El Joker y Hannibal Lecter


El caballero oscuro

Por qué la credulidad del espectador sólo le sale gratis al villano

Hay una regla de guión que he comentado varias veces: en la realidad puede pasar cualquier cosa, pero en una película no. Tú puedes encontrarte con tu primo en el metro por casualidad, pero si eso lo pones en un guión te lo tiran a la cara.

Lo curioso de esa regla es que sólo se aplica a los héroes. “El silencio de los corderos” y “El caballero oscuro” demuestran que los malos pueden saltársela.

Fíjense, si no, en cada pequeña hazaña de Batman. Viene atada y bien atada con muchas explicaciones, los arreglos en su traje, la maniobra que ensayó el ejército para sacar a un pasajero en pleno vuelo, el sonar que la empresa Wayne ha puesto en todos los móviles de Gotham para mapear la ciudad. Todo está explicado para que nos lo creamos. El Joker no tiene que explicar como llenó aquellos dos ferries de explosivos, ni como capturó a Harvey Dent, ni como se hizo pasar por enfermera. Sabemos que es malo y eso basta. Clarice da un pasito tras otro en su investigación delante de nuestros ojos. Hannibal lecter hace de todo, cosas extraordinarias, pero tras la cámara. No hace falta demostrar nada, lo creemos.

El mal tiene carta blanca.

Lo que Jonathan Demme y Christopher Nolan descubrieron, o intuyeron, fue que sus obras podían ser mucho más fascinantes si el que mandaba en la acción no era la policía novata, ni el justiciero enmascarado. Sus ficciones se volvieron extraordinarias cuando el dueño de la funcion pasó a ser el malo. Porque el espectador no le pide cuentas al mal. No discute si una tortura es inverosimil o si una carnicería es poco probable.

Todo lo que ocurre en “El caballero oscuro” está organizado por el Joker. ¿Cómo podía saber que iba a acabar en el calabozo? Todas las perversiones de Buffalo Bill son fáciles de entender para Lecter. Ellos dos son los amos absolutos, los héroes son simples títeres. Por eso esas dos películas extraen tantas notas del interior del espectador, porque antes de que proteste, el realizador ha parado en seco su sentido crítico, porque ha nombrado al villano director de orquesta. Y nadie protesta ante el mal.


El silencio de los corderos

3 comentarios:

Anita dijo...

Tenés razón!
Podrá ser que sea porque uno como espectador se identifica con el que más cerca tiene? Quiero decir...en "El silencio de los inocentes" ("El silencio de los corderos" para vos) probablemente nos veamos más cercanos a la policía o a la misma Clarice ya que son policías...algo que podríamos ser con más facilidad que asesinos seriales, no?

EL INDIO JOHN dijo...

No sabía esto que indicas; me parece impresionante y completamente cierto: está claro que el mal es más verosímil por su propia naturaleza gratuita??, ¿por su sinsentido no hace falta analizar las causas?, pero es cierto y brillantísimo lo que dices. Yo de verdad, de todos las cosas que leo sobre cine, incluídas revistas, me quedo con tus reseñas, cada vez mejores

Emilio J. Pazos Brenlla dijo...

Tienes razón en lo que dices, acaso porque nos infunde más miedo aquello que no podemos comprender. Además se haría tedioso si pretendiesemos comprender todos los aspectos de los personajes. Me lo tomo como un recurso más de guión. No hace falta explicar ni justificar la malicia. Un individuo no es malvado solo por tener un padre maltratador, malas influencias, etc...
Puede ser simplemente que eligió en determinado momento por algunas circunstancia escoger el camino del mal sin tener una causa o motivación de fondo.
He visto este blog y me ha gustado que se hablen estos aspectos de guión.

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