Fuenteovejuna

Antonio Román, 1947
Reparto: Amparo Rivelles (Laurencia); Manuel Luna (Comendador Mayor don Fernán Gómez); Fernando Rey (Frondoso); Tony Leblanc (Mengo)
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La insubordinación

Fuenteovejuna consiguió la categoría de Primera A o sea, Interés Nacional, lo cual le daba derecho a un buen número de licencias de importación de películas extranjeras, que eran la verdadera fuente de ingresos. Recibió los honores con poco entusiasmo; uno de los informes decía "fría, aunque decorosa y costosamente hecha."

La obra ya había sido adaptada durante la república con una intención izquierdista, más obvio que el de esta reelaboración, porque el tema es la insubordinación frente al abuso. Román tuvo que evitar muchos obstáculos para sacarla adelante. De un lado había que cambiar los tintes izquierdistas del texto de Lope de Vega, pero sobre todo, tuvo que limar el discurso fascista al cual se adscribe todo su cine, porque Hitler acababa de perder la guerra, y España había quedado aislada en medio de las democracias vencedoras. La propia “Raza” fue podada para resultar más del agrado de los aliados.

Fue producida por Alhambra Films y los madrileños estudios C.E.A. y costó tres millones de pesetas. Para evitar choques con la censura contó con asesores histórico militares, religiosos y de ambientación. La adaptación corrió a cargo de José María Pemán. Se abrevió al máximo la secuencia de las torturas de la obra de Lope. Pensemos que en ese mismo momento aún se estaba torturando a los republicanos derrotados de la Guerra Civil. Se cambiaron términos como “Gusto” por “Gozo”, que resultaba menos grosera, la obra original era, según palabras de los asesores, “un espada de dos filos, ya que las circunstancias de tiempo, lugar y formación política y moral del pueblo en la época en que fue escrita, distan mucho a la enseñanza, comprensión o ejemplaridad de la misma, de las gentes y costumbres de los tiempos modernos.”

En 1945, Franco abandona la imposición del saludo fascista en un intento por acercarse a las democracias europeas. En la película hay una escena añadida al texto de Lope en la que el alcalde discute con los consejeros la forma de recibir al comendador, si hay que poner una rodilla en tierra o las dos, y acuerdan que un simple gesto con la cabeza bastará.

La tesis de Román es que la grandeza de la nación se consigue con la limpieza política y espiritual de la nación, el respeto al pueblo, a las diferencias de clase y a las instituciones. En sus diarios anotaba, según Pepe Coira que ha publicado un libro acerca del director, que una vez hecha esta limpieza interior, el país estaría en condiciones de proyectarse al exterior y continuar su campaña. Para conseguir la limpieza haría falta un líder que no aparece en Lope de Vega, y que ha de poder guiar con criterio a la horda desenfrenada en su afán justiciero.
Luis Fernández Colorado. Artículo de “Historia crítica del cine español.”

Antonio Román

IMDB
El Mesón del gitano (1970)
Un Perro en órbita (1966)
Ringo del Nebraska (1966)
Un Tiro por la espalda (1964)
Pacto de silencio (1963)
El Sol en el espejo (1963)
Mi mujer me gusta más (1961)
Bombas para la paz (1959)
Los Clarines del miedo (1958)
Madrugada (1957)
Dos novias para un torero (1956)
La Fierecilla domada (1956)
Congreso en Sevilla (1955)
Último día (1952)
La Forastera (1952)
Fuente enterrada, La (1950)
El Pasado amenaza (1950)
El Amor brujo (1949)
Pacto de silencio (1949)
La Vida encadenada (1948)
Fuenteovejuna (1947)
El Hombre y el carro (1945)
Los Últimos de Filipinas (1945)
Lola Montes (1944)
La Casa de la lluvia (1943)
Intriga (1942)
Boda en el infierno (1942)
Escuadrilla (1941)
Barcelona, ritmo de un día (1940)
La Ciudad encantada (1936)
Canto a la emigración (1935)

Antonio Fernández-Román García de Quevedo (Orense, 1911; Madrid, 1989)

Abandona los estudios de Farmacia en la Universidad de Madrid para colaborar en las revistas Popular Films, Films Selectos y Cinegramas, y rodar bastantes cortometrajes, entre los que destacan Sandra (1930), Ensueño (1931) y La ciudad encantada (1934). Trabaja como actor en el teatro popular La Barraca y sucede a Federico García Lorca en su dirección. Tras colaborar en el guión de Raza (1941), de José Luis Sáenz de Heredia, debuta como realizador con los panfletos políticos Escuadrilla (1941) y Boda en el infierno (1942). Bastante más interés tienen sus dos adaptaciones de novelas de Wenceslao Fernández Florez: el curioso policiaco Intriga (1943) y la dramática La casa de la lluvia (1943); además de la biográfica Lola Montes (1944) e incluso la propagandística Los últimos de Filipinas (1945). Vuelve a caer en la mediocridad con Fuenteovejuna (1947), sobre la obra de Lope de Vega; las melodramáticas La vida encadenada (1948), Pacto de silencio (1949), de la que vuelve a rodar otra versión con el mismo título catorce años después; el policiaco Último día (1952); la panfletaria El pasado amenaza (1950), y El amor brujo (1949), primera versión de la obra de Gregorio Martínez Sierra con música de Manuel de Falla. Entre sus restantes doce películas abundan las comedias, como Congreso en Sevilla (1955), Dos novias para un torero (1956), Bombas para la paz (1958), Mi mujer me gusta más (1960), que demuestran que no está dotado para el género; también hay algún drama fallido, como El sol en el espejo (1962), adaptación de una obra teatral de Alfonso Paso, e incluso un spaghetti-western de bajo presupuesto, Ringo de Nebraska (1966). Sin embargo, también realiza obras ambiciosas con algún interés, como La fierecilla domada (1955), basada en la obra de William Shakespeare; Madrugada (1957), sobre un texto dramático de Antonio Buero Vallejo; y Los clarines del miedo (1958), adaptación de la novela de Ángel María de Lera, que describe bien el miedo de dos toreros muy diferentes en una corrida de pueblo.
Augusto M. Torres. Diccionario de cine español.

Alejandro Magno

Oliver Stone, 2004
Reparto: Colin Farrell (Alejandro), Angelina Jolie (Olimpia), Val Kilmer (Filipo), Anthony Hopkins (Tolomeo), Rosario Dawson (Roxana), Jared Leto (Hefestión), Christopher Plummer (Aristóteles), Gary Stretch (Cleitus), Jonathan Rhys-Meyers (Cassander), Joseph Morgan (Philotas).
Guión: Oliver Stone, Christopher Kyle y Laeta Kalogridis.
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Peplum pretencioso

En 331 A.C. Alejandro Magno enfrentó su ejército de cuarenta mil griegos con más de doscientos mil persas de Dario en Gaugamela. Consciente de que el rey era un cobarde organizó la falange de tal modo que llegará al punto donde estaba Dario. Dario huyó y el ejército persa se batió en retirada. Fue una victoria decisiva. Desde ese momento hasta su muerte, el 13 de junio de 323, Alejandro fue conquistando una tras otra las provincias del inmenso imperio persa mientras Dario huía. Jamás perdió una batalla. Llegó hasta la India y sus hombres, agotados, exigieron regresar. Algún historiador dice que les hizo volver por del desierto de Gedrosia como venganza por no haber avanzado con él.

En 330 en Afganistán castigó una conjuración en su contra. Hizo ejecutar a Filotas que era uno de los cabecillas, pero también era el hijo de Parmenio, un general al mando de veinte mil hombres en Media a tres días de distancia. Alejandro tenía que asesinar al general antes de que oyera la noticia y se rebelara con su tropa. Mandó a sus oficiales más fieles, uno de ellos Clito, y ellos cumplieron su deber. Este episodio podría haber sido el más inquietante por su ritmo, por la carrera contra el tiempo, pero el resultado no es muy cinemático.

En 328 Alejandro estaba en Maracanda (Hoy Samarcanda). En una de sus fiestas se emborrachó y rebajó a su padre, Filipo de Macedonia. Uno de sus más fieles veteranos, Clito, había servido a ambos, y había salvado a la vida a Alejandro en la batalla del Gránico, se levantó y habló en defensa del difunto padre de Alejandro. Lleno de cólera, Alejandro lo atravesó con una lanza. Se arrepintió de su crimen y lloró varios días. Pero lo cierto es que Alejandro fue un asesino.

Oliver Stone podría darnos como excusa para haber rodado un peplum tan monumentalmente indiferente la obligación que tenía de cumplir con los datos de una biografía. Alejandro tuvo su gran batalla, su clímax, al principio de su carrera, cuando se enfrentó a Dario, y no al final, como conviene al rimo cinematográfico; sus decisiones no fueron lo que se dice un dechado de virtud, asesinó, arrasó y cayó en el exceso; y para un espectador es muy difícil compartir el empeño que puso en llegar más allá de la India, a despecho de la vida de sus hombres.

Stone podría haberse ceñido a los hechos para rodar un peplum de batallas y de intrigas. Pero las batallas y las tramas, que son la única cosa que entretiene al espectador, le interesaron menos que sus propias imaginaciones sobre los motivos y el corazón de Olimpia, la madre de Alejandro, o Hefestión, su amante. La película es larga y pomposa, pero no a costa de los hechos sinó de unas discusiones engoladas sacadas de alguna obra de teatro casposa. Las batallas están rodadas con dinero, pero sobre todo con desgana. Y es trampa sacudir tanto la cámara para que imaginemos acción sin verla.

La historia está narrada por Ptolomeo, el general que se quedó con Egipto (creo que Cleopatra desdendía de él). Como narrador nos explica algunos aspectos de la vida de Alejandro, y pasa de corrido sobre otros que a muchos espectadores, como a mi, nos gustaría ver, en vez de escuchar.

J.P. Bango (5/10): Ajeno, en fin, a las consignas del cine de ascenso y caída (veáse la excelente Lawrence de Arabia), la historia de Alejandro Magno discurre por la senda de una Road Movie Historicista de forma desangelada, sin ninguna progresión dramática (sólo crecen las cicatrices en el rostro, brazos, torso del macedonio) y menos fortuna narrativa.
Enrique Colmena *: En definitiva, este Alejandro no sólo no es Magno, sino que no llega a ni a coñac de garrafa.
Cinefago: comenzamos con la primera roña del año, el Gran Alejandro pierde más aceite que la furgoneta de Loco-Mia, y es que el sobeteo que se están metiendo todo el día con Hefestión encharca las hazañas de Alejandro, y es que sin duda más que conquistar, salir del armario es el tema del principal del film.
En voz alta: La moral neoconservadora americana no ve con buenos ojos la relación entre Hefestión y Alejandro. Una pasión que llevó al líder macedonio, a la muerte de éste, a realizar sacrificios humanos en su honor. Es de suponer que tampoco es políticamente correcto que Olimpia, madre de Alejandro, fuera una apasionada devota de los cultos orgíastico-dionisíacos y una mujer de asombrosa sangre fría, capaz de eliminar, literalmente, cuantos rivales encontrara en su camino. Tampoco será plato de buen gusto la afición a la bebida del conquistador macedonio.
Francisco Marinero ***: Ya cuando es adulto e interpretado convincentemente por Colin Farrell, Alejandro sigue estando obsesionado con ser semejante a Hércules, Aquiles y Prometeo (aunque lo más discutible de la película sea su voluntad de liberar a los pueblos bárbaros de sus tiranos e instaurar la libertad, un pensamiento demasiado moderno y algo incompatible con su insaciable afán conquistador) y con ganarse el amor de su madre y superar la grandeza de su padre (Stone acertó al haber optado por un actor de más peso físico para el papel de Filipo: Farrell parece vulnerable frente a Kilmer, que, curiosamente, era el elegido para hacer de Alejandro hace años cuando se intentó llevar a cabo el proyecto por primera vez).
Roberto Piorno @@@@: Se van a hartar a leer y oír encendidas descalificaciones, razonados improperios, explícitas decepciones y mofas a diestro y siniestro por el tinte capilar de Colin Farrell, por la empanada mental de Oliver Stone y por un millar y medio más de despropósitos.
Mr Cranky (-5): For starters, Old Ptolemy seems to be ad-libbing. Further, he tells us things that a more skilled filmmaker would be showing us. Third, as the movie progresses he shows up frequently, holding the pieces together like cinematic duct tape. […] Nothing forges male bonds like sweaty warfare in armored skirts and "Alexander" has more gay sexual tension than a Promise Keepers' meeting.
Roger Ebert **: Stone is fascinated by two aspects of Alexander: his pan-nationalism and his pan-sexualism. He shows him trying to unite many peoples under one throne while remaining equally inclusive with his choices of lovers.

Rotten Tomatoes: 14% $34m.
Brad Silberling, 2004.
Reparto: Jim Carrey (Conde Olaf), Meryl Streep (Tía Josephine), Emily Browning (Violet Baudelaire), Liam Aiken (Klaus Baudelaire), Timothy Spall (Sr. Poe), Catherine O'Hara (Juez Strauss), Billy Connolly (Tío Monty), Cedric The Entertainer (Condestable), Luis Guzmán (Hombre calvo), Jennifer Coolidge (Mujer de cara blanca), Kara y Shelby Hoffman (Sunny Baudelaire).
Guión: Robert Gordon; basado en los libros de Lemony Snicket.
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No es el primero

Las catastróficas desdichas de los tres hermanos Baudelaire tienen todos los ingredientes para ser un taquillazo menos uno. La historia respira un goticismo que no tiene nada que envidiarle al Tim Burton más desmelenado; el argumento está cosido con trampas y giros que harían las delicias de J.K. Rowling; el malo es malísimo quiere la herencia de los tres hermanos y dan ganas de matarlo con las propias manos, si no por sus arteras intenciones, al menos por la interpretación del histrión Carrey. Los tres hermanos Baudelaire son personajes algo de fábula, pero también tienen un punto muy humano capaz de ganarse al público más frío. Emily Browning, la hermana mayor se come la pantalla con un estilo que (corríjanme si me equivoco) sigue la misma línea de Scarlett Johanson. Mientras huyen del mezquino Tío Olaf que se vale de sus derechos de tutor para intentar cobrar la herencia de los niños, conocen a dos tutores a cual más estrafalario. Uno de ellos cría serpientes peligrosas, la otra vive una vida de miedos y aprensiones, si bien vive en una casa más bien insegura. Si el director hubiera estado más interesado por la línea temática que por la argumental quizá hubiera sacado un buen bocado sobre el miedo y la infancia: los tres tutores son dignos de infarto, pero no son dignos del mismo cariño.

Entonces, ¿por qué ha pasado sin pena ni gloria por la cartelera? Yo creo que en cine, hacer las cosas bien, o incluso impecablemente bien no tiene gran valor, en el arte, sólo cuenta el primero que llega. A Silverling se le han adelantado en todo.

Hay un ingrediente narrativo muy estimulante. La historia no comienza con los niños, comienza con el propio escritor, Lemony Snicket que nos advierte que la historia que va a contarnos no es acaramelada, y que si queremos ver elfos podemos ir a la sala de al lado. Ya sé que no es tampoco original, “la novia de Frankenstein”, por ejemplo, empieza con Mary Shelley pensando el relato, pero aquí, la voz del creador está usada como parte del clima; de entrada nos explica cuales son sus premisas creativas, el autor quiere evitar el empalago.

El tal Lemony Snicket es seudónimo del autor de la serie de libros que dan título a la película. Tiene un aire provocativo que por ejemplo advierte al lector de que cada libro es un peñazo, o bien que no lea porque no lo va a pasar bien. Su autobiografía es parte de su creación, un poco disparatada, y digna de Groucho Marx. Snicket invita a los niños a entrar en un juego que en realidad es el mismo que el de los autores de adultos: los escritores crean libros y personajes, pero también se crean a si mismos, su mito, su voz.

Alberto Bermejo ***: El barroco imaginario del director Brad Silberling contiene un buen puñado de referencias a los cuentos clásicos de la literatura o a películas como 'La noche del cazador', una mezcla de registros misteriosos, más tétricos de lo habitual en el actual cine para niños, y destellos de sardónico humor, especialmente en el personaje de la hermana más pequeña.
Méndez-Leite @@: Todo ello está puesto al servicio de una historia de evidentes ecos dickensianos - el conde Olaf, que interpreta Jim Carrey tiene no pocos parecidos con el Mr Scrooge que hizo Albert Finney - y cocinado por el novelista con la cabeza puesta en 'Harry Potter', aunque hay evidentemente una intención de dar la vuelta a ese modelo introduciendo elementos más negros y maliciosos que desgraciadamente el guión no desarrolla en todas sus posibilidades.

Rotten Tomatoes: 70% $60m

Whisky

Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2004
Reparto: Andrés Pazos (Jacobo Köller), Mirella Pascual (Marta), Jorge Bolani (Herman Köller), Ana Katz (Graciela), Daniel Hendler (Martín), Verónica Perrota, Jorge Temponi, Alfonso Tort, Ignacio Mendy.
Guión: Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll y Gonzalo Delgado Galiana.
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Patata

En España decimos patata cuando queremos sacar una sonrisa en una foto. Usamos la “a” para abrir la boca, los ingleses usan la i, por eso dicen cheese, y los uruguallos, también, por eso dicen whisky.

Los protagonistas de Whisky son un patrón y su empleada fiel. Los dos ejecutan cada mañana un ritual inmutable, inmemorial. Él desayuna en una mesa del café, abre el candado de la fábrica, empuja la persiana, la deja caer a medias, enciende las luces y luego la maquinaria de hacer calcetines. Ella le hace un té.

Ha pasado un año de la muerte de su madre y el patrón, don Jacobo, invita a su hermano a su casa para celebrar una honra fúnebre judía. No se han visto en muchos años. Don Jacobo le pide a la empleada que se haga pasar por su esposa. El hermano, Herman, es un hombre más vital y espontáneo. Con su forma de ser alegra a Marta, la empleada, pero Don Jacobo es tan indiferente como al resto de las cosas del mundo y continúa con su rutinaria impasividad. Herman les invita a pasar unos días en un hotel de la playa. Las emociones siguen pasando de largo para uno y cambiando el semblante de la otra.

Al final de la película algo ha cambiado, aunque los dos protagonistas no lo ven de la misma manera.
The night of the hunter: Jacobo Köller es un miserable, en el sentido Ebenezer Scrooge de la palabra; ha renunciado a todo y ha aprendido a conformarse con su vida monotona y absurda, aunque a diferencia de la criatura dickensiana la primera víctima de su miseria es él mismo, pues es muy consciente de su infelicidad. Marta, por el contrario, sigue albergando una cierta esperanza. Siempre ha estado sola, tanto que de niña llegó a desarrollar la habilidad de decir las palabras al revés para entretenerse; pero al menos se esfuerza en cambiar, comprándose ropa de dudoso gusto y procurando comportarse siempre con amabilidad y cortesía.
Entrevista en El cultural:
Juan: Pablo no lo nota, pero para mi, que soy una persona excesivamente poco lectora, en nuestra enorme admiración por Raymond Carver, aunque sea en cosas mínimas, está presente en Whisky.
Pablo: Alguna gente comparaba el guión con algo de Onetti, especialmente El Astillero y si bien me encanta Onetti sólo puedo tomar eso como un cumplido. Tal vez la influencia más literaria que tenemos nos venga del cómic, no en cuanto a temática pero sí en cuanto a la forma de narrar.
Jorge-Mauro de Pedro (Miradas) ****: La silenciosa desesperación de quitar el candado, volver a alzar la puerta metálica, encender las luces, poner en marcha la máquina, esperar un té caliente y tratar de arreglar el carrete de una persiana que nos obliga a trabajar entre tinieblas.
Jacobo supeditando la sintonía de la radio a su aparición, seguro de que -aunque con retardo-, hoy volverá a verla. Incapacitado para la emoción, estéril para la pasión. Pero acostumbrado a ella, a su descanso para echar un cigarrillo, a su "permiso", a sus ojeras, su distante familiaridad. Y sabedor de que su gesto final -sublime y algo quijotesco- lo emparenta con el bueno de Humphrey, atontado en el hangar, viendo como despega el avión con todo aquello que quiso en este mundo.
Alberto Fijo: Stoll y Rebella saben explotar la repetición como metáfora de unas vidas encarriladas y sin alicientes. Esa opción es arriesgada cuando se adopta de manera radical y la película lo acusa. Las magníficas interpretaciones y un guión inteligente compensan el espartano diseño visual de una interesante propuesta hecha con muy pocos medios, que fue bien recibida en el último festival de San Sebastián.
Méndez-Leite @@@@: La austeridad de la planificación nada tiene que ver con estilos aparentemente similares de tantos directores postmodernos y pretenciosos que acostumbran a darnos la tabarra con sus petulancias en los más prestigiosos festivales del mundo.
Mirito Torreiro *****: Es posible la aclimatación del cine de Aki Kaurismäki a una realidad tan distante de la finlandesa como es la uruguaya? Tal pregunta, y con respuesta afirmativa, se encargan de contestarla dos jóvenes talentos rioplatenses, Rebella y Stoll, con una película modélica, una preciosa joya a la que no le sobra un solo plano, que ostenta modos de puesta en escena que firmaría el mismísimo finlandés, y con un soterrado, brillante sentido del humor que la hacen, si el espectador es tan atento como para ello, llegar al borde mismo de la carcajada.
Francisco Marinero ***: todos los personajes conservan su personalidad, pero el humor se desliza en pequeños gestos que ponen de manifiesto tanto lo absurdo de las situaciones en las que se pone el avaro Jacobo como el cambio en las relaciones entre estos personajes en los que quizá nadie más habría pensado como protagonistas de una película.

Rotten Tomatoes

Taxi

Tim Story, 2004
Reparto: Queen Latifah (Belle), Jimmy Fallon (Washburn), Gisele Bündchen (Vanessa), Jennifer Esposito (Teniente Marta Robbins), Ann-Margret (Madre de Washburn), Henry Simmons (Jesse), Ana Cristina de Oliveira (Ladrona), Ingrid Vandebosch (Ladrona), Magali Amadei (Ladrona), Christian Kane (Agente Mullins), Boris McGiver (Franklin), Joe Lisi (Sr. Scalia).
Guión: Robert Ben Garant, Thomas Lennon y Jim Kouf; basado en la película "Taxi" (1998) de Luc Besson.
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Buddy movies

Una buddy movie es una historia en la que aparecen emparejados por cuestiones del azar dos personajes que no pegan ni con cola pero acaban haciendo migas. Para que funcione bien, lo ideal es que los dos personajes, aparte de ser opuestos, interpreten a tipos reconocibles. La gama de colores es muy amplia, y la paleta crece cuando uno hace mezclas con estos experimentos hollywoodianos. Queen Latifah interpreta a Belle, una taxista despabilada y de vuelta de todo, como el personaje que hacía en “Se armó la gorda”. Sigue dando lecciones de sano egoísmo y de sabiduría mundana, sin que se le suba a la cabeza, y sin chupar mucha cámara. Más comedida que Goopy Goldberg, le auguro, también, una carera más larga. Jimmy Fallon, el policía Washburn, parece un buen heredero del original francés por su capacidad para acaparar fracasos y errores. Así que le toca aprender alguna cosilla de su forzada compañera de aventuras.

Igual que en las aventuras de “A todo gas”, a los creadores les gustan los coches y la velocidad, y se lo han pasado bien saltándose señales de tráfico en Nueva York. Se puede ir a verla como una película de coches, pero esta tiene más altura y sabe dejar la velocidad en el lugar que le corresponde. Se trata de una comedia despreocupada que contagia un humor bastante sano. Si hubiera que calificarla por divertida se llevaría sus cuatro estrellas pero no voy a hacerlo porque creo que asustaría a todo el mundo. Los espectadores que quieren pasárselo bien huyen de las películas llenas de estrellas, y además ni el personaje torpón buscaba medallas, ni el director tampoco, para qué cargarles con ese engorro.

Francisco Marinero 0: Las carreras y los choques múltiples se han visto en innumerables películas, casi todas mejores que ésta, y los chistes a costa de la contumacia en el error del policía son, en el mejor caso, ingenuos.
Mr Cranky (-5): It seems to me that the bloopers reel once tacked on to the end of films in an attempt to be cute is now just an admission by the director that the film is a piece of crap.

Rotten Tomatoes 9% $36m.

Sky Captain y el mundo del mañana

Kerry Conran, 2004
Interpretación: Gwyneth Paltrow (Polly Perkins), Jude Law (Joe "Sky Captain" Sullivan), Angelina Jolie (Capitana Franky Cook), Giovanni Ribisi (Dex Dearborn), Michael Gambon (Editor Morris Paley), Bai Ling (Mujer misteriosa), Omid Djalili (Kaji), Sir Laurence Olivier (Dr. Totenkopf), Trevor Baxter (Dr. Walter Jennings), Julian Curry (Dr. Jorge Vargas).
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La desidia de ser héroe

Cuando el héroe se juega la vida en una película de los 40 suele hacer un chiste porque no quiere que los demás suframos con él. En una película de los 60, hace un chiste porque además de no tener miedo sabe que es un tío guapo y que va a quedar más elegante. Sky Captain hace chistes y discute con la chica mientras robots infernales le atacan y obuses imparables le disparan porque en el cine de 2004 los obuses y los aparatos han pasado a un segundo plano, no asustan a nadie, o bien porque tanto pelearse contra un fondo azul celeste que se supone que está lleno de aparatos hace que al alctor se le ponga gesto de alcachofa. Los actores de “Sky Captain” parecen esos notarios que de tanto repetir la operación ponen la firma sin mirar, como el médico que harto de ver pacientes te larga la receta para que no le molestes.

La estética de los años cuarenta, los colores sepia, y la atmósfera retro está lograda a la perfección. O sea, con la misma desidia de la perfección. Cabría la posibilidad de que la relación entre los personajes tuviera alguna emoción, ya que las trampas son puro trámite. Él desconfía de que ella le hiciera una treta en su avión, ella desconfía de que él le pusiera cuernos. Esa es la historia humana que pretende llegar a nuestra sensibilidad, dado que no lo consiguen los FX, ni la avasallante imaginación de los robots voladores, y las naves, la selva ni las montañas del Tibet, las persecuciones en avión ni las persecuciones por el fondo del mar, la devastación del planeta ni la destrucción de Nueva York.

También sale Angelina Jolie con un parche en un ojo, aparece, recoge su medalla y se va. Para mi resulta más electrizante una discusión entre los personajes de Gran Hermano que esta aventura.

Méndez-Leite @@@: Como en el caso de 'The Polar Express', el interés de esta película está sobre todo en el empleo de nuevas tecnologías para contar una historia fantástica, pero la diferencia sustancial está en que aquí no hay solo un trabajo técnico perfecto pero rutinario, sino que se advierte con claridad un aliento personal, un entusiasmo y una sinceridad que convierten la propuesta del debutante Kerry Conran - una especie de Amenábar yanqui, autor del guión, el diseño de producción y el vestuario - en una simpática revisitación de géneros y estilos del cine fantástico mudo ('El Doctor Mabuse, 'Metrópolis'), de las películas del género de los años 30 y muy especialmente, 'Horizontes perdidos' de Capra.
Maliciosamente Conran anuncia esta sorpresa a los espectadores avisados cuando durante el ataque de los robots aparece una marquesina de un cine en la que se anuncia 'Cumbres borrascosas', uno de los mayores éxitos del marido de Vivien Leigh, de la misma manera que las imágenes de 'El Mago de Oz', antes aludidas, son una premonición de la farsa del Dr. Totenkopf. No sé yo si el público joven estará en condiciones de apreciar debidamente este mundo del futuro que no es sino un retorno al pasado. Pero, el viaje de Sky Captain, en cualquier caso, vale la pena.
Alberto Bermejo ***: Cada plano es, en sí mismo, un juego de asociación de ideas y de recuerdos que apunta en varias direcciones a la vez, del mismo modo que la película en conjunto se presenta como una hipótesis futurista al mismo tiempo que como una rememoración, sobre todo visual, del pasado.
Begoña del Teso: ¿Es bueno acaso? ¿Es malo quizás recordar una película de la que no sabías nada? Depende. Ni bueno ni malo sino, tal vez, fatuo. tan fatuo como esta pelicula con aires de peliculona que se queda en peliculeta tras mucho rondar la excelencia s sin connseguirla. Quizás con otra gente, con otro guión...
Jesús Palacios ***: Sky Captain es un delicioso viaje en el tiempo hacia el futuro imaginado por los seriales, los comic-books y los pulps de los años 30 y 40. Una revisión cinéfaga y metaliteraria del mundo de Amazing Stories, Flash Gordon, los hermanos Fleischer, The Phantom Creeps, Hugo Gernsback y Alex Raymond... Pero producto, paradójicamente, de las técnicas digitales más modernas: rodada íntegramente en escenarios generados por ordenador
Ebert ****: The actors did almost all of their scenes in front of a blue screen, which was then replaced with images generated on computers. The monsters, the city, and most of the sets and props never really existed except as digital files. This permitted a film of enormous scope to be made with a reasonable budget, but it also freed Conran and his collaborators to show whatever they wanted to, because one digital fantasy cost about as much as another.
Allison Benedict *** 1/2: The verdict? Conran has got himself a looker, with Paltrow in soft focus, the whole world larger than life and a title that, said in the proper low-pitched voice, conveys the tone of the film: exuberant, idiosyncratic and timeless.
Also, and this was the biggest surprise, Law and Paltrow are funny. As their characters bicker and banter through robot attacks and dynamite explosions, the ridiculously handsome duo boasts real chemistry and sexual tension.

Rotten Tomatoes

Finding the Story Inside

"I understand that Hollywood is a kind of mecca for many directors, but I don't even have an agent in the United States," he says on the phone from his home in Spain. "What pushes me are the stories I want to tell, not really making the trip to Hollywood."

What's most surprising about "The Sea Inside", though, is how stunningly different it is from "The Others"—as well as from Amenábar's earlier films, including the mind-bending thriller "Open Your Eyes," starring Penelope Cruz (and later remade in English as "Vanilla Sky," starring Cruz and Cruise), and his disturbing first feature, "Thesis," about a film student who stumbles upon what seems to be a snuff film. [...] In fact, each of Amenábar's films is so visually and tonally different, it's hard to believe that the same person directed them all.

His work draws more comparisons to the latter two. Like Hitchcock, Amenábar has a gift for generating suspense; like Kubrick, he often uses space and architecture to emphasize the isolation of his characters. But in some ways he trumps them, too: Amenábar, who started playing the piano at 10, composes the musical scores for all of his movies.

Come February, it's likely that he and legendary Spanish director Pedro Almodovar will both be sitting in the Kodak Theatre on Oscar night. But unlike most other foreign filmmakers, Amenábar—like Almodovar—shows no desire to immigrate to the United States.

Ocean's twelve

Steven Soderbergh, 2004
Reparto: George Clooney (Danny Ocean), Brad Pitt (Rusty Ryan), Matt Damon (Linus Caldwell), Catherine Zeta-Jones (Isabel Lahiri), Andy Garcia (Terry Benedict), Don Cheadle (Basher Tarr), Bernie Mac (Frank Catton), Julia Roberts (Tess Ocean), Casey Affleck (Virgil), Scott Caan (Turk Malloy), Vincent Cassel (François Toulour).
Guión: George Nolfi; basado en los personajes creados por Geroge Clayton Johnson y Jack Golden Russell.
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Oh, que listo

Me da pereza hablar de Ocean’s twelve. Y no es que no tenga nada que decir, claro, pero me da pereza meterme con Soderberg. me cayó bien hablando de droga en “Traffic” y de los underdogs en “Erin Brockovich”, y me aburrió con su adaptación de “Solaris” cosa que le perdono.

Creo que lo que menos soporto es que se traiga a su trupe de ladrones de lujo a Europa, y que en vez de robar dólares, me digan que el objeto vale tantos millones de euros. ¿Qué pasa, no tienen suficiente con lo que nos roban con sus campañas militares, financiadas por occidente? No es lo mismo robar en un casino de Las Vegas que un coleccionista holandés. En Europa no existe la obscenidad del dinero. Lo mismo que tampoco tenemos esos descomunales desiertos para rodar westerns, tampoco tenemos tontorrones con sombrero vaquero que ganen lo mismo que un pais del tercer mundo; tenemos familias aristocráticas, dinastías. Para hacer un gran robo en Europa los doce guaperas tendrían que quitarle los fondos a los huérfanos de la guardia civil, como hizo Roldan, y la película no tendría gracia. De hecho, la película no tiene gracia.

Así que, visto que Soderberg no se le ocurre un tesoro europeo que justifique el trabajo de doce ladrones interpretados por doce actores que cobran por su trabajo lo mismo que sus personajes por sus robos, pone a los doce a trabajar en una competición. ¿Es más listo un ladrón francés o uno americano? ¿Es más fuerte el dólar o el euro? ¿Quiénes son más superficiales y bobos, ellos o nosotros? ¿Ganará la UE más medallas en los juegos olímpicos?

Soderberg se mide demasiado a si mismo en esta película, y creo que debería tomarse una tila y ponerle un freno a tanta ansia por demostar lo listo que es. Tiene un postre insólito, como todas las películas que no han sabido entretener con el primer ni el segundo plato. Y probablemente uno de los más fulleros que conozco. Al final nos muestra unas escenas que el propio director había escondido para distraer al ladrón rival, y a todos. Bueno, está bien lo de los faroles con el enemigo, pero al público le podría dar alguna pista para entretenerlo, no esperará que un espectador esté despierto para todas las posibles mentiras que le está contando la cámara.

Alberto Bermejo **:Si la comedia es el género ligero y ameno por excelencia, 'Ocean's Twelve' está lastrada por la ostentación. Algo que corrigen en buena parte los actores, cada uno mostrando su sentido del humor (en especial, Clooney, que tiene el más peculiar y el más eficaz) y, la gran baza de ésta y otras películas del tándem Soderbergh-Clooney, estableciendo una complicidad que se transmite a los personajes de ficción.

Rotten Tomatoes: 59% $39m.

¿Ha dicho Almodóvar o Amenábar?

El tema lo ha sacado “la cinefilia”, una bitácora que, de paso, aprovecho para recomendarles. Dicen que los dos riman, y que coinciden en una virtud, los dos han sabido tocarle los cojones al clero.

Y no digo que no, pero no es lo mismo. También coinciden en sus gustos, a ninguno de los dos le gustan las chicas, pero no se puede comparar a Fernando Esteso con Billy Wilder por el hecho de que los dos hicieran comedia. No es lo mismo. Amenábar es como el torero, sabe dar la estocada con arte, Almodóvar es el toro, se va derecho a lo rojo, o a lo que se mueve. Sus curas pederastas no sirven para desacreditar al clero, ni la moral católica, su saña tiene más de cuenta pendiente que de discurso, o de convincente. El golpe que da a la iglesia en “La buena educación” es tan bajo que problablemente provoque más simpatía que rechazo por un colectivo tan vejado.

Amenábar decidió salir del armario a la vez que rodar “Mar adentro”, que son cosas parecidas. Ramón Sanpedro era otro condenado a vivir encerrado en el armario, o ataud, de la vida impuesta, mal entendida por la moral católica. Para criticar las mordazas y el absurdo de una moral soportada durante dos milenios, Amenábar tuvo la sutileza de elegir un caso parecido al de los homosexuales, pero no el mismo. Yo creo que eligió a Sanpedro porque representaba la voz de un individuo que quiere hacer con su vida lo que le viene en gana, igual que el propio Amenábar, y que no puede porque un colectivo de imbéciles ha monopolizado ese derecho y ha elegido por él lo que es mejor para él. Homosexualidad y eutanasia eran una astilla en la moral católica que sólo Amenábar podía usar y prestidigitar con un fin claro.

Para hacer divertidas sus tramas, Almodóvar acude siempre a la burda artillería de los sarasas, el exabrupto, la barbaridad, o el escándalo, también al sentimentalismo barato, o al barroquismo de pacotilla. Para adornar sus mensajes necesita travestis y victimas, porque no es un artista, es el dueño del megáfono que llamamos “lo políticamente correcto” al que le da todo el volumen que tiene la rueda.

En cambio Amenábar tiene el sello de un genio. Le falta curarse algun arrebato místico, como la chorrada de hacer volar a Ramón Sanpedro, pero es el dueño de un estilo sin estridencias, y una sensibilidad desarmante.

Los americanos todavía no se han enterado. Yo me quedo asombrado cuando les veo aplaudir a Almodóvar de esa manera. Allá ellos, pero si quieren un genio de estas latitudes que rime con el otro y que tenga verdadera substancia, tendrán que empezar a dejar de ignorar a Amenábar.
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