Olivier Dahan, 2004
Reparto: Jean Reno (Niemans), Benoît Magimel (Reda), Christopher Lee (Heimmerich), Camille Natta (María), Johnny Hallyday, Gabrielle Lazure (Mujer de Jesús), Augustin Legrand (Jesús), Serge Riaboukine (Padre Vincent), André Penvern (Padre Dominique), Jo Prestia (Emilio).
Guión: Luc Besson; basado en la novela de Jean-Chistophe Grangré.
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Los asesinos en serie, las geometrías, y el trasfondo religioso han funcionado de maravilla en muchas películas empezando por "El silencio de los corderos" o "Seven". Cuando el asesino sigue un patron conocido como puede ser los siete pecados capitales, al espectador se le ofrece un juego muy sugerente, porque él mismo puede participar. Sabemos que han matado al de la gula y queremos saber, o anticipar, como será el de la lujuria. La religión también funciona a la perfección en estas películas, porque nos hace creíble la excentricidad de los personajes, y también porque sirve para crear un clima.
Lo que a Luc Besson le estropea todo el planteamiento es el ansia con que ha sumado elemento tras elemento hasta
Los mensajes religiosos ya eran lo bastante absurdos como para encima mezclarlos con la germanofobia que tanto les cuesta curarse a los franceses a pesar de haberles ganado la guerra dos veces.
hacer un potaje tan condimentado que no hay quien se lo coma, o quien se lo crea. El recurso a las series ya estaba lo bastante saturado con los doce apóstoles como para añadirle las trompetas del apocalipsis. El goticismo ya estaba lo bastante recargado con una abadía del siglo tercero, como para añadirle también la Linea Maginot. Los mensajes religiosos ya eran lo bastante absurdos como para encima mezclarlos con la germanofobia que tanto les cuesta curarse a los franceses a pesar de haberles ganado la guerra dos veces.El exceso, y esta película cae en el exceso con avaricia, puede volverse contra todo lo que uno está haciendo. La serie de crímenes deja de ser previsible y el espectador entiende que de cualquier piedra puede salir cualquier monstruo porque todo vale. Y el clima de sombras y miedos puede volverse ridículo porque tanto engendro nos saca directamente de lo sagrado y de lo terrible y nos pone cuerpo carnavalero.
Film de Culte 1/6 | Moviemaze | Objectif Cinema
Francisco Marinero (Metropoli): Aceptado que el argumento sea absurdo, resulta exigible un mínimo de lógica en el desarrollo de la acción pero el pésimo guión de Besson sólo se preocupa de dar pretextos para imágenes impactantes.
Eric Bress y J. Mackye Gruber, 2004
Reparto: Ashton Kutcher (Evan Treborn), Amy Smart (Kayleigh Miller), Eric Stoltz (George Miller), William Lee Scott (Tommy Miller), Elden Henson (Lenny Kagan), Ethan Suplee (Thumper), Melora Walters (Andrea Treborn), Brandy Heidrick (Kristin), Grant Thompson (Hunter), Daniel Spink (Toby).
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Uno de los cuentos menos inspirados de Borges, “El jardín de senderos que se bifurcan” plantea la posiblidad del efecto mariposa, una historia que llegado a un punto se bifurca y puede dar lugar a dos posibles caminos que a la vez se bifurcan y así hasta el infinito. El acierto de Bress y Gruber es haber planteado esta idea que muchos otros habrán tenido (Borges se disculpaba siempre de habernos robado la idea a los lectores) con unas reglas que la hacen cinematográfica, y sobre todo entretenida.
El protagonista igual que su padre, padece un síndrome que le produce lagunas en la memoria en los momentos más decisivos de su vida. Cuando crece y llega a la universidad descubre que cada una de esas lagunas de su memoria es como un puente por el cual puede volver al pasado y cambiar lo que ocurrió y la vida de cuantos le rodeaban. Cada una de las nuevas posiblidades le brinda un presente con un problema resuelto, pero muchos otros problemas nuevos con los que no contaba. Hay una alteración que parece ser ideal, pero empieza a torcerse, otra es buena para todos, pero no para él. Cada personaje cambia completamente dependiendo de una de sus decisiones del pasado.
Evan Trevorn es un personaje muy rico porque en cada momento de la película vive en su realidad y es consciente de todas las otras posibilidades que ha descartado, por eso en uno de los presentes un médico dice que su cerebro ha vivido cuarenta años.
De entrada es el protagonista, y no el guionista quien ha ido eligiendo finales, y por consiguiente también el público.
Trevorn tiene la posibilidad de elegir que pasado quiere para construir un buen presente, igual que un autor que tiene que inventar un personaje. Trevorn tiene que inventarse a sí mismo eligiendo entre un conjunto de posibilidades imperfectas.El planteamiento es tan estimulante que no hace falta un final sorprendente de los que están tan de moda, ni un deus ex machina, ni nada. Es tan entretenido que no hace falta un final feliz, si bien se podría considerar feliz alguno de los finales que el protagonista vive, examina y rechaza.
El resultado de este experimento puede mosquear a muchos espectadores. La narración rompe muchas reglas de la narración tradicional. De entrada es el protagonista, y no el guionista quien ha ido eligiendo finales, y por consiguiente también el público. En el final definitivo, el protagonista ha renunciado a lo más importante. Lo ha hecho para que los demás sufran menos. Quizá algún espectador se quede con la misma sensación que yo, con la sensación de que maldad y bondad, a veces verdugo y vícitima, o triunfo y fracaso casi son la misma cosa.
Muchos saldremos del cine pensando que hubiera pasado si no hubieramos copiado en aquel exámen o si le hubieramos dicho algo a aquella chica que se fue con otro. Aznar debería verla, y debería reflexionar que si no hubiera puesto los pies en aquella mesa de café, o si en vez de un puro hubiera fumado un cigarrillo, a lo mejor ahora seríamos doscientos madrileños más para festejar la verbena de San Isidro. Quien sabe.
Rotten Tomatoes: 32%. Fresh: 46 Rotten: 100
Taquilla 5ª semana: $58 mill
Guión: Ray Loriga.
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El 26 de agosto de 1990, poco después de las 10 de la noche, Antonio y Emilio Izquierdo, de 53 y 58 años, asesinaron con sus escopetas de caza a nueve personas y dejaron mal heridas a otras seis en Puerto Hurraco, una localidad de Badajoz de doscientos habitantes. Buscaban a los miembros de la familia Cabanillas, mataron a las dos niñas, de 12 y 14 años, pero también a cuantos se cruzaron en su camino.
Era el colofón de una reyerta que arrastraban ambas familias desde hacía treinta años por una discusión sobre los lindes de sus tierras; en 1967 se agravó cuando Amadeo Cabanillas deshonró a Luciana Izquierdo dejándola plantada. Ella no lo olvidaría. Otro pariente de los Izquierdo mató a Amadeo y pagó su crimen en la carcel. Los Cabanillas quemaron la casa de los Izquierdo; aunque este punto no está aclarado; y los Izquierdo se vieron obligados a irse del pueblo. En el incendio murió la madre de los Izquierdo.
"El séptimo día" es la historia de una venganza que se va cocinando durante treinta años. Shakespeare dedica tres horas a contarnos las vacilaciones del joven Hamlet antes de entregarse a su destino y vengar la muerte de su padre. Menos derrochador, más contenido, Loriga ha descubierto que la inspiración de este crimen múltiple se fraguó durante el degüello y posterior desplume de una gallina. Saura había anunciado que se iban a limitar a narrar los hechos sin añadir retórica; lo que no había dicho es que nos iba a explicar el drama de semejante odio con dos escenas familiares en la oscuridad de sus casas y que el resto de la película lo iba a dedicar a mostrarnos a las niñas bailando las canciones de Mecano; o que la historia la iba a narrar la niña que sobrevivió a los tiros y que estaba más pendiente de contarnos sus primer amor de verano que de ponernos la piel de gallina preparándonos para lo que se les iba a venir encima.
En general me ocurre con las películas que veo lo contrario de lo que ocurre con “El séptimo día”. Me resulta muy fácil creérmelas. Sólo tengo que aceptar las premisas y puedo creer durante dos horas que los trasgos y los Orcos existen, o que se puede prededir el futuro. Sin embargo, la tragedia de Puerto Hurraco, que toda la prensa divulgo sin descanso, me resulta completamente irreal con las imágenes de Saura. Sé perfectamente que la matanza ocurrió, y que las dos niñas yacían en la calle. Pero es que no pudieron matarlas esos dos campesinos que cultivaban cebada porque no tenían para llegar a fin de més, ni pudieron azuzarles esas dos hermanas que hablan dos frases para decir lo de “si no estas dispuesto a matar no eres nada”. Me resulta mucho más fácil creerme un viaje en el tiempo de Zemeckis, que quieren que les diga.
Lo que Saura sabe es la ligazón que las imágenes tienen con la música. Y la violencia de cada tragedia va narrada con zapateados y flamenco que ya quisieran poder usar en Hollywood, en vez de sus partituras de chirridos. Sólo la música salva la película del cero.
Fotogramas (*****): Guionista y director cuentan su particular matanza de Puerto Hurraco desde la perspectiva de una víctima colateral, una adolescente llena de vida que observa los hechos desde una mentalidad ajena a los oscuros motivos que ocasionaron la masacre. [...] Saura inventa bellísimas y áridas imágenes con la colaboración de François Lartigue y el decorador Rafael Palmero, y que pocas veces una película llega a sobrecoger con tanta veracidad, con tanto teatro y con tanta fuerza.
Francisco Marinero *** Hay un tratamiento estético de tragedia lorquiana y otro de casi comedia costumbrista para definir a los dos grupos de protagonistas o a las dos sociedades opuestas: la primitivamente violenta y la que se moderniza.
Johnny Depp (Mort Rainey), John Turturro (John Shooter), Maria Bello (Amy), Timothy Hutton (Ted), Charles S. Dutton (Ken Karsch), Gillian Ferrabee (Fran Evans).
Guión: David Koepp; basado en la novela "Secret window, secret garden" de Stephen King.
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Ya me gastaron la broma los Kaufman en su Ladrón de Orquídeas y ahora me la gastan Stephen King y Koepp de director. Ellos están escribiendo una historia pero no se les ocurre nada que contar, así que deciden que me van a contar como un escritor se queda vació con la página en blanco para que a mi me de pena, o para que no me queje de los cinco euros y medio que he soltado para ver una película que ellos no supieron contarme. Una vez me lo hizo un mendigo en el metro, decía “miren, señores, yo vendo mecheros por la voluntad, pero se me han acabado los mecheros, así que les pido la voluntad sin más gaitas”, y la cosa le funcionó, la gente pagó igual que si le acabaran de ofrecer un mechero nuevo. Bueno, tal vez a Koepp también le salga bien, no soy un experto en negocios.
Un escritor divorciado busca inspiración en su casa junto a un lago que ya quisiera yo para mí, mientras busco inspiración para mis críticas de cine. Su mujer le ha dejado por otro, una señora de la limpieza lo cabrea con tonterías mientras hace un ruido horrible. Un hombre llama a su puerta, reclama los derechos de autor de uno de sus cuentos que se llama “La ventana secreta”. El protagonista se defiende de la acusación de plagio buscando el original de su cuento en una versión anterior; su mujer quiere que firme los papeles del divorcio. El paleto eleva el tono de su reclamación y mata al perro del escritor. Exige sus derechos, pero también exige que cambie el final del cuento.
Hasta aquí una auténtica basura, una versión estúpida del proceso de Kafka, proque si un delincuente amenaza al protagonista lo último que debería pensar el protagonista es en su defensa.
El protagonista, que interpreta Johnny Deep con un esceso de histrionismo que no se agradece siempre, y menos en esta historia, dice en cierto momento que da igual la historia, que total, lo único que importa es el final. Yo creo que esta pelícua es un test sobre esa afirmación: el planteamiento es malo con avaricia, el final no se lo va a esperar nadie a menos que lo cuente yo, cosa que no haré aunque me sobornen. Si algún espectador sale contento del cine, es que la afirmación tiene fundamento. ¿Mi opinión? Que no, que quiero buena historia, el final es la guinda, no el pastel.
Todd Phillips, 2004
Reparto: Ben Stiller (Dave Starsky), Owen Wilson (Ken Hutchinson), Vince Vaughn (Reese Feldman), Juliette Lewis (Kity), Snoop Dogg (Huggy Bear), Fred Williamson (Capitán Doby), Chris Penn (Manetti), Amy Smart (Holly), Carmen Electra (Staci), Terry Crews (Porter), Brande Roderick (Heather).
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Stiller y Wilson no son dos actores, son un par de payasos, y no es lo mismo. Cuando un actor cae en el exceso y deja de tomarse a sí mismo en serio estropea la funcion, porque ya no tiene piel, sólo es máscara y el espectador desconecta de todo lo que le están contando. La parodia de una serie antigua como aquella que tanto disfrutábamos de niños, es perfectamente aceptable pero no a toda costa. Stiller dirá que él sólo pretendía reírse y hacernos pasar un buen rato, y blabla, pero no es así; Stiller, simplemente, no sabe actuar. Cuando hacían la película, sabían que sólo podían ganarse al público si los dos polis, después de unos cuantos gags pasaban una mala racha y luego, con la simpatía del público hacen una heroicidad al final. Pero ese momento en que Starsky mete la pata y se hunde es tan triste como un mohin de Arévalo; A Stiller le podría dar lecciones de interpretación Carmen Sevilla; ¿triste? es patético.
La escena más reveladora es la del cameo de los verdaderos Starsky y Hutch. El director los deja juntos, con la misma ropa y uno se da cuenta de que los dos maduros son actores, son el modelo, y no puede dejar de decir: “¿y qué han hecho este par de imbéciles con nuestros personajes?”. Los dos payasos están deseando acabar la escena. No quieren competir con los ejemplos porque han hecho una idiotez de película. Uno percibe esa incomodidad. Dirán que se lo pasaron bien rodándola. Lo acepto, pero si hacen una segunda parte, por favor, además de disfrutar, que trabajen un poco.
ROBERT WISE— Eso es caracteristico de la última época de Welles. Cuando yo montaba con él, aunque le gustaba explorar todas las posibilidades, estaba en el cénit de su fama y estaba mucho más seguro de lo que hacía. Pero creo que las dificultades para poder seguir rodando y los fracasos económicos de sus películas le llevaron a desconfiar hasta de su propio talento. Yo diría que temía acabar las películas porque estaba convencido de que no eran absolutamente perfectas y eso eternizaba los rodajes y desesperaba a los productores. Welles siempre dijo que una película se hace en el montaje, que el ritmo era lo más importante y que el ochenta por ciento de un film depende del montaje, único lugar donde de verdad controlas el material. Pero siendo todo esto cierto, si uno se empeña —por prurito, por inseguridad o por lo que sea— en conseguir algo totalmente perfecto, se condena a no terminarlo nunca. Y eso dentro de una industria es mortal de necesidad.
Circulaba por Hollywood otra anécdota bastante significativa de otro director famoso, en esta ocasión William Wyler. Wyler era probablemente el director que más veces repetía un plano. Podía rodar sesenta tomas de un mismo plano. Y se cuenta que el montador estuvo durante semanas y semanas seleccionando el material y montando una secuencia muy complicada que constaba de un número muy grande de planos. Cuando creía haber resuelto el problema que tanto tiempo y esfuerzo le había llevado, Wyler le dijo que no le gustaba y que prefería una toma que era un plano secuencia que para montarlo solo hace falta cortar las colas de principio y de final. Se cuenta que el montador estuvo dudando entre matar a Wyler o suicidarse.
Reparto: Jack Nicholson (Harry Sanborn), Diane Keaton (Erica Barry), Keanu Reeves (Dr. Julian Mercer), Amanda Peet (Marin), Frances McDormand (Zoe), Jon Favreau (Leo), Paul Michael Glaser (David Klein), Rachel Ticotin (Dra. Martinez), Kadee Strickland (Kristen).
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Nancy Meyers ha asumido la noble tarea de volver con su cine a todos los tópicos y generalizaciones de nuestra época sin sentir ningún rubor. Ya se dedicó con “¿En qué piensan las mujeres?” a discutir sobre quien es mejor en el trabajo, si hombres o mujeres. No contenta con el resultado ha rodado esta otra para decirnos que los hombres no quieren comprometerse y que el amor no tiene edad. Ya sólo le falta rodar una para decir que hay que vivir que la vida son dos días y otra para convencernos de que el amor de una madre es lo más grande que hay.
Jack Nicholson interpreta a un hombre maduro, que a los 63 años (se quita cuatro) anda siempre con jovencitas menores de 30. Su última conquista lo lleva a la casa de la playa de su madre, que no es otra que Diane Keaton. Él sufre un infarto y tiene que quedarse allí unos días, y el drama gira en torno a si se fijará o no se fijará en una mujer de una edad acorde con la suya, y sobre todo trata de si alguien puede o no puede ponerle las esposas a este solterón empedernido que prefiere pasárselo bien.
Diane Keaton interpreta a Erica Barry que es una escritora de teatro madura que nos hará pensar en qué línea de belleza usa para conservarse tan joven antes que en qué escuela de interpretación fue la suya. El personaje de Erica utiliza la vida real para escribir sus dramas, de modo que las personas que la conocen se sienten heridas porque saben que aparecen aludidas, como le ocrurría a Woody Allen en un par de películas ("Desmontando a Harry" creo que era una de ellas). Cuando veo este tema no me quito una idea de la cabeza, si el personaje de la obra de teatro tiene detrás a una persona, los personajes de la película tienen también a personas reales que representan. Y sobre todo me planteo, ¿por qué tiene que utilizarme a mi Nancy Meyers de testigo de sus dramas personales? No sé si me explico.
Lo más gracioso, sin duda son los chistes que hace Nicholson con su edad, y con la viagra que explica la vida que lleva. Pero a la película también le queda espacio para hacer un par de poemas. Los dos amantes de la película son insomnes, hasta que duermen juntos. Eso es poético, la biología es mejor que ninguna frase bonita que se puedan largar el uno al otro.
Erica colecciona guijarros de la playa, y Harry le hace ver que sólo coge los blancos. Así que le regala uno negro, que ella guarda con los otros. De despedida ella le regala un frasco de guijarros negros, pero hay uno blanco. Bonito ¿no? Los guijarros también son mejores que las palabras, vienen a significar largas horas que uno pasa caminando y pensando hasta que se encuentra uno.
Rotten tomatoes: 70%. Fresh: 101 Rotten: 44
Taquilla 16ª semana: $119 mill
Mel Gibson, 2004
Reparto: James Caviezel (Jesús de Nazaret), Maia Morgenstern (María), Monica Bellucci (María Magdalena), Mattia Sbragia (Caiphas), Hristo Naumov Shopov (Poncio Pilatos), Claudia Gerini (Claudia Procles), Luca Lionello (Judas Iscariote), Hristo Jivkov (Juan Zebedeo), Rosalinda Celentano (Satanás), Francesco Cabras (Gesmas), Sergio Rubini (Dismas), Danilo Maria Valli (Lázaro).
Guión: Mel Gibson y Benedict Fitzgerald.
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Que nadie se preocupe, no voy a contar el final de la película, pero adelanto que muere alguien. Supongo que todos los que odian que les destripen películas se lo pensarán dos veces antes de verla.
A mi me choca mucho un espectáculo como La Pasión de Cristo. Cristianos y holliwoodianos se dedican todos a contar películas. Pero los primeros se la creen y los segundos tienen la gracia de que cuentan muchas. No sé que es mejor.
Gibson tuvo que resolver varios problemas cuando se puso a hacer su versión. El primer problema era que todo el mundo se la sabe. Los católicos la oyen cada domingo. El segundo problema era que en el mundo del cine ya está todo expresado, y el mercado de la compasión está por las nubes. El espectador ya no se conmueve por cualquier cosa. Supongo que este punto de partida explica los cambios de Gibson. El primero es el de concentrarse en ún sólo día, en el punto culminante de la historia para concentrar la emoción. El segundo el de exagerar los dolores y la flagelación para no dejar que el espectador se duerma en la butaca con un espectáculo lejano.
Yo creo que las dos decisiones son acertadas. El problema es el de siempre, “La pasión de Cristo” sigue siendo un capítulo de una novela un poco incoherente. Esta discusión ya dio lugar a herejías y no sé si yo me ganaré unos azotes. Pero si un dios se encarna en hombre le importará tres pepinos que lo flagelen, y si un hombre que no es dios sufre un tormento su dolor es lamentable, pero no más que el de tantos millones de otros que también han padecido. Ya, no me lo digan, un misterio.
Rotten Tomatoes: 51%. Fresh: 112 Rotten: 108
Taquilla 7ª semana: $353 mill