Phillip Noyce, 2002
Reparto: Michael Caine (Thomas Fowler), Brendan Fraser (Alden Pyle), Do Thi Hai Yen (Phuong), Rade Sherbedzija (Inspector Vigo), Tzi Ma (Hinh), Robert Stanton (Joe Tunney), Holmes Osborne (Bill Granger), Pham Thi Mai Hon (Hermana de Phuong), Quang Hai (El General), Ferdinand Hoang (Señor Muoi), Mathias Mlekuz (Capitán francés).
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El americano impasible siempre fue una de mis novelas favoritas. El triángulo amoroso de los dos occidentales, el cínico británico, Fowler, el idealista americano, Pyle, la joven vietnamita, Fuong, es un decorado al que vuelvo constantemente. Ello me impide ser comprensivo con una versión de un americano ofendido (la versión de Mankiewicz) o con la versión de un australiano politizado como Noyce.
La novela de Greene habla de los tontos útiles, que son los americanos idealistas. Ellos, con su afán de salvar el mundo, con su falta de complejidad estropean las cosas. El tópico es aplicable a Clinton que quiso arreglar la compleja situación de los Balcanes con bombardeos selectivos. El Vietnam del 52 es un país de viejos europeos y de viejos orientales, un joven americano quiere romper ese equilibrio. Pyle ha leído a Harding y se ha llenado la cabeza de tópicos sobre la idea de una tercera fuerza que arregle todo. Fowler, el británico, ama a una joven vietnamita, joven en edad, pero no interiormente. Fowler entiende la complejidad del mundo, y de la guerra. Con su sarcasmo se burla de los sueños salvadores del americano, Fowler es un cínico. Pyle quiere salvar el mundo pero su bondad lo convierte en un fantoche en manos de un militar sin escrúpulos, el general Thé. La reflexión de Greene es que los hombres buenos son mucho más destructores que los perversos. Su paradoja es que Fowler, que se enfrenta a ese gafe de Pyle, no está seguro de si fue honrado o si sólo quiso recuperar a la mujer que ama y que Pyle le quitó. La ambigüedad de esos conflictos es la riqueza del libro. Los dos directores que han abordado el tema se han esforzado por no dejar ningún resquicio a la duda, las dos versiones cinematográficas son tan claras como pobres.
La versión de Mankiewicz de “El americano impasible” es la peor. El director norteamericano no lee la novela, lee el tópico, cree que la crítica de Pyle, del americano tranquilo, es una crítica de todos los americanos. Así que su película es una respuesta al desaire. Mankiewicz rueda una película para decir que los americanos no son malos, y que los malos son los británicos.
Noyce es australiano, no tiene su amor propio herido, pero su versión de la maravillosa novela de Greene es tan floja como la del primero porque la mira desde lejos, ha rodado su versión cincuenta años después. Greene hablaba de un conflicto emergente, los americanos aún no han llegado a Vietnam. Noyce habla de una gerra acabada. Los americanos fueron a este país y perdieron la guerra. La lectura de Noyce es puramente política. Pyle no es un ingenuo engañado, es la CIA que manipula a los demás. En Greene, Pyle, y América, son los grandes ingenuos, los grandes primos. La visión de Greene es clarividente, humana, la de Noyce obvia, política.
Greene escribe sus libros como una meditación, entre línea y línea de diálogo siempre hace un aparte para explicar las reflexiones del personaje. Noyce respeta ese ritmo e intercala una voz en off. Lo malo es que ese narrador en off no repite ni una línea de Greene. Parece que a Noyce no le gustaban las paradojas de Fowler sobre el catolicismo, las tres culturas de los personajes, la guerra, no le gustaba el sarcasmo de Greene que a veces es chispeante en medio del dolor. Es una pena que no le gustara el auténtico Greene.
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