes hablados (un discurso del general De Gaulle es antológico). Por si no fuera suficientemente divertida, Bienvenidos a Belleville se puede disfrutar sólo visualmente, plano a plano o viñeta a viñeta. Hay que remontarse a los primeros largos de Disney para encontrar parecido esmero e inventiva en la creación, tanto de personajes como de fondos, de paisajes urbanos y rurales. El color se ajusta a cada situación, y la utilización de la música y los sonidos es innovadora.

Plume-noire | Moland Fengkov
Pendant la première partie du film, le spectateur assiste au quotidien de la vieille dame au regard si chaleureux et de son petit-neveu taciturne et mélancolique. Les années passent, ils s'entraînent, alors qu'à l'extérieur la ville change : les voix ferrées, les ponts, les immeubles, la modernité, envahissent le paysage. Jusque sous leur fenêtre. On pense à l'univers de Delicatessen, de Caro et Jeunet : une époque qu'on pourrait situer dans les années 50, mais qui relève plus de l'anachronisme onirique. Où donc se trouve cette mairie du XXIe arrondissement de ce qu'on suppose être Paris ? Dans la salle à manger, les ustensiles et autres détails fourmillent : un gramophone, un réchaud, des coupes, des bouteilles, de vieux meubles bons pour la brocante… Le travail de Evgeni Tomov sur les décors confère à cette première partie l'atmosphère nostalgique d'une époque surannée. On pense au titre, à Belleville, lorsque ce faubourg existait en dehors des murs de Paris, lorsqu'on s'y croyait à la campagne, lorsque du haut de ses collines on apercevait au loin la Tour Eiffel. Mais ce petit coin perdu à la lisière de la capitale n'est pas le Belleville auquel on pense, puisque le Belleville du titre désigne une mégalopole où échouent les héros, sorte de mélange architectural entre New-York et Montréal. En traversant les eaux, le film nous embarque dans une seconde partie qui laisse la part belle aux péripéties et à l'action, dans un monde étrange plus cauchemardesque qu'onirique. Les autochtones souffrent tous d'obésité, les Triplettes se nourrissent exclusivement de grenouilles, et la mafia locale a pour devise « in vino veritas », roule en 2CV et porte le béret… Chomet bâtit son monde sur un mélange de clichés.

Land Luxemburg | Frank Grotz
Les Triplettes de Belleville de Sylvain Chomet est un dessin animé hors du commun, loin du divertissement spectaculaire et politiquement correct d'un Walt Disney. Au contraire, Chomet s'intéresse aux manies, aux aspects vicieux et grotesques des individus. Ainsi, Madame Souza s'investit à fond dans l'éducation de son petit-fils, à tel point qu'elle finit par faire de lui une machine à pédaler, léthargique, restant pratiquement inexpressif tout au long de l'histoire.

Philippe Serve
LES TRIPLETTES DE BELLEVILLE, par ses multiples références culturelles (dont un bon nombre cinématographiques) et le soupçon de nostalgie qu'il dégage, s'adresse sans doute plus aux adultes qu'aux enfants. Les amateurs des films de Jacques Tati et les amoureux de l'Amélie Poulain et autres Délicatessen de Jean-Pierre Jeunet y trouveront largement de quoi être satisfaits. Mais les "emprunts" et hommages sont loin de se limiter à ces deux seuls cinéastes. Sylvain Chomet lui-même revendique les influences de Fellini, Chaplin, Keaton, De Funès, de la comédie anglaise à la Monty Python ou Rowan Atkinson sans oublier les maîtres de l'animation que furent Tex Avery, Richard Fleisher ou Richard Williams et, en BD, Daniel Goosens, tous grands spécialistes du "timing". Sans oublier les caricatures de Dubout (au "style fait pour l'animation", dixit Sylvain Chomet) à qui on ne peut pas ne pas penser.

L'Express, Le vif | Louis Danvers
Dès les premières images du film de Sylvain Chomet, des échos visuels nous remettent en mémoire les caricatures de Dubout, les aventures des Pieds Nickelés dessinées par Pellos, les gags évolutifs de Tati. Les décors font un peu songer à ceux de certaines bandes dessinées de Tardi, aussi à quelques grands films français des années 1930 et 1940, cet univers à la fois réaliste et poétique auquel Prévert et Carné donnèrent ses lettres de noblesse et qu'aime citer le Jeunet du Fabuleux Destin d'Amélie Poulain.
Avec ses décors mélangeant allègrement Paris, Montréal et New York, le Vieux et le Nouveau Monde, avec son esthétique très années 50 mâtinée d'années 30, ses références musicales très swing où Django Reinhardt côtoie Charles Trenet et Joséphine Baker, le film de Sylvain Chomet offre une plongée stupéfiante dans un des univers visuels et sonores les plus extraordinaires jamais vus à l'écran. Il n'en faudrait pas beaucoup pour que le cinéaste français rejoigne son collègue et aîné japonais Hayao Miyazaki au nombre des authentiques génies du cinéma d'animation contemporain. Comme l'auteur de Princesse Mononoke, celui des Triplettes réalise en poète, glissant dans son cinéma bien plus que des éléments narratifs (sans doute pas son point le plus fort) et formels (un domaine où il brille par contre), un quelque chose d'indéfinissable et qui redéfinit notre rapport au beau, à l'émouvant, au drôle.

Le quotidien du cinéma | Pierre Lucas
S’il est un nom que vous devez retenir dans l’univers de l’animation française, c’est bien celui de Sylvain Chomet. Aux antipodes de Disney, cet auteur et dessinateur de B.D. également réalisateur fait partie de cette famille qui prend le temps d’installer son univers décalé, qui pense à juste titre que l’animation n’est pas forcément une succession endiablée de plans destinés à un public « play station » ; qui pense que la lenteur peut aller de pair avec les sensations, l’émotion et la poésie. Ce n’est pas un hasard si Les triplettes de Belleville a été produit par les producteurs de Kirikou et la sorcière.

Critiques ordinaires | Joëlle
Sylvain Chomet parvient à consigner une émouvante série de petits gestes du quotidien, de petits tics aussi - celui de la grand-mère qui ne cesse de remonter le verre droit de ses lunettes par exemple. Et surtout, les vieilles triplettes sont savoureusement drôles. On aime leurs numéros de music-hall mais aussi leur pêche miraculeuse - les mamies pêchent à la grenade allemande - et leur manière de se sustenter… Elles ne se nourrissent que de grenouilles, de crapauds et de têtards dont elles font soupes, brochettes, desserts et même glaces qu'elles dévorent amoureusement, déposant un baiser sur la bestiole gelée avant de la dévorer toute entière. Toutes les nationalités en prennent pour leur grade : la grand-mère portugaise chante horriblement mal le fado, les Américains sont énormes, de vrais bidendums par rapport aux Français qui sont Outre-Atlantique vêtus de béret, le nez vérolé par l'alcool, la baguette de pain sous le bras… Le générique de fin chanté par M clôt admirablement cette animation réussie qui renouvelle complètement le genre.

Grabuge | Tino Rubik
Les Triplettes de Belleville est un film d'animation issu des circuits indépendants. C'est l'anti-Disney ! Pour être tout à fait exact, c'est de l'animation de caricatures, comme si les dessinateurs des meilleurs journaux satiriques avaient concocté un film. Et ce n'est pas seulement formel, le ton n'est pas dénué de politique : au moment où les relations franco-américaines sentent soi-disant le roussi, Sylvain Chomet grossit le trait et présente les frogs à travers deux énormes clichés, le Tour de France cycliste et le pinard, la rencontre de l'un et de l'autre étant d'ailleurs une excellente trouvaille. Un graphisme d'une grande originalité, une musique guillerette et un brin de nostalgie font la qualité de ce dessin animé débordant d'humour. Malheureusement quelques longueurs trahissent la volonté d'en faire à tout prix un film rentrant dans les formats de distribution grand public. Les Triplettes de Belleville aurait pu faire un excellent moyen-métrage, mais il n'aurait pas été alors ce souffle de fraîcheur, plébiscité par tous en ce début d'été.

Enigma

Michael Apted, 2002
Reparto: Dougray Scott (Tom Jericho) Kate Winslet (Hester Wallace) Saffron Burrows (Claire Romilly) Jeremy Northam (Wigram) Nikolaj Coster-Waldau (Jozef 'Puck' Pukowski) Tom Hollander (Logie)
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El cine no es especulación

Enigma es la máquina que usaban los alemanes para codificar sus mensajes durante la segunda guerra mundial. El servicio Secreto Británico, instalado en Bletchley Park, tenía una máquina pero necesitaba casi un año para obtener cada clave.

Tom Jericho es un matemático superdotado que colabora con el servicio británico. Tuvo un romance con una bonita trabajadora de Bletchley Park. Llegó a perder la cabeza por ella y tuvo que dejar su trabajo. Pero ahora vuelve a incorporarse al servicio y la muchacha desaparece. El matemático y los servicios secretos británicos buscan a la mujer por distintas razones, él está convencido de que ella es inocente. A la misma vez, la mayor flota jamás mandada por EE.UU. se dirige a Inglaterra, y su seguridad depende de que los cerebros de Blitchley Park descifren el código que usan los alemanes.

Enigma tiene muchos ingredientes de cine clásico, un enredo amoroso y un conflicto histórico que sólo puede resolver el protagonista. Pertenece de lleno a la tradición británica que adora las intrigas intelectuales y puede dedicar enormes esfuerzos a esconder un culpable o un inocente para deleite del espectador. El matemático tiene dos puzles delante, un código alemán y un pasado que no entiende y que apunta a que la mujer que amó era una espía. El mayor fallo de la narración está en que este hombre inteligente resuelve los dos misterios sin contar con el espectador, lo cual conduce la historia por los derroteros de la especulación. Demasiada especulación no es un signo de buen cine, tanto vale que sean ciertas sus hipótesis como que no.

Es británico el placer de los enigmas y también la contención del narrador, pero más británica aún es la reconstrucción histórica que a la vez sirve de homenaje a los hombres que desde Blitchley Park luchaban contra Hitler en el anonimato. Es fama que nadie tiene el cuidado de los ingleses en este tipo de detalles, si bien es difícil saber donde llega el mérito de los cineastas cuando se trata de reconstruir muebles y ambientes en un país que sigue usando los mismos durante quinientos años.

Las mujeres de verdad tienen curvas

Canal Cine | El correo | Oscar Belategui

‘Las mujeres de verdad tienen curvas’ se inscribe así en la tradición de películas que arrojan una mirada más complaciente que crítica sobre la situación de las minorías en EE UU. Sin llegar a los extremos humorísticos de ‘Mi gran boda griega’, apunta con humanidad los conflictos cotidianos de los chicanos, aunque su historia de iniciación se ha mostrado mil veces en el cine. El buen hacer del reparto –resulta imprescible verla en versión original subtitulada– y una banda sonora que alterna clásicos latinos –Pérez Prado, Elíades Ochoa– y últimas tendencias –Ozomati, Lila Downs– se cuentan entre las virtudes de una historia que triunfó previamente en los escenarios teatrales. Méritos que de poco le sirvieron al filme en su estreno estadounidense, relegado a la cadena de televisión por cable HBO: ninguna distribuidora apostó por proyectarlo en los cines, quizá porque destila más amargura que dulzor.

Criticalia | Enrique Colmena ****
un sincero y admirable canto a la autoestima, el derecho a ser uno mismo y a encontrar el camino propio de la mejor forma posible. Con una sencilla mezcla de tradición y modernidad en esta historia de gordezuela adolescente chicana, en un mundo entre lo anglosajón y lo hispano, atrapada por una madre obsesivamente ególatra pero adorada y comprendida (curiosamente en una película tibiamente feminista) por los varones de la casa, Cardoso consigue hacer grande un filme pequeño en presupuesto pero enorme en su ambición y, lo que es mejor, en sus resultados.
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