Bodas y prejuicios

Gurinder Chadha, 2004
Reparto: Aishwarya Rai (Lalita Bakshi), Martin Henderson (William Darcy), Daniel Gillies (Johnny Wickham), Naveen Andrews (Balraj), Anupam Kher (Sr. Bakshi), Nadira Babbar (Sra. Bakshi), Indira Varma (Kiran), Nitin Ganatra (Sr. Kholi), Alexis Bledel (Georgie Darcy), Ashanti.
Guión: Gurinder Chadha y Paul Mayeda Berges; basado en la novela "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen.
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Amor y clase social

Cuando Jane Austen escribió Orgullo y prejuicio tenía sólo 23 años. A pesar de su juventud hizo una novela madura, un historia de amor que ha servido de modelo para otras, como “El diario de Bridget Jones” o ésta de Gurinder Chadha. La historia de Helen Fielding hablaba de las falsas apariencias, del autoengaño en el amor, Chadha habla de los choques culturales, y las dos demuestran cuanto se puede sacar de un clásico estupendo como el de Austen.

La historia trata de los obstáculos que encuentran dos jóvenes que se gustan hasta llegar al sí quiero. El orgullo es el defecto de Darcy, un millonario norteamericano que habla de la India sin respeto por su atraso económico, y que se muestra poco amable cuando visita a la familia Bakshi con su jovial amigo Balrash. El prejuicio es el defecto de Lalita, la chica. Un tercero habla mal de Darcy y ella le cree, así que rechaza a Darcy cuando le declara su amor.

La historia de Austen vale para entretener al espectador más exigente de cualquier época, su humor es agudo. Las dos versiones modernas han respetado el fondo y se han dedicado a hacerlo creíble para su público, Bridget Jones no es una virgencita como Lalita o Elizabeth Bennet, bebe y no guarda la línea. Lalita, es más próxima a Austen porque no está emancipada. En esta versión india, el matrimonio es la única vía de ascenso social, y un millonario, el sueño inconfesado. Chadha añade muchas más cosas propias, como, por ejemplo, el papel rector de los padres omnipresentes. Las canciones son puro Bolliwood, dan ganas de ponerse a dar saltos en el asiento y meterse en esas danzas absolutamente contagiosas. Estos músicales no tienen rival cuando se ponen a expresar emociones con esos estallidos de júbilo colectivo.

Roger Ebert ***: Bollywood musicals are the Swiss Army Knives of the cinema, with a tool for every job: comedy, drama, song and dance, farce, pathos, adventure, great scenery, improbably handsome heroes, teeth-gnashing villains, marriage-obsessed mothers and their tragically unmarried daughters, who are invariably ethereal beauties.
Desson Thompson: There's another crucial difference between book and movie: Austen's novelistic world carries a more repressive backdrop: the weight of being a woman in a patriarchal society. The womanly perspective is an omniscient force of good, a quiet revolution in the parlor. It's micro. But Chadha's film is clearly macro. It's about two distinct and proud worlds, the east's Capulets and the west's Montagues, if you will, each with their own flaws and sanctimoniousness. And each with something to learn from the other. Everyone's free to verbally hack at each other, openly debating their differences. You Indians arrange marriages! There's no choice! Oh, yeah? Well, how come you Americans get divorced all the time? And don't you choose people in your station anyway? And so on.
Glenn Kenny **: It’s very colorful, for sure, but the dialogue is lead-footed at best (“You sure this is safe to eat? I don’t want to be getting Delhi belly on my first day!” an American character avers early on); the lyrics to the songs are . . . well, here, try this couplet: “I just want a man who gives me some back/who talks to me and not my rack”.

Rotten Tomatoes: 65% $2m.

Bajo Ulloa

P: Frágil pasa del mito de Penélope a la historia del ‘patito feo’ para después darle la vuelta a todo... ¿Un cuento postmoderno?
R: Sólo un cuento, un cuento envenenado.
P: ¿Cree que los espectadores necesitan que les cuenten más cuentos?
R: Igual que en la televisión, los espectadores van al cine y ven lo que hay. Y cada vez hay menos donde elegir. Un cuento puede ser algo maravilloso, luminoso y fantástico, algo con lo que soñar, y también una mentira increíble. Esa ambigüedad es el alma del ser humano.
P: Por lo que cuenta en la película no parece que le guste mucho lo que rodea a su profesión...
R: Este es un momento en el que no sé muy bien si soy feliz con lo que hago. He ido intuyendo la razón intrínseca de mi necesidad de exhibir mi interior y no estoy seguro de que me guste. En el pasado sentía la obligación de usar mis historias como una terapia, igual que otros escriben, pintan o ponen bombas.
[...]
P: ¿Por qué estrena más de un año después de haber terminado la película?
R: La posproducción ha sido una pesadilla y me he encontrado más puertas cerradas que nunca, y no creo en las casualidades. Pero confiaba en poder estrenar, sobre todo cuando vi que Coto Matamoros o Bofill ya tenían distribución...
P: ¿Cómo se defiende si le dicen que su película tiene trampas (argumentales)?
R: ¿Y qué esperaban? las películas son un puñado de pequeñas mentiras para contar una gran verdad.

Algo en común

(Garden State)
Zach Braff, 2004
Interpretación: Zach Braff (Andrew Largeman), Ian Holm (Gideon Largeman), Ron Leibman (Dr. Cohen), Method Man (Diego), Natalie Portman (Sam), Peter Sarsgaard (Mark), Jean Smart (Carol), Ann Dowd (Olivia), Denis O'Hare (Albert), Geoffrey Arend (Karl Benson), Alex Burns (Dave).
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Alguien voló sobre el nido de Mrs Robinson

Andrew Largeman, interpretado por el mismo director Zach Braff, es un muchacho que vive sedado con fármacos. Mientras aparca el coche descubre que lleva colgado en el depósito la mangera de la gasolinera donde repostaba. Andrew hizo un papel en una película y ahora trabaja de camarero. Una llamada de su padre se queja de que no devuelve las llamadas, y con el mismo tono añade que su madre ha muerto. La vuelta al pueblo, después de nueve años, sirve para que Andrew recupere algunos amigos olvidados, para que conozca a una chica, pero sobre todo sirve para que cambie su vida porque ha olvidado sus fármacos y por primera vez se siente vivo.

Zach Braff ha cogido a dos personajes de Terry Zwigoff para contarnos otra vez "Love Story", o "El graduado", subiéndonos el volumen de bonitas canciones. El chico es una especie de zombi a causa de los litros de litio que le receta su padre que es psiquiatra, la chica es epiléptica. En el cine moderno es de rigor que los protagonistas tengan taras que los hagan cercanos a nosotros, como morderse las uñas, o un grano en la cara.

El padre tiene controlado a su hijo culpable (horriblemente culpable, por cierto) gracias a la medicina que le receta, igual que la enfermera Ratchet de "Alguien voló sobre el nido del cuco". De modo que Andrew tiene la oportunidad de romper sus cadenas y su yugo, tema transcendental para un veinteañero y vivir por primera vez la vida.

Natalie Portman le pide cuando están en su casa que haga algo distinto, algún gesto que no haya hecho nunca en la vida. La idea es vagamente romántica, el romántico siempre hace las cosas por primera vez en la vida. Para Andrew es una asignatura facilísima, porque desde que empezó a medicarse a los diez años no ha hecho absolutamente nada en la vida.

Roberto Piorno @@@: Zach Braff vuelve a casa a saldar cuentas con el pasado cual Timothy Hutton en "Beautiful Girls". Y curiosamente ambos dos vislumbran su norte gracias a la balsámica presencia de Natalie Portman. Braff, director, guionista y protagonista, todo en uno, maneja, como manejaba Ted Demme en aquella inolvidable terapia de grupo cómico-romántica, las mismas claves de comedia pop, idénticos estigmas generacionales y vertebra, también, su tragicomedia buceando entre crisis existenciales de adultos, fracasados provinciales, con síndrome de Peter Pan.
Francisco Marinero **: Él mismo, sus amigos de la adolescencia y la chica descubierta tienen algo en común: la frustración vital y la excentricidad de sus respectivas familias, en especial de sus madres.
Estos personajes están retratados en una comedia dramática costumbrista amable, poco profunda y poco original
Rolling Stone: With Garden State, Braff wants to show you his version of The Graduate, he wants to stuff his big feelings into one little movie, he wants to change the world.
He doesn't totally pull it off, but what strange and marvelous fun to watch him try. Braff stars as Large, a waiter and wanna-be L.A. actor who returns to his New Jersey home for his mother's funeral. The event prompts Large to drop his Zoloft habit, reconcile with his dad (Ian Holm), hook up with a school buddy (a terrific Peter Sarsgaard) and find the love of his life in a sweet-crazy-sexy, Shins-loving pathological liar named Sam, played by Natalie Portman in a funny and touching performance you shouldn't even try to resist. The same goes for Braff's movie. It's a hilarious and heartfelt ode to twentysomething angst. Braff has himself a winner.

Rotten Tomatoes: 88% $28m.

Asalto al distrito 13

Jean-François Richet, 2005
Reparto: Ethan Hawke (Jake Roenick), Laurence Fishburne (Marion Bishop), John Leguizamo (Beck), Maria Bello (Alex Sabian), Jeffrey "Ja Rule" Atkins (Smiley), Drea de Matteo (Iris Ferry), Matt Craven (Capra), Brian Dennehy (Jasper O'Shea), Gabriel Byrne (Marcus Duvall), Aisha Hinds (Anna).
Guión: James DeMonaco; basado en la película de John Carpenter "Assault on precinct 13" de 1976.
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Mejor Hawks que Hawke

Hawks rodó con Wayne "Rio Bravo" en 1959 y "El Dorado" en 1966, con el mismo argumento de un cherif que guarda en su prisión a un villano frente a todos sus secuaces y sin ningun apoyo del pueblo. Cuando le dio el guión de "Río Lobo", Wayne le dijo: “Vale, la haré, pero no pienso leer el guión, ya lo he interpretado dos veces.”

Ethan Hawke interpreta al John Wayne íntegro que está siempre del lado de la ley, y da igual si cumplir con la ley supone perder a alguno de sus hombres o a todos. El éxito consiste en no saltarse una señal de tráfico. El prólogo de la película nos explica el origen de su adicción a las pastillas. En uno de sus casos murieron dos hombres siguiendo sus instrucciones, desde entonces no acepta responsabilidades. Hasta hoy.

La comisaría del distrito 13 va a cerrarse para siempre dentro de unas horas, cuando den las 12 del 31 de diciembre. Un furgón de policía se ve obligado a dejar cuatro presos en la comisaría por culpa del temporal. Uno de los presos es Marion Bishop, o sea Morpheo/Fishburne lanzando frases para apuntar en una lista de citas célebres. Marion es peligrosísimo porque es un asesino mafioso y también porque sabe cosas de la policía.

La película hubiera salido mejor parada si se hubieran conformado con restituir al policía caído. En vez de eso, el duelo se convierte en una difícil intriga en la que los criminales pueden ser los aliados y los aliados criminales. Todo llega a dar igual salvo la hora de salida que uno clama por que llegue.
Premiere: Strikingly shot with some wicked hand-held virtuosity, Assault is rivetingly suspenseful in how it toys with the morals of good guys flip-flopping to the dark side (and vice versa); it also understands the importance of paying attention to its characters without forgetting that the hyperviolent thrill's the thing. Plot holes like blocked cell phones are quick-fixed so you can stop thinking them through long enough to cherish a faux-believability, and by the time that seven-way Mexican stand-off blasts through the screen, you'll be having too much fun to realize how faulty some of the twists are, or that this crafty little gem is a tad overlong.

Rotten Tomatoes 58% $20m.
François Truffaut, 1959
Reparto: Jean-Pierre Léaud (Antoine Doinel), Claire Maurier (Gilberte, la madre), Albert Rémy (Julien, el padre), Guy Decomble ("Petite Feuille", el profesor de francés), Georges Flamant (Mr. Bigey), Georges Flamant (Rene)
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Jóvenes airados

Antoine es castigado en la escuela por tener un poster de una modelo. No cumple el castigo y para no enfrentarse al profesor falta al día siguiente con su amigo Rene. Van al cine y al parque de atracciones. Al día siguiente intenta falsificar un justificante, pero en vez de eso decide lanzar un órdago. Le dice al profesor que su madre ha muerto. El padre se enteran de la falta y va al colegio a buscarle. La humillación es tal que Antoine se va de casa. Su amigo Rene le ofrece una imprenta para dormir. Cuando vuelve se reconcilia con su familia; su madre le promete regalarle mil francos si es uno de los mejores en redacción. Lee a Balzac para aprender a escribir pero en el colegio es víctima de una injusticia. El profesor no se cree que la redacción sea suya. De nuevo huye de casa y se refugia en la de Rene. Roba una máquina de escribir pero no puede venderla, cuando quiere devolverla es atrapado y sus padres lo internan en una institución de menores.

El episodio de la máquina de escribir es autobiográfico. Los sentimientos también, el personaje de Antoine no oculta su condición de trasunto del autor, que aprovecha para airear sus cuentas pendientes. El muchacho airado, la juventud cabreada es un tema que se adelanta a su tiempo. El Paris de las imágenes resulta inolvidable, puede que no fuera esa la intención de Truffaut, pero, ese piso frío y pequeño, las callejuelas y las gentes están retratados con tal tristeza, con tanta nostalgia que parecen contadas para los espectadores de la posteridad.

Jean-Luc Godard en Niños de Vitral, Bemanos, Melville, Cocteau, Vigo y Rossellini, Cahiers du cinema n°92, febrero de 1959.
Con Los cuatrocientos golpes, Francois Truffaut entra en el cine moderno como en el colegio de nuestras infancias. Niños humillados de Bernanos. Niños al poder de Vitrac. Niños terribles de Melville-Cocteau. Y niños de Vigo, niños de Rossellini, en breve, niños de Truffaut, expresión que una vez el film estrenado será pronto admitido en el lenguaje público. Hablaremos pronto de "los niños de Truffaut" de la misma forma que lo hacemos de "los lanceros Benagalíes", "los reyes de la mafia", "los locos del volante", y " los drogadictos del cine". En Los cuatrocientos golpes la cámara del director de Les Mistons alcanzará de nuevo la cima, no con la madurez del adulto, como ocurre en el cine de Hawks, sino con la del niño. Y si, a veces, sobrentendemos "arrogancia", cuando hablamos de plenitud a propósito de los mayores de treinta años, lo sobrentenderemos mucho más todavía cuando lo hagamos a propósito de los menores de dieciséis años: entonces será orgullo. Por ello, se puede calificar a Los cuatrocientos golpes como el film más orgulloso, más cabezota, más obstinado, en fin, como el más libre del mundo. Moralmente hablando. Y estéticamente también. [...] En resumen ¿Qué decir? Esto: Los cuatrocientos golpes es un film firmado por: Franqueza. Velocidad. Arte. Novedad. Cinematógrafo. Originalidad. Impertinencia. Seriedad. Tragedia. Refrescamiento. Ubu-Rey. Fantasía. Ferocidad. Amistad. Universalidad. Ternura.
Sylvia: Ce film nous raconte le destin d'un adolescent en période de crise. Il se trouve face à sa vie, et il se rend compte qu'il est "en trop" dans la vie de sa mère. Il n'a pas vraiment d'attache sentimentale avec elle. Elle ne l'appelle jamais par son prénom mais toujours "le gosse" ce qui le place dans une position d'infériorité et impose une distanciation.

Zero de conduite

Jean Vigo, 1933
Reparto: Jean Dasté (Monitor Huguet), Robert Le Flon (Monitor 'Pete-Sec'), Delphin (Director) Du Verron (Supervisor general), Pierre Blanchar (supervisor) León Larive (profesor de ciencias), Raphaël Diligent (bombero), Louis Lefebvre (Caussat), Coco Golstein (Bruel), Gilbert Pruchon (Colin), Gérard de bédarieux (René Tabard)
Los chicos del internado

Los niños vuelven al internado después de las vacaciones. En el dormitorio el orden es estricto. Cuando alguno se pasa se queda sin salida el fin de semana, cero en conducta. Los profesores y los guardias abusan de la medida, en cambio el nuevo guarda es comprensivo con los niños, imita a Charlot y no se enfada por nada.

Los niños organizan una revolución en el dormitorio que dejan lleno de plumas, en clase, donde tiran los libros y en el comedor tirando las habichuelas, de las que están hartos, a los profesores.

El día de la ceremonia con las autoridades, los niños se suben al tejado y arman una verdadera revolución al son de la marsellesa.

Vigo hizo sólo cuatro películas y murió a los 29 años. Su padre fue a la carcel por anarquista y dejó cierta impronta en el director. Zero de conduite no es muy coherente, pero lo suple con creces con su vena poética y con su espíritu provocador.

Todo el mundo ve la influencia de la película en “Los cuatrocientos Golpes” de Truffaut y en “if...” de Lindsay Anderson. También es evidente en “Los chicos del coro”.

Webster Fact: people and places in Zero for Conduct are rather ugly, glamorous places and people play no part in this movie. This partly accounts for the critics' praise of the "extreme naturalness" of some French films made in the 30ís
cinescene: Vigo's surreal comedy/drama set in a boarding school has been enormously influential, most notably on Truffaut's The 400 Blows and Lindsay Anderson's If .... The director grew up in a boarding school himself, after his father, the militant anarchist Miguel Almareyda, died in prison, and he draws on his experiences to ground the film in the often gritty reality of a boys school. He also draws on his anarchist sympathies and his attraction to surrealism to give the film a dreamlike quality and a playful, lampooning sense of humor.
Phesto: The simple plot about children revolting against their instructors at boarding school is given a dream-like mood by fluidly mixing the objective with the subjective. Narrative is secondary, and what remains with the viewer are certain shots or sequences rather than a cohesive story line.
The film evokes a magical feeling for the students’ world; one of them makes a ball disappear and reappear while another jumps from behind a wall to catch something at just the right time. One interesting sequence has the only sympathetic instructor, Huguet, standing on his head and drawing a comic-looking picture of a man.
combustible celluloid ****: I found that it doesn't make any sense. You just have to let the weirdness and anarchy wash over you, and enjoy it like a fresh dip in a lake. The key thing about the movie is that Vigo is able to let his anxieties, passions, dreams, and feelings come out lucidly on the screen. He wasn't hiding anything. He was a great poet. (He died at the age of 29 of tuberculosis, having only completed 2 short films and 2 features.)
IMDB
Christopher Smith, 2005
Reparto: Franka Potente (Kate), Sean Harris (Craig), Vas Blackwood (George), Ken Campbell (Arthur), Jeremy Sheffield (Chico), Paul Rattray (Jimmy), Kelly Scott (Mandy), Debora Weston (Mya), Emily Gilchrist (Karen).
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Terror a secas

Hay dos géneros de cine que no deberían rodarse a palo seco, hablo de la comedia y del terror. Las comedias que buscan hacer reir por reir acaban no haciendo gracia. Una buena comedia debería tener un fondo dramático, un conflicto de personajes, o una caracterización curiosa. Con el terror ocurre lo mismo. El susto por el susto se queda en nada. Las grandes películas de terror hablan en realidad de algo más, del contagio del sida, del peligro radiactivo, de la muerte y la vida. “Creep” me parece terror por terror.

Una chica coge el metro para ir a una fiesta donde sabe que estará George Clooney. Pero se queda dormida en el andén y cuando despierta está sola, el último tren ha pasado. Oye otro tren y lo coge. En el vagón aparece un compañero de trabajo que intenta violarla. Un hombre que no vemos ha asesinado al maquinista y también se ensaña con el violador. Después la persigue a ella.

Del carnicero poco sabemos. Unas fotos quieren sugerirnos cual fue su infancia, y de donde viene su falta de sensibilidad. Goleman explicaba en “La inteligencia emocional” que algunos asesinos en serie sufrían un problema cerebral que les hacía insensibles al dolor, tanto al propio como al ajeno. En una de las escenas, el agresor implora piedad, pero no es una reacción suya, imita a una de sus víctimas que hemos oído decir lo mismo y con las mismas palabras.

No sé si para bien o para mal, la película no ha buscado un malo interesante. El malo interesante llegó a su culminación con Hanibal Lecter y tuvo un buen imitador en Seven. El malo de “creep” no pasa de cruel, y no tiene una lógica contundente. Tiene, eso sí, una guarida. Una especie de sótano en las cloacas que usa como una especie de despensa. La idea carece de sentido, aunque sirve para crear su momento de claustrofobia. También carece de sentido que el compañero de trabajo de Kate viaje en el tren, o que todos los crímenes ocurran en una noche en vez de alargarse años o lustros.

“Creep” cumple las consignas del género de un modo burocrático. La protagonista no está sola. En el metro encuentra a unos mendigos y a otra víctima Los compañeros de fatigas alivian la tensión que de lo contrario sería insoportable. Por otro lado alimentan la ración de carne que exige la impiedad del malo y la adrenalina del público. El espectador participa en un juego en el que sin saberlo sólo le importa el destino de una persona, y puede prescindir de las demás. La cadena de asesinatos y brutalidades nos ayuda a entender, con bastante claridad, cual puede ser el futuro de la chica si el malo la alcanza.

El duelo entre la víctima y el agresor es inevitable. La lucha es desigual, y no porque el monstruo sea más fuerte, sino porque la chica es chica. Ella está lastrada todo el tiempo por la compasión y él no.

Francisco Marinero *: Smith recurre a un terror menos sutil, más truculento, para espantar a Franka Potente (entrenada en películas anteriores para estos papeles, en especial en 'Anatomía') y a los espectadores. Tanto en la claustrofobia como en la truculencia se utilizan todo tipo de recursos muy clásicos, y todavía eficaces, del género; sin embargo, el guión se permite unas inverosimilitudes escandalosas.
Antonio Trashorras ***: El primer largometraje escrito y dirigido por Christopher Smith queda enmarcado en cierta copiosa tradición del horror inglés que podríamos etiquetar como de susto, carrera y batacazo, cuyo germen literario se remontaría a los toscos penny dreadfuls victorianos, origen de toda una forma popular de entender por completo ajena a la célebre flema británica.
Intento bastante certero de confeccionar un film de pánico y asco, digamos, como los de antes, es decir, sin coartadas psicológicas, asomo de corrección mensajística ni temor al impacto gratuito, Creep debe contemplarse como un tan humilde como honesto carrusel de tensión y desagrado, un poco a la manera de La Casa de los 1.000 Cadáveres, sin su exquisitez audiovisual, desde luego, pero sí con el mismo espíritu noqueante, nihilista incluso. Bienvenido sea el terror de clase baja.

Rotten Tomatoes: 60%

Vuelta a empezar

Por enésima vez, no sé si tercera o cuarta, los comentarios del blog dejan de funcionar. Esta vez me ha fallado enetation. He tenido que cambiarlo por Haloscan. Y he perdido, mil disculpas otra vez, los comentarios de los lectores.
Kim Ki-duk, 2004
Reparto: Lee Seung-yeon (Sun-hwa), Jae Hee (Tae-suk), Kwon Hyuk-ho (Min-kyu), Joo Jin-mo (Detective Cho), Choi Jeong-ho (Funcionario de prisiones), Lee Dah-hae (Ji-eun), Park Dong-jin (Detective), Moon Sung-hyuk (Sung-hyuk), Park Jee-ah (Jee-ah).
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Okupar otra vida

Tae-suk es un joven universitario que viaja en una moto último modelo y ocupa las casas de gente que ha salido de vacaciones. Su truco consiste en dejar publicidad de restaurantes en la cerradura, así cuando vuelve sabe que no hay nadie si no han tocado el papel. Una vez en un hogar, Tae-suk disfruta de la comida, pone la música, o la tele, y arregla los aparatos que ve averiados, una pistola de juguete, un reloj, un equipo de música, una balanza. Cada hogar tiene algo que arreglar. No rompe nada, no ensucia, no roba. El hogar donde encuentra la mayor avería es también el más pijo. Un ejecutivo vive un matrimonio desastroso con una mujer a la que maltrata.

“Hierro 3” es una película casi tan geométrica tan limpia y elemental como la anterior “Primavera, verano, otoño, invierno... primavera” del mismo director coreano. Quizá la sencillez esté en la falta de diálogo. La chica no dice más de tres frases. Ki-duk nos cuenta sus historias con la cámara, no con el micrófono.

Lo cierto es que Tae-suk no hace daño a nadie, pero se lo hacen a él y rompe el pacto que respetaba con todos los hogares que invadía, al menos lo rompe en un punto, el de su presencia. Este personaje es una creación insólita, una especie de voyeur, un hombre que necesita ocupar el lugar de otros, o vivir sus vidas. Es un personaje inagotable; un personaje que conduce una historia que va creciendo a cada minuto. Un relato casi perfecto.

Si alguien me dejara hacerlo yo le podaría ese triángulo amoroso sacado de una telenovela rancia, el típico triangulo agresor-víctima-salvador. También me chirría el gusto oriental por el desquite en una película como esta, pero la genialidad de usar ese palo de golf, el Hierro 3, obliga a perdonárselo todo a esta pequeña joya.

Roberto Piorno @@@@: cinta hermosa y desafiante que diserta con voz burlona sobre el cautiverio, la naturaleza de los apegos y la deshumanización materialista.
Mirito Torreiro ****: Hierro 3, curioso título que esconde una metáfora (para un jugador de golf, es el palo que menos se usa¿ tan raro al menos como el protagonista del film, que utiliza en un cierto momento un palo para defender a la mujer que lo atrae)
[...] las andanzas aparentemente absurdas del personaje son la perfecta parábola para entender el absurdo de la vida contemporánea, hecha de la búsqueda de la propiedad, de la posesión, carente por completo de humanidad. Ki-duk utiliza pues un personaje que es en sí una incógnita, pero también un espejo: es el que nos permite vernos en nuestra tranquila alienación, en nuestra vida materialista, en un presente sin apenas resquicios de futuro.
Eric Campos ****: Ever have that pesky remote control start working fine for you all of a sudden? Perhaps Tae-suk paid you a visit while you were out at work or away on vacation. Something to think about, isn’t it?
The biggest thing here is, if you love quiet movies, where the characters don’t need to speak to each other to establish relationship, carry the story and initiate action, then "3-Iron" is exactly what you’re looking for. Throughout Tae-suk and Sun-hwa’s interesting relationship, it’s not shown that they say word one to each other, however, you bond with them as they bond with each other through their charming, if somewhat detached, interaction. It’s a love story without all the verbal hooey and it hits harder than most.
Alberto Bermejo ***: El coreano Kim Ki-Duk, deslumbrante en algunas de sus películas, como 'La isla', con la que se dio a conocer en España, y sobrevalorado en otras, como la irregular 'Primavera, verano, otoño, invierno y primavera', es un audaz y prolífico autodidacta que en ocasiones ha sacado oro de su intuición -asociando con estremecedora naturalidad conceptos morales o dimensiones estéticas tan aparentemente antagónicos como belleza y crueldad, acuñando imágenes genuinamente impactantes, alejadas de cualquier sombra de artificio, al servicio de historias narrativamente sencillas pero evocadoras de la complejidad cultural de la que procede- y en sus momentos menos inspirados ha sabido imitar sus propios hallazgos, convirtiéndolos en voluntariosa metáfora de la realidad o infundiéndoles una resultona espiritualidad, como de catequesis oriental.

Rotten Tomatoes

Saw

James Wan, 2004
Reparto: Leigh Whannell (Adam), Cary Elwes (Dr. Lawrence Gordon), Danny Glover (Detective David Tapp), Ken Leung (Detective Steven Sing), Dina Meyer (Kerry), Mike Butters (Paul), Paul Gutrecht (Mark), Michael Emerson (Zep Hindle), Benito Martinez (Brett), Shawnee Smith (Amanda).
Guión: Leigh Whannell; basado en un argumento de James Wan y Leigh Whannell.
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Oriental y macabra, valga la redundancia

Aunque un director macabro puede jugar con nosotros durante hora y media a lo que él quiera y someternos a las mismas torturas que a sus cobayas, el espectador siempre tiene un dequite cuando baja el telón. Uno tiene derecho a pedir explicaciones e indemnizaciones morales. Por mucho que el director se pase, sabe que cuando se encienda la luz, el que estará en la picota será él. James Wan trata de irse de rositas con un final de cajas chinas, con uno de esos artefactos llenos de sorpresas que hacen las delicias de todos los guionistas perezosos de nuestro tiempo. Pero el Señor Wan no se va a ir sin que le diga un par de cosas.

“Saw”es una historia de serial killer psicópata en la que, por fin, se destapa el pastel. Prepárense: el aseino y no la víctima es quien tiene razón. El fondo moral es que la gente no aprecia lo que tiene, no sabemos lo felices que somo por estar sanos y tener un trabajo. El asesino no se limita a inventar juegos complicados para matar, sino que obliga a sus víctimas a elegir entre opciones siniestras. Por ejemplo, una chica tiene que buscar una llave en el estómago de su compañero de celda si no quiere que le estalle el cráneo con una trampa para osos.

Hay un momento de éxtasis en el que coinciden tanto “Saw” como “Old Boy”. Es el momento en el que el protagonista teme perder lo que más quiere y se rebaja hasta lo más hondo. Ya no es un héroe, ya no va a luchar más. Su rendición es incondicional y la firma con una mutilación. No sé muy bien que tipo de placer supone ver algo así, lo mismo que no entiendo que placer tiene comer pescado crudo, pero visto de lejos diríase que a cierto tipo de espectador le gusta la claudicación del héroe, tanto o más que verle los pechos a la protagonista. Lo supongo porque los creadores siempre sacan esa jugada con un aura de satisfacción que parece que acaban de enseñar una escalera real en medio de una partida de poker.

Yo no pretendo defender los esquemas tradicionales de Hollywood, y de hecho, a veces noto cierto cansancio, pero si van a renovar el cine de hoy con esta casquería sanguinaria, que me dejen como estoy.

Alberto Bermejo: Más que inspirarse en casos reales, que también, o en películas anteriores afines -no se puede dejar de pensar sobre todo en 'Seven' durante su proyección-, los mecanismos argumentales de 'Saw' parecen proponerse como reto o sofisticado modelo para futuros asesinos en serie faltos de ideas propias.
Javier Ocaña: La originalidad de los aesinos en serie ha llegado a tal extremo de virtuosismo que el de Saw ni siquiera se tiene que dar el trabajo (físico y moral) de acabar con sus víctimas; son otros los que lo hacen por él, eso sí, inducidos por macabros juegos pergeñados por su mente perversa.
[...] Wan es un profesional avispado pero no lo suficientemente inteligente como para haberse dado cuenta de que cuando saca la acción al exterior del cuarto de baño decae mucho enteros.
Cranky (-3): Here begins the most ridiculously contrived horror film of all time. It's a movie whose horror is impossible to follow because the set-ups required to put all the action together are so completely stupid.
Ebert **: "Saw" by contrast depends on an improbably devious and ingenious villain who creates complications for the convenience of the screenplay. Named "The Jigsaw Killer," he joins that sturdy band of movie serial killers with time on their hands to devise elegant puzzles for their victims and the police. Sometimes that works, as in "The Silence of the Lambs," and sometimes we simply feel toyed with. That said, "Saw" is well made and acted, and does what it does about as well as it could be expected to. Horror fans may forgive its contrivances.
A movie that conceals the identity of a killer is of a lower order, in general, than one that actually deals with him as a character. To get to know someone is infinitely more pleasing than to meet some guy behind a hockey mask, or in a puppet suit, or whatever. There is always the moment when the killer is unmasked and spews out his bitterness and hate and vindictive triumph over his would-be victims. I find it a wonder this obligatory scene has survived so long, since it is so unsatisfying. How about just once, at the crucial moment, the killer gets squished under a ton of canned soup, and we never do find out who he was?

Rotten Tomatoes: 46% $55m.
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