Steven Spielberg, 2004
Reparto: Eric Bana (Avner); Daniel Craig (Steve); Geoffrey Rush (Ephraim); Mathieu Kassovitz (Robert); Ciaran Hinds (Carl); Hanns Zischler (Hans); Mathieu Amalric (Louis)
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A quien se le ocurre una película de tres horas para contar la venganza que se tomó Israel por la salvajada que le hicieron en Munich en el 72. A veces no conviene dejarle a un experto el trabajo de un oficinista. Esta película en manos de Van Damme o de Seagal hubiera sido fenomenal. Al fin y al cabo lo único que tiene interés es la exposición de la afrenta: el asalto a la villa olímpica, la masacre de los rehenes; y el meticuloso trabajo del protagonista buscando uno tras otro a los once nombres de una lista que le proporciona el MOSAD; los errores que comete su equipo de hombres inexpertos; lo difícil que es matar a un hombre.
Todo el rollo hamletiano de ser y no ser, de si la venganza está bien o mal es una morcilla. En primer lugar: ¡a buenas horas! ¡Se lo plantean cuando llevan media película matando! En segundo lugar estamos viendo una película de sicarios, la película trata de si consiguen o no consiguen matar, ¿a quien le importan sus reflexiones? Quiero decir, no es su trabajo. ¿Se imaginan una película del GAL con Amedo y Domínguez lanzando monólogos sobre el sentido de la violencia? Estos personajes no son los que tienen que soltar ese tipo de voces.
Van Damme y Seagal, lo repito, lo hubieran hecho mejor. Ellos ya se conocen el percal de sobra. Saben cosas elementales, como que la mala uva de la venganza dura a penas la hora y media luego se pasa. ¿Qué hace Spielberg para alimentar el odio tanto rato? Nada del otro mundo, ignoro si la idea fue suya o del montador. Divide el incidente del secuestro en tres secuencias y va soltando una a cada hora para calentar la mente del espectador. Vaya artimañas, con lo fácil que era contarla.