Pánico nuclear

Phil Alden Robinson, 2002
Reparto: Ben Affleck (Jack Ryan), Morgan Freeman (William Cabot), James Cromwell (Presidente Robert Fowler), Liev Schreiber (John clark), Bridget Moynahan (Doctora Cathy Muller), Alan Bates (Dressler), Ciarán Hinds (Presidente Alexander Nemerov), Philip Baker Hall (Secretario de Defensa Becker), Ron Rifkin (Secretario de Estado Owens), Bruce McGill (Asesor de Seguridad Nacional Revell), Colm Feore (Olson), Josef Sommer (Senador Jessup).
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La suma de todas las paranoias

El protagonista de Pánico nuclear se llama Jack Ryan, es un agente de la CIA que estudia a un político ruso y sabe que ejercerá un papel moderado cuando se convierte en presidente de este país. El presidente de los Estados Unidos quiere oír su opinión sobre este hombre cuando estalla una crisis, y Jack Ryan mete la pata porque afirma que el ruso no la ha provocado sin tener pruebas de ello. Igual que el pastor que gritaba porque venia el lobo, ocurre que al final de la película las dos superpotencias están al borde de la guerra y Ryan sabe algo que puede detener el conflicto, pero ahora nadie le cree.

El mayor problema de esta película no es que Ryan sea un bocazas y se crea sus propias suposiciones. Lo peor es que Tom Clancy lo es aún más.

El viaje de Carol

Imanol Uribe, 2002
Reparto: Clara Lago (Carol), Juan José Ballesta (Tomiche), Álvaro de Luna (Amalio), María Barranco (Aurora), Rosa María Sardá (Maruja), Carmelo Gómez (Adrián).
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La guerra civil según Carol

Puestos a hablar de niños y de regresos nada me explica que los creadores decidieran situar los hechos de esta película en el escenario aún mal digerido de nuestra guerra civil. Salvo un motivo: Uribe quiere mirar la guerra con los ojos de una niña americana despierta y desprejuiciada para volver a mostrarnos la guerra en toda su imbecilidad y su crueldad, para avergonzarnos tal vez con la brutalidad de nuestro pasado y la intransigencia de los fascistas y guardias civiles.

Carol vive, en su viaje al norte de España unos episodios a veces simpáticos y esencialmente emotivos. La amistad de Tomiche, un muchacho del pueblo que interpreta un más que prometedor Ballesta; la muerte de un ser querido, el acercamiento a su abuelo, y los conflictos con la estricta moralidad de su familia española que es fascista y recalcitrante.

El viaje de Carol es un retablo de recuerdos y episodios que funcionan casi independientemente como un rosario de poemas sobre las pequeñas cosas. El argumento no es un prodigio de composición, pocas cosas nos anticipan un final como el que espera. Sin embargo recomiendo a todo el mundo que vaya a verlo, vale la pena regodearse con la reconstrucción de la España burguesa del 39, con la interpretación de los dos niños. Y todo lo que a Uribe le falta a la hora de hilvanar la narración le sobra a la hora de contenerse con la intensa emoción del relato.

La boda del monzón

(Monsoon Wedding)
Mira Nair, 2002
Reparto: Naseeruddin Shah (Lalit Verma), Lillete Dubey (Pimmi Verma), Shefali Shetty (Ria Verma), Vijay Raaz (P.K. Dubey), Tilotama Shome (Alice), Vasundhara Das (Aditi Verma), Parvin Dabas (Hemant Rai), Kulbhuskan Kharbanda (C.L. Chadha), Kamini Khanna (Shashi Chadha), Rajat Kapoor (Tej Puri).
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Tradición

¿Qué sentido tiene gastar un dineral en la ceremonia de la boda de tu hija cuando vives en un país en el que el dinero no es fácil de conseguir? ¿Qué sentido tiene casarte con la persona que han elegido tus padres en lugar de ir a un club y elegir por ti mismo? Hay respuestas muy difíciles de dar. Respuestas que no aceptan una argumentación, requieren, en su lugar una canción, o bien una película.

La boda del monzón narra los preparativos de la boda de una joven india con un joven indio que trabaja en los Estados Unidos y a quien no conoce hasta ese momento.

La relación de los dos jóvenes es puesta a prueba por uno de ellos, pero las dificultades se resuelven porque los matrimonios concertados son un gran acierto del hinduismo al igual que la transmigración de las almas o la eficiente división de la sociedad en castas infranqueables. La escena de la reconciliación, es, por demás, emotiva, como todas las escenas de amor en que no tienen sentido.

El padre de la novia siente un amor desmedido por su hija y por todos los miembros de su familia a los que tiene oportunidad de ver en una ceremonia de boda que se realiza con unos medios enormes y con un gran folklore. Las sociedades ancestrales parecen existir sólo en sus rituales, como si fuera de esos momentos trascendentales no tuvieran una vida cotidiana.

Un miembro de la familia, un primo, es culpable de un pecado enorme. Nuestros fríos códigos penales tienen una respuesta inapelable para casos como este, pero la acción pone sobre los hombros del patriarca la responsabilidad de hacer justicia. Él la hace y ello parece significar que una sociedad como esta tiene respuestas para los excesos. El padre podía saber de medicina y haber curado a un sobrino pero ello no significaría que la salud esté en buenas manos dentro de la India.

Paralela a la historia de los personajes ricos se nos narra la del organizador de la boda que es soltero y se fija en una hermosa criada de la casa. Igual que en las obras de Shakespeare, el amor de los nobles requiere una historia paralela de plebeyos.

La novia del monzón no me parece una obra dramática. Los números musicales me parecen claves y a la vez dictan el ritmo de la narración. La película parece una obra musical.

Hombres de negro II

Barry Sonnenfeld, 2002
Reparto: Tommy Lee Jones (Kevin Brown/Agente K), Will Smith (Agente J), Lara Flynn Boyle (Serleena), Rip Torn (Zed), Johnny Knoxville (Scrad/Charlie), Rosario Dawson (Laura Vasquez), Tony Shalhoud (Jack Jeebs), Patrick Warburton (Agente T), Jack Kehler (Ben), David Cross (Newton).
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¿Quién no es un marciano?

¿No se ha sentido usted nunca como un extraterrestre? ¿Tampoco ha tenido jamás la sensación de que su profesora de historia o su vecino lo es? Si es así, no tiene que sorprenderse, lo son. Y por fin ha llegado una película, que nos explica, o reexplica, porque el mundo está lleno de marcianos.

El humor socarrón de este producto está en esta propuesta, que además, dado que ya está explicada en la primera parte no pierde el tiempo en aburridas presentaciones. Otra parte del humor es la manera en que alude sin parar a los disparates de la primera entrega, de modo que los personajes se repiten y vuelven a repetirse como el joyero que odia que le vuelen la cabeza. A Michael Jackson aludía la primera parte con un chiste final, en esta lo han contratado, revelación: el cantante es otro marciano. La tercera baza es la pareja protagonista, el histriónico Will Smith y el serio Tommy Lee Jones.

Al principio de la película, el ajente J, Will Smith, tiene un compañero incompetente al que no le queda más remedio que neuralidar (o sea, obligarle a olvidar el pasado en la organización). Lleva cinco años desde que se separó de K, Tommy Lee Jones, y a nadie le sorprende que vuelva solo. No deja de neuralizar compañeros. El actor, Will Smith se crece delante de sus compañeros, y casi consigue parecer duro, hasta que vuelve a buscar a su viejo compañero, M, y cuando Tommy Lee vuelve, todo es como antes. Cuando discuten sobre quien va a conducir el coche, Smith cede. A partir de ese momento cede en todo lo demás, se convierte en el histriónico de siempre y el segundón del más viejo. La película recoge en su argumento el pulso de los actores. Después de esta cesión, Will Smith también pasa a ser secundario en el argumento. El actor, como tanta gente, se crece con los vulgares y se queda en un segundo término cuando ve el talento.

El tamaño importa en los hombres de negro. Una nave se estrella en Hide Park arrasando todo en su aterrizaje. Cuando por fin se detiene y despliega sus patas descubrimos que todo ha ocurrido en unos centímetros de un arriate, lo deslumbrante se vuelve ridículo. La taquilla de K guarda un pueblo entero de marcianitos pequeños que lo adoran porque les dio el tiempo: un reloj de pulsera. Los marcianitos son ridículos, los humanos también, pero para explicar por qué uno tiene que llegar al final de la película y yo no pienso desvelarlo.

La caja 507

Enrique Urbizu, 2002
Interpretación: Antonio Resines (Modesto), José Coronado (Rafael), Goya Toledo (Mónica), Dafne Fernández (María), Sancho Gracia (Regueira).
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Dos buenos personajes

La caja 507 es un thriller muy americano. La gran baza que lo sostiene es que tiene dos personajes centrales llenos de fuerza porque los dos se juegan algo muy importante, el lugar donde marra es el final porque parece que se encargó de rodarlo el publicitario de la campaña de la ONCE.

José Coronado es un malo sin escrúpulos. Fue comisario de policía y ahora juega con la mafia porque guarda una lista comprometedora de todos los que colaboraron con un asunto turbio de reclasificación de terrenos en la Costa del Sol.

Antonio Resines es una doble víctima de la organización de Coronado. Trabaja de director en la oficina que guarda la caja 507, su hija murió en un incendio provocado, su mujer sufre un infarto en un robo a su banco. Al igual que el personaje de Coronado tiene motivos para luchar hasta el final, a diferencia de aquel carece de la crueldad despiadada para obtener sus fines.

La clave de la pelicula está en unos documentos que comprometen a la mafia y a muchos poderes de nuestro país. Para los malos son un seguro de vida y para los buenos son un instrumento de justicia. Demasiado valor, creo yo, para unas hojas de papel que más parecen cupones de la ONCE.

Windtalkers

John Woo, 2002.
Reparto: Nicolas Cage (Sargento Joe Enders), Adam Beach (Soldado Ben Yahzee), Peter Stormare (Sargento Eric 'Gunny' Hjelmstad), Noah Emmerich (Charles 'Chick' Rogers), Mark Ruffalo (Soldado Nicolas Pappas), Brian Van Holt (Soldado Ronald 'Harry' Harrigan), Martin Henderson (Soldado John 'Nellie' Nells), Roger Willie (Soldado Charles Whitehorse), Frances O'Connor (Enfermera Rita Swelton), Christian Slater (Sargento Ryan 'Ox' Anderson), Jason Isaacs (Mayor Mellitz).
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Las supersticiones de un navajo

Alguna vez he pensado ¿qué película rodaría una hormiga si pudiera hacer cine? Una hormiga rodaría una película de guerra. Lo que importa es el hormiguero y a ella la despachurran en un pispas sin que ello sea motivo de dolor porque para eso está la hormiga, y para eso los tiene bien puestos.

Y de eso va una película de guerra, de que poco vale tu vida y de que la das por salvar a este amigo o por destrozar un nido de ametralladoras que puede matar a veinte.

A John Woo, o a sus guionistas se les ha ocurrido una decisión vital más interesante: que una vida vale menos que un código que utiliza el ejército. El ejército de los USA usó la lengua navajo para cifrar sus mensajes durante la guerra del pacífico. El protagonista es reclutado para proteger a un navajo descifrador y operador de radio, pero llegado el caso debe matarlo para que no caiga en manos del enemigo. ¿Vale la pena asesinar a un hombre para evitar que el enemigo descifre tus códigos?

La respuesta es sí, sin lugar a dudas. Por eso no me interesa mucho lo concerniente a este dilema. El director debió darse cuenta y por eso apoya el interés de la película en la evolución de los personajes, y en la tan de moda filmación minuciosa de las escenas de acción, con detalles como la amputación de una pierna por una granada de mano o el sonido de una bala cuando te atraviesta el esternón, y otras muestras de casquería no menos edificantes.

El protagonista es un Nicolas Cage encargado de proteger el código navajo (no al navajo). Desde el principio lo trata con dureza pero la guerra los obliga a ser amigos. Otro personaje interesante es el racista que odia al navajo sólo por su piel. Es un hombre equivocado de guerra que lucha aún con el general Custer, y que se da cuenta de que los aliados de hoy son los enemigos de mañana.

A mi me interesa el indio. Es un padre de familia y es un patriota americano (eso me recuerda que los mayores patriotas son siempre los inmigrantes, o sea, los navajos, los de Hong Kong como John Woo). Y me interesa porque se enfrenta al horror con sus supersticiones. Entona cantos indios y ceremonias navajo para conjurar los espíritus, y usa el humo de un cigarrillo para proteger a su amigo que duerme desolado por su conciencia. Y hace un fuego para honrar la memoria de un amigo. Y es que a mi en medio de tanta sinrazón como la de matar por un código o la de matar a tus soldados con fuego amigo por un mal cálculo o la de morir y matar sin sentido, prefiero el sentido que el navajo da a las cosas. Las supersticiones me parecen mucho más inteligentes.

El mismo amor, la misma lluvia

Juan José Campanella, 1999.
Reparto: Ricardo Darín (Jorge Pellegrini), Soledad Villamil (Laura Ramallo), Ulises Dumont (Márquez), Eduardo Blanco (Roberto), Alfonso de Grazia (Mastronardi), Alicia Zanca (Sonia), Graciela Tenenbaum (Marita), Magela Zanotta (Mauge), Mariana Richaudeau (Leticia), Rodrigo de la Serna (Micky), Melina González (Pepa).
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El sentido de una vida

A la vista de sus dos películas creo que ya puedo decir algo de Campanella: este autor es eficiente retratando emociones, hasta cierto punto efectivo transmitiéndolas, también es nulo razonándolas. Como todos los buenos románticos es un gran tergiversador, y hace trampas con la narración. Pero quizá esto último no sea obstáculo para otorgarle un buen lugar en el mundo del cine.

Las dos películas que he visto de Campanella (la otra es El hijo de la novia) tienen un fondo (aparte de un protagonista) común. Campanella busca con la cámara el sentido de la vida de un ser humano. Su espacio temporal suele ser amplio y también el vital. No recoge una peripecia, sino muchas. Teje sus guiones con el amor, la carrera profesional, la amistad, y siempre un telón de fondo soberbio: la historia de Argentina.

Campanella tiende al melodrama, pero por suerte sabe parar a tiempo y reirse. Quizá un argentino le hubiera perdonado incluso que llegara más lejos en sus temas románticos, pero fuera del país es el humor el que salva sus películas.

Un niño grande

Paul Weitz y Chris Weitz, 2002.
Reparto: Hugh Grant (Will), Toni Collette (Fiona), Rachel Weisz (Rachel), Sharon Small (Christine), Nicholas Hoult (Marcus), Madison Cook, Jordan Cook, Nicholas Hutchison, Ryan Speechley, Joseph Speechley, Nat Gastiain Tena, Laura Kennington.
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¿Cada hombre es una isla?

Tengo que creerme que los creadores de esta película son los mismos que los de El diario de Bridget Jones, pero leyendo la ficha no veo ningun parecido. Para encontrar verdaderos parecidos hay que ver las dos. Hay en ambas un estereotipo de treintaañero moderno que puede servir a muchos para sentirse reflejado y que servirá en el futuro para entender como éramos en la primera década del milenio, o como nos veíamos.

¿Cómo son los treintaañeros solteros de nuestros días? Insolidarios. El protagonista, Will, dice, igual que John Bon Jovi, que todo hombre es una isla. Su mayor afán es disfrutar del paso de los días que divide en unidades no muy largas para no aburrirse. Cortarse el pelo son dos unidades, leer el periódico una. Otra de sus preocupaciones es ligar. Pero para conseguirlo tiene que engañar a las mujeres, hasta que descubre un filón en las mamás divorciadas. Este vacío recuerda mucho a la obsesión de Bridget por los gramos de peso, las minifaldas y el alcohol.

El verdadero problema de Bridget es que ha llegado a una edad en la que todos le dicen que tiene que casarse, y ella asume que es así. Su verdadero problema es casarse con el hombre adecuado, por eso no es de extrañar que cite a Austen, cuya preocupación era la misma, y reproduzca el esquema de Orgullo y prejuicio. El problema de Will es que no quiere vincularse con el mundo. Él no busca pareja, huye de ello.

Casualmente Will conoce a un niño al que puede ayudar. Marcus es un chico raro en el cole porque no está a la moda y vive pegado a las faldas de su mamá un poco neurótica. Marcus es importante porque es la única persona que le va a demostrar al soltero que cada individuo no es una isla.

Marcus sirve para demostrar a Will que está equivocado cuando dice al empezar la película una cosa que todos sabemos que es cierta, pero que queremos que nos demuestren que no es así: el hombre de nuestros días puede vivir completamente solo, ser feliz y llenar su vida sin hacer nada por nadie y sin pedir nada a nadie.

Los problemas se resuelven en una escena en la que todo se puede venir abajo o todo se puede resolver dependiendo de que alguien haga algo a tiempo, lo cual es un recurso muy conocido por todo el cine anglosajón y siempre da mucho ritmo. Y sin embargo, es un recurso que los demás cines no quieren probar, quizá porque lo ven manido, quizá porque les parece fácil, y claro, en España todos son autores. Nadie se molesta en hacer cosas divertidas.

Spiderman

Dirección: Sam Raimi, 2002.
Interpretación: Tobey Maguire (Spider-Man / Peter Parker), Willem Dafoe (Duende Verde / Norman Osborn), Kirsten Dunst (Mary Jane Watson), Jame Franco (Harry Osborn), J.K. Simmons (J. Jonah Jameson), Cliff Robertson (tío Ben), Rosemary Harris (tía May), Joe Manganiello (Eugene 'Flash' Thompson), Ted Raimi (Hoffman), Bill Nunn (Joe 'Robbie' Robertson).
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Heroes y Superhombres

Superman, Spiderman, Batman tienen todos una doble vida. La primera es miserable y se parece a la de todo el mundo, la otra es alucinante y se parece a la que mucha gente nos gustaría tener. No hay que ser muy freudiano para pensar que la fantasía de ser un tío más fuerte y tremendo nos sirve a los don nadies que llevamos una vida de fracasos para aguantar los sinsabores imaginando una doble vida. Y casi todos estos fracasos se concentran cuando se trata de cautivar a la chica popular.

Hay un problema común a los super-hombres. A ellos les gusta la guapa, pero resulta que la chica guapa no se fija en ellos. No se fija en el fracasado que pierde el autobús con su despiste, o es blanco de las risas de los chicos populares. La chica guapa se cuela por el hombre que teje telas de araña y atrapa a los malvados, o por el que vuela con su capa. Es cierto que son la misma persona, pero no es lo mismo que Mary Jane te quiera porque tienes superpoderes y la salvas escalando paredes, que el que te quiera por ser el chico patoso y tímido de la clase.

En los superhombres siempre queda un gusto amargo. No me identifico con ellos si triunfan en el amor siendo superhombres. Pero, por otro lado, tampoco consuela que la chica se enamore del debilucho, de Peter Parker, porque si lo hace ¿para qué sirve tanto duelo con supermalvados y tanta CGI?

Creo que voy a ofender alguna intenligencia con una conclusión tan facilita. Pero es que no se me ocurre una mejor: yo creo que el modelo de super-hombre no me llena demasiado porque hace una separación innecesaria. Los verdaderos héroes son los que unen las dos facetas. Los que son capaces de algo grande y a la vez reírse de sí mismos y meter la pata. Vamos, que un verdadero héroe nunca puede ser super.
SPIDER-MAN James Ebert
Peter Parker was crucial in the evolution of Marvel comics because he was fallible and had recognizable human traits. He was a nerd, a loner, socially inept, insecure, a poor kid being raised by relatives. Maguire gets all of that just right, and I enjoyed the way Dunst is able to modulate her gradually increasing interest in this loser who begins to seem attractive to her.

The origin story is well told, and the characters will not disappoint anyone who values the original comic books. It's in the action scenes that things fall apart.

'Spider-Man's' World Wide Web (washingtonpost.com) I DON'T like to use the c-word in a family newspaper. It embarrasses me, my editors, my family and most of all, our beloved Weekend readers. But with "Spider-Man," I've got no choice.
The movie is cute.

Dafoe's Green Goblin is more amusing than threatening. Oh sure, he's got devastating power bombs that can turn people into instant skeletons. But he's almost (sorry) cute, as he flies around on his futuristic airborne surfboard. He's so laid-back that, when he captures Spider-Man on one occasion, he doesn't even lift the superhero's mask to find out who he is. With sociopaths like this, who needs easygoing people? And with disarmingly entertaining movies like this, dare I say, who needs big bad superhero movies?

Mr. Cranky Rates the Movies : Spider-Man
Finally, we understand what's been bothering Parker throughout the whole film: He's gay.

While it takes Parker a long time to admit this to himself, the clues are ever-present. First of all, what heterosexual guy pines to put on a skintight leotard and run around the city in it? You can only be gayer by dressing up as a large, pink triangle. Despite his claims about being deeply attracted to Mary Jane, the lack of a visible erection in his form-fitting suit during their encounters is testament to his gayness. And, of course, Spider-Man just loves to get other men sticky. In fact, the web that emerges from his wrist after a spider bite is simply a metaphor for the uncaring society that keeps his gayness in check.
Patricia Ferreira, 2002.
Reparto: Ingrid Rubio, Roberto Enríquez, Chete Lera, Adriana Ozores, Miguel Ángel Solá, Jordi Dauder, Mariana Santángelo.
Guión: Patricia Ferreira y Enrique Jiménez; basado en la novela de Lorenzo Silva.
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Blandos

Siempre me pregunté por qué los detectives clásicos eran duros. Algunos eran débiles y otros malos, pero nunca dejan de ser duros. Basta ver "El alquimista impaciente" para entenderlo.

El genero policial no sólo genera su interés con sus intrigas. Ellas son parte del espectáculo y una parte imprescindible. El espectador exige una sorpresa. Lo que está menos claro y se hace patente en intentos fallidos como este, es que el espectador también exige pulso. La película de detective es una película de temperamento. El sabueso mide sus modales con todos los soplones y con el desfile de tipos humanos y sociales con que se enfrenta.

Tan necesario como el enigma es el temperamento del detective. Por eso, los tipos blandos estropean una trama policial. No digamos Ingrid Rubio que en ocasiones parece que se va a dormir haciendo su papel, o que está pensando la lista de la compra.

El alquimista impaciente, no se esmera en mostrar el temperamento de sus dos sabuesos, y tampoco en la química que podría surgir entre ellos siendo jóvenes. Patricia Ferreira enfatiza un aspecto que debía estar muy presente en la novela, no se salta ninguna observación inteligente, ni citas un poco intelectualillas, como la repetida de DeQuincey o la de Freud. Parte de la blandeza del resultado es también este baño de sabiduría, los duros no suelen ir de sabiondos.

La película retrata una España algo limpia que no reconozco del todo. Las casas de campo modernistas, los jardines y piscinas. Los edificios de la castellana, incluso el interior de la casa de los detectives, todo me parece demasiado glamouroso.

Y sin embargo me gusta la película. Me gusta, sobre todo, que es una obra íntimamente triste. No me reflejo en los guardiaciviles algo pasmados y poco representativos de la benemérita, ni tampoco en las fachadas de cristal. Pero hay un trasfondo de tristeza que invita a verla una segunda vez.
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