Matrix contada por un gaditano

[A veces los mails en cadena tienen su gracia]

Tómpiesa con una piva to dergá que está sentá en su cuarto jugando ar Tetri en er portáti. De pronto, por la puta cara llegan unos madero que la quieren trincá. Entonse aparese er malo, er señó esmí (que no lan tradusío porque en español esmí é iguá que góme y góme no é nombre pa un malo...aunque yo conosco uno que é unijoputa...).

Er señó esmí, que parese de la sía o delefeveí, le pregunta a los madero que san quedao abajo la casa la piva que donde están los demá.

Entonse, un madero gordo que sabía quedao abajo por que no podía subí por las escalera esa rara que hay en estadounido por fuera de los bloque, le dise: han subío a trincasla...y esmí to mosqueao le contesta: po susombre yastán muerto... y er gordo le dise: los tuyo (no, es broma, no le dise ná...)

Totá, que en eso se vé como los madero entran en er cuarto la titi y cuando la van a trincá, la pivampiesa pegá sarto y dasle patá a tormundo...ademá, aquímpiesa a liarse más la cosa porque cada vé que la piva sarta tiene un podé que es como si lubiera dao ar pause der vídeo y se quean to los nota parao. Entonse ella aprovecha y les dá la der purpo...pero vamo, es la típica esena esa que tu dise "tequiyá cohone"...y er típico picaito que hay a tu lao dise "tiopisha...qué bastinaso..." Güeno, lacosa é que la piva sescapa y la persiguen por los tesho de los bloque los colega del esmí y unos cuantos madero. En eso que la piva pega un sarto der carajo, como si sartara de unlao a otro de lavenida pero de bloque a bloque, y ar caé sale corriendo porque por lo visto la estaban llamando desde una cabina.

La piva se mete en la cabina y entonse aparese er sieso delesmí con un traile y la intenta atropellá. Er caso es que la piva sescapa...¿cómo?...ni puta idea, esmí hastrellao er traile contra la cabina y la destrosao pero ella nostá dentro. Entonse...entonse er picaito darlao me dise que se había teletrasportao por el teléfono y sabía salío de matri...y yo le digo.. tústá corgao...a mí no me cuente tu vida pringao...y el me dise: si no hablo de mí, la que sa teletrasportao ha sío ella.....ahhh..... Güeno, despué de tó esto aparese un nota (er kinurís) que poslovisto é un máquina con elespertrun. Er nota está tomparanoyao porque sueña cosas rara y argunas vese le pasan despué. Fási...¿no?...eso le pasa a tor mundo los sábado y domingo por la mañana con los moraso...Güeno, er kinurí, que se llama neo, poslovisto se dedica a pirateá compa y a bajá guarrería de intesné pero por las mañana é un ejecutivo normá...un ejecutivo guarrón vamo... er nota se quea hasta las tanta shateando y bajando los compa de las gala de oté y siempre se quea dormío ensimarteclao. Una de las vese lo despierta elordenadó que sansendío sólo y le dise nosequé de matri. A partí daquí empiesa el liaso. Elordenadó le dise que siga ar conejo Blanco y en eso que vienen a buscarlo unos kinki con una peaso de piva y er sacuerda de lo der conejo y se va detrá de ella der tirón...lo dicho, un guarrón.

Despué lo trincan elesmí y sus colegas y le meten un bicho que é como una gamba pero de hierro por el ombligo. Hasta aquí má o meno macuerdo de la trama pero a partí de ahora ya tengo un liaso que no vea. Er caso es que la canija de los sarto tiene unos colega to raro. Uno de ello se llama morfeo que lleva un shaquetón de cuero que le queda tofeo y unas gafa to shica.

Ademá por lo visto er nota é camello porque le dise ar kinurí que ya ha llegao er momento de elegí y le enseña dos pirula, una roja y otra asú.

Morfeo le dise que si se toma la asú...¿o era la roja?...é iguá, el caso é que si se toma una de las dó, vampesá flipá y se va pegá un viaje der carajo. Er kinurí, que ademá de guarrón é pastillero se come una de las pastilla y le da un mal rollo der carajo, se vé quer carajote sequivocó alescogé. Er nota empiesa a vé cosa rara y a flipá con el morfeo que ademá le dise tor rato: "tu ere er delelegío"...po sólo le farta eso ar nota, guarrón, pastillero y ensima afisionao ar güiski...

Totá, er caso es que en pleno moraso de pastilla, er negro, güeno, er morfeo (quesque es negro) le cuenta que matri é un programa de ordenadó y que tós mentira, vamo que en verdá to la vida es como un sueño (esto por lo visto ya se lo veía vení carderón er de la barca...) Elasunto é que por lo visto la realidá de tos nojotro é virtuá y en verdá estamo toputeao...pero...¿y er que esté iguá de puteao en la vida virtuá que en la reá?...po se jode, esos lo que hay...

Er resto de la peliculita é er morfeo comiendole la cabesa ar kinurí disiéndole que como tós mentira, en verdá puede hasé lo que le sarga der carajo que no le va pasá ná. Le dise que sarte desde lajasotea y se pega unos carajaso der carajo, le dise que no le va dolé y le da unos curro que no vea...vamo, que le da to la coba y ensima ar chavá cada dos por tré le preguntan que si sa traío el elegío...y ér venga desí que no, que con los carajaso que sestaba dando donde carajo iba llevá las botella..... despué le enseñan er mundo reá donde las máquina han dominao al hombre...de la mujé no disen ná, pero es que a esa no tienen cojone de dominsla ni las maquina ni nadie...

Güeno, poslovisto lo sereumano sanconvertío en pila de petaca pasé funsioná las máquina (esto é lo más raro de la película, nir picaíto darlao lo pilló, pero yo creo que lan metío por la cara panunsiá arcalaínas durasél.. ) y tor mundo está metío en unos tupergüé lleno mierda y con un montón de cable enshufao porer coco, los braso y lasparda. Ar kinurí le quitan los cable, lo tumban en una hamaca y le disen que le van anseñá un montón de cosa. Le meten un pincho por er coco y a los sinco minuto sabe yudo, inglé y condusí... pol los cojone... me tiré yo sei año ener raúr carvo y no pasé damarillo-naranja, dos verano en lacademia sancristóba y aprobé la tersera, y año y pico enel opening y ademá de no aprendé a disí na má que jelou y esquiurmi me tangaron tresientos talego...un carajo vamo... entose er picaíto darlao me dijo quesque labían insertao un programa de carga por elabujero der coco...jí?...poserá camí me loinsertaron por otro abujero...como siempre...

Güeno, cada dos por tré se tienen que meté er kinurí, la de los sarto der pause y er morfeo y los colega en er mundo virtuá pa dasle por culo alesmí, que lógicamente se rebota y los persigue. Una de las vese er kinurí se da cuenta de que puedesquivá las bala, y los colega y elesmí se quean to flipao y arguno disen, claro, esque er nota é erdelelegío... y er neo venga disí que no...

Ahora vine una de las clave der firm, er kinurí ve un gato negro y dise...esto yo ya lo visto ante... que é como cuando tú ve argo y dise yo esto ya lo soñao...un dellabí vamo... y entonse la canija le dise... tustá seguro?...y er le dise ...jí...y ella dise... poacorré tor mundo questa gente está levantando tabique...lo qué?... Esta parte también me laxplicó er picaito y me dijo quesque poslovisto cuando tu ve argo que te cree que ya la vivío ante es porque los malo han rebobinao la sinta de la realidá virtuá pa cambiá argo...aaaaahhhh....o sea, que la sensasión de: ¿otra vé me pasao de parada con los moraso carajo?.....é porquestán cambiando argo...po ya podían cambiá también ar sieso der chofe, car picaito lo quería vé yo esplicándole lo de la realidá virtuá en la úrtima arada...noziba llevá cate ni ná er carajote...

Güeno, pascaparse de los malo los nota tienen quencontrá un teléfono y ar finá los trincan por curpa de un carvo shivato cabíascondío er teléfono en un bidón de basura. Se mueren casistó meno er camello, la der pause y er kinurí que despué de jartarse de darle cate to rápido alesmí y de pará un montón de bala enelaire, se mete por dentro desmí hasta que losplota.

Despué, ér mismo dise to flipao: a que ar finá voy a sé yo er delelegío?... y ahí ya no pude má, me puse de pie en er sine y dije...¡¡¡ no!!!.............. ¡¡¡er delelegío é er cabrón der guionista, que ze tiene kabé bebío toa la bodega!!!... .....elijoputa...

Güeno, en resumen, elargumento é que los buenos y los malo están buscando a un nota que poslovisto é er que tiene to las botella delegío y noloncuentran por ninguna parte, ni siquiera por mátri, la realidá paralela.

Matri é, pa que nosentendamo, como cuando despué de la noche der sábado de carnavá te despiertas a la una de la tarde der domingo con un doló de cabesa der carajo y aunque tu te cree que lo ha soñao tó, al llegá a los coro te cruzas con una piva pacharla que te saluda guiñándote un ojo y que ademá lleva puesta la peluca que te pusiste tú pa salí vestío de mamarracho la noche ante y que no recuerdas donde perdiste.....ezo es matri...pero puede ser peor....puede que además le dieras tu movil y se pase tor cannavá mandándote mensajito.... azí cun consejo, há lo mismo quer carvo shivato y tira er móvil ar containe porque zi no....zi no, tú serás elelegío..

Océanos de fuego

Joe Johnston, 2003
Reparto: Viggo Mortensen (Frank T. Hopkins), Omar Sharif (Jeque árabe), Zuleikha Robinson (Jazira), Louise Lombard (Lady Anne Davenport), Saïd Taghmaoui (Príncipe Bin Al Reeh), Malcolm McDowell, Adam Alexi-Malle (Aziz), Elizabeth Berridge (Annie Oakley), Frank Collison (Texas Jack Omohundro), Adoni Maropis (Sakr), David Midthunder (Coyote negro).
Guión: John Fusco.
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Cine para resentidos

Hay espectadores que no van al cine a ver la película, van a ver el escote de la protagonista; y hay espectadores que van a ver si el director es racista o machista o un yankee de mierda que se cree que lo americano es lo mejor. En fin, que hay espectadores que no van al cine a ver cine. “El último Samurái” y “Océanos de fuego” son dos películas especialmente hechas para ellos.

Frank T. Hopkins es un personaje histórico, pero debió parecerse poco al de la película, de lo contrario lo hubieran canonizado con más prisa que a Escribá de Balaguer. Este héroe es el primer americano que participa en una carrera de caballos reservada para los musulmanes. Se horroriza de la matanza de los indios Sioux en Wounded Knee Creek, con lo que se gana el aplauso de todas las minorías raciales, defiende la libertad de la mujer árabe con lo que ya tiene a todas las feministas, quiere a su caballo más que a su madre, con lo que los de la sociedad protectora de animales van a saltar de alegría. Y encima no pone a los americanos por encima de los árabes. Se enfrenta, eso sí a la filosofía musulmana de la predestinación. Ellos, los musulmanes, creen que la desgracia es un designio del Cielo y que no vale luchar contra ella, por eso aceptan la muerte, nosotros, los que traemos una herencia cristiana, creemos en la voluntad. Joe Johnston corre el serio peligro de que todos los espectadores le den la razón.

La película trata de una carrera de 3000 millas através del desierto, y en la carrera compiten más cosas que los caballos, está la religión, los principios, la valía de los jinetes, el dinero, el honor, incluso una muchacha. Hidalgo es el caballo de Thompson, e igual que Seabiscuit es el underdog, o sea, a falta de una palabra española, el perdedor seguro, el que queremos que gane. En Seabiscuit se trataba una cuestión social. Eran los años de la depresión y el caballo pequeño era como el obrero maltratado que necesitábamos que ganara frente al otro grande y ricachón. En el caso de Hidalgo es una cuestión racial, es un caballo mesteño (mustang) un caballo del que todos se ríen porque todos creen en la raza y nadie en la voluntad.

La película está bien rodada. Johnston tenía ganas de hacerla y además sabe contar su historia. Cada vez que se detiene en un detalle, y está llena de primeros planos, es por algo y da gusto seguirle dócilmente. Por ejemplo el inicio de la película con esa imagen del agua helada y el caballo sediento que no presagia la trepidante carrera de la que forma parte, o ese puñal que clava en la tierra para oír a los perseguidores y que demuestra, con un plano, la sabiduría india del protagonista, etc.. Puede llegar a aburrir, sobre todo con tanto desierto, pero a cambio sale uno hecho un hombre nuevo con unas ganas locas de ayudar a cruzar la calle a todas las ancianitas.
Rotten Tomatoes: 49%. Fresh: 67 Rotten: 69
Taquilla 3ª semana: $48 mill

La mala educación

Pedro Almodóvar, 2004
Reparto: Gael García Bernal (Ignacio Rodríguez / Ángel Andrade / Zahara / Juan), Fele Martínez (Enrique Goded), Javier Cámara (Paca), Daniel Giménez Cacho (Padre Manolo), Lluis Homar (Sr. Berenguer), Francisco Maestre, Juan Fernández, Ignacio Pérez, Raúl G. Forneiro, Alberto Ferreiro, Petra Martínez, Sandra, Roberto Hoyas.
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Al menos parece que ya no hace falta curarnos la homofobia

En la última película de Almodóvar no aparecen heterosexuales, y los homosexuales no se dedican a escandalizar a nadie ni a culpar a los héteros, de lo cual cabe deducir que Almodóvar considera que el público ya está curado de homofobia, o bien que no tiene remedio.

El tema de la película podría ser la pederastia, de no ser porque Almodóvar, como de costumbre, se olvida de sus intenciones a mitad de camino y deja al pederasta pululando por toda la cinta sin castigo ni venganza. Al manchego le gusta más la improvisación y la pasión ciega, por eso hay que perdonarle, cada vez que hace una película, que se deje un sinfín de cabos sueltos. A Almodóvar le pasa como a Poe cuando compuso “el cuervo” que sabe la emoción que quiere producir pero le da igual los medios que haya que usar para conseguirlo. Generalmente no me gustan sus películas, porque ni siquiera consigue transmitirme esa emoción.

Tampoco apruebo que en esta ocasión se entregue a la moda de la prestidigitación. Ha elegido el juego de las matriotchkas con una historia que es contada dentro de su historia y que incluye a un personaje que también cuenta una historia. Esconde una trampa con una identidad, y cree que es importante el giro final, pero no lo es; de hecho lo que consigue es renunciar a una de las pocas virtudes que aún le reconocía, la de ser inclasificable.
Angie Errigo ****: It goes without saying that this is an audacious business. It’s gay with a vengeance and a bold mix of art, trash and accomplished homage. The structure is what fascinates, unsurprisingly, since Almodóvar worked on it for over ten years. Not only do we get films within a film, but stories that open up into other stories, real and imagined.

Kill Bill vol.1

Quentin Tarantino, 2003
Reparto: Uma Thurman (La Novia / Mamba Negra), David Carradine (Bill), Lucy Liu (O-Ren Ishii / Mocasín de Agua), Daryl Hannah (Elle Driver / Serpiente de la Montaña de California), Vivica A. Fox (Vernita Green / Cabeza de Cobre), Michael Madsen (Budd / Serpiente de Cascabel), Michael Parks (Sheriff), Sonny Chiba (Hattori Hanzo), Chiaki Kuriyama (Go Go Yubari), Julie Dreyfus (Sofie Fatale), Gordon Liu (Johnny Mo), Jun Kunimura (Jefe Tanaka).
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Códigos

En cine ya está todo rodado, y los que quieren crear no saben como escapar de lo que Bloom llamaba la angustia de la influencia, la angustia de haber llegado demasiado tarde. Tarantino ha descubierto un camino que parece inagotable, su tema no es el mundo, sino la lente con que se mira el mundo, el cine. Kill Bill no trata de una venganza sangrienta, sino de cómo se cuenta una venganza sangrienta, por eso está llena de referencias. Tarantino se empapó de cine en su juventud y además de cine se segunda fila. Las referencias no son a los clásicos. ¿Rebaja eso el resultado? Al contrario, de hecho es casi necesario, porque el cine de segunda categoría responde a fórmulas, y el trabajo del director consiste en desmontar la fórmula, en estirarla hasta que nos hace conscientes de ella. De este modo, lo que Tarantino comparte con nosotros no es el placer de la venganza de las viejas películas de artes marciales, lo que él nos ofrece es el placer de comprender sus resortes y sus elementos, y, sobre todo, sus códigos.

Primer ejemplo, dos mujeres pelean a muerte; la hija pequeña de una de ellas llega a casa; las dos ocultan sus armas y justifican las heridas y los destrozos para que la pequeña no se alarme. La primera lectura es que Tarantino se está riéndo de nosotros. Pero también está mostrando las trampas, los resortes del cine. Por eso la cámara se queda allí tanto tiempo. ¿Qué es esto? Dos mujeres consideran lícito acuchillarse pero no consideran lícito mostrar violencia a una menor de edad. El cine, nos dice Tarantino tiene códigos, reglas y el creador pone las que le da la gana. Si él creador quiere puede decirnos que molestar a un insectos es inmoral pero matar a un hombre no lo es, porque la película encierra su propio código. Si alguien vio Pulp Fiction recordará que que los personajes ya discutían sobre los códigos: Macellus Wallace había tirado a un tipo por la ventana por masajearle los pies a su novia, los matones discuten si ha hecho bien o ha hecho mal y luego matan a dos jovencitos. Es decir ellos están preocupados por la moral, pero entonces ¿qué código usan?

O-Ren Ishii, Luci Liu, es nombrada jefa de la mafia de Tokio. ¿Se puede discutir con ella? Por supuesto que sí, nos dice, pero lo dice después de cortarle la cabeza a uno de los jefecillos locales que la insulta por su origen americano. Se puede discutir con ella pero no está bien ser racista. El público tiene que sufrir con este diablillo que es Tarantino. Por un lado nos pide, como espectadores que aplaudamos algo que sabemos que está bien: condenar el racismo; pero a la misma vez nos está haciendo vomitar con un acto tan sanguinario. El contraste de los valores y los castigos es brutal pero, sobre todo, es deliberado.

Tercer ejemplo: de nuevo pelean dos mujeres con sus espadas invencibles. Luci Liu cree que va ganando y lanza un sarcasmo; Uma Thurman se revuelve y la hiere. Luci Liu mira la sangre y dice: siento haberme reído de ti. Esencial esa risa. Tarantino no está reproduciendo las emociones de las películas antiguas, las está desmontando. Por eso nos señala con esa escena la esencia de la pelea: no luchan para ganar, luchan por el orgullo herido. La espada sirve para que el personaje recupere la dignidad que ha perdido cuando es objeto de burla.
Crisei: Sí, se le pueden poner muchas pegas. Es irracionalmente violenta, pero la sangre es tan exagerada que no se puede tomar en serio. Es cierto que tras tanto golpe y tanta katana ensangrentada la escena final se hace algo pesada, y que el bello enfrentamiento en la nieve falsa pierde fuelle. Es verdad, posiblemente: Tarantino no tiene nada que contar, pero lo cuenta de maravilla.

Lo que yo te diga: Ha desaparecido el Tarantino de diálogos, situaciones y mucho ingenio. Eso solo lo ví en la primera escena. Luego todo es una sucesión de peleas llenas de referencias de cinépata del cine japonés y spaguetti wester. Es como un TBO de Manga, con talento visual y sin historia.

El cronicón Cinéfilo: Tarantino juguetea con el color (los cielos que secundan los traslados en avión de Uma) y el tempo narrativo, con la fotografía (el blanco y negro de su escena más sangrienta) y los espectadores (ocultando el nombre de La Novia, entre otras cosas), y se permite la insolencia de mostrarnos, sin avisar, el que es quizá su trabajo de dirección más brillante: el Anime de diez minutos que, en medio de la proyección, usa para presentarnos al personaje de Lucy Liu.

La Linterna Mágica: los elementos que más me han llamado la atención de esta deliciosa película: las dos citas a Star Trek, el segmento de anime (tan impactante como virtuoso), los sonidos que apagan el nombre real de la novia cada vez que se menciona, el despertar del coma en el hospital.

Ruben Parraga: Decía Tarantino que claro que en su película había violencia a raudales, que nadie iba a ver un concierto de Metallica y pedía que bajasen el volumen de la voz.

No es cine, es espectáculo: El montaje del film está lleno de recursos como las cámaras en blanco y negro, las pantallas partidas, las tomas imposibles, o cámaras lentas.A los seguidores de Tarantino no les sorprenderá la calidad de la banda sonora, ni que ésta tenga tanto protagonismo como las escenas.

Juan Manuel Domínguez (cinequanon): Aquí Quentin vuelve a usar su traje favorito: el de un frenético colonizador de paraísos musicales huérfanos, de conquistador de islotes-melodías que transforman canción en un adjetivo.

La lengua: Sonaron dos pitidos muy fuertes durante la película, en medio de un diálogo. Y todo el mundo venga a mirar si era su teléfono (incluso yo me sobresalté, y eso que no sólo lo había apagado, sino que además lo había dejado en casa). Resulta que los pitidos están colocados para que no se oiga el nombre de la protagonista.

Buscando la Utopía: Eso sí, hay que saber comprenderla. Es una película exagerada, muy entretenida, con bastantes toques de humor (ácido e inteligente) y sobre todo violenta, porque es violenta como ninguna.

Rotten Tomatoes: 83%. Fresh: 161 Rotten: 32
Taquilla 13ª semana: $70 mill

Big fish

Tim Burton, 2003.
Reparto: Ewan McGregor (Edward Bloom joven), Albert Finney (Edward Bloom mayor), Billy Crudup (William Bloom), Jessica Lange (Sandy Bloom), Helena Bonham Carter (Jenny), Alison Lohman (Sandy Bloom joven), Robert Guillaume (Doctor), Marion Cotillard, Matthew McGrory (Karl), Danny DeVito (Amos), Steve Buscemi (Norther Winslow).
Guión: John August; basado en la novela de Daniel Wallace.
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Estamos hechos de fantasía, no de realidad

¿Qué pasaría si Roberto Benigni hubiera seguido contándole mentiras a su hijo durante toda su vida y éste se hubiera hecho mayor escuchándolas y se hubiera cansado de ellas? Sencillamente, que ya no serían los protagonistas de “La vida es bella”, sino el padre y el hijo de “Big Fish”.

El hijo tiene una bronca el día de su boda porque la fantasía de su padre empieza a ser insoportable, pero tres años más tarde recibe noticias de que su padre tiene un cancer terminal y regresa.

Tim Burton usa la misma seriedad para narrar la relación del padre y el hijo que para volver al pasado y contarnos toda la mitología exuberante y a veces simpática que el padre cuenta como si fuera verdad. Como el hijo nació el mismo día que atrapó al Gran Pez con un cebo ocurrente. Como cuando era joven visitó un pueblo feliz donde nadie tenía que trabajar, pero prefirió echarse al mundo. Como conoció a un gigante que merodeaba por su pueblo y lo convenció para ir a la ciudad. Como se enamoró en un segundo y trabajó durante años en un circo para averiguar el nombre de la muchacha. Como se salvó en la guerra gracias a unas siamesas. Como se hizo rico y ganó su casa etc.

Edward Bloom padre (Albert Finney) no solo es un hombre con una imaginación desbordada, sino que, sobre todo, ha mantenido sus mentiras durante tanto tiempo que les ha dado carta de naturaleza. Su hijo se separa de él porque quiere conocerlo y se encuentra con un muro impenetrable de mentiras. Y se reconcilia con él cuando participa con él en su mentira y entra en la historia de la anciana cuyo ojo de cristal permite ver a quien mira en él cual será su muerte. Tim Burton quiere decirnos que no somos lo que nos ocurre, no somos un conjunto de verdades. Somos lo que inventamos, y nuestra fantasía nos define mejor que nuestra verdad. Por eso cuando rueda todo ese mundo de leyenda donde las reglas las pone él se siente a sus anchas y se desmelena y cuando narra la historia del padre y del hijo, su cine es convencional.

De todas las fantasías del padre me quedo con aquella que narra como conquistó a su madre (Jessica Lange), porque ilustra, igual que “Cold Mountain” lo que es la versión romántica del amor. El joven Bloom se enamora en un segundo de una muchacha y sin otro estímulo que su recuerdo trabaja durante tres años a cambio de que el director del circo le de una pista de ella cada mes. Cuando por fin la descubre ella está comprometida, pero él no se da por vencido. ¿Por qué? Porque como escuché en una película de René Clair, el amor es mitad epidermis, mitad fantasía, y para un romántico, las proporciones son de una contra noventa y nueve por ciento.
Guido Segal (cinequanon): El día menos pensado, Burton se convirtió en Giuseppe Tornatore y ese fue el día en que los freaks se hicieron teletubbies y la ambigüedad se disfrazó de banalidad. Muchos elogian la cualidad "fellinesca" de El Gran Pez, pero basta prestar atención a la última secuencia para notar la diferencia: Fellini desplegaba maravillosos paraísos artificiales pero los contrastaba al triste mundo real, para denotar el escape mental de sus protagonistas. Burton refuerza torpemente la supuesta realidad de las patrañas de Edward y no sólo eso, sino que hace que el escéptico traicionado vuelva a creer arbitrariamente y resalta todo esto con la insulsa música de Danny Elfman, varios escalones por debajo de Nino Rota.
Rotten Tomatoes: 76%. Fresh: 129 Rotten: 41
Taquilla 12ª semana: $66 mill

La joven de la perla

Peter Webber, 2003
Reparto: Colin Firth (Johannes Vermeer), Scarlett Johansson (Griet), Tom Wilkinson (Van Ruijven), Judy Parfitt (Maria Thins), Cillian Murphy (Pieter), Essie Davis (Catharina), Joanna Scanlan (Tanneke), Alakina Mann (Cornelia), David Morrissey (Van Leeuwenhoek), Anna Popplewell (Maertge).
Guión: Olivia Hetreed; basado en la novela de Tracy Chevalier.
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Virginal Johansson

“La joven de la perla” es una de las grandes obras de Vermeer, también es un misterio. No sabemos quien fue la muchacha. Tampoco sabemos mucho de Vermeer (1632-1675); nos han llegado 35 cuadros y parece que no pintó mucho más, no vivía de su pintura y tenía un patrón llamado Peter van Ruijven. Tracy Chevalier escribió un best-seller en el que recreó quien podía haber sido la chica.

Joseph Pennell (1891) fue el primero que formuló la teoría de que Vermeer había usado la cámara oscura. Lo dijo basándose en uno de sus cuadros, El oficial y la chica sonriente, que guarda proporciones demasiado matemáticas para su época, la hipótesis no es improbable.

La joven del cuadro es la protagonista de la película. Es protestante y debe mantenerse en guardia porque va a trabajar de sirvienta para la familia católica del pintor. Aunque carece de educación es capaz de comprender intuitivamente cosas de la pintura, como la composición y el color, que la acercan a su patrón en una de esas relaciones sutiles, inefables, interminablemente lentas, cuya proliferación en las pantallas puede que acabe para siempre con el concepto de diversión en el cine.

Scarlett Johansson y su seriedad virginal lleva ya dos papeles seguidos (Lost in translation) conquistando el corazón de hombres maduros y platónicos que no le piden un beso. Otra película más en esta dirección y el Play-boy le pagará lo que quiera por enseñar un hombro.
Rotten Tomatoes = 68%. Fresh: 99 Rotten: 46
Taquilla 11ª semana: $9 mill

Entre la queja y la burla

Javier Marías

Los únicos que en la actualidad se empecinan colectivamente en algo tan ridículo como el autobombo son los políticos, con los del PP al frente, y la cursimente llamada “gran familia del cine español”. Tengo amigos cineastas que sé que no participan de eso, y no dudo de que haya más a los que haga sonrojar la autocomplacencia de su gremio; luego espero que me disculpen todos ellos si hablo en términos generales y por lo tanto peco de injusto. Pero resulta muy sorprendente que sea precisamente ese gremio o industria el que más se queja, y el que más exige (tanto del Estado como de los espectadores), y el que a la vez se aparece más satisfecho de sí mismo y más convencido de su enorme genio, repartido, eso sí, entre casi todos sus componentes. Porque lo cierto es que no hay otro más protegido, mimado y halagado, por consenso o porque sí, o lo que es aún peor, por español. Y no me refiero a las subvenciones y ayudas (de las que se podría hablar), sino al tremendo arropamiento mediático de que se beneficia. Cualquier estreno, rodaje o mero anuncio de proyecto son tratados por la prensa y las televisiones como un hito y un acontecimiento, no digamos cualquier premio obtenido en el más desconocido festival extranjero; y el paternalismo de los críticos es tan descarado que más parece nepotismo, amiguismo y coba, todo junto. No soy el único en estar cansado de ir a ver bodrios o naderías españolas amparadas y ensalzadas por reseñas fabulosas y casi unánimes en el momento de su estreno, las cuales se repiten luego, machaconamente, por parte de los que recomiendan o desaconsejan las películas cuando se emiten por televisión (tipos a menudo tan enterados como para decir hace poco, en este diario, que Henry Fonda interpretaba a un “psicópata asesino” en un thriller en el que hacía de jefe de la policía, o hablar, hace más tiempo, de “la guapa Peter Lorre”: Dios los bendiga). Y en fin, tantas veces he caído en la trampa que mi reacción es la de no darle la espalda, pero sí el perfil, a casi todo el cine español. Me perderé alguna obra maestra, pero la estafa crítica tiene sus límites. Tan mal acostumbrados están los cineastas de este país, tan delicada tienen por tanto la piel, que los reproches a una película son convertidos por ellos en “atentados a la libertad de expresión” y su director se presenta como una víctima a la que han hecho pupa individuos tan peligrosos como las víctimas del terrorismo. Esa actitud tiene nombres, y ninguno es honrado ni limpio: se llama blindarse ante las críticas o exigir inmunidad artística. Pero la cosa no acaba ahí. La “gran familia del cine” se ha permitido además, en spots que atosigan las televisiones, la burla de otras cinematografías, en concreto la americana. Atacar directamente al competidor es ya cosa de mal estilo, por abusivo que aquél pueda ser. Meterse con la industria que, aunque hoy en horas bajas, ha dado centenares de maravillas a lo largo de decenios, es tan sólo grotesco. Y luego, no sé: a mí, como novelista, me cuesta imaginar que el Gremio de Editores o la Asociación de Escritores se dedicaran a decir a los lectores qué deben o no leer, y los hostigaran con mensajes patrioteros y chauvinistas del tipo: “No lean a Coetzee ni a DeLillo ni a Amis, que piensan distinto y en inglés, sino a Vizcaíno Casas, Gala y Dragó, que son como muy de aquí”.

Cold Mountain

Anthony Minghella, 2003
Reparto: Jude Law (Inman), Nicole Kidman (Ada), Renée Zellweger (Ruby), Eileen Atkins (Maddy), Brendan Gleeson (Strobod), Philip Seymour Hoffman (Veasey), Natalie Portman (Sara), Giovanni Ribisi (Junior), Donald Sutherland (Reverendo Monroe), Ray Winstone (Teague), Kathy Baker (Sally Swanger), James Gammon (Esco Swanger), Jack White (Georgia).
Guión: Anthony Minghella; basado en el libro de Charles Frazier.
Producción: Sydney Pollack, William Horberg, Albert Berger y Ron Yerxa.
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Marditos románticos

Si hay algo en esta vida que no trago es un romántico. Lo que pasa es que hoy se llama romántico a cualquier cosa. Una vez me dijeron que "Orgullo y prejuicio" era romántica. ¿Una muchacha que lo primero que te dice de un partido es cuanto dinero gana al año se puede llamar romántica? Pues entonces todo es romántico, hasta inflar a hostias a la parienta.

Yo llamo romántico a lo que hace Minghella. Le das un beso a una chica y tres años más tarde sólo piensas en ella; tanto que no puedes liarte con las sudistas aburridas y algo ninfomaníacas que vas encontrando en el camino de vuelta a casa. Todo esto es difícil de creer, pero que el protagonista le diga que no a Natalie Portman roza la ciencia ficción. A los románticos no les sirve vivir una vida feliz, decirse cosas al oído o dar un paseo los domingos. Para los románticos, tiene que haber torturas, pruebas, castillos inexpugnables, gritos de dolor y holocaustos tremebundos, si no no hay amor. Cuanto peor sea más les gusta, con tal que todo acabe en un beso o en un polvo que puedan recordar mientras vuelven a vivir otra tanda de torturas. Eso es lo que no me gusta de “El Paciente inglés” ni de “Cold Mountain”.

Sin embargo, el desarrollo es apabullante. Está contado en forma de episodios, como un largo periplo desde el frente hasta casa que algunos han querido ver como un trasunto de Ulises y yo de Huck Finn. Inman (Jude Law) sobrevive en la America devastada de los perdedores de la guerra civil. Herido en una batalla sangrienta llega a un hospital donde lee una carta de su amada (Nicole Kidman) que le pide que vuelva a casa; él decide hacerlo en vez de sacrificarse por una guerra perdida. Las milicias locales patrullan todo el territorio buscando desertores, ellos, no los yankees, son los enemigos. Su crueldad es gratuita.

El camino a casa esta plagado de aventuras emocionantes. La vida de la muchacha es igual de conmovedora. Ella es la hija de un reverendo que no ha aprendido nada que sirva de utilidad, sabe bordar, pero no sabe zurzir, sabe cortar rosas, pero no sabe cultivar. La guerra cambia todo su mundo de valores. Después de sufrir el hambre acepta una criada (Renée Zellweger) que le enseña el lado práctico de las cosas, y también el cínico. La actriz texana aporta algo de humor a la tragedia.

Las tribulaciones del desertor en su camino a casa recorren un mundo devastado, trastornado. Casi todos los hombres están en el frente, y en las granjas sólo quedan las mujeres y los ancianos. Inman conoce una familia llena de mujeres lujuriosas, y una madre abandonada. La paz le llega de una anciana que cuida de él y lo cura.

El mérito de la película está en la composición de las dos historias. Como en un concierto, los dos instrumentos, las dos narraciónes, enfrentan sus melodías. La desesperación del soldado es cortada para narrarnos la paz del hogar en Cold Mountain. A los momentos de hambre de la muchacha sigue una escena de ilusión de su amado. Lucas suele usar estas mezclas para enfrentar a los enemigos en la mente del espectador, a Minghella le sirven para unirlos, porque en cada momento sentimos que al margen de lo que están sufriendo o disfrutando, el corazón de cada uno está puesto en la existencia del otro.

Un ciego asa cacahuetes a la salida del hospital de Inman. Jamás ha visto la luz. ¿Qué no daría por tener usted diez minutos de visión? le pregunta Inman. "Nada," responde el ciego, "porque luego tendría que volver toda la vida a la oscuridad." Inman, que es el románticismo, cree que sí vale la pena. El ciego viene a pensar igual que yo.
Teófilo Necrófilo: "Es una clásica de chica bien que lo pasa mal con la guerra y soldado que regresa del frente. A mi me pareció fría y artificial, Nicole Kidman está imposible para una persona que vive la guerra tan cerca. [...] Una gran producción que se les ha quedado con rigor mortis. "
Fran: "Minghella vuelve a hacer un cine intimista y que habla de la necesidad del amor para vivir en un mundo donde la violencia acecha. Y repite también al presentar una historia personal insertada en un gran escenario histórico, ahora la guerra civil americana."
Rotten Tomatoes= 73%. Fresh: 128 Rotten: 47
Taquilla 8ª semana: $88 mill

El jurado

"The runaway jury"
Gary Fleder, 2003.
Reparto: John Cusack (Nicholas Easter), Gene Hackman (Rankin Fitch), Dustin Hoffman (Wendell Rorh), Rachel Weisz (Marlee), Bruce Davison (Durwood Cable), Bruce McGill (Juez Harkin), Jeremy Piven (Lawrence Green), Nick Searcy (Doyle), Stanley Anderson (Henry Jankle).
Guión: Brian Koppelman, David Levien, Rick Cleveland y Matthew Chapman; basado en la novela de John Grisham.
* * *
El efecto Michael Moore

John Grisham trabajó en un buffet de abogados antes de convertirse en un escritor multimillonario. En sus novelas habla de temas judiciales y prefiere atacar a las compañías de tabaco, pero en este caso ha hecho una excepción y se ha aliado con Michael Moore para torturar a los fabricantes de armas que, acogidos a la segunda enmienda de la constitución, se están haciendo de oro en Estados Unidos a costa de poner un arma debajo de la almohada de cada paranoico.

Una mujer demanda a un fabricante de armas por la muerte de su marido a manos de un loco que entró en su despacho; y si ella gana el juicio puede hundir a toda la industria de armamento. La bondadosa viuda contrata a un abogado honrado que interpreta Dustin Hoffman, la perversa industria se alía para tener los servicios del torcido Finch que interpreta Hackman. Pero los abogados no cuentan, la decisión de este caso trascendental está en manos de un manipulador que hay dentro del jurado que interpreta Cusack.

En realidad es como ver otra vez doce hombres sin piedad, sólo que el papel de Henry Fonda lo hace un tramposo que vende esa capacidad de cambiar el veredicto por diez millones de dólares. Y tiene la gracia de que casi toda la acción ocurre fuera y uno no se agobia con la sala y los sudores de los actores. De hecho se les ha ocurrido la brillante idea de sacarnos de los conocidos Nueva York, Chicago y Los Ángeles, ciudades que conozco casi mejor que Madrid gracias al cine, y han trasladado la acción a San Luis. El color local lo logran con una santera negra y casas coloniales, casi todas desconchadas.

Cusack, o sea, Nicholas Easter dice que él es un agnóstico. Es decir, no le importa quien gane el juicio, le importa el dinero que puede sacar. Pero la película no va de quien tiene menos escrúpulos para pagar a un jurado y comprar un veredicto. El fondo está, quizá, en que la verdad es la primera perdedora de un juicio igual que lo es de las guerras. Porque al final parece que todo se puede conseguir con dinero, y todo, incluso los miembros de un jurado, se pueden controlar como demuestra el expertisismo Hackman.

El final es moralizante, siento destriparlo, pero no me calma el desasosiego que produce el planteamiento, donde un abogado omnipotente que parece el Gran Hermano de Orwell es capaz de saber hasta cuantos tatuajes tiene uno de los jurados. Porque eso demuestra lo que todos sentimos íntimamente cuando oímos algunos veredictos, que la justicia no es ciega, sino tonta.
Rotten Tomatoes= 70%. Fresh: 101 Rotten: 43
Taquilla 14ª semana: $48 mill

Seabiscuit

Gary Ross, 2003
Interpretación: Tobey Maguire (Johnny 'Red' Pollar), Jeff Bridges (Charles Howard), Chris Cooper (Tom Smith), Elizabeth Banks (Marcela Howard), Gary Stevens (George Woolf), William H. Macey (McGlaughlin), Valerie Mahaffrey (Annie Howard), Michael O'Neill (Sr. Pollard), Annie Corley (Sra. Pollard), Sam Bottoms (Sr. Blodget).
Guión: Gary Ross; basado en el libro de Laura Hillenbrand.
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The underdog

Seabiscuit pertenece a la historia y a la mitología norteamericana. Era un caballo más pequeño de lo normal que se hizo famoso en los años de la depresión. Los artículos sobre este caballo de carreras llenaron más papel que los de Roosvelt, Musolini o Hitler. Las vidas de los hombres que lo hicieron campeón conectaron con el público de los años del New Deal. Pollar, el jockey, pertenecía a una familia acomodada hasta que se arruinó en 1925; Charles Howard, el dueño representaba al hombre de éxito gracias a la industria del automóvil, y también era un altruista; Tom Smith, el entrenador, tenía una relación con los caballos casi mística.

El arranque de la película narra la historia de los cuatro protagonistas, que son cuatro perdedores a los que la vida les ha arrancado algo. Seabiscuit es un caballo perdedor porque nadie ha creído en él, Pollar es un jockey en el que nadie ha confiado. El imparable ascenso de estos personajes trasciende de sus vidas para convertirse en una inspiración para mucha gente.

La narración busca el lado épico de la historia más que el lado personal, que describe con pudor; y añade algo al falso optimismo de los telefilmes del domingo. Los protagonistas son seres derrotados que nadie empuja al vacío cuando están a punto de caer; todos encuentran una mano tendida, un clamor, o un apoyo que les ayuda a levantarse, y a vencer, como en las comedias de Capra. Sólo que sin la magia de Capra.

La película está construida para conducirnos a un momento de emoción, el de la carrera entre Seabiscuit y War Admiral, y no dejo de ver cierto mérito en esa revisión humanista de la sensación de triunfo.
Rotten Tomatoes: 79%; Rotten: 35 Fresh: 135
Taquilla: $120 mill.
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