Invictus



Como explicar las cosas

Cuando Mandela, el primer presidente negro, llega al gobierno de Sudáfrica, en 1994, se encuentra a sí mismo liderando a una mayoría negra resentida que ha sufrido el apartheid durante décadas y quiere cobrar su venganza. Él sabe que si el país malgasta su energía en saldar cuentas no saldra adelante, por eso quiere hacer borrón y cuenta nueva y quiere que todos miren al futuro. En medio de ese contexto histórico, la selección nacional de rugby se convierte en un símbolo de sus planes políticos, porque la selección nacional es un emblema del poder blanco. El nuevo ministerio de deportes quiere acabar con ella, y Mandela quiere que gane el mundial de Rugby.

Clint Eastwood, 2009
Reparto: Morgan Freeman (Nelson Mandela), Matt Damon (François Pienaar), Marguerite Wheatley (Nerine), Patrick Lyster (Sr. Pienaar), Matt Stern (Hendrick Booyens), Julian Lewis Jones (Etienne Feyder), Penny Downie (Sra. Pienaar), Tony Kgoroce (Jason Tshabalala), Patrick Mofokeng (Linga Moonsamy), Adjoa Andoh (Brenda), Leleti Khumalo (Mary).
Guión: Anthony Peckham; basado en el libro “El factor humano” de John Carlin.
* * * *
Contar una historia de reconciliación nacional, es una tarea ambiciosa. Explicarla para que la entiendan los que no leían la prensa internacional en los noventa es lo verdaderamente portentoso. Eastwood tiene que explicar muchas cosas y hacer cine en un espacio de sólo dos horas. Y le sale muy bien. Parece que su estilo austero y sin acentos era el vehículo perfecto para este tipo de película.

Particularmente me gusta como nos explica en que consiste el rugby, un deporte que, probablemente no entiende la mayoría de su público. Mandela tampoco es aficionado y le pide a sus asesores que le expliquen que tiene que hacer Sudáfrica para clasificarse. De paso lo explica al espectador. En otra escena, la selección viaja por el país y se acerca a unos niños y les enseña a jugar delante de las cámaras. La escena nos conmueve porque habla de negros y blancos que han estado en dos bandos y estan tirando abajo sus muros, pero es que de paso, la selección explica cuatro cosas de rugby que no sabemos y nos viene bien enterarnos.

Los asesores le explican como va el mundial (nos lo explican) y Mandela se aprende las fotos de los jugadores y la alineación. Y eso parece más importante que los asuntos de estado. “Invictus” viene a decir que si queremos llevarnos bien, no bastan las palabras, hay que compartir alguna de esas cosas irracionales como la pasión por el deporte.
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

William Ernest Henley

Avatar



De momento, la gran película del siglo xxi

James Cameron, 2009
Reparto: Sam Worthington (Jake Sully), Zoë Saldana (Neytiri), Sigourney Weaver (Dra. Grace Augustine), Michelle Rodriguez (Trudy), Giovanni Ribisi (Selfridge), Joel David Moore (Norm), C.C.H. Pounder (Mo’at), Wes Studi (Eytukan), Laz Alonso (Tsu’Tey), Stephen Lang (coronel Quaritch), Matt Gerald (Lyle).
* * * * *

Dicen que lo de avatar no lo inventó Cameron y tienen razón. La verdad es que casi cada fenómeno cultural tiene un poco de avatar. Uno lee la Regenta y se convierte en Ana Ozores o en Don Fermín sin necesidad de encerrarse en una cámara hermética, como hace Jake Sully. En la sala de cine todos los espectadores sentimos por la piel de nuestro avatar que es el famoso de turno que sale en la pantalla. Los grandes actores no son los que se meten mejor en la piel de sus personajes, son los que invitan mejor al espectador a tripularles como avatar. Leí hace poco que lo que produce más felicidad a un hombre es ver meter gol a su equipo. Nuestra felicidad no está en nuestras manos, está en un avatar que viste pantalón corto y atina con una pelota a cuatrocientos kilómetros de nuestros hogares.

Mi charlatan favorito, Lacán, decía que la mujer no existe. Eso que parece una boutade significa que el modelo de feminidad es un avatar que tripula la mitad de la sociedad, de uno u otro sexo, para llamar la atención de la otra mitad.

Pero volviendo al fútbol, todos sabemos que tu equipo no tiene que ser necesariamente tu ciudad. Muchos madrileños son del Barça. Uno escoge su avatar, y toma partido. Uno puede identificarse con el enemigo, porque puestos a vivir un interés virtual, tanto me da luchar por estos que por esos. Jake Sully tiene que elegir entre los humanos y los na’vi, y dado que es humano debería estar claro que partido toma.

Pero los espectadores sabemos que no es tan sencillo. Porque los humanos son codiciosos, y ya han arrasado un planeta, La Tierra. La grandiosidad de la película de Cameron no está en que Jake Sully tome partido por el otro, por la otra raza, por los que son de allá, por el antagonista. Eso ya está contado, como sabemos, y como nos recuerdan, en “Pocahontas”, o en “Un hombre llamado Caballo”. Lo grandioso es que nosotros, los humanos de la sala, nos damos cuenta de que tiene razón, queremos que sea uno de ellos, y queremo, también, serlo nosotros.

El coronel Quaritch es el mayor obstáculo que encuentra Sully. Y no se trata de que sea cruel. El coronel no es un malvado, es el soldado que yo quisiera tener en mi ejército. Es un hombre leal. Pero Quaritch nunca entenderá lo que es un avatar. Quaritch tiene cicatrices y no se las borra con la tecnología del siglo XXII, porque Quaritch vive con su piel, y esas cicatrices son su piel. Quaritch es el gran enemigo porque no entiende que Sully pueda amar a una “Gatita”. Los na’vi parecen gatos, con cola y nariz de gato. Quaritch no entiende que alguien pueda identificarse con los na’vi como estamos haciendo, a gritos, todos y cada uno de los espectadores. “¿Acaso crees que eres uno de ellos?” Le pregunta a Sully y en vez de atacarle se gira y ataca al humano, no al avatar. Y le odiamos porque se salta el sueño, porque baja al barro, a la carne, a la piel. En la batalla casi lo tiene en sus manos, cogido por la coleta. Y sólo tiene que usar su "armadura", pero no la usa, porque la "armadura", ese robot enorme, es como un avatar. Quaritch toma el cuchillo, y usa sus propias manos.

Sherlock Holmes



Deudas

Guy Ritchie, 2009.
Reparto: Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes), Jude Law (Dr. John Watson), Rachel McAdams (Irene Adler), Mark Strong (lord Blackwood), Eddie Marsan (inspector Lestrade), Kelly Reilly (Mary Morstan), Robert Maillet (Dredger), Geraldine James (Sra. Hudson), William Houston (Clark), Hans Matheson (lord Coward), James Fox (sir Thomas), Clive Russell (capitán Tanner).
Guión: Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg; basado en los personajes creados por Arthur Conan Doyle.
* * *

Al principio es refrescante escuchar a un Watson que no babosea como un tonto ante la increíble superioridad intelectual del detective. Ese Watson rebelde que protesta por los excesos de Holmes golea al de Conan Doyle.

Yo diría que este Holmes le debe algo a Chesterton, porque cada misterio apunta a una causa sobrenatural y nos hace temer una explicación tipo “El sexto sentido”. Pero al final todo será racional para nuestro consuelo. La deuda es mucho mayor con el cine de acción que tenemos, o, a veces, sufrimos. Guy Ritchie dirige cada escena con miedo a aburrirnos, de esa horrible manera que su generación se ha aburrido con las maravillosas obras que hizo la anterior, por eso opta por saturar, y por cansar.

El recuento de sus deudas también me lleva a House, pero ahí me pierdo. Es House, quien, a juicio de todos, nos vende una imitación de Holmes. De modo que Ritchie imita a una imitación para volver a servirnos el original. O algo sí. Cada vez que oía a Watson me parecía estar escuchando a Wilson, el amigo oncólogo de House. Lo cual es un punto más a favor de este Watson.

La trama es policial, se redude a desentrañar un misterio, pero se salta los cánones del buen género. El canon dicta que el espectador debe tener todas las pruebas sobre la mesa, pero espera a que el detective las una para decir: claro. Conan Doyle era tramposo y siempre se guardaba información que sólo sabía Holmes, como una marca de puros o un broche. Pero el Holmes de la película podía haber sido canónico. Dado que gana tanto con el respeto que muestra por el intelecto del nuevo Watson, podía haber hecho otro tanto con el intelecto del espectador.
Jordi Costa. El País: El crítico británico Michael Atkinson ha sugerido que el gran tema de Sherlock Holmes es el fin del orden doméstico de dos tipos que, hasta el momento de la acción, compartían piso, pero que se hallan en pleno proceso de negociación con relaciones heterosexuales que interfieren en su mutuo amor. Efectivamente, eso está en la película, pero junto a un competente recital de golpes de efecto, acción enfebrecida y saludable espíritu dionisiaco.
Antonio Trashorras. Fotogramas: esta cinta de réplicas chispeantes, camaradería calculadamente homo y gadgets victorianos al gusto nerd ha encontrado en Ritchie, sin duda, el director ideal.
John Tones. Cine 365: primero, la película va a ser juzgada no por valores propios, sino en base a una fidelidad que no está muy claro qué ley exige que sea total; segundo, más de un acusador va a dejar en evidencia que el canon que conoce no es el de Arthur Conan Doyle, sino el de... Basil Rathbone.
Roger Ebert ***: another classic hero has been fed into the f/x mill, emerging as a modern superman.
Downey's Holmes is at once more dissolute and more fit than previous incarnations. Holmes' canonical devotion to cocaine is here augmented by other drugs and a great deal of booze. Yet Holmes has the body of a lithe athlete, the skills of a gymnast and the pugilism of a world champion. He and Watson (who is, you recall, only a doctor, although one with clients who must be puzzled about his office hours) spring readily into action like Batman and Robin.
Rotten Tomatoes: 69%

"Donde viven los monstruos" según Nacho Vigalondo



El curioso debate que ha provocado la película Donde viven los monstruos se centra en si es una película para niños, cuando los elementos más desestabilizadores de la película afectan precisamente al público adulto, que se ha visto en esta película ante demasiadas preguntas sin respuesta clara. Me pregunto si los niños sufren este problema ¿Necesitan acaso respuestas? ¿Se plantean siquiera preguntas? ¿Alguien ha observado las caóticas dinámicas de los juegos infantiles, esa acumulación de situaciones nada hilvanadas en las que la furia se alterna con las risas, los jadeos, los vacíos, una resbalón y un llanto? ¿Acaso la película de Jonze no se parece más a esos universos desordenados que dominan las horas de recreo infantl que las películas con introducción, clímax y mensaje en negrita que tanto confortan a los padres?


El blog de Nacho Vigalondo.

Solomon Kane



Los idiotas tienen derecho hacer cine

Michael J. Bassett, 2009
Reparto: James Purefoy (Solomon Kane), Pete Postlethwaite (William Crowthorn), Max Von Sydow (Josiah Kane), Jason Flemyng (Malachi), Rachel Hurd-Wood (Meredith Crowthorn), Mackenzie Crook (padre Michael), Patrick Hurd-Wood (Samuel), Alice Krige (Katherine), Jason Flemyng (Malachi), Philip Winchester (Telford).
Guión: Michael J. Bassett; basado en el personaje creado por Robert E. Howard.
*
Los idiotas tienen derecho a todo, como los demás; derecho a ver cine, y derecho a hacer cine. Eso nadie lo discute.

En una película idiota, como “Solomon Kane”, el protagonista sabe que está condenado porque se lo dice un payaso con forma de demonio. Y sabe que puede salvarse porque se lo dice otro a punto de morirse. Para un idiota, cualquier personaje con la voz un poco grave es un oráculo.

Solomon Kane hace un pacto para salvarse de su propia maldición: no recurrir a la violencia. Pero descubre que el mundo es un lugar injusto y que hay que matar y hacer daño a los malos. Para que sepamos lo que es un malo, el mensaje nos adjunta un ejemplo: se trata de un tipo muy feo que secuestra a una niña muy inocente.

Lo malo de ser idiota es que pones una niña en la pantalla para poder salvarla y en el primer plano en el que aparece el público ya sabe que tipo de truco narrativo escondes debajo de la manga. El problema de ser idiota es que el espectador menos curtido de la sala se te adelanta. El segundo problema es que cuando las niñas inocentes se convierten en coartadas te quedas solo defendiendo la violencia como un tío rabioso. Y es que ser idiota es un derecho, pero convencer al público es una virtud.
Cine365. Jesús Palacios ***: Bassett consigue plasmar visualmente el mundo de Howard, a la vez que se deshace de cualquier pretensión absurda de seriedad o profundidad psicológica, para centrarse en la acción, los monstruos y, en definitiva, la diversión.
El País. Jordi Costa: Como escribe León Arsenal en su esclarecedor prólogo para Las extrañas aventuras de Solomon Kane -recopilación de los ocho relatos protagonizados por el personaje, recientemente editada por Valdemar-, sus historias "tienen un estilo anticuado, tétrico y con frecuencia altisonante que le dan un sabor muy particular".
Guía del Ocio. Roberto Piorno **: Bassett no anda sobrado de imaginación, y más allá del universo Howard la recreación plástica de la fantasía postmedieval sucumbe a la tentación de hacerse notar a base de muletillas visuales. "Solomon Kane" es, en casi todo, un híbrido pobre de "Van Helsing" y "El Señor de los Anillos", porque el antihéroe no es sino un pariente cercano y canalla del primero y del Aragorn de la segunda. La vuelta de tuerca es el giro hacia lo oscuro y lo siniestro; el antihéroe es un genial inadaptado hiperviolento ebrio de muerte y sombras del demonio en busca de una redención que se antoja más bien difícil.

Que el cielo la juzgue



Empacho de razón

"Leave her to heaven"
John M. Stahl, 1945
Reparto: Gene Tierney (Ellen Berent harland), Cornel Wilde (Richard Harland), Jeanne Crain (Ruth Berent), Vincent Price (Russell Quinton, district attorney)
* *

Pocas películas podemos encontrar donde esté más claro quien es la mala, cuantas cosas hace mal y lo culpable que es. Gene Tierney ama tanto a su marido que mata al hermano de éste para poder vivir a solas con él, aborta tirándose por una escalera y se suicida incriminando a su propia hermana de la que teme, justificadamente, una infidelidad.

Para que no alberguemos dudas, la cámara rueda con detenimiento cada uno de sus crímenes, ella confiesa todo a su marido y el juicio prueba la verdad con un fiscal, Vincent Prize que nos explica la acción otra vez por si acaso se nos había olvidado. Stahl no es el maestro del la complicidad o el sobreentendido, es el maestro de darselo todo mascado al público a ser posible por triplicado. Nos gustaría que nos dejara dudar sobre algúna acusación, pero no lo hace, su cámara es omnisciente y machacona.

Recibió un oscar por los colores pastel de su rabioso technicolor. Lo merecía porque eligió para cada plano el paisaje más idílico que había en todo el país. Los interiores son de diseño, el maquillaje entierra cada facción en capas de esmero. Está todo tan estudiado y tan prefabricado como si supieras que la reina va a ir a tomar un té a tu casa para conocer a una familia española del montón.
Bosley Crowther, 1945. New York Times: The reason for the lady's disposition is never convincingly revealed, and the whole plot—especially a court-room climax—is arbitrary, artificial and mane.
Mark R. Hasan. Kquek: The colours of "Leave Her To Heaven" are Technicolor Extreme; much in the way producer/ego maniac David O. Selznick guided the blazing look of "Duel in the Sun" to enhance that film's pair of jealous and vindictive lovers, Stahl's approach for his less demonstrative equivalents combines perfectly arranged colours for the clothes, interior sets, and stunning desert and lake locations.

Variety | IMDB | MRQE

American Playboy



Lo hollywoodiano

(Spread)
David Mackenzie, 2009
Reparto: Ashton Kutcher (Nikki), Anne Heche (Samantha), Margarita Levieva (Heather), Rachel Blanchard (Emily), Sebastian Stan (Harry), Sonia Rockwell (Christina), Maria Conchita Alonso (Ingrid), Hart Bochner (Will).
Guión: Jason Hall; basado en un argumento de Jason Hall y Paul Kolsby.
* * *

A menudo nos quejamos de una película por lo que hay en ella de irreal, de soñado, de facilidades para el héroe. Al fin y al cabo, lo que ocurre es por decisión de un guionista, que suele ser más amable que el que redacta nuestras tristes existencias. Todos estos finales felices los llamamos hollywoodianos y a veces cansan. Pero Hollywood tambien se recrea en el detalle, en el realismo. La primera mitad de American Play-boy es casi documental y resulta deliciosa. Un joven guapísimo que se liga a las mujeres que quiere y vive de las que tienen dinero nos explica punto por punto que pasos hay que dar para convertirte en un mantenido. El tono es tremendamente cínico, porque si tienes calculado cada movimiento, entonces conquistar el corazón de una mujer no es sentimiento, es un truco barato que se aprende con paciencia.

American Play-boy, a pesar del comienzo, no es una comedia, resulta demasiado agria. Avanza a buen ritmo porque está llena de giros. No se trata de giros rocambolescos para epatar al espectador; son giros que me gustan porque vienen de la vida misma: nos sorprendemos de cómo reacciona cada personaje porque sabemos que somos así de extraños. Cuando la mujer rica descubre su infidelidad tiene una reacción extraordinaria. Pero es probable que muchos hiciéramos lo mismo. Cuando este cínico empedernido empieza a creer en algo con todo su corazón no sabemos si tiene guardada una carta. Estamos en vilo y eso es saber contar bien una historia.

El drama de este mantenido que yo llamaría gigoló, pero no play-boy, porque creo que el play-boy sí tiene dinero, consiste en que su medio de vida son sus relaciones sentimentales, por tanto, él es un objeto. Su sustento consiste en su corazón y no puede pagarse el lujo de amar él. Cuando se enamora, o cree que se enamora, sabe que está cambiando el registro por el de una historia “hollywoodiana” de modo que se dirige al público para explicarnos que la vida no consiste en la dura realidad, la gente, en sus vidas, imita las películas. Y de nuevo es capaz de tenernos en vilo calculando si sus sueños se harán realidad, o no.

La película me interesa por las cosas que plantea y por los velos que corre. Trata de pasar de puntillas sobre un aspecto de la vida bastante discutible: que mientras algunos sueldos pueden comprar personas, otros no dan para la fianza de una habitación en la que pueda empezar su vida una pareja de enamorados.

Asalto al tren Pelham 123



Garber

“The taking of Pelham 123”
Tony Scott, 2009
Reparto: Denzel Washington (Walter Garber), John Travolta (Ryder), John Turturro (teniente Camonetti), Luis Guzmán (Ramos), Michael Rispoli (John Johnson), James Gandolfini (alcalde), Ramon Rodriguez (Delgado).
Guión: Brian Helgeland; basado en la novela de John Godey.
* * *

"The Taking of Pelham One Two Three"
Joseph Sargent, 1974
Reparto: Walter Matthau (Comisario Zachary Garber), Robert Shaw (Blue), Martin Balsam (Green), Hector Elizondo (Grey), Earl Hindman (Brown)
Guión: Peter Stone.
* * *

En la versión de 1974, Matthau hace de Garber, un agente de policía del metro que está enseñando la red de Nueva York a unos japoneses que quieren imitarlo en Tokio. Eso sirve para algún chiste racista, porque ellos no entienden nada. Garber es un héroe de los setenta, cansado de su rutina, cínico y más listo que los demás.

Denzel Washington es otro Garber. Se trata de un directivo del metro que ha sido degradado por aceptar un soborno. Garber negocia con Travolta la vida de los rehenes desde su microfono, y, de paso ambos buscan un más allá en lo que hacen un sentido último de la vida, la redención y el sentido de la existencia. El Garber de nuestros días es un ser a punto de entender toda la filosofía de Khalil Gibran en un segundo y salir pitando para arreglar con una barita mágica todos los problemas del tercer mundo. Por eso la película de Tony Scott suena pretenciosa mientras la del 74 cae la mar de simpática.

Los malos de la antigua son mercenarios que matan sin escrúpulos. Los de ahora son expresidiarios que sueltan palabrotas. Travolta resulta más interesante que Robert Shaw, aunque apesta un poco a psicoanálisis de pacotilla.

Por último me van a permitir que entone mi vieja queja una vez más: ¿por qué el héroe del siglo xxi tiene que enfrentarse siempre con el ladrón, encadenarlo romperle los morros y meterlo en el truyo él solito? ¿es que eso no es trabajo de la policía? Siempre lo fue. Es como si el héroe del siglo xxi tuviera que sembrar trigo, calentar el horno y echar la levadura si quiere comerse un trozo de pan. No sé. Hay panaderos, no hace falta hacerlo todo uno solo. ¿no?

Pagafantas



El toque cavernícola

Lo de pagafantas es una idea machista, un concepto sociológico que sólo resulta claro en un universo que anota las victorias sexuales como los logros del sistema productivo. Pagafantas es el que invierte tiempo y dinero sin conseguir, a cambio de la refrescante bebida, el codiciado trofeo sexual.

Borja Cobeaga, 2009
Reparto: Gorka Otxoa (Chema), Sabrina Garciarena (Claudia), Óscar Ladoire (tío Jaime), Kiti Manver (Gloria), Julián López (Rubén), María Asquerino (Sra. Begoña), Michel Brown (Sebastián), Bárbara Santa Cruz (Elisa), Ernesto Sevilla (primo), Teresa Hurtado de Ory.
Guión: Borja Cobeaga y Diego San José.

La hermosa Claudia, una argentina que reside ilegalmente en España, acoge con los brazos abiertos cada uno de los intentos de acercamiento que Chema inicia con ella. Cada vez lo quiere más como amigo. El chico cada vez la quiere más como mujer. Pero nadie plantea abiertamente el tema sexual.

Jordi Costa la ha comparado con la screwball americana, pero olvida una diferencia esencial. En aquellas comedias, la chica era siempre la que buscaba al hombre. El ignorante era él. En “La fiera de mi niña”, Cary Grant pasa por un sinfín de pruebas mucho peores que las de Chema para acabar demostrando que nunca perderá los papeles, que nunca se enfurecerá con ella, que nunca se aprovechará. Y de esa manera, el hombre ideal de los años 30 ganaba los galones para conseguir a la damisela.

Presiento que ese campo de minas femenino no es un invento de la época del New Deal. Chema, nuestro héroe deja de serlo para siempre en el momento que se enfada, pierde los papeles y reclama su factura. Chema, a diferencia de Cary Grant, Clark Gable o Gary Cooper quiere canjear las fantas por sexo y por eso no nos cae, ni nunca nos caerá, bien.

El tío Jaime, que no es su tío, es una ocasión para volver a ver a Oscar Ladoire. Igual que el fantasma de las navidades futuras, el tío Jaime es otro pagafantas casi retirado. Él y sus consejos, que no quiere dar, animan con gotas de humor la historia, y empujan al indeciso protagonista. Otro detalle que salva parte de la película de la quema son las elipsis. Cuando Chema bebe borra de su memoria cuanto le ocurre, y es desternillante comprobar donde acabará cuando despierte, en que lugar, con que pinta...
El País. Jordi Costa: El parentesco con el espíritu de la screwball comedy parece claro desde este arranque, aunque Cobeaga también tiene el buen gusto de contar a Richard Quine entre sus referentes. La mecánica narrativa -que somete al antihéroe masculino a un crescendo de humillaciones emocionales: casi unas Olimpiadas del patetismo- puede recordar al modelo Apatow

Te quiero, tío



Comedia romántico/amistosa/medio gay

Peter se va a casar y descubre que no tiene amigos para invitar a su boda. Sólo tiene amigas, así que decide echarse uno como sea. Pero no es tan fácil hacer amigos. Acude a internet, lo intenta con los amigos de las amigas de la novia y con los de sus familiares. Y un día conoce a Sydney que parece caerle bien.

"I love you, man"
John Hamburg, 2009
Reparto: Paul Rudd (Peter Klaven), Jason Segel (Sydney Fife), Rashida Jones (Zooey), Andy Samberg (Robbie), J.K. Simmons (Oz), Jane Curtin (Joyce), Jon Favreau (Barry), Jaime Pressly (Denise).
* *

El invento de los creadores de “Te quiero, tío”, a simple vista, parece consistir en una pirueta: han tomado el molde de una comedia romántica y le han dado la vuelta para que la tensión del espectador no esté pendiente de si funciona o no la relación de los novios, sino sino la de los amigos.

¿Se puede sostener una película a costa de relación puramente masculina? Pues hombre, todos los westerns de la historia del cine demuestran que sí, y las pelís de guerra más. Lo que no sirve de sostén es la búsqueda de un amigo, la conquista de otro hombre: eso da un asco difícil de explicar. Los tíos no vamos por la vida buscando amigos. El público ve “chico solo, chica sola” y salta de su butaca pidiendo a gritos que se junten, pero nunca pide que dos tíos se hagan amigos porque se necesitan el uno al otro, la amistad de hombres no va por esos derroteros.

En cambio hay algo que sí define bien la amistad entre hombres, o casi cualquier relación y es cuando hace el uno por el otro, como salen las cuentas. Incluso los tíos que parecen más desprendidos, en el fondo están pesando cada café al que te invitan. El amigo que se busca Peter es demasiado buen amigo. Los amigos de verdad no dan tanto, y, lo que és mas, no mola que den tanto.

Es difícil nombrar un título más innecesario que este en los últimos años de cartelera. Se han dicho tantas cosas interesantes sobre la amistad masculina que venir a decir algún chiste facilillo molesta. La película se mete en aguas pantanosas al meterse la historia de los favores. Yo, la verdad, si hubiera sido John Hamburg, no la hubiera rodado.
top