Viaje al centro de la tierra



Verniano


"Journey to the center of Earth"
Eric Brevig, 2008
Reparto: Brendan Fraser (Trevor Anderson), Josh Hutcherson (Sean Anderson), Anita Briem (Hannah), Seth Meyers (profesor Alan Kitzens), Jean-Michell Paré (Max Anderson), Jane Wheeler (Elizabeth), Frank Fontaine (hombre mayor), Giancarlo Caltabiano (Leonard).
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Yo he intentado razonar varias veces por qué me aburre tanto este libro de Julio Verne (y los demás) y tengo un par de teorías: una, falta la chica. Es cierto que Axel tiene novia, Grauben. Pero se la deja en tierra y se va de viaje con su tío, así que no cuenta. La otra teoría que se me ocurrió fue que no había malo. A los protagonistas les pasan cosas, pero nadie conspira contra ellos así que no nos preocupan tanto.

De esta versión puedo decir que responde a las dos pegas. Hay chica, porque si no, no hay taquilla. Y sigue sin haber malo, pero a cambio, le han añadido a la historia eso que a Hollywood se le da tan bien, le han añadido conflictos familiares. El tío y el sobrino no son dos empollones sin sentimientos, han perdido al padre y le echan de menos.

De la historia cabe agradecer que repita a Verne sin aburrirnos con él. Aparecen sus océanos, sus plantas, sus seres marinos y sus dinosaurios. Estos últimos transformados por el avance de la ciencia y también porque entre Verne y Brevig se han escrito otros libros y se ha rodado cine, y un tal Spielberg nos ha impuesto la iconografía de sus tiranosaurios.

El viaje sirve a Verne para asombrarnos, a Brevig para unir una familia con los avatares de un viaje. En ninguno de los dos casos consiguen explicarnos que pasó con el magma y las temperatura de esas profundidades, con esos mares, o con la gravedad. Pero no es tan terrible. Sobre todo si uno consigue desconectar un par de neuronas científicas y se sumerge de lleno en la acción.
Lou Lumenick. New York Post ***: Unusual for this genre, the script doesn't insult the audience's intelligence, and it mercifully soft-pedals its message about the virtues of reading.

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La conjura del Escorial



Dos horas de documental, media hora de culebrón


Antonio del Real, 2008
Reparto: Jason Isaacs (Antonio Pérez), Julia Ormond (princesa de Éboli), Jürgen Prochnow (Espinosa), Jordi Mollà (Mateo Vázquez), Joaquim de Almeida (Juan Escobedo), Juanjo Puigcorbé (Felipe II), Blanca Jara (Damiana), Fabio Testi (duque de Alba), Rosana Pastor (doña Juana de Coello), Pablo Puyol (Insausti), Concha Cuetos (doña Bernardina), Anthony Peck (Tiépolo).
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Sería una suerte que personajes como la princesa de Éboli o don Antonio Pérez se hicieran tan populares como Hanibal Lecter o el pirata Barbosa. Lo de matar dos pájaros de un tiro y que uno sea educativo nunca deja de seducirme. Pero con películas como “La conjura del escorial” difícilmente vamos a conseguir que alguien se quede hasta el final cuando la echen dentro de un año por la segunda cadena.

El McGuffin es el mismo que el de los Tres Mosqueteros. Los nobles se juegan su poder y los vasayos, que son quienes nos importan, se juegan la vida. Antonio Pérez, que es el malo pero sólo descubriremos que es malo al cabo de dos horas, conspira para conseguir unos papeles que lo comprometen en asuntos de estado. Jordi Mollá, que es el bueno, pero sólo descubriremos que es bueno cuando caiga el telón, pide los servicios de un alguacil para destapar la trama contra el rey.

El alguacil quiere descubrir al culpable porque le va en ello una cuestión personal. La historia de amor del alguacil, contada con el mismo arte que un culebrón venezolano; y la investigación posterior, contada con el mismo arte que un serial español, son los únicos veinte minutos de cine que uno soporta dentro de este larguísimo documental. Las otras dos horas de inacción muestran a personajes históricos discutiendo sobre Flandes e Inglaterra delante de una colección de postales de las fachadas del siglo de oro.
Jordi Costa. El País: Con el punto de mira en la comercialidad más banal, la apasionante intriga histórica cede demasiado terreno a una lamentable trama amorosa. Al director quizá le traicione su propia ambición y, aunque la grandilocuente música pretenda ensalzar una puesta en escena más esforzada que talentosa, la película parece un trabajoso remedo de aquellos modelos británicos un tanto pasados de moda
Es Madrid, no Madriz: La calle donde fue asesinado Juan Escobedo es la calle de la Almudena, que se encuentra a muy pocos metros de la catedral, como podemos leer en la placa que el Ayuntamiento colocó allí.
Roberto Piorno. Guía del Ocio **: Cuando Del Real abandona la crónica histórica para deslizarse por los límites del relato aventurero la película hace agua, y cuando se sumerge sin contemplaciones en las profundidades del melodramilla romántico bucólico, hortera y forzosamente intercultural se oyen las alarmas de naufragio.
Francisco Marinero. Metropoli 0: esta confusa conjura cuyos personajes actúan contradictoriamente, como si cada uno de los cuatro guionistas hubiera trabajado por su cuenta y cada uno de los actores no supiera si su personaje es ingenuo o taimado, bueno o malo.

IMDB | web | muchocine | La Princesa de Éboli | Antonio Pérez



Juanjo Puigcorbé es Felipe II

Julia Ormond es la Princesa de Éboli

Jason Isaacs es Antonio Pérez
La situación parecía propicia para la existencia de facciones, ya que no había todavía un acuerdo total respecto a los ejes fundamentales de la política, especialmente de la política exterior, y el gobierno vacilaba entre distintas alternativas. Las alternativas se concretaban en dos enfoques comunes de los problemas políticos, uno intransigente y tradicionalista, y el segundo flexible y moderado. Por esa razón, a la facción ebolista se la designa frecuentemente como partido pacifista, o incluso liberal, mientras que se considera a la facción albista como un partido belicista y conservador. Pero esas etiquetas tienen escasa significación. De hecho, existían una serie de facciones, o grupos de patronos y clientes, algunos de ellos con un acceso más directo al monarca que el que podían tener el duque de Alba (FABIO TESTI) o el príncipe de Éboli, caso de doña Juana, hermana de Felipe II, y de Isabel de Valois, su esposa. No existían tampoco ideologías coherentes. Es cierto que el duque de Alba defendía con energía la guerra total en los Países Bajos, pero no era partidario de extender el conflicto bélico al otro lado del Canal de la Mancha. Defendía una línea de compromiso diplomático con Inglaterra, y en este sentido ejercía una influencia de moderación en la política española. Los elementos religiosos realmente intransigentes se hallaban en el entorno de Diego de Espinosa (JÜRGEN PROCHNOW), otro inquisidor general, que inició el índice de libros prohibidos y que mantenía una estrecha vigilancia sobre los conversos, los moriscos y los partidarios del príncipe de Éboli. El llamado partido pacifista defendía un acuerdo pacífico en los Países Bajos, pero sólo para conseguir un cierto respiro que permitiera a España enfrentarse a Inglaterra, lanzando una invasión a través del Canal de la Mancha. En cuanto a la revuelta de los moriscos (BLANCA JARA), los dos partidos no representaban posturas distintas.

La facción ebolista supo atraerse a un importante grupo de nobles, como al marqués dé los Vélez, un veterano guerrero y diplomático y miembro del Consejo de Estado, al duque de Sessa, descendiente del Gran Capitán, y a la amplia y poderosa familia de los Mendoza, cuyos miembros desempeñaban no pocas veces los cargos de virrey y embajador. Más tarde contó también con el apoyo del cardenal Quiroga.

También se integraban en este grupo una serie de oficiales, de entre los cuales el más notable era Antonio Pérez (JASON ISAACS), que llegó a ser su figura clave y que asumió el liderazgo tras la muerte del príncipe de Éboli en 1573, sirviéndose de él para sus propios intereses. Fue entonces cuando entabló una estrecha relación con la esposa del príncipe de Éboli, tanto, que se ha querido presentar como una de las causas fundamentales del conflicto político del reinado de Felipe II la existencia de una supuesta relación amorosa entre la princesa de Éboli (JULIA ORMOND) y Antonio Pérez (ISAACS). El conflicto se habría producido por la rivalidad entre el monarca y su secretario por el amor de la misma mujer. Esta historia, como ocurre con muchas otras historias de este reinado, es falsa, tanto por lo que respecta a Antonio Pérez como a Felipe II (JUANJO PUIGCORBÉ). La princesa de Éboli, que llevaba un parche de color negro sobre su ojo derecho, era otro miembro de la familia Mendoza, una mujer dominante, piadosa hasta la teatralidad —ingresó en un convento el día del fallecimiento de su esposo para abandonarlo unos meses después— pero, sobre todo, ávida de influencia tanto sobre los acontecimientos como sobre las personas. Santa Teresa tuvo que sufrir sus atenciones y Antonio Pérez avanzó hacia su ruina gracias a ellas. Los objetivos políticos de esta excéntrica mujer no eran otros que los de interferir allá donde pudiera. Por ello cultivó la amistad de Antonio Pérez, del que opinaba que «llegaría lejos», con la esperanza de permanecer, gracias a él, en el centro de los acontecimientos cuando la muerte de su esposo amenazó con poner fin a su influencia. Por otra parte, a Antonio Pérez le resultaba útil por sus contactos aristocráticos. Pero la relación de ambos fue exclusivamente política y financiera. Los dos necesitaban dinero, que estaba al alcance de un oficial con los contactos adecuados. Así pues, le reveló secretos de Estado y juntos comerciaron con las concesiones reales y la información del gobierno, ayudando a aquellos que estaban dispuestos a comprar sus favores. Probablemente, el amor no formaba parte de la intriga.

El portavoz de la facción rival era el duque de Alba (TESTI), jefe poderoso de una poderosa familia, cuya distinguida carrera como virrey y militar sufrió la más dura de las pruebas en los Países Bajos. El duque de Alba era un inveterado enemigo de Antonio Pérez y su grupo, entre los cuales incluía en su odio al príncipe de Éboli, su viejo rival en el Consejo de Estado, y en su desprecio aristocrático por los oficiales. En su bando se alinearon su amplio linaje —los Toledo eran eran prolíficos en generales, almirantes y virreyes—, los secretarios Vázquez (JORDI MOLLÁ), Zayas, Idiáquez y Moura y el confesor del rey, fray Diego de Chaves. La facción incluía también a dos grandes señores, que ejercieron una notable influencia en la segunda parte del reinado y que se enriquecieron sin rubor en el desempeño de su cargo. Se trataba del conde de Barajas, presidente del Consejo de Castilla, a quien Felipe II (PUIGCORBÉ) utilizaría en su campaña contra Antonio Pérez hasta que, también él, fue objeto de investigación por malversación y destituido de su cargo, y el conde de Chinchón, tesorero general de Aragón e Italia, realista extremo que había conseguido su promoción en el cursus honorum gracias al rival de Pérez, Mateo Vázquez (MOLLÁ). Sin embargo, en los años de 1570 esta facción no había alcanzado todavía un lugar bajo el sol. El duque de Alba (TESTI) fracasó en los Países Bajos. En 1572 perdió el favor de Felipe II y se ordenó la investigación de su actuación como gobernador. Su sustitución en 1573 y su posterior alejamiento de la corte por un monarca cansado de sus pretensiones coincidieron con el comienzo de la gran influencia de Antonio Pérez. Pero también éste se excedió. De comerciar en concesiones e informaciones oficiales pasó a interferir sin autorización en asuntos de Estado —en asuntos referentes a los Países Bajos y, tal vez, a Portugal— y ello determinó su caída en 1579. Cuando los administradores intentaban actuar como políticos, Felipe II prescindía de ellos y lo hacía con total impunidad. La debilidad fundamental de esta política faccionalista estriba en la ausencia de fuerza de los diferentes grupos fuera de la administración. En efecto, nada tenía que temer el rey de sus Cortes.

"Historia de España". Dirigida por John Lynch.



Felipe II

La Princesa de Éboli

Antonio Pérez
Desde 1573 la voz más influyente en la administración había sido la del secretario de Estado, Antonio Pérez (JASON ISAACS), el nuevo cabecilla de la facción «pacifista». Pero la influencia de Pérez no era decisiva. En el período en que don Juan de Austria fue gobernador de los Países Bajos, el secretario real y los hombres más próximos a él, el marqués de los Vélez y el cardenal Quiroga, defendieron una solución de compromiso con los rebeldes y la invasión de Inglaterra. Pero se trataba de una propuesta prematura; el rey deseaba la paz en los Países Bajos, pero no estaba preparado todavía para la guerra con Inglaterra. No obstante, Felipe II (JUANJO PUIGCORBÉ) no hacía caer en desgracia a quienes no concordaban con su política, sino que simplemente los dejaba de lado. Antonio Pérez fue mucho más lejos en sus transgresiones. Por razones todavía oscuras, tal vez con la intención de convertirse en un elemento indispensable tanto para Felipe II como para don Juan de Austria, hizo lo posible por deteriorar las ya tensas relaciones entre el rey y su hermanastro. Felipe II sabía que don Juan tenía ambiciones en Inglaterra y le informaron desde los Países Bajos que estaba negociando con el papa y con los católicos franceses a fin de conseguir aliados para una invasión a través del Canal de la Mancha. Pero la política de don Juan de Austria, aunque independiente, no era subversiva. Fue Antonio Pérez quien hizo que pareciera más peligrosa de lo que era en realidad y quien encontró una cabeza de turco en Juan de Escobedo (JOAQUIM DE ALMEIDA), secretario de don Juan, y que tenía ambiciones tanto para él mismo como para su señor. Antonio Pérez, que mantenía una correspondencia secreta con el gobernador y su secretario, enseñó al rey el contenido de sus despachos y las cartas confidenciales que recibía como contestación. Así pues, al mismo tiempo que alentaba a don Juan de Austria alimentaba las sospechas de Felipe II (PUIGCORBÉ) respecto a su hermanastro. Pero en 1578 Escobedo (DE ALMEIDA) llegó a la corte para presentar al monarca los puntos de vista y las necesidades de don Juan de Austria. Antonio Pérez corría el riesgo de que se descubrieran sus intrigas y sus filtraciones de secretos de Estado, lo que lo indujo a tomar la iniciativa. Responsabilizó a Escobedo de las ambiciones de don Juan de Austria y predispuso al rey contra él, convenciéndolo de que era necesario eliminarlo. Al parecer, el rey dio su consentimiento al plan de Antonio Pérez, convencido, como de costumbre, de que tenía poder para en un caso de urgencia ordenar una ejecución sin juicio previo. Antonio Pérez intentó primero envenenar a su rival y al no conseguirlo contrató a unos asesinos a sueldo que lo atravesaron con sus espadas en las calles de Madrid el 31 de marzo de 1578.

Naturalmente, las cosas no podían terminar así. A pesar de todas sus precauciones, Antonio Pérez no había conseguido borrar sus huellas completamente. No tardó en circular el rumor de que él era el responsable del crimen y, por otra parte, la familia de Escobedo exigía justicia. Mateo Vázquez (JORDI MOLLÁ), rival de Antonio Pérez en la secretaría, tomó buena nota de esas acusaciones y lo denunció ante el monarca. Éste, torturado en su propia conciencia, se movía incómodo entre dos líneas de acción. Tuvo buen cuidado en no admitir que el asesinato se había perpetrado con su conocimiento, pero al mismo tiempo decidió no perseguir a Antonio Pérez, en parte porque se sentía culpable y también por temor a las posibles revelaciones de su secretario. Pero cuando murió don Juan de Austria y llegaron a España sus documentos, Felipe II llegó a la conclusión de que su hermanastro era inocente y de que Antonio Pérez (JASON ISAACS) lo había engañado. Por otra parte, lo irritaba cada vez más la connivencia política entre Antonio Pérez y la princesa de Éboli (JULIA ORMOND) y sospechaba que se estaba filtrando información sobre asuntos de Estado. Entonces, el monarca modificó su actitud. En ese momento su mayor problema político era la sucesión portuguesa. Las negociaciones al respecto estaban en manos del propio Antonio Pérez, un oficial en quien ya no podía confiar y de quien sospechaba en relación con los secretos de Estado. Decidió sustituirlo, pero primero tenía que formar un nuevo equipo. El duque de Alba (FABIO TESTI) había caído en desgracia; Los Vélez había muerto recientemente, después de haber perdido también el favor real y Quiroga no sintonizaba totalmente con la política portuguesa del rey. Felipe II decidió entonces recurrir a hombres que no mantuvieran una relación estrecha con sus anteriores consejeros. La persona elegida fue el cardenal Granvela.

Sólo cuando el nuevo equipo estaba prácticamente ya en funciones actuó Felipe II contra su antiguo favorito. La tarde del 28 de julio de 1579 Antonio Pérez trabajó con el rey en algunos documentos hasta las diez de la noche y una hora después era arrestado. Poco después se puso también bajo custodia a la princesa de Éboli, que había amenazado a quienes calumniaban a su amigo, especialmente Mateo Vázquez, y cuya creciente insubordinación resultaba intolerable para Felipe II. La princesa de Éboli pasó el resto de su vida confinada en una estancia de su palacio en Pastrana.

"Historia de España". Dirigida por John Lynch.

El tren de las 3:10



El peso de la ley

Basada en un cuento de Elmore Leonard, la película de Daves se estrenó en 1957, tres años después de su publicación. Un granjero atraviesa una mala temporada por falta de lluvia. La banda de Ben Wade utiliza su ganado para perpetrar un asalto a la diligencia que lleva el dinero de los trabajadores del ferrocarril. El asalto está resuelto con un campo contracampo. La versión actual abusa de las balas y del vertigo. El espectador de antes no necesitaba tantos planos, y el espectador de hoy, creo, tampoco.


Delmer Daves, 1957
Glenn Ford (Ben Wade), Van Heflin (Dan Evans), Felicia Farr (Emmy), Leora Dana (Mrs Alice Evans), Henry Jones (Alex Potter, el borracho del pueblo), Richard Jaeckel (Charlie Prince), Robert Emhardt (Mr. Butterfield, dueño de la diligencia)
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Cuando el granjero (Van Heflin) va a recuperar su ganado le ofrecen escoltar al criminal al pueblo más cercano. Necesita los $200 y acepta. El western clásico no dedica ni un solo plano al trayecto. Cuando sale el sol, los buenos han llegado a Contention. El hombre honrado y el bandido miden sus fuerzas dentro del hotel. El bandido aprende que tipo de hombre es el granjero porque no abusa de ir armado.

Uno de los hombres de Wade corre a avisar a la banda antes de que llegue el tren. Son siete hombres armados, y se ensañan con uno de los escoltas, con Potter, el borracho del pueblo. Por eso el jefe del ferrocarril se da por vencido y le pide al granjero que vuelva a casa. Nadie se atreve a llevar a Wade al tren. Pero el granjero sigue adelante. Aunque ya tiene su paga, se juega la vida para hacer lo justo. Él solo contra siete hombres. La lección que le ha dado al forajido es que la ley no abusa de su fuerza y que no necesita premios.

Por eso, aunque Ben Wade se transforma en las dos versiones, viendo la antigua lo entendemos, viendo la moderna no.
New York Times. By BOSLEY CROWTHER. Published: August 29, 1957: COLUMBIA'S "3:10 to Yuma," which arrived at the Astor yesterday, follows substantially the same route as that memorable Western "High Noon," and it reaches its terminal situation in a remarkably similar way.
Of course, there are differences in details. The hero in this gritty Western film is confronted with the man he has to handle rather early along in the affair. This man is a smooth and smiling bandit who amiably taunts our nervous boy, tempts him with bribes and confidently warns him that the gang will close in for a rescue before the arrival of that jail-bound train. (In "High Noon," the "menace" was coming out of prison; in "3:10 to Yuma," he is going in.)
But for all that (and other varying details), the theme and the issues are the same—a man beset by doubts and lawless bullies has the courage to face responsibility. Under unmerciful tension, he awaits the showdown whistle of that train.
Vince Leo. Qwipster's: Evans faces a moral dilemma, as the chance of Wade actually ever making it to the train seem to be dwindling as the time inches forward to the deadline. While everyone bails out, and risking almost certain death, Evans must choose between doing what he feels is right and doing what he thinks is best for himself and his family.
Another film under the shadow of High Noon's enormous influence, and one of the best, 3:10 to Yuma has a fairly simple premise, but still remains quite immersive due to its concentration on the characters, especially in the psychological mind-games that a crafty outlaw plays on those around him to try to secure his release. The feeling of utter helplessness for law-abiding citizens when confronted with unscrupulously bad men is all encompassing, as we wonder if Evans will compromise his virtues and sense of duty when everyone, including the man who initiates the transfer, wants out of the deal.
I didn't quite understand why Wade's gang doesn't just wait for him to get on the train, as it would seem much simpler to either get him to jump off at some point, or to attack it and get it to stop. In fact, there are several such moments where I wondered why they weren't more aggressive about saving their man, particularly in a finale where they employ a strange strategy of trying to pick him off from a sizable distance (if you're going to endanger the life of your boss by taking potshots, why not just rush they guy?). The strengths of the film lie in the psychological drama, and not in the plausibility of the events, so to properly enjoy the film, you just have to accept that once Wade sets foot on the train, his life as a bandit is over.
Jay Seaver. Efilmcritic.com: It rather feels like his work, though. Wade is an amiable villain, smarter than most crooks, not really wishing his pursuers any harm. He makes friendly conversation with Evans before trying to escape, and when it doesn't work, he almost apologizes - he has to do it, you understand, and he'll do it again, although his first choice is to talk his way out of custody. Evans, meanwhile, seems like a much more conventional character, the family man who left to his own devices would live his life out without ever encountering danger, but rises to the occasion. There are hints that he's been more in the past, though - he's the first person the sheriff asks for help when it comes time to bring Wade to Contention, and his plans are well thought-out.
The movie is well thought-out too. Screenwriter Halsted Welles delivers a screenplay that holds together, using a lot of western conventions and stock characters but also trusting that the cast can sell Leonard's characters and situations without guns blazing. There are a few head-scratchers - Wade's gang seems to converge on Contention fairly quickly; either it's a larger gang that it first appears or they're keeping in touch through unseen means; Evans' wife Alice (Leora Dana) seems to follow him to Contention for no reason beyond being put in peril. Still, the faults in the screenplay seem to be only "somewhat unlikely", as opposed to crippling.
Donald Levit. Reel Talk: The enjoyment here that outweighs the derivativeness -- which is not necessarily a bad thing, anyway -- comes in the dialogue and relationship developed between outlaw and rancher. Pleasant-faced clean-shaven Ben toys with his adversary, confident he will break from nerves if not greed. During their extended screen time alone in the hotel’s 207 bridal suite, the bandit sparkles with dry wit -- anticipated by an earlier handcuffed request that “you would [not] mind cutting the fat off [my meat], please” -- such as idly wondering about brides and the bed he lies on. But his pointed small talk invariably recurs to psyching the other into just a moment of conscious, even well-paid, dereliction of duty.
Time Out: The nerve centre is exposed in an early scene where Heflin, the dour family man careworn by responsibilities, watches as his wife and sons come under the spell of Ford's carefree charm: the conflict, ultimately, stems from each man's envy of what the other has.
Rob Nixon. TCM: The two men hole up in a hotel near the station where the smooth-talking criminal tries to mentally and emotionally manipulate his captor into letting him go. The film wrings a great deal of suspense from their battle of wills and from the increasing threat of the outlaw's gang who are on their way to Yuma.
Along with a handful of films by other directors, notably High Noon (1952), to which this story bears resemblance, Daves ushered in a new era in the genre with Broken Arrow (1950), starring Jeff Chandler as Apache warrior Cochise, one of the few films to treat Indians with dignity and understanding. Daves' films brought modern psychological themes, a breakdown in romantic stereotypes, and moral ambiguities to a genre often characterized by good guy/bad guy gunplay. He is ably assisted in bringing out the movie's gray-shaded themes and rising tension by the performances of Heflin, casting his solid American plainness in a role similar to the actor's work in Shane (1953), and Glenn Ford, playing against type as a villain, although a charming one who displays a measure of decency at the end.

El tren de las 3:10



Malos sobrados


"3.10 to Yuma"
James Mangold, 2007
Reparto: Russell Crowe (Ben Wade), Christian Bale (Dan Evans), Logan Lerman (William Evans), Ben Foster (Charlie Prince), Peter Fonda (Byron McElroy), Vinessa Shaw (Emma Nelson), Alan Tudyk (Doc Potter), Luce Rains (Weathers), Gretchen Mol (Alice Evans), Dallas Roberts (Grayson Butterfield).
Guión: Halsted Welles, Michael Brandt y Derek Haas; basado en un relato corto de Elmore Leonard.
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Hablando con otros amigos de “El tren de las 3.10” me dicen lo mismo que pienso yo, que no se creen la película. Cuesta creerse muchas cosas y sobre todo cuesta creerse el tiroteo del final. No quiero decir que sea tan importante la verosimilitud. La mayoría de películas que adoramos no se las cree nadie. Creerse algo en el cine no tiene que ver con las tablas de probabilidad de una agencia de seguros. Un vaquero se bate en duelo con cinco y los mata: ¿Es eso creíble? Pues depende, esa es mi opinión, de lo bien que nos cae el vaquero. O bien depende de lo importante que nos parece que el vaquero gane. Si con el duelo salva a un bebé que llora nos lo creemos a pie juntillas.

El chériff de un pueblo atrapa al cabecilla de una banda de asaltantes y se propone llevarlo a Contention para entregarlo en el tren de las 3.10 a la penitenciaria de Yuma. Christian Bale interpreta a un ranchero que no puede pagar sus deudas por la sequía y se une a la escolta para conseguir los $200 que necesita.

Son cuatro hombres para escoltar a un forajido. Pero resultan ser pocos porque Ben Wade, el malo, las tiene todas consigo.

Los malos tienen unos lazos entre sí irrompibles que les hará rescatar a su jefe pase lo que pase. Los malos también tienen la codicia del pueblo que está dispuesto a ponerse de su lado por un poco de dinero. La ley tiene de su parte a unos funcionarios poco convencidos y, además, llenos de debilidades.

Si el protagonista opta por uno u otro bando es una decisión cuyo fondo se me escapa por completo. Casi todo lo que consigue el granjero lo consigue gracias a su enemigo. Hacía falta un Russell Crowe para encarnar a este bandolero complejo. El malo va tan sobrado en esta película que la única oportunidad que tiene la ley está en su conciencia.
Roberto Piorno. Guía del Ocio ****: El clímax de la película matriz dejaba que desear (primero por su muy improbable resolución y segundo por un barniz cristiano como aliño francamente empalagoso), Mangold lima las puntas del desenlace pero la guinda sigue mal puesta. Es el único defecto grueso que puntúa la extraordinaria entidad del revival.
Jordi Costa. El País: La historia es la misma, pero las diferentes estrategias estilísticas colocan su acento en lugares distintos; mientras Delmer Daves describe la construcción de un héroe como la dolorosa y sostenida resistencia ante la seducción del mal, Mangold convierte la simbólica habitación en antesala de una redención simultánea, en el espacio donde el héroe y su reverso se descubren como únicos interlocutores válidos. En la película de Daves el nacimiento del héroe tiene un poder transformador -sobre su antagonista y sobre la naturaleza misma-. En la de Mangold, el heroísmo es, como su contrario, una forma de autodestrucción. O el camino más tortuoso hacia la inmortalidad.
Tras ver El tren de las 3.10 el espectador quizás se reafirme en la convicción de que, en la era del simulacro digital, el western es el género menos capacitado para mentir. Mangold también lo reivindica como uno de los últimos refugios para la épica moral.
Mr Cranky: What a lot of people don't understand about the Western genre is that they're about man love. Okay, they aren't about chocolate dog, dark tunnel serenade, sweaty testicle sacks smacking wetly against hairy rear ends man love, but they are about man love all the same.
"3:10 to Yuma" is about man love alright. Famous criminal Ben Wade (Russell Crowe) and down-on-his-luck farmer Dan Evans (Christian Bale) sure enough love each other. Then there's Wade's right-hand man Ben Foster (Charlie Prince) who worships Wade to the edge of ejaculatory glee. Oh yes he does.
Then there's the less graphic man love between Evans and his son, William (Logan Lerman). Dan wants his boy to respect him and to understand the love a boy should have for his father. It's Dan's need for that man love and respect that drives "3:10 to Yuma". Not only does Dan need William to love him, but he needs Ben to love him and those two loves are tied together. Hell, man love is so important in this film that man's love for women and vice versa is all but dismissed. Dan's one, intimate conversation with his wife (Gretchen Mol), involves him lamenting the fact that she doesn't look at him as a wife should anymore. In her eyes, he's saying, he's less than a man.
All this manliness questioning comes about because Dan has one leg and because bad guys are threatening to run him off his land. You see, Dan was shot in the Civil War and can't seem to stop the inevitable eviction, which makes his son think of him as a coward. So when the opportunity to escort the famous Wade to a prison train comes about, Dan jumps at the chance to prove himself despite the danger.
From there, "3:10 to Yuma" is a lot more like some kind of camp fire chat then it is a Western. Dan and Ben get to know each other and realize that each has something the other wants. Ben has manliness. Dan has normalcy. That the final shoot-out is preceded by Dan and Ben spending a few hours chatting in the bridal suite of a local hotel is no accident. They are, in fact, perfect for each other. Together, they make a whole man. I was shocked that during their conversation Dan didn't say to Ben "you complete me".
Roger Ebert: Both Dan and Ben have elements in their characters that come under test in this adventure. Dan fears he has lost the confidence of wife Alice (Gretchen Mol) and teenage son Will (Logan Lerman), who doubt he can make the ranch work. Still less does Alice see why her transplanted Eastern husband should risk his life as a volunteer. The son Will, who has practically memorized dime novels about Ben Wade, idealizes he outlaw, and when Dan realizes the boy has followed the posse, he is not pleased. Wade intuits, however, that the boy is following him, and not his father.
That's an insight into Wade. He plays his persona like a performance. He draws, reads, philosophizes, is incomparably smarter than the scum in his gang. Having spent untold time living on the run with them, he may actually find it refreshing to spend time with Dan, even as his captive. Eventually the two men end up in a room in the Contention hotel, overlooking the street, in earshot of the train whistle, surrounded outside by armed men who want to rescue Ben or kill him.
Mangold's version is better still than the 1957 original, because it has better actors with more thought behind their dialogue. Christian Bale plays not simply a noble hero, but a man who has avoided such risks as he now takes and is almost at a loss to explain why he is bringing a killer to justice, except that having been mistreated and feeling unable to provide for his family, he is fed up and here he takes his stand. Crowe, however, plays not merely a merciless killer, although he is that, too, but a man also capable of surprising himself. He is too intelligent to have only one standard behavior which must fit all situations, and is perhaps bored of having that expected of him.

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Star Wars: The Clone Wars



Acciones paralelas


Dave Filoni,2008
Doblaje original: Matt Lanter (Anakin Skywalker), Ashley Eckstein (Ahsoka Tano), James Arnold Taylor (Obi-Wan Kenobi/4-A7/Androide médico), Dee Bradley Baker (Tropas Clon/Capitán Rex/Cody), Tom Kane (Yoda/Narrador/Yularen), Nika Futterman (Asajj Ventress/Tee-C-Seventy), Ian Abercrombie (Palpatine/Darth Sidious), Corey Burton (General Loathsom/Ziro the Hutt/Kronos-327), Catherine Taber (Padmé Amidala), Samuel L. Jackson (Mace Windu), Anthony Daniels (C-3PO), Christopher Lee (Conde Dooku).
Guión: Henry Gilroy, Steve Melching y Scott Murphy; basado en los personajes creados por George Lucas.
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Cuando Edwin S. Porter rodó su "Asalto y robo de un tren" en 1903 ya había inventado todo lo que hace falta para una película divertida. Mientras los asaltantes roban el tren, el telegrafista amordazado consigue desatarse y dar la alarma. El cine ya no es teatro rodado, sabe hacer algo nuevo, sabe enlazar dos acciones distantes.

La saga de las galaxias es la mejor heredera que conozco de Porter. Contadas una a una sus historias serían convencionales, incluso previsibles. Lucas supo, desde el primer capítulo, que ahora es el cuarto, mezclar acciones simultáneas para llevar nuestra preocupación de un extremo a otro de la galaxia. Y supo que era esa mezcla de acciones lo que hacía divertido lo que contaba.

No hay mucha invención en cada una de las secuencias, pero la hay en el modo de tejerlas, en como una influye en la otra. Hay incluso cierta sabiduría. Los episodios de la saga saben sumar tensión a más tensión, y saben relajar una tensión con otra escena cuando quieren. Es ese ganchillo que hace Lucas con sus hilos narrativos lo que lo hace tan soportable, tan entretenido. Lo que hace que generaciones de friquis no hayan dejado aún de serle fieles.

Los girasoles ciegos



La España reprimida


José Luis Cuerda, 2008
Reparto: Maribel Verdú (Elena), Javier Cámara (Ricardo), Raúl Arévalo (Salvador), Roger Princep (Lorenzo), Irene Escolar (Elenita), Martín Rivas (Lalo), José Ángel Egido (rector).
Guión: Rafael Azcona y José Luis Cuerda; basado en la novela de Alberto Méndez.
* *
Los extranjeros se quejan de que el cine español vuelva una y otra vez sobre la guerra civil, como si no tuviéramos otra historia que contar. Cuesta explicarles que aquello duele, porque perdieron los buenos. A Hitler se lo quitaron de encima los aliados a los alemanes. Pero a su vástago, a nuestro querido caudillo, a ese no nos lo quitó nadie de encima.

El malo de la película está en el bando de los vencedores, y el bueno en el de los vencidos. Y no queda consuelo para nadie. La Historia no hizo justicia. Por eso, quizá, todo el mundo está esperando a que barajemos, a que pongamos tierra por cima y olvidemos. Porque cuando echamos la vista atrás nos salen historias duras y descarnadas, como “Los girasoles ciegos”. Y uno no les arranca un happy end ni con sacamuelas.

No he leído el libro, pero me consta que engarza varios cuentos. Alguien debió haber corregido el cosido porque el protagonismo del seminarista desvía la simpatía inicial del espectador en una dirección que, supongo, nadie querría despertar en él.

El seminarista cree que una mujer lo provoca sexualmente. Y la culpa a ella. Su visión torcida del sexo ilustra magistralmente una España neurotizada con la represión política y con la sexual.

Otros tiranos, como Trujillo fueron lascivos, el nuestro nos legó un catolicismo caciquil y una moral sexual de convento. Por eso a los extranjero hay que explicarles, también, por qué tantos españoles asocian la democracia con la bandera de la libertad sexual, y por qué estos malos reprimidos no representan los extravíos del régimen, sino la norma.
Fotogramas
Fernando MÉNDEZ-LEITE *****: Han acertado José Luis Cuerda y Rafael Azcona (esta es, desgraciadamente, la obra postuma del guionista) eligiendo el cuarto relato, que trata sobre el peso de la Iglesia en la vida cotidiana de la posguerra, el miedo y la represión, la falta de libertad y la sinrazón.
La película es seca, triste, pudorosa y muy radical. El guión huye de cualquier forma de sentimentalismo a pesar de que la materia sobre la que trabaja sea el mundo de los sentimientos.
Mirito TORREIRO **: De los cuatro relatos entrelazados en la impresionante novela Los girasoles ciegos, José Luis Cuerda y Rafael Azcona eligieron dos para dar carne a esta desigual película: el último, aquel que habla del diácono que sueña con la madre de uno de sus alumnos, y el segundo, que muestra cómo la hermana del mismo niño se refugia, embarazada, con su compañero en el monte, huyendo de lo que creen una muerte segura a manos franquistas.
Y si el libro de Méndez deslumhra por su prosa inclemente y su depurado estilo, nada de esto está en la película, de un cansino academicismo, y cuya producción la hace desperdiciar la mejor de las historias del libro
Enrique Colmena. Criticalia: No me gusta el llamado “cine de tazón” (películas españolas sobre la postguerra) cuando se aplica un maniqueísmo tan falaz y lamentable como el que se estilaba, a la inversa, durante el franquismo. Pero cuando se hacen trabajos matizados, cuando, en definitiva, se hace cine, ya estamos hablando de otra cosa. Esta “Los girasoles ciegos” no ha tenido muy buena acogida, ni de público (lo que era de esperar, teniendo en cuenta las prioridades actuales del espectador español) ni, lo que es peor, de crítica.

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Hellboy II: El ejército dorado



Poner coto a la fantasía


Guillermo del Toro, 2008
Reparto: Ron Perlman (Hellboy), Selma Blair (Liz Sherman), Doug Jones (Abe Sapien/Chambelán/Ángel de la Muerte), Luke Goss (príncipe Nuada), Jeffrey Tambor (Tom Manning), John Hurt (Trevor "Broom" Buttenholm), John Alexander (Johann Krauss/Duende Bethmoora), James Dodd (Johann Krauss), Anna Walton (princesa Nuala), Brian Steele (Wink/Cronie Troll/Cabeza de Catedral/Fragglewump).
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Imagínese que en una partida de ajedrez su amigo corona. Tiene que cambiar su peón por otra pieza y no elige una dama. Elige, pongamos, un dragón. Y dice que con el dragón puede mover tantas veces como quiera y puede comerse la pieza que él elija. ¿Qué haría usted? No volvería a jugar con él al ajedrez, claro.

Bueno, pues hay cientos de directores que juegan así. El trono de la fullería se lo tengo reservado a Miyazaki. Pero Miyazaki tiene muchos alumnos aventajados, y Guillermo del toro es de los primeros de la clase.

Es cierto que si uno va a ver Hellboy va a ver criaturas fantásticas, pero no las que aparezcan de buenas a primeras. Uno pasa por el aro del director, pero no por cualquier aro. El ejército dorado es lo más creíble de toda la película. Pagamos la entrada para ver al dichoso ejército. Pero el mundo de Trolls y Bogarts, y las batallas del protagonista con las criaturitas llenas de dientes y con el monstruo ecológico resultan gratuitas, resultan falsas. No es que sean menos reales que el ejército dorado, es que no nos avisaron.

Quizá alguien debería teorizar sobre los universos fantásticos. Poner un pricipio sobre las invenciones. Caben todas las que quieras siempre que ya aparezcan en el primer acto, ni una más. O algo parecido.

De todos modos, los franceses inventaron uno de sus términos para los creadores que se sacan conejitos del sombrero a mitad de partida, los llaman “auteur”. Y es que si uno empieza a ver películas de Del Toro descubre que el monstruo lleno de ojos de “Hellboy 2” se parece al bicho de “El laberinto del Fauno”. Y aunque son un pegote, resulta que es siempre el mismo y da que pensar. Así que al final hay que aguantarse.

A los incondicionales de Hellboy les seguirá gustando el héroe porque cuestiona la autoridad y es un poco borde con sus amigos. Y porque suele soltar algun comentario flemático cuando creemos que va a morir, igual que los personajes que le gusta tanto interpretar a Bruce Willis.

Jordi Costa. El País: Como, a estas alturas, ya sabrá todo espectador más o menos receptivo a las recientes megaproducciones de Hollywood, un súperhéroe es una figura esencialmente disfuncional: un freak, un monstruo golpeado por mil tormentos interiores. [...] Hellboy II es una gratificante manera de saber lo que ocurre cuando a un poeta (alucinado) le da por hacer una película sobre un superhéroe (excéntrico): las dos formas de disfuncionalidad dialogan en una gozosa montaña rusa de inagotable invención.
[...] Todo arrebata en Hellboy II, generoso regalo para quienes no hayan caído bajo el embrujo de El caballero oscuro.
adn: No te gustará si odias la fantasía gótica (y aquí, sobre todo entre el Príncipe Nuada y la Princesa Nuala, hay mucha), no soportas que lleven al cine tus cómics favoritos, no le pasas a Del Toro que trabaje para Hollywood y eres de los que creen que segundas partes nunca fueron buenas (ni siquiera con El imperio contraataca (1980) y La última cruzada (1989)).
Joaquín Revuelta. La cronica: La manera en que Del Toro los hace equiparables a otros monstruos románticos de la historia del cine (Frankenstein o la criatura anfibia de ‘La mujer y el monstruo’) es uno de los aciertos de una película algo irregular cuyo prólogo remite estéticamente al comienzo del ‘Drácula’ de Coppola
Mikel Insausti. Gara: Esa pobreza de ideas para la narración se compensa con la magistral configuración de personajes, todos ellos dotados de un carisma arrollador. La caracterización de Ron Perlman es la de un monstruo entrañable, cuyas conflictivas relaciones con el mundo real no le impide mantener en otra dimensión una curiosa entente con «freaks» como él. Al acuático Abe Sapien y a la piroquinética Lizzy se les suma para la ocasión el protoplasmático alemán Johann Krauss, formando un equipo ideal en la lucha que coordina la BPRD, cuyas siglas se traducen por Agencia de Investigación y Defensa Paranormal.
Roberto Piorno. Guía del Ocio ***: A Del Toro le luce de maravilla su ajustado presupuesto reivindicando, de paso, la vigencia de la ilusión del maquillaje, impidiendo así que sus carismáticos personajes, principales y secundarios, sean devorados por comandos digitales.
Carlos Díaz Maroto. El Pasadizo: Y lo que nos ofrece es una aventura divertida y dinámica, excelentemente rodada (al fin una película con peleas donde se ve lo que está pasando, en lugar de un maremagno confuso por medio de un montaje atropellado que trata de ocultar las carencias de actores y narrador); no sólo eso, sino que, a juicio del que firma, Guillermo es capaz de aportar al film el tempo perfecto, confiriéndole un enorme vigor, pero sin caer en el error de la mayoría de los directores de cine de acción actuales, que sobresaturan el film con un ritmo atosigador en el cual es imposible entrar.

El diario de Woody Allen



'The New York Times' publica las anotaciones de Woody Allen durante el rodaje de 'Vicky Cristina Barcelona'

Durante el rodaje de Vicky Cristina Barcelona, Woody Allen escribió un diario para The New York Times. Lo ha titulado Dear Spanish diary... Love, Woody Allen (Querido diario español... Con cariño, Woody). Éstas son algunas de sus anotaciones.

2 de enero. He recibido una oferta para escribir y dirigir una película en Barcelona. Tengo que ser precavido. España es soleada y yo pecoso. El dinero no es mucho.

5 de marzo. Me he reunido con Penélope Cruz y Javier Bardem. Ella es arrebatadora y más sexual de lo que imaginaba. Durante la entrevista, mis pantalones echaban fuego. Bardem es uno de esos actores de genialidad desbordante que claramente necesitan mi mano dura.

2 de abril. Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y por su madre. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambia de agentes. Tiene talento, pero da mucho trabajo.

15 de junio. He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett, ha soltado un enigmático "uh-huh". Scarlett llegó tarde al set y la he regañado..., explicándole que no tolero retrasos de mis actores. Ha escuchado con respeto, aunque me ha parecido que mientras yo hablaba, ella ha encendido su iPod.

3 de junio. Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. "¿Cuál es mi motivación?". He dado un respingo: "Tu salario".

15 de julio. Otra vez he tenido que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la arrastre a la cama. Ha ganado un Oscar y todavía necesita que le enseñe a interpretar una pasión. Agarré a Penélope y le arranqué la ropa sin saber que todavía no se había cambiado y que era su caro vestido el que había mutilado.

10 de agosto. Escena emocional de Javier. He tenido que darle unas pautas. Mientras me imita, todo va bien, pero en el momento en que intenta su propia actuación, se pierde. Entonces solloza y se pregunta cómo sobrevivirá cuando ya no le dirija. Intento explicarle con educación y firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que debe intentar recordar mis consejos. Sé que le he animado, porque al dejar su camerino he escuchado sus risas y las de sus amigos.
El País. Hoy.
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