La luz prodigiosa

Miguel Hermoso, 2003
Reparto: Alfredo Landa (Joaquín), Nino Manfredi (Galápago), Kiti Manver (Adela), José Luis Gómez (Silvio).
Guión: Fernando Marías. Basado en su propia novela.
* * *
Si tan sólo se lo hubieran tomado más en serio

La Luz prodigiosa tiene un comienzo solemne y un desarrollo inquietante que hace esperar demasiado, para lo que al fin nos cuenta. La acción empieza en 1936. Un grupo de granadinos reciben el paseillo conducidos hasta un descampado donde espera su sepultura. Uno de ellos es salvado mal herido por un pastor y es atendido por un médico republicano. Sin memoria y sin identidad, el herido queda a su suerte en un hospicio y la casualidad hace que el niño, convertido en Alfredo Landa ya jubiliado en los años ochenta tenga que pasar unos meses en Granada donde recuerda al herido y lo busca.

Esta primera parte de la película tiene un buen ritmo porque el espectador participa en la búsqueda del hombre herido y luego en la búsqueda de su identidad. Alfredo Landa aloja en su piso a Galápago, que así lo llama, y reune pruebas que le demuestran con demasiada certeza quién ese hombre: sabe tocar el piano, se emociona al ver a Dalí en la tele y se sabe de memoria la obra: La casa de Bernarda Alba.

A partir de este punto la película no tiene nada que ofrecer así que da marcha atrás hacia la obviedad y el drama fácil. Lástima. Por lo general, el cine español que se hace últimamente ni siquiera me tiene atento esa primera hora.

A falta de algo que contar interesante, Hermoso resuelve la acción con un conflicto entre una amiga sin escrúpulos que quiere usar al anciano amnésico para ganar dinero en la prensa y el protagonista que quiere respetar sus últimos días. Igual que los románticos, Hermoso nos dice que es importantísimo ocultar la verdad o la realidad si esta duele.

Alfredo Landa está descasillado cuando lo sacan de un sainete. Su tendencia a sobreactuar es más molesta cuando uno se da cuenta de que el guión no le parece serio y que debe creer que el interés de una película está en sus excesos.

Hermoso es demasiado obvio demostrando que García Lorca está vivo. Un poco más de lectura y mucha más sutileza a la hora de demostrarlo le hubiera dado puntos. En mi caso, y sólo hablo de mi gusto, también hubiera agradecido algo de ambigüedad.
Diego Vázquez (4/10)
Poco importa que en la parte central se nos presente una nueva y fantásti-ca posibilidad (la que comentaba al principio) en la historia de este hom-bre fusilado y dado por muerto en la Guerra Civil, al que un campesino cu-ra y salva para abandonarlo después en un asilo y reencontrarse con el 40 años más tarde, porque la sorpresa dura poco. El estilo de filmación maniqueísta, obvio y pretendida-mente moderno que despliega Hermoso (los virados en la fotografía, los flashes de luz, el montaje entrecortado, etc.), lo acercan más a la categoría de un debutante efectista con ansia de destacar que a la de un veterano competente, lo cual resulta bastante triste. Sin un guión en el que apoyarse, que no sea un drama humanista y bondadoso tan poco estimulante como escasamente original, y con un patente tufo de documental publicitario sobre Grana-da y la figura del artista español que trata de evocar, además de una destacable falta de vigor narrativo, poco puede ofrecer este film al espectador despierto.

CineSol
El realizador andaluz Miguel Hermoso (Fugitivas) regresa a su tierra natal, Granada, para enfrentarse a todo un reto. Se trata de una película que habla del paradigma de los intelectuales españoles, de los perseguidos, de alguien que es un símbolo de la Guerra Civil, de Federico García Lorca. La película es la adaptación al cine de la novela homónima de Fernando Marías, en la que cuenta como un hombre sobreviviente de un fusilamiento pudiera ser el mismísimo García Lorca. El realizador se ha centrado en los dos personajes fundamentales para poder guionizar el relato original, lleno de personajes, conflictos y escenarios. Estos dos personajes son Joaquin, interpretado por Alfredo Landa, un pastor se reencuentra con el hombre al que salvó la vida cuarenta años atrás (en plena guerra civil española), y que hoy es un mendigo amnésico, personaje interpretado por Nino Mannfredi (en su primer papel en España tras su participación en El verdugo de García Berlanga). Curiosamente, pese a la notoriedad del poeta granadino, el verdadero protagonista de la historia es el personaje de Alfredo Landa y sus indagaciones para averiguar la verdadera identidad de ese mendigo que se hace llamar Galápago.

Pedro Antonio Urbina.
críticaFila Siete
Pausada y luminosa frescura
País: España Dirección: Miguel Hermoso Guión: Fernando Marías Fotografía: Carlos Suárez Montaje: Mauro Bonnani Música: Ennio Morricone Intérpretes: Alfredo Landa, Nino Manfredi, Kity Manver Distribuidora: Alta Films
Al alba siguiente de la noche del fusilamiento, un joven pastor de los alrededores de Víznar, Joaquín, ve a los muertos en una hondonada, y advierte que uno de ellos, malherido, no está sin embargo muerto. Se lo lleva en su carro y lo cuida hasta que el reclutamiento para la guerra le obliga a dejarle… La guerra civil de 1936 lleva a Joaquín al Norte de España, donde, acabada la contienda, se casa. Muerta su mujer, sin hijos, cuarenta años después vuelve a Granada a recibir una herencia… Y aquí se muestra el interés -¿desmesurado?- de Joaquín por encontrar a su amigo al que salvó la vida. ¡40 años o más han pasado! Tras varias peripecias de "policía doméstico", Joaquín encuentra a su amigo, al que llaman Galápago, viejísimo, medio idiotizado, y mendigo… en Granada. Otra serie de pruebas de "policías domésticos" a Joaquín y a su amiga Adela les hacen pensar que el Galápago podría ser García Lorca. Si lo es, ¡vaya revuelo se armaría en el mundo! ¡Y el dinero que sacaría Adela!

Y esta nostálgico y lírico cuento termina en un atardecer de ensueño, mientras los dos amigos recitan una poesía de García Lorca. Joaquín lee; el Galápago la dice de memoria… ¿Será él? Y… no hay más. Buscar en este entretenimiento artístico ideas e intenciones de fondo es ver lo que no hay. Aunque lo vea Hermoso.

Cine Estrenos. Manuel Ortega (3/5)
Hermoso vuelve a fundamentar su película en las relaciones humanas que se establecen entre una pareja desequilibrada en la cual el elemento aparentemente débil es más fuerte que el aparentemente fuerte creándole una dependencia al segundo que es lo que caracteriza y diferencia estas típicas historias de historias más tópicas. Pasaba en la excepcional Truhanes con Arturo Fernández y Paco Rabal ayudándose cada uno en su medio, pasaba también en la excéntrica Loco veneno con el personaje enajenado de Pablo Carbonell conduciendo a Maru Valdivieso por la absurda trama de yogures y asesinos, ocurría a su vez en la búsqueda que emprendía Eloy Azorín en pos de un padre irresponsable, borracho y despreocupado con la cara de Santiago Ramos en la sorprendente Como un relámpago y también se vislumbraba en la road movie andaluza Fugitivas donde una niña encontraba a su madre ideal y adoptiva en una raterilla que se lleva toda la película intentando devolverla. En La luz prodigiosa no es la búsqueda de la reinserción social, ni la de la resolución de una caso de falsa culpabilidad, ni la de un padre, ni la de una madre, sino la búsqueda de la identidad y de la redención.

Francisco Marinero (3/5)
A prinripios de la Guerra Civil, en el campo granadino, un adolescente, un pastor, recoge al único superviviente de un paseo dado por los fascistas. El hombre está muy malherido, sobre todo por un disparo en la cabeza que le ha hecho perder la memoria y casi la palabra: durante los días en que lo tiene en su casa, el chico, Joaquín, sólo le oye decir «galápago» y así le llama. Ocultarle es peligroso y el pastor va a ser reclutado, por lo que le deja a la puerta de un asilo. Paralelamente vemos a Joaquín cuarenta y tantos años después, de regreso a Granada tras haber pasado todo ese tiempo en Bilbao: Joaquín busca a Galápago por curiosidad y por un sentimiento de culpa (injustificada) por haberlo abandonado antaño. El novelista y guionista Femando Marías especula con la posibilidad de que García Lorca hubiera sobrevivido a su fusilamiento y se hubiera convenido en un vagabundo hazmerreír de chicuelos. Una especulación dramática (¿es peor que muriera o que un hombre de su talento se viera reducido a la condición de tonto incógnito al que además se atormenta al hacerle rememorar su propia tragedia?) y una fábula con sentido del humor (un pastor y luego mecánico que no sabe nada de Lorca es paradójicamente quien le reconoce) con la que Miguel Hermoso ha hecho una emotiva historia de amistad (entre un campechano Alfredo Landa y un patético Nino Manfredi, ambos magníficos) que alterna la estética estrictamente realista con la legendaria y onírica. Sin embargo, La luz prodigiosa, al menos la película, es sobre todo un suspense tan original como genuino. Miguel Hermoso domina el género en su primera incursión en él: las narraciones casi paralelas y su convergencia final mantienen constantemente la incertidumbre sobre la identidad de Galápago y la manera de ir despejándola con pequeños gestos reveladores sabiamente espaciados. la música de Ennio Morricone subraya el drama y el suspense y la dirección artística de Félix Murcia y la fotografía de Carlos Suárez, la dimensión cuasifantástica de la odisea.

1 comentarios:

Antonio Menchén Peñuela dijo...

Yo pienso que lo más importante de la película es la reacción que tiene Galápago al ver las fotos que cuelgan de la pared sobre la vida de Lorca. Joaquín le pregunta más tarde a un amigo superviviente de Lorca qué sentiría el poeta si estuviese vivo. el guionista nos muestra, a mi entender, bastante a las claras que la reacción de Lorca no sería otra que la de Galápago: destrozarlas todas. A LORCA LE VOLVIERON LA ESPALDA TODOS LOS QUE QUE SE LLAMABAN SUS AMIGOS. Ése es un hecho innegable y es para mí el último sentido de esta gran película.

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