Última llamada

Joel Schumacher, 2002
"Phone Booth"
Reparto: Colin Farrell (Stu Shepard), Forest Whitaker (Capitán Ramey), Katie Holmes (Pamela McFadden), Radha Mitchell (Kelly Shepard), Kiefer Sutherland (El interlocutor), Paula Jai Parker (Felicia), Arian Ash (Corky), Tia Texada (Asia), John Enos (Leon), Richard T. Jones (Sargento Cole), Keith Nobbs (Adam).
Guión: Larry Cohen.
* * *
La cabina

El título original de “última llamada” es Phone Booth, “la cabina”, pero los distribuidores han querido evitar un título que ya es famoso en España. La vieja película de José Luis Lopez Vázquez habla de un hombre atrapado en una cabina la cual se convierte en un universo cerrado y perverso. Stu, Collin Farrel, es atrapado en una cabina por un francotirador al que no vemos. El asesino amenaza al protagonista y asesina a un chulo para demostrar que no está jugando.

¿De qué sirve apuntar a un hombre indefenso durante una hora dentro de una cabina? Ese es el quid de la cuestión. Y como la película está hecha por un maldito puritano, heredero de aquellos talibanes del cristianismo que nadie aguantaba en Europa y que tuvieron que emigrar a una colonia para dar rienda suelta a su integrismo, pues resulta que el asesino es la voz de la conciencia de Farell. El asesino está ofendido porque Stu no es un marido bueno ni tampoco es un agente de prensa honrado. Se ve que el director tiene mala conciencia por esas chorradas. Y yo me pregunto cuanto tiempo tendremos que escuchar a todos estos imberbes usando el altavoz de su industria cinematográfica para que todos sepamos lo culpables que se sienten desde que le quitaron un chupa-chups a su hermanita pequeña.

Eso es lo único que puedo decir del fondo. Luego está la forma, el relato, que funciona bastante bien. Igual que el Hitchcock más experimentador, la acción se cierra en una cabina de una calle neoyorquina, el asesino no tiene cara, sólo una voz al teléfono. Las opciones de Stu son pocas y el policía busca una explicación y un autor inteligente. El juego engancha a la perfección si uno es capaz de olvidarse del tufo moralista.
Criticalia | Enrique Colmena ***
un pícaro de medio pelo, que vive bastante bien a base de mentir y tender sus pequeñas triquiñuelas dentro del mundo del espectáculo, se encontrará inopinadamente en la diana de un psicópata de mente retorcida e inteligencia pluscuamperfecta que le impide salir de una cabina de teléfono, so pena de matarlo, a él o a sus seres queridos, y haciendo que el pobre pelanas llegue a ser sospechoso de asesinato, todo ello sin moverse del cubículo telefónico callejero, la última cabina de Nueva York.
Así las cosas, la tensión fluye generosamente, guiada con habilidad por la mano experta de Schumacher, que si bien no puede decirse que sea Hitchcock a la hora de filmar una intriga, sí que lo hace con notable eficacia, aunque no tenga los méritos del gran Sir Alfred.

The Charlotte Observer | Lawrence Toppman 3/4
He uses split-screen without distracting or confusing us, and he wrings a lot of energy from the small cluster of superficial characters and the trapped Stu. This movie can't atone for Schumacher's recent disasters - 'Bad Company,' '8MM,' 'Flawless,' 'Batman and Robin' - but it proves the director of the underrated 'Falling Down' can still tell a taut story about a man at the end of his tether.

The New York Observer | Rex Reed
There was Barbara Stanwyck in Sorry, Wrong Number. Now there’s Colin Farrell in Phone Booth. Amazing how much cuticle-gnawing suspense you can get out of one character and a telephone. Thanks to Joel Schumacher’s taut, no-nonsense direction, and Mr. Farrell’s sweaty, white-knuckle intensity, Phone Booth is harrowing proof that the old formula still works.

Mr. Schumacher employs split screens to show multiple reactions from the surrounding area, but this is basically a one-man show, and Mr. Farrell gives it all he’s got. A hunky hedonist who seems more interested in generating his own P.R. than learning his craft, the Irish rogue acts primarily by following his instincts. But in this film, he delivers an unexpectedly complex performance as the wannabe high-roller who thinks he’s about 10 feet tall until his arrogance is suddenly diminished in a space about three feet square.

Mr Cranky
The ridiculous premise of "Phone Booth" is that a sniper has publicist Stu Shepard (Colin Farrell) pinned down in a phone booth. His problem with Shepard? Well, Stu is something of a player and he's sinned in his heart. Stu is trying to put the moves on a client, Pamela McFadden (Katie Holmes), though he's married to hottie Kelly (Radha Mitchell). How the sniper knows this, we have no idea. We're just supposed to buy it.

So for about eighty minutes, the sniper tries to get Stu to come to grips with his real self and admit that he's scummy, kind of like a very warped version of Dr. Phil. If you can imagine Dr. Phil with a rifle, hidden behind a curtain, you basically have "Phone Booth". Capt. Ramey (Forest Whitaker) shows up on the scene and tries to figure out why this guy won't get off the phone. Meanwhile, Kelly and Pamela stand around pouting like girl scouts who came up a few boxes short on their sales quota.

"Phone Booth" may be short on time and space, but it's long on stupidity.

Piratas del Caribe 1

Gore Verbinski, 2003.
Reparto: Johnny Depp (Jack Sparrow) Geoffrey Rush (Barbossa) Orlando Bloom (Will Turner) Keira Knightley (Elizabeth Swann) Jack Davenport (Norrington) Jonathan Pryce (Governor Weatherby Swann) Lee Arenberg (Pintel) Mackenzie Crook (Ragetti) Damian O'Hare (Lt. Gillette) Giles New (Murtogg) Angus Barnett (Mullroy) David Bailie (Cotton) Michael Berry Jr. (Twigg) Isaac C. Singleton Jr. (Bo'sun)
* * *
Ser pirata

Hay cazadores de detalles que son capaces de tirar a la basura una gran película como Terminator 2 porque en una escena el robot malo se deja una gotita de la aleación de la que está hecho. Los cazadores de errores verán que en esta película hay muchos. Les serviré dos: el Capitán Sparrow descubre a la mitad de la película, en una celda de las muchas en las que se ve encerrado, que la maldición de la Perla Negra no es un cuento y que los piratas del barco son realmente muertos vivientes, pero no tiene sentido ese descubrimiento porque él también está maldito; otra errata, los militares organizan un ataque contra los piratas, pero no sirve de nada porque saben de sobra que están hechizados y no se les puede matar.

Todos esos errores y otros muchos que seguro que leeré, lo digo desde un principio, me importan un bledo. Piratas del Caribe no es un tratado de maldiciones ni un libro de historia, es pura narración que se recrea sin parar en el placer de narrar. Es una historia de piratas como no se rodaba desde que Errol Flyn dejó de hacerlo. Tiene ingredientes dramáticos, una historia de amor, acción, buenos efectos especiales, muchas leyendas y trucos para divertirnos, como el código de los piratas o la maldición y el conjuro que ayuda a deshacerla, y tiene unos personajes sencillos y estereotipados, como el pirata loco, o el oficial intransigente que funcionan a la perfección para esta atracción de Disney Land, y que lo descontaminan a uno de los personajes pretenciosos que han intentado largarnos Ang Lee, Bryam Singer y los Wachowski.

El mayor mérito de “Piratas” es el de saber desverlarnos la historia lentamente hasta atraparnos en el juego. Adelantando unos cuantos metros de película diré que el protagonista, es un herrero que desconoce su origen, pero que llevaba un medallón azteca cuando fue rescatado de un naufragio. La fortaleza donde vive es atacada por unos piratas que buscan ese medallón para conjurar una maldición azteca que les ha convertido en muertos vivientes y que sólo se deshará cuando todas las piezas sean devueltas a su cofre. El problema es que la maldición exige una condición más.

Johnny Depp inventa un personaje inolvidable. El capitán Jack Sparrow parece sacado de la galería de personajes de nuestro siglo de oro, con su mezcla de dignidad y de picardía. Fue abandonado en una isla desierta por los piratas amotinados de La Perla Negra y nadie sabe como escapó. Gesticula como un borracho mientras hace trampas en un duelo de espada o se indigna porque no lo llaman capitán. Tiene algo de Falstaff en la influencia que ejerce sobre el ingenuo herrero, y tiene todo del John Silver de Stevenson. Es el tutor del muchacho y hay algo de amor en él, pero es a la vez un traidor y un pirata, alguien en quien confiar y alguien de quien defenderse.

El joven protagonista desconoce su origen y se niega a creer que su padre era un pirata. Los piratas representan desde el principio el lado malo de la vida, lo reprensible, aunque no lo conoce. Luego hace amistad con Sparrow y ya no le vale el prejuicio.
Chicago Sunspot | Roger Ebert ***
And yet the movie made me grin at times, and savor the daffy plot, and enjoy the way Depp and Rush fearlessly provide performances that seem nourished by deep wells of nuttiness. Depp in particular seems to be channeling a drunken drag queen, with his eyeliner and the way he minces ashore and slurs his dialogue ever so insouciantly. Don't mistake me: This is not a criticism, but admiration for his work. It can be said that his performance is original in its every atom. There has never been a pirate, or for that matter a human being, like this in any other movie. There's some talk about how he got too much sun while he was stranded on that island, but his behavior shows a lifetime of rehearsal. He is a peacock in full display.
"Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl" is "based on" the theme park ride at Disney World, which I have taken many times. It is also inspired (as the ride no doubt was) by the rich tradition of pirate movies, and excels in such departments as buried treasure, pirates' caves, pet parrots and walking the plank, although there is a shortage of eye patches and hooks.

OrlandoSentinel.com: Movies | Roger Moore ***
Pirates, which opens in theaters today, is the only pirate movie, aside from Muppet Treasure Island, to deliver the "yo ho hos" since Errol Flynn last swashed his buckles. Depp's daft, drunken and delightfully playful Captain Jack Sparrow is a big reason why.

This is Disney's big-budget blast of summer action delivered by Jerry "Pearl Harbor" Bruckheimer. It benefits from Bruckheimer's yen for big, expensive and detail-oriented sets and costumes, and from director Gore "Mouse Hunt" Verbinksi's malignant sense of fun.

The Mercury News | Bruce Newman
``Pirates of the Caribbean'' is a movie that you ride around in circles for 2 hours and 23 minutes, until at last it brings you back where you began, exhausted and a lot dizzier. Anyone who meets the minimum-height requirement can get on, but as the picture staggers into its third hour -- still searching for a coherent plot -- you realize the charming adventure story this once was has been turned into a special-effects ghost ship.

Writers Ted Elliott and Terry Rossio have ably demonstrated their sense of adventure in such pictures as ``The Mask of Zorro'' and ``Shrek,'' but here they seem at sea. They and director Gore Verbinski allow scenes to run on too long and characters to talk too much. It's nearly impossible to figure out what's at stake for anyone in the movie until we are well past the point of caring.

Terminator 3

Jonathan Mostow, 2003
Reparto: Arnold Schwarzenegger (Terminator), Kristanna Loken (T-X), Nick Stahl (John Connor), Claire Danes (Kate Brewster), David Andrews (Robert Brewster), Mark Famiglietti (Scott Petersen), Earl Boen (Doctor Peter Silberman), Moira Harris (Betsy), Chopper Bernet (Ingeniero jefe), Brian Sites (Bill Anderson).
* * *

Los ingenuos

De la saga de Terminator, la gran película es la segunda. La tercera parte es una versión palomitera hecha por un director que no se ha propuesto en ningún momento hacer sombra a Cameron y que se conforma con rendirle algunos homenajes y estirar un poco la excusa argumental del robot bueno salvador y el robot malo sanguinario. Mostow es un émulo de Cameron consciente de su inferioridad, pero también es un alumno atento que sabe mimetizar a su maestro en algunos detalles.

El nuevo Terminator que viene a nuestro siglo a salvar a los dos protagonistas sigue combinando esa entrañable mezcla de ingenuidad y brutalidad de la segunda parte. Cuando necesita un traje o una moto los vuelve a pedir con su inigualable franqueza, cuando se le da una orden la cumple sin rechistar y sin entender los dobles sentidos, razón por la cual no sabe cumplir la de “jodete”. Los ingenuos siempre fueron los grandes protagonistas del cine americano, fueran robots (número 5), marcianos (starman), o nativos (Tarzan, Cocodrilo Dundee).

A muchos directores se les olvida que el cine de hechos extraordinarios funciona cuando hay alguien a quien sorprender. Terminator tiene ya pocas sorpresas para el espectador curtido que conoce todas sus funciones como si lo hubiera programado él mismo. Pero la chica de la película, Kate Brewster, no lo conoce, y no se cree nada del royo de las máquinas del futuro que le larga su amigo del colegio John Connor. Tenemos un hecho extraordinario, un personaje que lo ha visto y otro que estaba en la parte trasera de la furgoneta y no se cree nada. Luego llega el momento, el robot de goma se arregla los balazos en un santiamén. “¿Me crees ahora o no?” Y que gusto el de tener razón por fin, eso es Terminator.

El robot T-X de esta entrega también tiene el cuerpo que quiere, y elige el de una modelo guapísima. Esta vez viene equipado con un arma en su brazo, y además puede dirigir los coches a distancia. Pero la ausencia de Cameron es notable en detalles como esas premisas que deberían haber servido para darle vueltas a las escenas de acción y que en manos de Mostow no dan de sí.

Se montó la gorda

"Bringing down the house"
Adam Shankman, 2003
Reparto: Steve Martin (Peter Sanderson) Queen Latifah (Charlene Morton) Eugene Levy (Howie Rottman) Jean Smart (Kate Sanderson) Michael Rosenbaum (Todd Gendler) Betty White (Sra. Kline) Joan Plowright (Sra. Arness) Kimberley J. Brown (Sarah Sanderson) Angus T. Jones (Georgey Sanderson) Missi Pyle (Ashley)
* * *
Contrastes

Peter Sanderson (Steve Martin) es un abogado divorciado que vive en un barrio rico de Los Angeles. Es blanco, carroza, pasado de moda, y sermonea a sus hijos sin comprenderlos. Charlenene (Queen Latifah, la carcelera de “Chicago”) es negra, vulgar, desvergonzada, está en la onda, comprende a los hijos del abogado y queda por ver si es o no es una delincuente. Al público se lo mete en el bolsillo, y a los buenos de la película también.

“Se montó la gorda” es una película que hará reír a los amantes de los contrastes, blanco-negro, carroza-moderno, enrollado-estirado, guay-presumido... Un grupo de negros se mete en la casa de un burgués, una negra se mete en un club de alta sociedad; una millonaria la toma por una criada y hace comentarios racistas. Y también el abogado se mete en un mundo que no es el suyo, de raperos y clubes subidos de tono. Se trata de mundos cercanos que nunca se tocan ni por asomo en una sociedad clasista hasta la médula, por más que quiera dar ejemplo de convivencia. Así que los guionistas se lo pasaron la mar de bien inventando situaciones para hacernos ver lo chocante que es una negra acá o un blanquito allá. Un humor que tiene poco que decir en un país como el mío donde la mezcla está a la orden del día y no sólo en las leyes, y que cuando se encontró un continente nuevo no hizo reservas para separar a los nativos.

Conocer a Charlene ejerce de bálsamo en una familia conservadora como la del abogado, rejuvenece al padre, ayuda a los hijos, a su matrimonio. Ella gana también porque era víctima de un mal mayor que el que nombra la película, era víctima de los prejuicios de todo el mundo.

Con estas películas uno se abastece de consejos prácticos sobre la vida que no encontrará en ningún libro, como por ejemplo, echar una bronca a un camarero y a la vez largarle dinero para que deje en paz al perrito de la clienta que quieres ganarte, o darle una paliza a la rubia tontorrona para que deje de criticarte, darle pornografía a un niño para que supere sus problemas de lectura. Todo esto es parte de la cultura americana, de la campechanía, el inevitable latiguillo de la igualdad que debe haber calado poco si a estas alturas hay que seguir colándolo en las películas. Los americanos se meten al espectador en el bolsillo con estas salidas de tono que creen que los separan de nosotros, los engolados europeos.

La campechanía es una constante en la cultura americana, un as en la manga de quien la utiliza, como bien aprendió Jackson en las elecciones de 1828. Jackson no tenía mucho de campechano ni de rústico, pero los conservadores llamaron asno y él, en vez de defenderse usó al animal en los carteles de su partido. Ganó, y el asno sigue siendo el símbolo de los demócratas.

28 días después

"28 days later"
Danny Boyle, 2002
Reparto: Cilian Murphy (Jim) Naomie Harris (Selena) Noah Huntley (Mark) Alexander Delamere (Mr. Bridges) Kim McGarrity (hija de Mr. Bridges) Brendan Gleeson (Frank) Megan Burns (Hannah) Tobby Sedwick (cura infectado)
* * *

Infectarse

Danny Boyle (Trainspotting) puede presumir de haber ofrecido un escenario más para las pesadillas de nuestra generación y las generaciones venideras, el de un Londres inmaculado, limpio, vacío que en cada esquina amenaza con una muerte segura. No sé si Boyle había visto la pesadilla de Amenábar en Abre los ojos, con una Gran Via igual de desierta donde Noriega busca desesperado algun signo de vida, o con la del remake de Camerón Crowe, pero la suya es mucho más aterradora.

El protagonista, Jim, se despierta en un hospital vacío, en una ciudad vacía por la epidemia de un virus de la rabia que se propaga por la sangre. Los infectados tardan 20 segundos en convertirse en enfermos rabiosos que a su vez propagan la enfermedad. Junto a otros tres supervivientes intenta llegar a un lugar en la autovía de Manchester donde el ejército anuncia por la radio que tiene un reducto.

George A. Romero nos proponía en "La noche de los muertos vivientes" una renovación del juego del pilla pilla para adultos. En el juego uno tiene que evitar que lo pillen, pero cuando es capturado pasa a formar parte de los malos y tiene que conseguir capturar a todos los demás que andan libres. Romero convierte a los que huyen en humanos, y a los perseguidores en zombis. Boyle desacraliza a los zombies, o muertos vivientes y lo actualiza con un problema más punzante y actual, la rabia se contamina, igual que el SIDA, con la sangre. Igual que el SIDA, la enfermedad divide a todos los personajes en dos bandos horribles, los infectados y los sanos, y nos plantea un dilema terrible cuando los personajes crean lazos y tienen que asesinar sin parpadear al que antes había sido un ser querido. La película transcribe en fotogramas una angustia de nuestros días. Los enfermos con VIH son por un lado portadores de un arma espantosa con la que pueden condenar a una muerte lenta (que gracias a los fármacos se alarga cada año y ya se cuenta en décadas) a los seres más cercanos; pero a la misma vez, los portadores son seres que queremos, y podemos acabar siendo uno de nosotros.

Selena ayuda al protagonista pero no es humanitaria porque ha aprendido que para sobrevivir la primera regla es asesinar sin tituveos. Ha aprendido a no tener lazos y a no pensar más que en sí misma. El oficial del ejercito le pregunta a Jim si ha matado a alguien, él confiesa arrepentido que sí, y el oficial le dice que eso no es condenable, es la única salida. La paradoja que pretende mostrar la película es la de un mundo en el que sólo se puede vivir haciendo daño.

La segunda parte de la película, en la que los protagonistas dan con el ejército, cambia el terror por otro tipo de suspense. Los infectados dejan paso a los supervivientes que se reparten los restos con la misma falta de escrúpulos que les ha permitido sobrevivir. Es un planteamiento que escora la película porque los malos no tienen razón de serlo, salvo que uno sea muy misántropo o muy paranoico, y por eso los actores tienen que sobreacutar mucho y poner caras raras (aun sin estar infectados), porque no hay manera de hacer creíble ese planteamiento. Mi tesis es que los paranóicos siempre venden más entradas.
Chicago Sun-Time | Roger Ebert ***
Jim is the everyman, a bicycle messenger whose nearly fatal traffic accident probably saves his life. Wandering London, shouting (unwisely) for anyone else, he eventually encounters Selena (Naomie Harris) and Mark (Noah Huntley), who have avoided infection and explain the situation. (Mark: "OK, Jim, I've got some bad news.") Selena, a tough-minded black woman who is a realist, says the virus had spread to France and America before the news broadcasts ended; if someone is infected, she explains, you have 20 seconds to kill them before they turn into a berserk, devouring zombie.

That 20-second limit serves three valuable story purposes: (a) It has us counting "12 ... 11 ... 10" in our minds at one crucial moment; (b) it eliminates the standard story device where a character can keep his infection secret; and (c) it requires the quick elimination of characters we like, dramatizing the merciless nature of the plague.

[...] But then I'm never satisfied. "28 Days Later" is a tough, smart, ingenious movie that leads its characters into situations where everything depends on their (and our) understanding of human nature.

Mr Cranky (-3)
Sadly, this film does nothing to distinguish itself from the parade of lame horror films that have come out over the last several years. To make matters worse, Boyle has filmed the thing in digital, which makes the whole picture look like it was shot by a three-year-old in a closet.
All I know about this one is that I could see next to nothing because of the bad camera work and the murky image quality. I suppose that suffices for style in some books. In mine, it's just one more annoyance.

ContraCostaTimes | Mary F. Pols
There's a slight sense that the more intriguing first half of the story was deserted in favor of a more predictable "Lord of the Flies"-style second half. But by now we've grown quite attached to these plucky survivors, even the prickly Selena, and the heart races just as we want it to. "28 Days Later" is exhilarating, exciting and, thanks to its cool, mostly unknown leads and touches of black humor, is destined to be a hipster cult classic, much as "Trainspotting" was before it.

Simbad: la leyenda de los Siete Mares

"Sinbad: Legend of the Seven Seas"
Tim Johnson, Patrick Gilmore, 2003
Guión: John Logan
Voces: Brad Pitt (Sinbad), Catherine Zeta-Jones, Michelle Pfeiffer, Joseph Fiennes.
* * *
Juventud, anacronismos y acertijos

El personaje de Simbad pretendía ser un pícaro con el corazón de oro. Un ladron de tesoros que llegado a un momento decisivo lo da todo por un amigo. Y si el guión hubiera trabajado ese aspecto hubiera conseguido un clásico de tomo y lomo. Lo malo es que Sinbad se queda en un bueno que a veces fanfarronea, y la química de la transformación que ha dado las mejores películas de dibujos animados no llega a su cenit.

El macguffin del libro de la paz mueve los hilos de la película. Este libro es el que brinda la felicidad a la Ciudad de Siracusa. La diosa de la discordia, Eris, lo roba y culpa a Simbad que es sentenciado a muerte y tiene ocho días para traerlo de vuelta del reino del Tártaro donde lo esconde la diosa. Las pruebas que tiene que resolver y su relación con Marina, la prometida de su mejor amigo medirán al héroe. Eris le obligará a luchar con un pulpo gigante, una ballena que se confunde con una isla, un ágila, una tempestad de hielo y el canto de las sirenas. Y la prueba más interesante que tendrá que vencer será intelectual, una pregunta, un acertijo, como manda la tradición de los cuentos orientales.

En la estela de "El planeta del tesoro", la película puede presumir de una juventud rabiosa. Los personajes hablan, ríen y fanfarronean como adolescentes, que sin duda son quienes más disfrutarán con las peleas y duelos entre los dos buenos amigos protagonistas o entre el chico y la chica con la ya casi obligada alusión a la lucha de sexos. Sinbad y Marina parecen sacados de una de las comedias de Howard Hawks, su enfrentamiento es teatral y tan poco creíble como en aquellas. La historia de amor, también de obligada inclusión, añade un elemento interesante, porque la heroina no tiene que elegir entre un patán y un príncipe, sino entre dos hombres admirables.
The dallas morning news | Phillip Wunch
The animated feature is a robust, rip-snorting swashbuckler that touches on such venerable emotions as filial devotion, bittersweet love and brotherly bonds from those reputed golden days of childhood.
What Sinbad is not is seamless.

Washington Post | Desson Howe
The testy screwball romance between Sinbad and Marina (nothing like battling a sea creature or two to change a girl's heart) is diverting, but, again, nothing earth-shattering. There are no Disneyesque huggy-shaggy critters along for the voyage for comic relief, nor do Sinbad and Marina burst into bickery song. But there is a slobbery and narratively superfluous pug, and some amusement when Sinbad learns the crew is bigger on Marina than their lifelong skipper.

Lo que el viento se llevó

"Gone with the wind"
Victor Flemming, 1939
Reparto: Vivian Leigh (Scarlett O'Hara)
Clark Gable (Rhet Butler)
Olivia de Havilland (Melania Hamilton) Leslie Howard, (Ashley Wilkes)
* * * * *
Los actores y el coro

En la poética Aristóteles nos explica que la tragedia evolucionó con Esquilo a dos actores, ya que anteriormente sólo había un actor y un coro, y el peso de la obra recaía en el segundo. Y que debemos a Sófocles la invención del tercer actor. Es un buen tema para pensar. El teatro no nació con argumentos y luego buscó actores, había un actor y un coro y había que pensar un argumento para ellos.

En lo que el viento se llevó hay cuatro actores y un coro. La película puede ser vista a la vez como una narración histórica de los perdedores de la guerra civil ejemplificada en una heroína, o como la trayectoria vital de una mujer vivamente unida a un periodo histórico. Quiero decir que en la película el coro tiene algo importante que contar y la protagonista también, y los dos se necesitan mutuamente. Como en una sinfonía inolvidable, el instrumento solista no llegaría a donde llega sin la orquesta.

Escarlata, igual que Rett, vive su vida ajena a los tambores de guerra que resuenan una habitación más allá de la biblioteca donde ella galantea a su amado Ashley Wilkes. Escarlata es (igual que el Rick de Casablanca) una mujer egoísta “who doesn’t stick her neck out for nobody”. Por eso ella no entiende que Rett la ayude a escapar de Atlanta y se aliste en el ejército. Tampoco entiende que su padre hable de la tierra como un irlandes, o que Tara y los Siete Robles sean algo importante. Como todos los grandes personajes del cine, Escarlata va a evolucionar a lo largo del metraje y tiene mucho que decir.

Lo que el viento se llevó es un retrato de una época, de unos valores y de un bando de la guerra con el que Margaret Mitchel no oculta su simpatía. Los negros eran felices en su estado de esclavitud, y cuando el norte los liberó los convirtió en unos vagos maleducados. Recuerden la escena en la que mamita abre paso para que los negros no molesten a Escarlata. Ello demuestra que el cine no es mejor cuando defiende una moralidad razonable, o democrática o justa. Una buena película puede defender la esclavitud, la desigualdad y sigue siendo una buena película. La estética no está obligada a ser ética. Y por eso El nacimiento de una nación sigue gustándonos aunque nos escandalice. Por eso la paranoia fascistona de Terminator no nos impide disfrutar de la película.

Otro ingrediente que hace inmortal esta película está en el enfrentamiento que hay entre los cuatro protagonistas. Escarlata persigue toda la película a un inalcanzable Ashley Wilkes sin saber que un hombre como él no es para ella. Como todos los grandes personajes de la literatura, Escarlata vive un error que no comprende hasta el final. Rett la ama a ella y admira a la pareja de Melania y Ashley. Melania vive engañada sobre la buena intención de Escarlata y enamorada de su marido. Ashley miente a Escarlata porque no quiere herir sus sentimientos.

Rett traza en un momento de ebriedad la línea que separa el matrimonio Wilkes del suyo, ellos son caballeros y honestos mientras los Butler (Escarlata y él) no tiene principios. Los Butler ven a los Wilkes como la rectitud y la bondad. Melania y Ashley envidian de los Butler la fuerza, el fuego en el que ambos desearían tener el valor de arder.

Lo que el viento se llevó no termina con un final moralizante y pobre, como el que hubieran escrito los Wilkes. La obra está escrita por un Butler, por la fuerza, por la vida, por Rett o por Escarlata. Al final de la película Escarlata despierta de su sueño adolescente para descubrir que el hombre que ama no es el inalcanzable y etéreo Ashley, y también aprende que ella es una irlandesa y que la tierra es lo que importa. Tarra y Rett. Esas son sus grandes opciones.

Hulk

“The incredible Hulk” Ang Lee, 2003
Reparto: Eric Bana (Bruce Banner), Jennifer Connelly (Betty Boss), Sam Elliott (Ross), Josh Lucas (Talbot), Nick Nolte (Padre de Bruce), Paul Kersey (Bruce Banner niño), Cara Buono (Edith Banner), Todd Tesen (Joven Ross), Kevin Rankin (Harper), Celia Weston (Sra. Krensler), Daniel Dae Kim (Aide), Mike Erwin (Bruce Banner adolescente).
*
El increíble e insoportable Ang Lee

¿A quién se le ocurre contratar a Ang Lee para rodar Hulk? es como contratar a Antonio Gala para que escriba el guión de Rambo iii. Al autor de Tigre y Dragón le aplaudieron aquel engendro y ahora los que no queríamos sopa tenemos dos tazas con este increíble e insoportable Hulk. Toda la pesadez de los diálogos zen ahora son se han convertido en profundas reflexiones sobre lo que esconde el pasado del muchacho y el corazón de la chica. Toda la gratuidad de los saltos sigue intacta, y esa maravillosa fotografía ahora tenemos todavía más, y más.

Ang Lee es el antihitchcock. Es una habilidad que siempre he reconocido al británico, la de saber saltarse la paja y las explicaciones y hacer andar la trama. Ang Lee al revés. Si la escena es divertida, como retorcerle a un tanque el cañón y hacer un nudo de corbata, eso dura poco, pero si tiene que enrollarse con alguna explicación inútil, innecesaria, triste, espúrea o gratuita, tenga usted por seguro que la cámara se quedará allí clavada hasta que usted grite basta.

Los personajes son complejos, o sea, lo contrario de lo que hace falta para los que quieren ver a Hulk. Y yo aguantaría un personaje complejo si además de complejo se acordara de cual es su problema y su posición durante toda la película. Pero la verdad es que estos estereotipos vulgares, sacados de una indigestión de las obras de Freud, que dependiendo del fotograma cambian de buenos a malos de novias despreciativas a perdidas enamoradas, de padres incomprendidos a monstruos sin escrúpulos, de monstruos verdes aterradores a monstruos verdes lacrimógenos.

A mi eso no me parece complejidad me parece una severa incapacidad de elaborar un guión. Sí, ya se que en el tebeo pasaron más cosas todavía, pero en una película sólo caben dos.
Mr. Cranky. (-1)
"The Hulk" is directed by Ang Lee, which demonstrates that even respected directors like a big fat limousine stuffed full of cash once in a while. Lee amuses himself mightily with his generous budget, playing with all sorts of tricks such as split screens, wacky scene transitions and shots textured with unnecessary computer effects. The whole thing plays like a PowerPoint presentation.

The real obstacle Bruce must overcome, however, is coming to terms with his childhood, specifically his dad, mad scientist David Banner (Nick Nolte). Lee, respected director that he is, brings us "Hulk as metaphor." The Hulk represents repressed emotions unleashed. If the generals really wanted to stop him, they'd assault him with talk therapy and a Zoloft milkshake.

La butaca | Tonia Palleja (2/5)
Lee ha queri-do dejar su marchamo personal sin desatender las exigencias me-nos profundas del espectador ocasional devorador de palomitas; el problema es que ambas intenciones se conjugan de manera irregu-lar y confusa a lo largo de la película, y el resultado de esta im-probable comunión de intereses opuestos, siempre a un paso de la serie B, es extraño, ecléctico, desconcertante y aburri-do, sobre todo aburrido. Y éste es un adjetivo que nunca debería encontrar un espacio en una cinta de este corte.

Metropoli | Manolo Marinero (**)
Ang Lee ha realizado con esta superproducción de 120 millones de dólares un filme que resulta entretenido por la acción pero que puede resultar aburrido por su largo prólogo, con mucho diálogo, que pondrá en peligro la paciencia del público infantil, que debe esperar mucho hasta que llega la parte espectacular (la primera transformación no se produce hasta pasada una hora del comienzo del filme). El monstruo (como ha querido James Schamus, el argumentista y socio del realizador) es una mezcla de Frankenstein y el Doctor Jeckyll. El director ha utilizado, alternativamente, recursos clásicos y modernos. Los efectos visuales generados por ordenador entretienen, un ejemplo de ello son los saltos kilométricos de La Masa. Unos 300 técnicos han dedicado su trabajo durante dos años para describir los movimientos de Hulk. Pero la historia acaba siendo demasiado cruel y turbia para los niños. Hulk no deja de ser una especie de Superman o de Capitán Marvel, personajes con quienes las coincidencias son muchas.

Mr Cranky (-1)
Bruce Banner (Eric Bana) is a seemingly normal man who, on occasion, gains incredible strength, flies into a rage, loses higher brain function, turns green and ends up face down in shredded clothes remembering little to nothing about the whole affair. Ostensibly, this is caused by a combination of altered genes, gamma radiation and a loss of emotional control. I have a shorter word for it: "tequila."
"The Hulk" is directed by Ang Lee, which demonstrates that even respected directors like a big fat limousine stuffed full of cash once in a while. Lee amuses himself mightily with his generous budget, playing with all sorts of tricks such as split screens, wacky scene transitions and shots textured with unnecessary computer effects. The whole thing plays like a PowerPoint presentation.

Mi Napoleón

Alan Tailor, 2003.
“The emperor’s new clothes”
Reparto: Ian Holm (Napoleón/Eugene), Iben Hjejle (Pumpkin), Tim McInnerny (Dr. Lambert), Tom Watson (Gerard), Nigel Terry (Montholon), Hugh Bonneville (Bertrand), Murray Melvin (Antommarchi), Eddie Marsan (Marchand), Clive Russell (Bommel), Bob Mason (Capitán Nicholls), Trevor Cooper (Leaud), Chris Langham (Maurice), Russell Dixon (Dr. Quinton), George Harris (Papa Nicholas), Hayley Carmichael (Adela Raffin), Niall O'Brien (Bosun), Philip McGough (Turista inglés), Tim Barlow (Bargee), Tony Vogel (Sargento británico).
* *
El hábito no hace al emperador

A los creadores de Mi Napoleón les ocurre lo mismo que a los malos jugadores de ajedrez, que se quedan sin inspiración y no saben que pieza mover en el preciso momento en que se están jugando toda la partida. Y en el fondo, los muchos errores de la película se pueden resumir en uno, los creadores no tienen muy claro a quien se la están contando.

Napoleón no murió en la Isla de Santa Elena en 1821, como reza la tradición. En realidad un doble ocupó su lugar y él viajó de incógnito al París derrotado de su época haciéndose pasar por militar jubilado. La peripecia está narrada en un tono melancólico que a veces pretende ser cómico pero no tiene ninguna gracia porque falta el coro y las complicidades. Al final sólo el espectador y Ian Holm saben lo que pasa y todas las oportunidades se van al traste porque Taylor no sabe contarlas.

Una vez en Paris, Napoleón no consigue su sedición por suerte para todos los historiadores que no tendrán que cambiar esa página de sus libros. Pero conoce a una viuda y un grupo de vendedores de melones donde existe una felicidad que él no sabe ver. De nuevo el director se equivoca porque su personaje se pierde intentando convencer de su identidad a estos seres cercanos cuando debería convencer a Francia.

El único momento que la acción me levantó del sueño profundo fue cuando Napoleón organiza a los vendedores de melones como un ejército en las calles de París. Cabe preguntarse si unas dotes militares serían buenas en el mundo los negocios, para los españoles es bien sabido que nuestro dictadorcillo no tenía ni zorra de política así que convirtió la política en un cuartel lleno de jerarquías que le resultaba más familiar. Es un buen ejercicio de imaginación, pensar que haría Napoleón vendiendo melones, o que haría Ghandi si fuera un hincha del Madrid y viera la Cibeles rodeada de mamparas...

El único tema que tenía chicha en la película era la elección que podría hacer un anciano entre la gloria y la vida feliz con una mujer llana, pero al director no le interesó tanto.

Como Dios

"Bruce allmighty"
Tom Shadyac, 2003
Reparto: Jim Carrey (Bruce Nolan), Morgan Freeman (Dios), Jennifer Aniston (Grace), Lisa Ann Walter (Debbie), Philip Baker Hall (Jack Keller), Catherine Bell (Susan Ortega), Steve Carell (Evan Baxter), Nora Dunn (Ally Loman), Sally Kirkland (Camarera), Adrian Neil (James), David Powledge (Mac).
Guión: Steve Koren, Mark O'Keefe y Steve Oedekerk; basado en un argumento de Steve Koren y Mark O'Keefe.
* *
Sobre el resentimiento

El planteamiento de Bruce allmighty es interesante. Bruce no tiene suerte, igual que usted y que yo. A él le caen todos los marrones, pone buena cara y otro se lleva el ascenso que se merece en su canal de noticias de Buffalo, se lo dan al compañero mediocre, el perro se le hace pis dentro de casa. Sí, igual que a nosotros. Así que Bruce se cabrea con este puto mundo que nos han dado y dios se lo deja unas semanas a ver si lo hace mejor. Pero Bruce se dedica todo el tiempo a fardar con lo que puede hacer como acercar la luna o provocar noticias para tener algo que contar en su canal de televisión.

Si partimos de que tenemos a un personaje que puede hacer lo que le venga en gana, creo que a cualquier espectador se le hubieran ocurrido miles de cosas mucho más jugosas que a Carrey y a los guionistas. Para aguantar la película, la primera regla es conformarse con la escena de la luna y la chorrada del perro. No vale pedir más. El mayor peligro de los guionistas, en un planteamiento como este era el de sacar lecciones fáciles. Las extraen. Y no podía ser de otro modo, lo interesante de la situación era el personaje, el eterno hombre resentido que cree que le ha tocado la peor parte del pastel. Pero ese personaje no sabe interpretarlo Carrey, porque en su armario de caretos y poses de lechugino no tiene ninguna que se le parezca. Así que la película se concentra en su faceta de "allmighty" ¿cree usted que lo hará mejor que nuestro querido dios? Si es así vaya a verla es usted el espectador apropiado.

Primero Dany Kaye, luego Jerry Lewis, ahora Carrey. A todos los humoristas les ocurre lo mismo. Empiezan pidiendo disculpas mientras hacen de perfectos imbéciles, hasta que se pasan de listos y acaban creando escuela y dictando gags para sus imitadores, y luego todos, ahora también Carrey, acaban dando lecciones de humildad.

Adam Sandler y Jim Carrey se han pisado los papeles. "El ejecutivo agresivo" y este "Bruce allmighty" hablan del americano resentido, injustamente pagado y todo eso. Ese resentido que todos llevamos dentro. Lo que no entiendo es como empezando con un tema tan rico, los dos nos cuelan un final tan chusco con campanas de boda.
top