Master and Commander

Peter Weir, 2003
Reparto: Russell Crowe (Capitán Jack Aubrey), Paul Bettany (Médico de a bordo Stephen Maturin), Billy Boyd (Timonel Barrett Bonden), James D'Arcy (Oficial Thomas Pullings), Lee Ingleby (Guardiamarina Hollom), Georges Innes (Joe Plaice), Mark Lewis Jones (Hogg), Chris Larkin (Capitán Howard), Richard McCabe (Higgins), Robert Pugh (Capitán Allen).
Guión: Peter Weir y John Collee; basado en las novelas de Patrick O'Brian.
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La historia del mundo frente a la historia natural

Gracias a las fantasías modernas he aprendido un montón de razas de la tierra media, conjuros y triquiñuelas para aprobar en el colegio Hogwarts, inventos estupendos que nunca se construiran y tipos de poquemon que reaccionan con otros según se les coloque. Un espectador de nuestros días puede hacerse una carrera y un master si lo prefiere sin salir de la sala de cine y además será un título estupendo porque jamás le servirá para nada en su vida. Dos ejemplos de vacío absoluto y de desperdicio son Lara Croft y La momia. Con el sin fin de maldiciones y dioses que tiene nuestra historia se ve que a los creadores no les convenció ninguno y en vez de enseñarnos historia nos llenan la cabeza con más pájaros.

Llevo tiempo quejándome de la vacuidad de tantísimo invento y novedad sin que nadie me escuche, pero no pienso callarme. Si tenemos poco tiempo para aprender los directores de cine podían tener la delicadeza de ofrecernos en sus dos horas y con sus presupuestos cada vez más equiparables al del ministerio de cultura, cosas útiles, historia, naturaleza, ciencia, arte... Como espectador lo agradezco casi siempre.

Master and Commander es un buen ejemplo de lo que digo que ojalá cree escuela. Está ambientada en las guerras napoleónicas, habla de la medicina de aquella época, de cómo guerreaban dos barcos, de algunos detalles de su construcción y los vientos, también habla de las supersticiones de la tripulación y de liderazgo. El médico nos enseña la medicina de la época, es a la vez un naturalista y va estudiando especies animales nuevas.

Una labor de Peter Weir a la que por desgracia ha dedicado esmero ha sido podar todos estos conocimientos para no rodar un serial del National Geographic. Estoy seguro de que más rollo le hubiera encantado a muchos espectadores, no sólo a mi.

La película se inicia en la costa del Brasil. La nave Surprise es atacada por la francesa Acheron que la supera en todos los aspectos y además la aborda en un ataque sorpresa. El capitán Aubrey (Russel Crowe) escapa por los pelos pero no se da por vencido. Reconstruye su barco y decide dar caza al barco francés que recorre la costa sudamericana con destino al Pacífico.

El tema de la película parece en un principio la obsesión del capitán por vencer a un enemigo superior a él. Pero a lo largo del periplo vamos descubriendo que su verdadero antagonista es el médico de abordo al que admira por sus conocimiento pero al que enfrentan sus motivaciones. Uno tiene un fin político, el miedo a la invasión de Inglaterra por los franceses, mientras que el otro tiene un fin científico, sabe que lo que está observando puede cambiar nuestra concepción del mundo.

Buscando a Nemo

Andrew Stanton y Lee Unkrich, 2003
Personajes: Nemo, Marlin, Dory, Gill, Bloat, Peach, Gurgle, Bubbles, Nigel, Crush, Coral, Chum, Pearl, Bruce.
Guión: Andrew Stanton, Bob Peterson y David Reynolds; basado en un argumento de Andrew Stanton.
Producción: Graham Walters.
Música: Thomas Newman.
Fotografía: Sharon Calahan y Jeremy Lasky.
Montaje: David Ian Salter.
Diseño de producción: Ralph Eggleston.
Dirección artística: Randy Berrett, Anthony B. Christoy, Robin Cooper y Ricky Vega Nierva.
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La violencia de las producciones Disney no es subliminal

Como decía mi antigua compañera de trabajo a los niños les consentimos que vean lo que sea siempre que no sea un culo. La primera escena acaba con un fundido en negro, los tiburones se han zampado a la madre y a cientos de hermanitos de Nemo, una niña traviesa va a recibir a Nemo de regalo y el año anterior ya se cepilló otro pececito de colores. ¿Es eso lo que llamamos cine para niños? Sinceramente, la chica desnuda de “Los rescatadores” y los dibujos libidinosos de “La sirenita” me parecen mucho más recomendables que estos argumentos de Disney para un niño de cinco años.

Después de perder a toda su familia, Marlin, decide que va a cuidar de su hijo Nemo como la única cosa importante del mundo. Está tan aprensivo que ni siquiera desea que vaya al colegio. Pero de poco le va a servir porque un buceador caza al pececito y este va a parar a la pecera de un dentista. La película narra simultáneamente los intentos de Nemo de escaparse de la pecera con sus compañeros y el periplo del padre hasta llegar a Sydney para rescatar a su hijo.

A estas alturas me rindo a la evidencia, ya no existe ninguna emoción a menos que esta sea televisada por Ana Rosa para toda España, y aunque me pese, las tribulaciones del padre sólo se vuelven intensas cuando también se hacen famosas. Que le vamos a hacer, algo hay en nosotros que funciona de esa manera.

Lo que ya no me rindo es al exceso de medios. Todos los buenos pintores han ido simplificando su arte hasta llegar a lo esencial, mientras que en Pixar cada película tiene más texturas y más movimientos. Y puede que estos sean interesantes, pero no son asequibles para un espectador que tiene dos horas para digerir una historia. Sólo puedo explicarme semejante despilfarro de dibujos pensando en la edición DVD. Yo puedo asegurar que me perdí casi todo.

La imaginación consiste en hacer los pescados tipos humanos identificables. Los tiburones son lo mejor porque quieren dejar el vicio de comer peces, como alcohólicos anónimos. Dory, la despistadísima amiga de Marlyn que olvida una conversación a los pocos segundos puede aludir a esa faceta de los peces, pero es difícil buscarle un fondo humano.

Igual que en Monstruos S.A. la sobrecarga de novedades hace que uno tarde en conectar con los personajes. Es un tipo de película que exige varias revisiones para poder identificarse, simpatizar y para entrar en el fondo de la película. Aunque lo parezcan, estas no son películas fáciles, Lasseter debería saberlo. Y a veces se juega la atención del espectador más naif cuando trata de sacarle mucha punta a los paralelismos con el mundo de los humanos. Para comprobar lo que digo basta escuchar la sala, muchos niños no ríen los chistes y quizá lo toman todo al pie de la letra.

Es heredera de Toy Story en el peligro que es un niño malo en manos del cual puede caer el pececito y de Monstruos S.A. en la carrera para salvar a un ser desprotegido, que esta vez no es la niña, sino el hijo.

Dicen que Pixar está salvándole las cuentas a Disney. Técnicamente es comprensible, los dibujos son sorprendentes. Pero a los guionistas aún les queda por aprender algo de sus predecesores. Yo sigo prefiriendo esas historias de siempre con un fondo humano fácilmente identificable. Y esos argumentos redondos donde los personajes evolucionan en hora y media. En “Buscando a Nemo” Marlin saca una lección, pero casi por los pelos.

Y sobre todo, quitaría la crueldad de los tiburones y la niña mala y los cambiaría por alguna chica en bolas como las que siempre ha habido en las producciones Disney.

Guiños en Nemo

La película está repleta de homenajes cinéfilos: cuando aparece la niña que martiriza a los peces del acuario suena la música de Psicosis; el ataque de
las gaviotas incluye planos de Los pájaros; los protagonistas cantan un tema de 20.000 leguas de viaje submarino; el episodio dentro de la ballena recuerda a la versión Disney de Pinocho; el nombre del escualo, Bruce, es una referencia al mote del animatronic utilizado en Tiburón, de Spielberg.

En todos las producciones de Pixar aparecen personajes procedentes de películas distintas, aunque hay que estar muy atento para captarlas. También en Buscando a Nemo se incluyen sorpresas de este tipo. En la consulta del dentista se puede ver un muñeco de Buzz Lightyear, el astronauta de Toy Story y Toy Story 2; además, del techo cuelga un móvil de peces idéntico al que tiene la niña Boo en Monstruos, S.A. Los espectadores que tengan paciencia para esperar a que acaben los créditos finales podrán ver a Mike Wazowski, el ojo con patas de Monstruos S.A., buceando.

Metropoli.com

Love actually

Richard Curtis, 2003
Reparto: Alan Rickman (Harry), Bill Nighy (Billy), Colin Firth (Jamie), Emma Thompson (Karen), Hugh Grant (Primer Ministro británico), Laura Linney (Sarah), Liam Neeson (Daniel), Martine McCutcheon (Natalie), Keira Knightley (Juliet), Rowan Atkinson (Rufus), Andrew Lincoln (Mark), Billy Bob Thornton (Presidente de los EEUU).
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Muchas historias de amor

Al cine le ocurre lo que a la ciencia. Que unos investigan y descubren cosas pero se tarda mucho hasta que esas novedades estrambóticas sirven para algo. Los caleidoscopios de Altman me parecían siempre ejercicios inútiles para complicar las cosas, en cambio aquí sirven para emocionar. "Love actually" utiliza muchas historias de amor en vez de una y multiplica a la vez los cleenex, lo mismo que el cine de acción ofrece más autos volando que nunca y las intrigas sorprenden con el triple de enigmas que ofrecía Hitchcock. Al cine le ocurre lo que a los pasteles, que cada día hay menos pan y más crema porque los pasteleros quieren darle al cliente lo que pide.

El resultado de esta especie de cine ametralladora del corazón tendría que medirse en función de la destreza con que el director ha hilvanado unas historias con otras. Pero es mejor no usar ese criterio, porque no están hilvanadas. El director procede por el sencillo procedimiento de la suma.

La película tiene una tesis como "un niño grande" y un final con música y emociones a flor de piel. Un niño grande refutaba la teoría con la que empieza ("Cada hombre es una isla"), esta obra abona su lema. La primera escena es la de un aeropuerto donde todo el mundo se encuentra y se abraza, el narrador nos dice que la fuerza que mueve el mundo es el amor, y que el 11 de septiembre no hubo ninguna llamada de resentimiento, todos los que quedaron atrapados llamaron para despedirse de sus seres queridos.

Las historias, que algunos han contabilizado en ocho pero yo he perdido la cuenta, reunen una variedad de motivos que podrían haber llenado una película cada uno en solitario. Un primer ministro británico se cuela por su secretaria, un joven se enamora de la esposa con la que se acaba de casar su mejor amigo, un muchacho de 10 años se enamora de la guapa de la clase, su padre será su colega, una joven se enamora de su compañero de trabajo, pero pone a su hermano desamparado por encima de su amor; dos extras que doblan actores famosos en escenas picantes tienen cierto pudor para quedar una tarde, etc. etc.

Un personaje dice, igual que Shakespeare, que a buen final no hay mal principio. Y como el final es emocionante con amores aireados y uniones felices, pues todo está bien.

El primer ministro británico se mosquea con el presidente de los EEUU porque le quita la chica, y porque el Reino Unido no es un lacayo. Me hace ilusión ver un cine contestatario e irreal. Es bonito pensar que un jefe de estado pudiera decirle al jefe supremo que en Europa tenemos principios y dignidad. Eso es lo más románticico. Pero en realidad, de lo que se trata es de demostrar que los británicos no son los tíos estirados que pintan en Hollywood y que su primer ministro se pira por la chica del catering y baila canciones cuando está solo.

Proyectos

Steven Spielberg va a dirigir “La vida secreta de Walter Mitty” con Jim Carrey. Se trata de un remake de una película de 1947 de Danny Kaye que narra las peripecias de un soñador con una madre sobreprotectora que se imagina a si mismo salvando el mundo.

Julia Roberts y Jude Law planean interpretar “Clive Owen” a las órdenes de Mike Nichols. La película se centra en dos parejas de amigos en la que la chica y el chico de la otra terminan liados.

Alec Baldwin hará el mismo papel que hacía Burt Lancaster en el remake de la comedia “Swimmer”. Relata las aventuras de un ejecutivo que recorre a nado Connecticut a través de las piscinas de los atónitos vecinos.

Renée Zellweger encarna a Janis Joplin en un biopic que la Paramount lleva tiempo planeando. Aunque el rodaje tendrá que esperar al 2004 para que la actriz acabe la segunda parte de “El diario de Bridget Jones.”

Ridley Scott planea un drama épico que se titulará “Kingdom of Heaven” y rodará en España y Marruecos. Aún está discutiendo el proyecto con la Fox.


Roman Polanski planea una revisión del clásico “Oliver Twist”.

Christian Slater, Tara Reid y Stephen Dorf serán los protagonistas de “Alone in the Dark”, basada en el videojuego de terror de Atari. Un detective de casos paranormales que investiga la muerte de un amigo da con una secta que quiere despertar a los demonios de la antigüedad.

Queen Latifah y Jimmy Fallon serán los protagonistas del remake americano de "Taxi". El interés de los americanos por esta película francesa demuestra que el cine galo es su mayor competidor.

Tim Burton acaba de concluir “Big Fish” y está interesado en un remake de “Willie Wonka y la fábrica de chocolates” una película de 1971, que Burton quiere rodar con más fidelidad al libro de Roald Dahl.

Ewan McGregor, Halle Berry y Stanley Tuccy pondrán voces a los personajes de “Robots”, el segundo filme de animación que produce la Fox después de “La edad del hielo.”

Peter Jackson después de su agotadora trilogía del Señor de los anillos ha emprendido el rodaje de “King Kong”. Puede que la protagonista elegida sea Kate Winslet.

Holly Hunter, Samuel L. Jackson y Jason Lee prestarán sus voces a “The incredibles”, una familia de superhéroes creados por la nueva tecnología de la Pixar. La familia vive una doble identidad escondiéndose de los supervillanos al amparo de la ley de protección de testigos de las leyes americanas.

Matrix Revolutions

Por fin se acabó la serie

Es difícil de explicárselo a los Wachowski, pero lo cierto es que sus dos secuelas son innecesarias y molestas, a pesar del esfuerzo y el original es irrepetible, aunque quizá ni siquiera se esforzaran mucho.

Reloaded y Revolutions se han esforzado en una misma imagen sin conseguir nada original. Han querido explicar lo irreemplazable que es para nosotros la persona que queremos, cuando muchas películas ya lo habían intentado y habían llegado más alto con mucho menos dinero. Por tanto las dos secuelas son excesivas y pomposas para algo que se podía decir mejor con menos palabras, o con menos millones.

La primera, la verdadera Matrix es irrepetible, porque viene a decirnos que todo podría ser virtual, y para demostrárnoslo juega a deformar con efectos especiale cada detalle que creemos sólido. En la primera no sobra ni un solo efecto especial porque lo que querían decir y el modo de contarlo son la misma cosa.

De las dos continuaciones me quedo con Revolutions porque tiene menos palabrerío y más acción.

Comienza en una estación de tren situada entre Matrix y la realidad de la que Neo no puede salir sin el permiso del Merovingio.

Neo Busca a Smith y Smith al oráculo y los espectadores se dan cuenta de que tanto Smith como el Oráculo son como los estribillos de los anuncios de televisión, que no dicen nada pero no deben ir separados.

La única secuencia que no es mortalmente aburrida es la guerra de las máquinas contra el puerto de Sión. Los humanos luchan con unos muñecos divertidísimos que esta Navidad me asediarán mis sobrinos para que se los compre, y las máquinas luchan con enormes rodillos que vienen protegidos por nubes llenas de un número infinito de rastreadores.

La batalla la decide Neo. Aunque no está nada claro porque hace falta un elegido o una lucha final. En las películas queda bien, igual que la batalla de las máquinas. Lo que ocurre es que los Wachowski pretendían hacer algo diferente de una película típica. En mi opinión deberían haberse dado cuenta de que no tenían una sola idea en la cabeza después de la primera. No se puede poner uno a avisar con que viene que viene, cuando en realidad se ha pasado estos años viviendo como un rey con los dividendos, esperando a que llegara una idea que no llegó.

El Neo de Matrix revolutions es un héroe anodino como el de cualquier serie de televisión. El Neo de la película original no lo era. Era un hombre extraordinario porque en 1999, el año que todos sueñan vivir en Matrix, Neo está por encima de todas las leyes. Neo habita, de repente, en una metáfora inolvidable, un espacio entre el hombre y el superhombre virtual. Entre la pequeñez de nuestro mundo y todas las posibilidades de la realidad virtual. Neo es lo que él quiere ser.

Cabía la posibilidad de que volviera para abrir las mentes de los que como yo siguen presas de su sueño y empeñados en que hoy es noviembre de 2003. Soñábamos con que Neo nos despertara a los demás, a los que aún dormíamos. Pero el Neo de las dos siguientes partes es un desgraciado como yo, sólo que atrapado por la realidad de unas máquinas divertidillas y en otro año allá por el 2200. Vale sí, se pueden pasar dos horas viendo eso. Pero ya lo he visto tantas veces. ¿Me entienden?

Crueldad intolerable

Joel Coen, 2003
Reparto: George Clooney (Miles Massey), Catherine Zeta-Jones (Marylin Rexroth), Geoffrey Rush (Donovan Donaly), Cedric The Entertainer (Gus Petch), Edward Herrmann (Rex Rexroth), Richard Jenkins (Freddy Bender), Billy Bob Thorton (Howard D. Doyle), Paul Adelstein (Wrigley), Julia Duffy (Sarah Sorkin), Jonathan Hadary (Heinz).
Guión: Robert Ramsey, Matthew Stone y Ethan & Joel Coen; basado en un argumento de Robert Ramsey, Matthew Stone y John Romano.
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Screwball

Screwball (*) se llama en béisbol a la bola que se lanza con efecto. De ahí pasó a referirse a las comedias que se hacían en los años treinta con diálogos muy rápidos y personajes excéntricos. A menudo hacían reír con la inversión de roles, unas veces sexuales (La fiera de mi niña) y otras sociales (Los viajes de Sullivan). Los Coen no podían saltarse este género con el repaso que le están dando a los demás. Y si por mi fuera, podían quedarse en él y seguir rodando muchas más como esta, aunque es cierto que la vena tremebunda es la que mejor se les da. De hecho hay un momento de la película que rompe de golpe todo el hechizo que han ido creando de un manotazo: cuando aparece el sicario. Es un momento que muchos encontrarán desagradable, a menos que estén acostumbrados a este par de diablillos. McCarey, Capra, Hawks, Sturges Wilder y los demás autores de screwball comedies no lo huberan rodado.

La película comienza presentándonos a los dos protagonistas. Miles Massey es un abogado matrimonial que nunca pierde un caso y empieza a aburrirse de su trabajo. Marylin Rexroth es la esposa de un millonario que planea el divorcio para vivir de la renta de su marido, pero él contrata a Miles. Después del juicio se volverán a ver, y sus roles irán cambiando.

Lo que empieza como un ejercicio de estilo acaba convirtiéndose en un vehículo espléndido para hablar del amor mercenario. Casarse sin contrato prematrimonial equivale a dejar la mitad de tu dinero a una persona que puede estar buscando eso. Romper ese mismo contrato equivale a decirle que confías plenamente en ella, o que tu amor está por encima del dinero, el lema de la película podría ser "amar significa no hacer separación de bienes".
    Rex: Mi esposa me tiene entre la espada y la pared
    Miles (Clooney): ese es su trabajo, debe respetarlo.

Lo más cómico de la película son los secundarios como la camarera borde o el ayudante sentimentalón o el jefe moribundo, que por desgracia los Coen no exprimen del todo. Los protagonistas se ríen poco de si mismos. Elegir a Z. Jones para el papel de Marylin Rexroth me parece atrevido. Algo así como ofrecer a Woody Allen el papel de viejo verde que se fuga con su hijastra.

El erotismo oculto en las producciones Disney

En algunos dibujos animados producidos por Disney aparecen mujeres desnudas, enhiestos miembros viriles y alusiones al sexo en inglés y en otras lenguas.
No todo es inocencia en el cine de dibujos animados. Al menos así lo confirmaron algunas pruebas sobre alusiones subliminales al sexo descubiertas en varios largometrajes producidos por Disney.
The Rescuers (Los rescatadores), dirigida por Wolfgang Reitherman, John Longsbery y Art Stevens en 1977 basándose en los cuentos de Margery Sharp, es la tierna peripecia de unos ratoncillos empeñados en ayudar a sus prójimos. No obstante, tan entrañable argumento, oculta en alguna de sus escenas la aparición de una mujer desnuda. En 1999 el estudio Disney se vio obligado a retirar casi 3 millones y medio de copias de un relanzamiento en vídeo de este título al descubrirse que dos fotogramas de los 100.000 que integran la película contenían imágenes subliminales de una mujer en cueros vivos (para los aficionados al coleccionismo procaz, la señora en cuestión aparece aproximadamente a los 38 minutos). Al parecer tan erótica aportación se debió a los desvelos de un bromista anónimo cuya identidad no llegó a descubrir (o a desvelar) la productora de la película.
Otra sorpresa erótico-festiva salió a la luz tras detenido estudio del póster de The Little Mermaid (La sirenita), dirigida en 1989 por John Musker y Ron Clements. Las divertidas peripecias submarinas de la protagonista cobraban un sentido muy singular a la vista del falo que aparece en el castillo que adorna su póster promocional. Los rumores apuntan que un artista de los dibujos reclutado para la producción, se sentía más o menos como Judá Ben-Hur remando en la galera romana, y decidió cobrar cumplida venganza adornando con un pene la torre o minarete del palacio del cartel anunciador. Los portavoces de la Disney siguen negando que tal figura sea realmente un miembro viril en erección, pero, que se sepa, las torres y minaretes no tienen venas ni mucho menos aún presentan el aspecto de haber consumido Viagra en cantidades industriales.
La bonita fantasía animada de The Lion King (El rey león), cuenta a su vez con una escena bucólica en la que la bestezuela del título mira hacia el cielo, contempla las estrellas, y, quizá como el propio espectador sagaz y de ojo atento, descubre la palabra Sexo disimulada entre las mismas. Además un padre conocedor del swahili, una lengua africana, salió del cine indignado por el significado que en la misma tienen los nombres de algunos de los personajes de la película, como Pumba, algo relacionado con el semen. El desdichado progenitor narró su experiencia con las siguientes palabras: «Llevé a mis hijos a ver El rey león, y les mostré mi ligero conocimiento de swahili traduciendo los nombres de algunos personajes, como Simba, que significa león, o Shenzi, que significa bárbaro. Mi hijo me preguntó qué significaba Pumba, y tuve que mirarlo en el diccionario. Decía: excreción que sale por debajo del prepucio».
Por otra parte, un tal James R. Simón, decidió darle un realismo científico a su documental White Wilderness, producido por la Disney, aplicando tácticas de guerrilla a su trato con la fauna protagonista del mismo. Para demostrar que los ratonzuelos lemmings que aparecían en la película eran muy capaces de suicidarse en masa llegado el caso, adquirió una remesa de tales animalillos a los indios del lugar, y se los llevó de excursión a un barranco canadiense desde el cual les empujó para que se despeñaran.
Demostraciones biológicas posteriores han demostrado de manera irrefutable que los lemmings no se suicidan.
La aportación pragmática y realista al rumor se dio en España (¡dónde si no!), cuando la policía confiscó varios cientos de copias de videos de dibujos animados comercializados en tiendas de todo a cien (o de todo a un euro). Algunos padres habían interpuesto denuncia tras comprobar que en las cintas aparecían insertadas distintas posiciones particularmente escabrosas del Kamasutra, versión gay y en trío. No se trataba, como afirmó el Gran Wyoming en su programa "Caiga quien Caiga", de una versión alternativa de Los Tres Cerditos, sino probablemente de una chapucera maniobra de reciclaje de cintas pornográficas por parte de la compañía distribuidora de las películas.
David Fincher rindió homenaje a todos estos rumores haciendo que el gamberro encarnado por Brad Pitt en The fight Club (El club de la lucha), introdujera penes erectos en una copia de Bambi, generando ataques de llanto en algunos niños, estupefacción en los adultos y un relámpago de lujuria en los rostros de algunas adolescentes.

Secretos & mentiras de Hollywood. Javier & Miguel Juan Payan.

Un clásico rodado sin guión

Los clásicos tienen que pagar caro el precio de la gloria. El Quijote que es un chiste ha tenido que soportar el ser sacralizado por muchas generaciones, y Casablanca, que es una obra descuidada está sufriendo el mismo maltrato.

UN CLÁSICO RODADO SIN GUIÓNEl guión de Casablanca se escribió al mismo tiempo que se rodaba la película en una producción contra reloj.El guión de la célebre película se basaba en una obra de teatro nunca representada hasta ese momento y titulada "Todo el mundo acude a Rick’s". Samuel Mayor quiso adquirirla para la productora Metro Goldwyn Mayor pagando a sus autores Murray Burnett y Joan Allison, 5.000 dólares. No obstante cuando tenia el trato prácticamente cerrado, el jefe del estudio se negó a adquirir tal pieza. Sin embargo Irene Lee, responsable del departamento de guiones de la Wamer Brothers, se la presentó a su jefe, Jack L. Wamer, que estuvo de acuerdo en adquirirla por 20 dólaresEn el momento de su producción, nadie estaba excesivamente convencido del potencial comercial  del proyecto. El guión se escribía día a día al mismo tiempo que se rodaba, lo cual hada que los acatores tuvieran serias dificultades para seguir la trama, y que incluso Ingrid Bergman llegara a preguntar desazonada, al director, Michael Curtiz, de cuál de los dos hombres de su vida estaba finalmente enamorada el personaje que interpretaba, a lo que Curtiz contestó: «Hazlo como si te quedaras en medio de los dos». Producida con un muy escaso presupuesto y estrenada precipitadamente. Casablanca no era el título favorito de la compañía para conseguir un éxito de taquilla y fue descuidada en muchos de sus aspectos.De hecho, el presupuesto era tan pequeño, que aunque se recreó el decorado del Rick's Café Américain siguiendo el aspecto del Hotel El Minzah, de Tánger, no quedó dinero suficiente para contar con un avión auténtico en la escena final del aeropuerto, de manera que en su lugar se utilizó una cartulina recortable. Para producir la ilusión de que el aparato tenía un tamaño real, se utilizaron enanos que interpretaban al equipo de operarios que preparaban el avión para su despegue.Además, el productor de la película, Hal B. Wallis, pasó 3 semanas después de finalizar el resto del rodaje intentando decidir lo que tenían que decir los personajes del policía francés interpretado por Claude Rains, y el aventurero americano interpretado por Bogart. Tanto tardó, que Bogart hubo de ser reclamado nuevamente cuando ya se ocupaba en otra película para decir su última línea de diálogo en Casablanca. Para más inri la productora tuvo serios problemas para poner en escena la "bata-lla de los himnos" que suenan en el Café de Rick, una de las más emotivas de la película. Por parte del himno francés no había problema, pero inicialmente se pretendía que los alemanes cantaran el tema titulado "Horst Wessel", el himno del partido nazi. No obstante el copyright de tal tema era propiedad de una compañía alemana, y la Wamer Brothers optó por sustituirlo por la canción "Die Wacht Am Rhein". De lo contrario se arriesgaban a que Alemania pudiera contar con medios para impedir legalmente la proyección de la película, que le era claramente adversa como propaganda bélica.El otro tema musical destacado en la película, "As Time Goes By" ("El tiempo pasará"), de Max Steiner, no era el elegido para animar la historia de amor entre Rick e lisa. La Wamer pretendía contar con un tema compuesto especialmente para la película, y la canción de Steiner sólo se empleó para ambientar el rodaje y a los dos actores, aunque se grabó durante la filmación de las escenas en las que aparecía. La idea era esquivar el pago de derechos por la utilización de la canción y contar con derechos propios sobre el otro tema. Sin embargo, el rodaje de las nuevas escenas en que habría de utilizarse la nueva canción se prolongó tanto tras el final de la filmación, que Ingrid Bergman se había cortado ya el pelo para interpretar a la guerrillera de la guerra civil española en For Whom the Bells Toll? (¿Por quién dobían las campanas?), y habla perdido totalmente la imagen de Usa en Casablanca.Junto al rumor no confirmado de que algunas de las sombras que aparecen en la película no son consecuencia de la iluminación de la misma, sino que fueron pintadas durante le rodaje, parece totalmente cierto que se habla pensado filmar dos finales alternativos. En el primero Ilsa se marchaba con su marido en el avión. En el segundo se quedaba con Bogart en el aeropuerto. El primero quedó tan bien que se obvió el rodaje del segundo.Tras tan precipitada puesta a punto, la Warner Brothers tuvo sin embargo una enorme dosis de suerte al estrenar la película coincidiendo con la invasión de Casablanca por los aliados en la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que fue aprovechado por el departamento de promoción de la compañía y contribuyó en buena medida al éxito comercial del largometraje en su primera etapa de explotación.Para conseguir el máximo éxito de taquilla en la distribución extranjera, la Warner propuso que en los papeles de villanos, junto a los nazis se incluyeran otros tipos desagradables del otro país enemigo, Italia, y de ese modo se bautizó a Ugarte, Ferrari o el carterista.El inesperado éxito conseguido por la película llevó a la Warner a pensar en rodar una secuela que iba a titularse Brazzaville, pero Ingrid Bergman no estaba disponible, e iba a ser sustituida en el papel de lisa por Geraldine Fitzgerald. Finalmente se abandonó el proyecto.


Secretos & mentiras de Hollywood. Javier & Miguel Juan Payan.

Open Range

Kevin Costner, 2003
Reparto: Robert Duvall ( Boss Spearman), Kevin Costner (Charlie Waite), Annette Bening (Sue Barlow), Michael Gambon (Denton Baxter), Diego Luna (Button), Abraham Benrubi (Mose), Michael Jeter (Percy), James Russo (Poole), Dean McDermott (Doc Barlow), Kim Coates (Butler).
Guión: Craig Storper; basado en la novela "The open range men" de Lauran Paine.
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La justicia del vaquero

Open Range tiene un buen comienzo. Retrata un grupo de vaqueros en un oeste verde más cercano al de Michael Landon que al de John Ford en los colores y también en los sentimientos, porque los cuatro hombres componen una especie de familia. Y tiene un final de pena porque han hecho una justicia que no es justa y porque han vivido una historia de amor que resulta demasiado adolescente para unos cuarentones.

Casi todos los grandes westerns tratan de la justicia que puede aplicar el sheriff y de la justicia que el espectador sabe que debe reinar. En sus primeros westerns John Ford solía preferir un escena de un juicio porque intuía que la historia iba en ello. El Oeste, el mundo primitivo de los americanos que llevaban su ganado de un lugar a otro, o se quedaban a cultivar la tierra, era un lugar virgen donde la justicia era un lujo que uno tenía que conseguir con sus propias manos, igual que en nuestros cantares de gesta. La batalla se entabla entre los forajidos y el sherif, o bien entre los inocentes y el sherif corrupto, o bien entre los ganaderos y los campesinos, como en este caso. Los héroes son hombres débiles, casi siempre alcoholicos como aquel maravilloso Doc Holliday que ayudó a Wyat Earp, pero sobre todo, son hombres que saben que tienen razón. El triunfo de esos pistoleros que convierte la música final y el telón en una apoteosis no es el triunfo de sus pistolas como en el spaghetti western, sino el triunfo de la justicia. Y generalmente consiguen el apoyo de los pacíficos habitantes del lugar que también hacen de jurado, salvo en "Solo ante el peligro", donde el poblacho es culpable porque calla y tiene miedo.

Open Range es un fracaso de western porque tiene un sentido de la justicia demasiado taimado con un ranchero malo que en su desesperación no se le ocurre otra cosa que amenazar a todo un pueblo armado de escopetas. Es absurdo porque piensa que unos desconocidos pueden entrar en ese pueblo y ponerlo de su parte en un problema que a ellos no les atañe. Es un duelo nada épico entre unos vaqueros que son demasiado víctimas y una banda que es demasiado perversa para ser creíble.

Este era un mal año para hacer westerns. La mentalidad americana ve fantasmas que nadie más ve y se cree víctima de maldades que ellos mismos provocan. Luego llegan al pueblo y quieren que todo el mundo les apoye por salvar un perrito o que la comunidad internacional sancione sus resoluciones. Pero el pueblo no puede estar con esos vaqueros, ni el público tampoco, salvo el americano, claro, que de un par de años a esta parte ha perdido el norte.

El gran McGinty

Preston Sturges, 1940
Reparto: Brian Donlevy (Daniel 'Dan' McGinty) Muriel Angelus (Catherine McGinty) Akim Tamiroff (The Boss) William Demarest (El político) Ally Joslyn (George) Louis Jean Heidt (Tommy Thompson).
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El héroe simpático

Un empleado de banco trata de suicidarse en un club y el camarero le dice que está haciendo una estupidez, y que él mismo llegó a ser Gobernador y ha acabado en aquella barra. El camarero cuenta su su historia en un flash-back. Todo comienza en una jornada electoral en la que McGinty llega a votar en falso 37 veces. El jefe del partido quiere conocerle y McGinty no se achica ante él, así que el político ve futuro en el hombre y le encarga diversos trabajos como cobrar a los morosos. De ahí pasa a una carrera política como concejal y de concejal lo preparan para alcalde con la condición de que se case. McGinty se casa por conveniencia con su secretaria y llega a alcalde, cargo que ejerce entre sobornos y engaños, construyendo edificios inútiles para que el jefe del partido venda más hormigón. La influencia de su esposa y de los niños le hace tomar conciencia, y cuando llega al puesto de gobernador se niega a seguir con las corruptelas...

No se si Sturges era consciente de los parecidos que tiene su héroe con aquellos tan maravillosos de Bernard Shaw. Cuando Miss Doolitle le dice al profor Higgin en Pygmalión (que en el cine se llamaría “My Fair Lady”) usted me trata como una florista de la calle, él le responde: yo trato como una florista a todo el mundo, aunque sea una marquesa. Higgins no es clasista, no cree que nadie sea diferente, ahí está su heroicidad, y también la de McGinty, que trata al jefe del partido como a un igual y se le encara como a un igual. Esa es la virtud que todos ven en él, incluso el público que le regala su simpatía desde el primer momento.

También es saviana la relación que tiene con su esposa porque McGinty no entiende de convenciones e inventa a cada paso su mundo con una franqueza demoledora. Él vive con ella y no se piden nada, ese es el punto de partida, por eso su acercamiento sabe a verdadero, porque no responde a ninguna convención.

Y también coincide con Shaw en el sentido de la obra. Shaw discutió durante años con sus coetáneos sobre el sentido del arte. Él decía que el arte no es algo gratuito, tiene un papel dentro de la sociedad y puede cambiarla y también educar al espectador, lo cual no era muy compartido, ni lo es tal vez hoy día.

El final de la película, debe más quizá a Frank Capra, con el que comparte un tema y una época, la del New Deal. Sturges es menos sentimental que Capra y también es menos positivo. Se conforma con arrancarnos una sonrisa y eso es de agradecer.
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